Los Ricos También Lloran: Una Mirada a La Ayuda Estatal a Pobres y Ricos.

En Colombia cuando nos hablan de ayuda estatal, lo primero que se nos viene a la mente es una aglomeración humana haciendo fila, bajo un sol inmisericorde, delante de un cajero electrónico para retirar los llamados subsidios de Familias Bajo El Sol En Acción. Sin embargo, no sólo en nuestro país, sino en la mayoría de países en todo el mundo, los programas de ayuda estatal no solamente se enfocan en el sector de menor ingreso de la población. El siguiente video explica claramente como funcionan dichos sistemas, tomando como ejemplo el del país capitalista por excelencia: Los Estados Unidos de América.  Para mayor claridad, debajo del video está la transcripción al español. (Original en inglés aquí).

Narrador: Y todo este tiempo creí que el mundo era redondo. El mundo no es redondo. Tiene bordes desde los que podemos caer y caras mirando en direcciones completamente opuestas. Y yo pensé que el mundo era enorme, pero no lo es. Está en nuestras manos. Podemos sostenerlo, cambiarlo, voltearlo, hacerlo temblar. Podemos resolverlo, pero no con la suerte o con el azar. Debemos aprender a hacerlo.

Ananya Roy: Todos los años, tengo a mi cargo una concurrida clase sobre pobreza global en la Universidad de California Berkeley. Como es lo lógico en una importante universidad pública, los estudiantes representan una diversidad de clases sociales, ventajas y privilegios.  Algunos son estudiantes de primera generación (sus padres no fueron a la universidad), algunos son hijos de la clase trabajadora de la California global; otros vienen de los cielos del sector acaudalado. Aunque también hay algunos que pertenecen a ese tambaleante grupo llamado la clase media estadounidense.

Los estudiantes también representa una diversidad de opiniones políticas. Aunque todos quieren la justicia social y ser partícipes del cambio social, tienen maneras algo diferentes de entender el significado de dichos conceptos. Para algunos, la cruzada es por la igualdad económica y social. Para otros es por un capitalismo compasivo. Para otros más es simplemente hacer el bien. Pero todos ellos tienen algo más en común: tienden a pensar que la pobreza global es algo que existe en otros lugares; en el Sur Global, en el tercer mundo, no aquí, no en los Estados Unidos de América.

ayuda estatal
Bancos, aerolíneas, emporios agrícolas y hasta empresas petroleras hacen fila para recibir ayudas estatales.

Una tarde, el año pasado, escuché a un grupo de mis estudiantes discutiendo sobre ayuda estatal y pobreza en los Estados Unidos. Era una discusión informal y las opiniones fluían libremente. Una estudiante anotó que estaba preocupada por el comportamiento de los pobres, igual que lo estaba por la desigualdad. Como estudiante de bajos ingresos, ella tenía varios trabajos. Uno de ellos era en una tienda de abarrotes. “Veo gente con ayuda estatal aquí todo el tiempo, tratando de comprar cigarrillos y alcohol con bonos de comida” dijo. (¿En que se gastaran los subsidios los beneficiarios de esas ayudas aquí en Colombia? Las cursivas son mías) “La dependencia es un problema. La solución a la pobreza no puede ser darle limosnas a los pobres” concluyó. Muchos en el grupo estuvieron de acuerdo con ella. Los estudiantes en esa conversación pertenecen a lo que yo designaría como la generación post-ayuda-estatal. Crecieron durante los años en el que el sistema de ayudas estatales estaba siendo desmantelado. La mayoría de ellos tenían cuatro años cuando el Presidente Clinton,  un tanto reticente, convirtió en ley, la propuesta que eliminaba las ayudas estatales para los necesitados. No escucharon a Ronald Reagan en su campaña para la nominación presidencial por el partido republicano en 1976, cuando invento el personaje de la “Reina de los Subsidios”.  “Hay una mujer en Chicago”- dijo Reagan- “Tiene 80 nombres, 30 direcciones, 12 tarjetas del seguro social, tiene Medicaid, bonos de comida y recibe dinero de ayudas estatales bajo cada uno de esos nombres”. Se gana al mes u$ 150.000 en efectivo, libres de impuestos”.  No oyeron nada de eso, pero esa era su verdad. Crecieron en una era en la que las ayudas estatales, NO la pobreza, se habían convertido en el problema que debía resolverse.

