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3000 Kilómetros por Colombia (Parte II)

Bogotá DC, Martes 7 de Junio de 2011, 9:25 am. Crucé rápidamente el puente peatonal sobre la Autopista Norte, y ya el bus había avanzado unos centímetros cuando alcancé a gritar el nombre de mi destino y logré subir. Pronto estaría en Tunja por un poco más de 7 U$. De los pocos paisajes que he visto, debo admitir que el de la Sabana verde en el altiplano, es uno de mis favoritos. El verde intenso, la hierba tocada por la neblina matutina, el cielo encapotado. Todo en su conjunto producen una sensación de tranquilidad y frescura.

El bus salió de Bogotá, apenas alcancé a ver los avisos de la desviación hacia Chía, que había sido noticia unos días antes por cuenta de las fuertes lluvias y las consecuentes inundaciones en un sector que muchos consideran privilegiado. Chocontá, Villapinzón, Ventaquemada. Muy cerca estaba ya de mi destino final. Si algún lugar de Colombia se ha de parecer a la mítica Tierra Media, debía ser este. Era interesante ver como le ganaban tierra a la montaña, como los míticos enanos, para buscarse un lugar donde vivir, las casas de ladrillos rojos sin ventanas, junto a otras sacadas de cuentos de hadas, todo en el mismo lugar, en la misma vía, justo donde hace casi dos siglos se libraron las sangrientas batallas que le dieron la independencia a este país.

Tunja
En la plaza de Tunja

Tunja, Boyacá. Martes, 7 de Junio de 2011. 11:24 am. Llegué al terminal de Tunja, bastante pequeño considerando que estaba acostumbrado a los terminales de Barranquilla, Bogotá y Medellín. Pero al menos era el punto central. Tenía anotada en una hoja la dirección y el nombre de los posibles hoteles donde me quedaría aquella noche. La sencillez del terminal, me hizo pensar que tal vez no sería necesario tomar un taxi para llegar al hotel. Tenía toda la razón. En el baño de la terminal, utilicé mi teléfono y me ubique: el hotel estaba a menos de 5 cuadras, un trayecto que podía caminar a pie. Pero no contaba con las empinadas calles, ni con el poco aire que alcanzaba a respirar. Parecía que había corrido una maratón. Llegué al hotel, muy económico, sólo 13 U$ por la noche, muy cerca de la plaza. Para ir a almorzar salí a dar una vuelta. Es una ciudad extraña. En Cartagena, el centro histórico está casi intacto, no hay edificaciones modernas que sobresalgan en medio de las centenarias viviendas. En Tunja sucede lo contrario. En medio de las hermosas estructuras arquitectónicas coloniales conviven casas y edificios de otras épocas mucho más recientes. Muchas Iglesias, en cuyas casas curales funcionan nada más ni nada menos que bancos y cajeros automáticos. En Calle estrechas, que permiten al transeúnte disfrutar del paisaje sin el temor de ser arrollado. En compañía de un viejo amigo recorrí la ciudad. A diferencia de lo que yo creía, Tunja no era mucho más grande que el resto de los municipios de Boyacá, en realidad (en palabras de mi amigo) está en las mismas proporciones de por ejemplo Duitama y Sogamoso y que Tunja es la capital más por razones históricas que por cualquier otro motivo. Un Martes no es un buen día para disfrutar de una ciudad, sin embargo en la medida de lo posible pude disfrutar de sus sitios, pequeños y atractivos. Sólo pude sentir algo del frío que hace famosa a la ciudad en la noche y en la madrugada cuando desperté a empezar el viaje que me llevaría de vuelta a casa.

PlazaTunja
Entre lo antiguo y lo contemporáneo.

