Sobre “Un día de Guerra en Colombia vale 22.000 Millones” y otras Cifras sin Contexto.

El día 14 de Septiembre de 2016, el diario El Tiempo publicó una infografía titulada “Un día de guerra en Colombia vale 22.000 millones” en la cuál hacen una serie de cuentas de lo que se podría hacer con esa cantidad de dinero, por ejemplo en vivienda, deportes e infraestructura. Pero como veremos a continuación, comparado con otros países, esa “exorbitante” cifra no es tan exorbitante como parece.

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Hablemos un poco, primero de Continúa leyendo Sobre “Un día de Guerra en Colombia vale 22.000 Millones” y otras Cifras sin Contexto.

Fascinado “Sin Remedio”

Portada de “Sin Remedio” de la Editorial Alfaguara.

He de aprovechar este espacio para confesar que en mi ya larga experiencia como lector (más de dos décadas) la más grande ironía es que mis escritores favoritos tengan un pensamiento político tan decididamente opuesto al mío. Ya me había sucedido con Gabriel García Marquez (Castrista, Guevarista y todo lo que de ahí por tanto se derive), Fernando Vallejo (Antiuribista acérrimo, amigo de Iván Marquez y todo lo que de ahí por tanto se derive) y ahora el turno le corresponde a Antonio Caballero.

Basta decir que de Antonio Caballero sólo había leído de reojo algunas de sus columnas, tan de reojo que ni siquiera estaba seguro cuando cogí el libro para leerlo si el man era de izquierda o de derecha. Pero luego de haber pasado dos semanas dentro de la cabeza de Ignacio Escobar Urdaneta de Brigard, el protagonista de “Sin Remedio” novela escrita por Caballero hace más de 30 años, no me queda más que admiración por su talento como escritor y de verdad, como lector, lamento que su carrera no haya sido más prolífica.

Lo primero que me sorprendió del libro es lo universal y atemporal que puede llegar a ser. Yo mismo creí que estaba ante una novela de este siglo, de este milenio, y sólo cuando ya me pareció extraño que no se mencionara ningún artista contemporáneo, y que los personajes se comunicaran con el desprestigiado método del teléfono fijo, decidí mirar la fecha de la primera edición y quedé con la boca abierta.  En realidad el libro tiene lugar en los tumultuosos años 70, y abarca un periodo entre 1973 y 1974.

Ya desde los primeros capítulos es fácil seguirle la corriente a la historia. Ignacio Escobar es el típico colombiano perezoso y arribista, bueno claro que como él es hijo de una de las familias más poderosas e influyentes de Bogotá, su arribismo no es material (tiene la vida arreglada) sino existencial, lo quiere todo con el menor esfuerzo: la voluntad y el amor de su mujer, las mujeres que le parecen lindas, la libertad sin esfuerzo, todo. Escobar vive en un apartamento del Norte de Bogotá (Norte con N mayúscula) en unión libre con una caleña y donde se dedica a dormir todo el día y a esperar la mesada que su madre (de la más selecta crema y nata capitalina) le envía todos los meses sin falta. Pero la pereza de Escobar está sustentada por una rica diatriba filosófica, que Caballero redacta de manera magistral.

El libro está compuesto de 14 capítulos, bastante largos (la novela tiene unas 600 páginas) en las que vemos como Escobar evoluciona desde su desidia existencial hasta que se cumple su más grande anhelo, sin darse cuenta y sin estar seguro de quererlo.

Al final del libro, me pude hacer una idea de como luciría Escobar y creo que sería más o menos así.

Escobar no tiene una profesión y se resiste a tenerla a pesar de que su tío, dueño de uno  de los bancos más importantes del país, le ha ofrecido un importante cargo en su empresa, pero él se resiste a cualquier cosa que pueda coartarle su preciosa libertad y es en ese momento que rechaza tener un hijo con su mujer. La desaparición de esta, desestabiliza a Escobar de tal manera que empieza a redescubir el mundo a su alrededor: el depravado y sucio mundo de la noche Bogotana, el mundo de sus amigos fascinados con el pensamiento revolucionario de izquierda, el glamuroso mundo de la alta sociedad de Bogotá de donde salió él y por supuesto el mundo de las mujeres.

