Fascinado “Sin Remedio”

Portada de “Sin Remedio” de la Editorial Alfaguara.

He de aprovechar este espacio para confesar que en mi ya larga experiencia como lector (más de dos décadas) la más grande ironía es que mis escritores favoritos tengan un pensamiento político tan decididamente opuesto al mío. Ya me había sucedido con Gabriel García Marquez (Castrista, Guevarista y todo lo que de ahí por tanto se derive), Fernando Vallejo (Antiuribista acérrimo, amigo de Iván Marquez y todo lo que de ahí por tanto se derive) y ahora el turno le corresponde a Antonio Caballero.

Basta decir que de Antonio Caballero sólo había leído de reojo algunas de sus columnas, tan de reojo que ni siquiera estaba seguro cuando cogí el libro para leerlo si el man era de izquierda o de derecha. Pero luego de haber pasado dos semanas dentro de la cabeza de Ignacio Escobar Urdaneta de Brigard, el protagonista de “Sin Remedio” novela escrita por Caballero hace más de 30 años, no me queda más que admiración por su talento como escritor y de verdad, como lector, lamento que su carrera no haya sido más prolífica.

Lo primero que me sorprendió del libro es lo universal y atemporal que puede llegar a ser. Yo mismo creí que estaba ante una novela de este siglo, de este milenio, y sólo cuando ya me pareció extraño que no se mencionara ningún artista contemporáneo, y que los personajes se comunicaran con el desprestigiado método del teléfono fijo, decidí mirar la fecha de la primera edición y quedé con la boca abierta.  En realidad el libro tiene lugar en los tumultuosos años 70, y abarca un periodo entre 1973 y 1974.

Ya desde los primeros capítulos es fácil seguirle la corriente a la historia. Ignacio Escobar es el típico colombiano perezoso y arribista, bueno claro que como él es hijo de una de las familias más poderosas e influyentes de Bogotá, su arribismo no es material (tiene la vida arreglada) sino existencial, lo quiere todo con el menor esfuerzo: la voluntad y el amor de su mujer, las mujeres que le parecen lindas, la libertad sin esfuerzo, todo. Escobar vive en un apartamento del Norte de Bogotá (Norte con N mayúscula) en unión libre con una caleña y donde se dedica a dormir todo el día y a esperar la mesada que su madre (de la más selecta crema y nata capitalina) le envía todos los meses sin falta. Pero la pereza de Escobar está sustentada por una rica diatriba filosófica, que Caballero redacta de manera magistral.

El libro está compuesto de 14 capítulos, bastante largos (la novela tiene unas 600 páginas) en las que vemos como Escobar evoluciona desde su desidia existencial hasta que se cumple su más grande anhelo, sin darse cuenta y sin estar seguro de quererlo.

Al final del libro, me pude hacer una idea de como luciría Escobar y creo que sería más o menos así.

Escobar no tiene una profesión y se resiste a tenerla a pesar de que su tío, dueño de uno  de los bancos más importantes del país, le ha ofrecido un importante cargo en su empresa, pero él se resiste a cualquier cosa que pueda coartarle su preciosa libertad y es en ese momento que rechaza tener un hijo con su mujer. La desaparición de esta, desestabiliza a Escobar de tal manera que empieza a redescubir el mundo a su alrededor: el depravado y sucio mundo de la noche Bogotana, el mundo de sus amigos fascinados con el pensamiento revolucionario de izquierda, el glamuroso mundo de la alta sociedad de Bogotá de donde salió él y por supuesto el mundo de las mujeres.

A lo largo de la obra es notorio que además de toda la arandela y propaganda izquierdista que Caballero introduce en la novela, el tema central es la búsqueda del amor. Escobar busca amar, quiere amar, pero algo en su corazón está tan endurecido (¿La muerte de su hermano?) que en realidad parece buscar la mujer ideal en un mar de pasiones sin sentido y de mujeres que pasan por su vida y por su cuerpo casi sin ninguna consecuencia.

Me identifiqué con Escobar a tal punto que quedé estupefacto cuando a los 2/3 de la novela, era evidente el plan de Caballero con su personaje; empezó quitándole a su mujer, luego su tranquilidad y así sucesivamente en una serie de casualidades que dejan a Escobar en la inmunda, justo el lugar donde logra algo que había luchado por conseguir en buena parte de la novela: un poema, mismo que sería su peor enemigo llegando al final. Caballero le quita todo a su personaje, sólo para darle un último suspiro antes de que se termine de desatar el infierno. Y es en este final dónde he quedado seriamente sobresaltado.

Hacía mucho tiempo que un libro no me ponía a pensar tanto (tanto que para ordenar mis ideas decidí lavar platos un rato) y es que es una reflexión existencial muy bien hecha, que se presta para la discusión, el análisis y la meditación.  Me alegra que este haya sido uno de mis libros para este año. No pudo haber una mejor elección.

Libro 5/6 de 2013.

PD: Le sumo muchos puntos además porque me puso a leer poesía, a pesar de que no es que sea exactamente mi género literario favorito.

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Un comentario en “Fascinado “Sin Remedio”

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