Tunja, Boyacá. Miercoles 8 de Junio de 2011. 7:55 am. Era hora de subir a la van que me llevaría a Bucaramanga por unos 18 U$. Había despertado demasiado temprano, había ido a averiguar la hora de salida y luego salí a buscar algo para desayunar, luego de varios minutos caminando, encontré una pequeña tienda donde pude tomar algo antes de irme. Rumbo a Bucaramanga pasé por la misma calle donde había pasado el día anterior, se notaba el esfuerzo de la ciudad por salir de su pasado y tratar de entrar al futuro, muchos proyectos, estadios, calles, glorietas que debían cambiarle el sentido a la ciudad. Era hora de decirle “Hasta Pronto”. Tengo ganas de volver.

Eran hermosos los paisajes que veía a través de la ventana, pasábamos por túneles creados por las montañas, donde el cielo servía de techo y donde el agua caía en forma de cascada desde la cima de ellas. Horas y horas de viaje. Moniquirá, Barbosa, Socorro, San Gil. Y después el terror. Pocas veces en mi vida me he sentido temeroso dentro de un carro o un bus, pero en esta ocasión literalmente vi pasar mi vida a través de mis ojos. No era solamente que la carretera en el sector que llaman “El Pescadero” fuera estrecha o que las curvas eran asombrosamente cerradas, o que el abismo a centimetros de nosotros tendría cientos de metros de profundidad. Era que los conductores la transitaban como si fuera una autopista de 20 carriles, adelantaban a ciegas, muchos frenaban sin aviso y hasta la gente se atravesaba sin ningún anuncio. Tenía las manos frias cuando llegamos al último tramo, afortunadamente una película me mantuvo lo suficientemente entretenido como para no terminar de perder la cordura en semejante tramo. Bueno, tal vez exageré un poco. Luego Floridablanca, pude ver algunas de las construcciones de Metrolínea, el Transmilenio de Bucaramanga y su zona metropolitana. Pensaba irme lo más pronto posible.

Bucaramanga, Santander, Miercoles 8 de Junio de 2011. 3:00 pm. Terminales enredados y el de Bucaramanga. Es fuera de serie que haya un terminal de transporte de 3 pisos, así que pasé como quince minutos subiendo y bajando escaleras tratando de encontrar la oficina de Expreso Brasilia, que era la que estaba completamente seguro, tenía rutas a Sincelejo. Sí, en efecto había buses para Sincelejo…a las 9 de la noche. Así que tenía 5 horas que matar en una ciudad en la que nunca había estado. Sabía que un hermano de mi madre vivía ahí, pero gracias a Dios mi teléfono se descargó y mi madre no tenía el teléfono con ella, le dejé el recado con mi hermana. Decidí mirar en Internet a ver que podía hacer un Miércoles en la capital de Santader. Anoté en un papelito las direcciones de los lugares a los que podría ser bueno ir, para relajarme en esas horas. Tomé un taxi hasta el Exito del centro, y de ahí salí a buscar la dirección, de los 3 lugares potenciales, elegí uno que me pareció el más indicado, porque al menos allí me podía asear. Me pasó lo mismo que en Medellín, lo accidentado del terreno hacía difícil ubicar direcciones pero luego de un rato deambulado y conociendo la ciudad a pie, encontré mi sitio de destino. Me relajé y disfruté mucho, cuando me di cuenta ya era hora de partir. Pasé mi niñez escuchando que mi madre decía que Bucaramanga era un lugar frío. Nada que ver. Incluso en la noche, me pareció muy caliente, pero igual, había una ola de calor en el país, así que igual no supe cual era la temperatura promedio en esa ciudad. 9 de la noche, luego de cenar muy bien, me embarqué en el bus, vi pasar entre sueños los trabajos en las obras, San Alberto, Curumaní. Y en la mañana, Bosconia, Plato, El Carmen, ya no resistía más. En ningún lugar en el mundo me siento tan bien, tan cómodo y seguro como en Sincelejo, ya quería llegar, había estado muy lejos, conociendo lugares nuevos, encontrándome con personas muy valiosas para mi, disfrutando, pero quería llegar. Los Palmitos, Corozal, el peaje…y al fin ahí estaba mi ciudad, me bajé del bus, agarré una moto y me dirigí rumbo a mi casa. El viaje había terminado.