Me di cuenta esa tarde que esta generación post-ayuda-estatal, expresaba opiniones profundamente ambivalentes sobre el papel del Estado. Les gustan las organizaciones sin ánimo de lucro, las soluciones de mercado a la pobreza, las organizaciones comunitarias, pero no es gusta el gobierno.Por esto es que se enamoran de las ideas de William Easterly, especialmente en esta linea “los ricos tienen mercados, los pobres tienen burócratas”. La burocracia en el gobierno, como las ayudas estatales, era un problema, pero he aquí la paradoja: mis estudiantes gozan de un cúmulo de subsidios estatales escondidos que los apuntalan a la oportunidad y la aristocracia, pero no creen que dichos subsidios deban estar disponibles para los pobres.  Debemos replantear la frase de Easterly: los ricos tienen ayuda estatal, los pobres deben ayudarse a sí mismos.

Puesto de otra manera, mis estudiantes se preocupan de la dependencia de los pobres a la ayuda estatal, pero no logran reconocer que son dependientes de ese mismo tipo de ayudas. Yo también dependo de las ayudas estatales. Déjenme presentarme, soy Ananya Roy, profesora en la Universidad de California Berkeley, pero vivo en una vivienda pública. Mi carrera me permite una casa en las colinas de California con vista al puente Golden Gate, pero aún así, vivo en una vivienda pública.  La vivienda pública en la que yo vivo, no es la del estereotipo estadounidense, con edificios en ruinas, concentraciones de pobreza y vecindarios devastados por la violencia (Estamos entregando casas…). Mi vivienda es pública porque la deducción de impuestos que disfruto sobre mi hipoteca se parece más a una limosna sustancial que cualquier dinero gastado por el gobierno estadounidense en las maltrechas, estereotipadas e infames viviendas de carácter público.

Familias en Acción
Pero los ricos no son los únicos que hacen filas para recibir plata de los gobiernos, aquí un grupo de personas haciendo fila kilométrica para recibir ayudas de Familias en Acción.

Y hay millones de familias que disfrutan de los mismos beneficios. Para dar un dato nada más, en 1999 cuando se cerraba el siglo estadounidense, el gobierno norteamericano gastó veinticuatro mil millones de dólares en viviendas públicas y subsidios de arriendo para los pobres. Pero en el mismo año gastó setenta y dos mil millones en subsidios sobre hipotecas para la clase media y los acaudalados. Este tipo de exención nunca ha sido considerada ayuda estatal y no hay ningún estigma atado a esta dependencia. De hecho son vistos como “beneficios”. ¿Por qué sucede eso? La historia cuenta.

El sistema de ayudas estatales en Estados Unidos fue forjado en el despertar de la Gran Depresión, para crear un nuevo contrato de programas sociales.  Pero, desde el mismo comienzo fue divido en dos canales: los programas de seguridad social disponibles como beneficios y los programas de asistencia pública, conocidos como ayudas. ¿Tengo que señalar las dimensiones en raza y género de esta división? Es hora que Estados Unidos reconsidere quien es dependiente de las ayudas estatales.

Narrador: En la búsqueda de la “Reina de los Subsidios” hemos estado buscando  personas naturales, cuando deberíamos estar buscando por personas jurídicas, deberíamos estar mirando a Walmart. Walmart es el empleador privado más grande en EUA , empleando en 2011 más personal que cualquier otra compañía del país. Walmart alcanzó un nada despreciable beneficio de $16.400 millones de dólares en ese mismo año y los seis herederos de Walmart, la familia Walton poseen cada uno, una fortuna de unos $100 mil millones, lo cuál es más que el 40% de los estadounidenses más pobres. Pero a pesar de hacer tal cantidad de dinero, el modelo de negocios de Walmart depende del Estado. Depende del hecho de ser la “Reina de los Subsidios” más grande de los Estados Unidos.. Debido a los reducidos salarios que Walmart paga a sus empleados (consecuencia de su política de horarios reducidos, igual que el Éxito en Colombia), el gobierno tiene que dar un paso al frente  y proveer asistencia pública a los empleados de Walmart para que puedan sobrevivir. Es por eso que la fuerza de trabajo de Walmart representa el receptor más grande de ayuda federal en los Estados Unidos.