A lo largo de la obra es notorio que además de toda la arandela y propaganda izquierdista que Caballero introduce en la novela, el tema central es la búsqueda del amor. Escobar busca amar, quiere amar, pero algo en su corazón está tan endurecido (¿La muerte de su hermano?) que en realidad parece buscar la mujer ideal en un mar de pasiones sin sentido y de mujeres que pasan por su vida y por su cuerpo casi sin ninguna consecuencia.

Me identifiqué con Escobar a tal punto que quedé estupefacto cuando a los 2/3 de la novela, era evidente el plan de Caballero con su personaje; empezó quitándole a su mujer, luego su tranquilidad y así sucesivamente en una serie de casualidades que dejan a Escobar en la inmunda, justo el lugar donde logra algo que había luchado por conseguir en buena parte de la novela: un poema, mismo que sería su peor enemigo llegando al final. Caballero le quita todo a su personaje, sólo para darle un último suspiro antes de que se termine de desatar el infierno. Y es en este final dónde he quedado seriamente sobresaltado.

Hacía mucho tiempo que un libro no me ponía a pensar tanto (tanto que para ordenar mis ideas decidí lavar platos un rato) y es que es una reflexión existencial muy bien hecha, que se presta para la discusión, el análisis y la meditación.  Me alegra que este haya sido uno de mis libros para este año. No pudo haber una mejor elección.

Libro 5/6 de 2013.

PD: Le sumo muchos puntos además porque me puso a leer poesía, a pesar de que no es que sea exactamente mi género literario favorito.

1991, Una Constitución Inviable

No pude ignorar la gran cantidad de gente que aprovechando los 20 años de la Constitución Política de Colombia, se dedicaron a alabar el texto (¡Y a Cesar Gaviria! Que descaro), recalcando sus fortalezas y de lo mucho que ha avanzado Colombia desde que se promulgó la carta por allá, en la peor época del Narcotráfico y peor de la Narcopolítica en nuestro país.

No se si es que la mayoría de estas personas que tan buen concepto tienen de nuestra Carta Magna están mal informados o definitivamente están mal informando a los que se quieran comer semejante cuento chino.

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Primero que todo, quizás le sorprenda saber que en este mundo donde hay de todo, también hay países que no tienen constitución y lo más asombroso es que parece que muchas veces funcionan mejor que aquellos que no tienen. No soy abogado, ni mucho menos especializado en asuntos constitucionales pero el hecho que el Reino Unido, Nueva Zelanda e Israel no tengan constitución deja sin piso el argumento que un país sin constitución es un país sin leyes.

Ahora, alguien con más conocimientos que yo sobre el tema, me dijo alguna vez que una constitución debe cumplir ciertos requisitos básicos, entre los que citó: “La Constitución debe conocer el carácter y la cultura del pueblo”, “La Constitución debe ser concisa” y “La Constitución debe ser respaldada por la disciplina del pueblo”. Nuestra adorada constitución adolece de todos esos factores.

Primero que todo, la constitución que tenemos actualmente parece estar hecha para una utópica sociedad nórdica o algo así, desconoce por completo el carácter de los ciudadanos colombianos (ni hablemos de la cultura, en un país tan “multicultural” como dicen algunos) a menos que vivamos en una especie de fantasía comunista llena de individuos movidos por el deseo de ayudar al prójimo, (sí, cómo no) y que yo no me haya dado cuenta.

La segunda condición, la constitución debe ser un documento conciso, fundamental, nuclear, central, de el se deben desprender todas las leyes habidas y por haber, pero en el caso de la Constitución del 1991 parece que lo entendieron al revés. No sólo la Constitución Colombiana es la más larga y extensa del hemisferio occidental y sus alrededores, sino que hay meten una cantidad de carreta, que si bien no es que sea necesariamente mala, sencillamente no debería estar ahí. No es sino tomar en las manos una Constitución y ver qué del Título I al VIII echan una carreta que a duras penas se ve reflejada en la pura y simple realidad cotidiana y ¿qué decir del Título IX en adelante? Que aburrimiento, no creo que un escolar de menos de 10 años se mame la galleta de leer semejante texto tan complicado y aburrido. Y después más de uno anda poniendo el grito en el cielo, que los ciudadanos no conocen su constitución.