PD: ¿Cómo se que fueron 3000 kilómetros? Fácil, Google Latitude me lo dijo una vez terminé el viaje. ¿Por qué hice el post en dos partes? Por que si lo hacía de uno se ponía muy largo y aburridor.

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Tecnología e Internet

Google Latitude y Foursquare ¿Redes Geo-sociales o Peligros Potenciales?

latitude

Una de las ventajas de tener un smartphone, es la posibilidad de al menos saber donde está parado uno. Y en está época donde la educación es de una calidad tan dudosa, no queda duda que al menos tener esa información es un gran avance.

Pues, a alguien se le tuvo que haber ocurrido la maravillosa idea de que la gente le gusta que otros sepan en donde están y para eso se inventaron las ahora muy famosas redes geo-sociales, que no son muy diferentes de las ya conocidas, criticadas, alabadas y escupidas redes sociales que ya parecen (y en realidad son) inventos de la década pasada.

Eso es lo que hace Google Latitude, con tu cuenta de usuario de Google (la misma que utilizas para Gmail, Blogger o YouTube) y un smartphone puedes no sólo conocer tu ubicación con mucha precisión, sino solamente compartirla con tu red de amigos, de la misma manera como compartes fotos en Facebook. Google Latitude en sí funciona como una mini-red social de Google, totalmente independiente de otras aventuras sociales del gigante de Internet como Google Reader, Buzz o Gmail; de hecho en Google Latitude debes invitar a tus amigos de la misma manera como invitas en Facebook, Google sólo se limita a sugerir, esta característica es importante ya que no hay una lista de amigos que por defecto sea capaz de ver tu ubicación exacta. Tu eliges quien quieres que sepas donde estás.

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Foursquare

Google Latitude permite también crear gadgets que puedes publicar en tu blog o en tu sitio de Internet. Una de las características de “Latitude” es que se hace una especie de seguimiento (el usuario debe activar esta característica) de los últimos lugares donde has estado y lleva una cuenta de la distancia recorrida. Al igual que en Foursquare, de la que hablaremos enseguida, se puede hacer “Check-In” en sitios que otros usuarios hayan activado dentro de la red, como restaurantes, centros comerciales, etcétera. Otra característica que el usuario puede activar es la de actualizar su estado de Google Talk (Gtalk) con su ubicación de “Latitude”.

Foursquare no es muy diferente de Latitude, de hecho es casi lo mismo, incluso utiliza el servicio de Google Maps, al igual que “Latitude” puedes ubicarte, compartir tu ubicación y hacer “Check-In” en una cantidad de sitios, que en muchos sitios y ciudades supera a los de Google Latitude. Una característica particular de Foursquare son los “badges” y las “alcaldías” es decir a medida que el usuario hace buen uso de la aplicación, puede ganar cierto estatus, puede ser incluso llegar a ser alcalde de un lugar al que asista con mucha frecuencia. Otra diferencia con “Latitude” es que puedes ver cuantas personas comparten tu ubicación, es decir si estás en un Starbucks, puedes saber cuantas personas que utilizan Foursquare están en ese sitio al mismo tiempo que tú.

Ahora veamos el vaso medio vacío, aunque parezca una fantabulosa idea compartir con medio mundo tu ubicación en cierto instante, debemos reconocerlo que en nuestros paises eso en lugar de ser algo positivo, resulta más bien negativo, en especial si estas ubicaciones se comparten en las redes sociales regulares como facebook y twitter. Los ladrones (que no son ajenos a estas redes sociales) podrían estar pendientes de la ubicación de alguien y seguirle la pista para (en el caso más común) quitarle el smartphone desde donde está actualizando su ubicación

ubicaciones
Tu ubicación en la vida real es mucho más serio que las fotos que se comparte en facebook y twitter.

Es mejor tener cuidado y tratar de quitarle exactitud a la ubicación, estás redes puede configurarse para hacerlo, y sólo cuando sea un lugar muy seguro y de confianza es recomendable dar una ubicación de más precisión, siempre teniendo en cuenta con quien compartes esas coordenadas donde, ahora sí, sabes que estás parado.