Ananya Roy: Nunca antes, desde los tiempos de la Gran Depresión, la sociedad estadounidense ha enfrentado niveles de desigualdad tan escandalosos. Estados Unidos se ha convertido en la nación del 1%, donde ganancias económicas masivas llegan a tan sólo el 1% de los hogares. Esta es la obscena realidad que el movimiento Occupy ha hecho visible. Tal desigualdad no es natural. No es el resultado obligado del libre comercio. Más bien es producida por la política actual,donde las ayudas estatales van a los fondos de Wall Street y a super corporaciones como Walmart.

Esta es la plaga de lo que en 1958, el economista y diplomático llamó “la sociedad opulenta”. En un análisis diseñado para conmover la conciencia del pueblo estadounidense y ayudar a lanza la guerra contra la pobreza en 1960, Galbraith declaró que el manejo de las economías modernas por opulentos para los opulentos, terminará fracasando. Incluso peor, los opulentos empiezan a sentir lo que Galbraith describe como “cómoda indiferencia” por los excluidos de la cultura y los beneficios que ellos disfrutan. Uno de los efectos que Galbraith notó fue la resistencia a la ayuda del gobierno por parte de los pobres, evidente en nuestros tiempos (No han venido a Colombia, aquí nadie rechaza un subsidio). Galbraith argumentó que, a pesar de todo, la lucha efectiva contra la pobreza puede venir exclusivamente del Estado.

Las conclusiones de Galbraith vuelven a estar vigentes hoy en día, pero no por las democracias liberales del Atlántico Norte. En lugar de eso, potencias económicas del Sur Global que han empezado a liderar programas estatales de inclusión social y desarrollo humano. En México y en Brasil transferencias condicionales de dinero apoyan a millones de hogares pobres y han sido asociadas a descensos en los niveles de pobreza y mejoras en la salud y educación. En la India, los legisladores empiezan a discutir sobre crecimiento inclusivo, esperando integrar a los más pobres en el rápido crecimiento de la economía.

Parte de mi vida académica la he dedicado a criticar estos programas. Puedo decirles por qué las transferencias condicionales de efectivo ponen una carga adicional a las que ya tienen las madres pobres. Puedo decirles por qué el acercamiento de la India al crecimiento inclusivo ha fracasado, pero también quiero señalar que se está creando un nuevo tipo de “estado de bienestar”  en el Sur Global, uno que implique un nuevo contrato social entre el Estado y los pobres.

Tal vez, el mejor ejemplos de esto, es el actual debate en muchos países sobre la necesidad de garantizar un salario mínimo (En Colombia ya tenemos… aunque muy mínimo). Esto es radical. Un ingreso mínimo garantizado es el salario de un ciudadano como un beneficio, no como ayuda.  Implica que el derecho de ciudadanía excede el ritual político del voto y el derecho a la dignidad humana y a la vida sin pobreza. Quiero ser clara, los gobiernos en el Sur Global no garantizan este nuevo contrato a los pobres. Los movimientos de gente de escasos recursos están reclamando estos contratos. Protestas contra la privación, la disposición y el desplazamiento.  Están rugiendo como los movimientos social  de gente pobre de Oshman Desu en Sudáfrica. Nosotros somos los pobres. Estos movimientos de gente pobre entienden lo que he el visionario radical Saul Alinsky entendía cuando inició acciones comunitarias en los vecindarios marginados de Chicago. La pobreza no es sólo pobreza de economía, es pobreza de poder.

Una parte importante de la pobreza de poder es ser definido como dependiente, dependiente de la caridad, de las limosnas, de las ayudas estatales. Transformar la dependencia en auto-determinación es el trabajo de los movimientos de gente pobre. Demostrar la dependencia de los ricos y de los pobres sobre las ayudas estatales debe ser nuestra labor colectiva.

Y así, esa tarde en la Universidad de California Berkeley, le pedí a mis estudiantes leer el poema de Maya Angelou “Ahí va Mamá Subsidios”. ” Ahí va Mamá subsidios, con sus manos regordetas en sus gruesas cadera, sus pobres hijos no conocen de juguetes, miran con las manos desnudas dentro de la cueva de los burócratas buscando la parte que a ella le corresponde. Ellos no me dan sus subsidios, yo se los arrebato”.

Familias en acción burla
Recibir subsidios del estado generalmente no está bien visto., como muy bien lo expresa este “meme”.
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