Pero la gota que rebosa el vaso es el último, la Constitución debe ser respaldada por la disciplina popular. En un país donde todo el mundo se quiere pasar las leyes por la faja, donde se ha impuesta la cultura de “Yo no soy pendejo” y de “No dar papaya” y peor donde la justicia sólo puede tacharse de ineficiente y ridícula, donde todos queremos ser los más avivatos y sacarle partido a todo, así sea ilegal, la constitución y por ende las leyes se reducen a un montón de papeles inútiles que sólo los abogados leen y eso porque de eso comen. Mucha de esa indisciplina viene de los dos primeros factores, la constitución es carreta y las leyes que tenemos no tienen que ver con nuestro carácter como ciudadanos.

Ahora esa perla que tenemos como constitución ¿de donde salió? ¿Sabía usted que en la asamblea que la redactó había guerrilleros del M-19, de los mismos que asaltaron el Palacio de Justicia? ¿Sabía usted que en inicio prohibía la extradición de narcotraficantes? ¿Sabía usted que nuestra Carta Magna original quedó con Fé de Erratas? Que Vergüenza. Es muy bien sabido que esa la Asamblea Constituyente fue producto de un pacto (vergonzoso) del gobierno Gaviria, primero con el M-19 que puso de condición muchos puestos en la misma para el cese al fuego, así es, una guerrilla izquierdista, que se asoció con los no pocos elementos simpatizantes con el comunismo que ya había dentro de (por ejemplo) el Partido Liberal. Imagínense ustedes si hoy día las FARC tuviesen la cachaza de redactarnos una constitución. Y ni hablar de la plática (que no debió ser poca) que metió ahí Pablo Escobar.

Entonces no sorprende que hoy en día haya tanto alboroto y tanta dificultad para bombardear y exterminar guerrilleros y criminales asesinos. Jesús Vallejo Mejía lo expone muy claramente en su articulo “Las Dos Fuentes de La Constitución de 1991”:

“La influencia del M-19, conjugada con la de sectores izquierdistas del Partido Liberal, se puso de manifiesto en el cúmulo de cortapisas que se contemplaron en el texto constitucional respecto de los poderes gubernamentales para el manejo del orden público. Ello explica por qué ahora que el Gobierno y el Congreso pretenden que se declare que Colombia vive un conflicto armado interno, no es posible enfrentarlo mediante el Estado de Conmoción Interior, pues los lineamientos de éste fueron trazados con los representantes de la guerrilla, que lo privaron de eficacia, fuera de que el desarrollo jurisprudencial de sus textos ha quedado en manos de una Corte Constitucional que hasta no hace mucho estaba liderada por magistrados de extracción izquierdista y bastante politizados por cierto.”

 

Entonces toda la fama de la Constitución del ’91 se debe a un elemento que también es cuando menos cuestionable: La Tutela, no y es que las Cortes andan felices mochando y recortando la plata del presupuesto que supuestamente es sagrada para pagarle las cirugías estéticas y los tratamientos dentales a cuanto pelagatos se le da por poner la tutela, y eso sin contar como es en realidad el proceso, donde la primera línea de respuesta es hecha por aprendices y pasantes. No más ahí se las dejo.

Por último, sólo me queda decir que una constitución que meta a Dios desde el preámbulo, no tiene la menor credibilidad para mi, y que conste que los mismos que redactaron ese preámbulo, eran los que se estaban dándose golpes de pecho y rasgándose las vestiduras porque Uribe ofreció una oración al Altísimo por el rescate de policías y militares, el día que Ingrid Betancourt recuperó la libertad. Es ahí donde se comprueba la doble moral y la hipocresía de la sociedad de nuestro país. Queda la duda de si lo que es inviable es nuestro país como dicen muchos, o si será solamente la Constitución.

Feliz Solsticio de Verano para todos.