Sobre RoboCop (2014) y Otros Refritos.

Iba a empezar este artículo diciendo que la nueva película de RoboCop me había «sorprendido gratamente», pero luego me di cuenta que esa frase ya la he utilizado en varias de mis anteriores entradas, por lo que decidí cambiarla un poco y decir, en cambio que esta película, dirigida por el director brasileño José Padilha me dejó «satisfactoriamente asombrado». Bueno, ya sé que no hay mucha diferencia entre estar gratamente sorprendido y satisfactoriamente asombrado, pero la idea es no repetirse y en eso fue que precisamente triunfó RobCop, logró el cometido de ser una nueva versión de la historia del Policía Robot sin repetir nada y sí dando un salto estupendo al futuro.

poster de robocop 2014

Lo que primero impacta de esta nueva versión de RoboCop es de lo cruelmente realista que puede ser; transcurre en un futuro donde los Estados Unidos ha dado el siguiente paso en la lucha contra el terrorismo, invadiendo a Irán con la ayuda de una serie de robots destinados para identificar, neutralizar y eliminar amenazas en cuestión de segundos. Omnicorp, la compañía encargada de fabricar estos robots, tiene un sólo obstáculo en su afán expansionista: el mercado de los Estados Unidos está cerrado; el público estadounidense no quiere robots en sus calles. Es aquí donde aparece  Alex Murphy, un policía de Detroit que se encuentra a punto de descubrir una conspiración dentro del mismo cuerpo policíaco, razón por la que sufre un intento de homicidio. Murphy llega a manos de Omnicorp que para poder ingresar al mercado estadounidense con un amigable robot mitad humano, utilizando a Murphy como materia prima.

La historia es interesante, concreta y sólida, quizás un poco reminiscente de algunos aspectos de «Batman Begins», sobre todo en eso de «Héroe Tecnológico se enfrenta al crimen organizado», pero nada que le quite ningún lustre a la cinta como tal. Los personajes son coherentes y tienen un desarrollo interesante, y muy bien actuados empezando con Samuel L. Jackson que tiene un rol secundario como periodista, pasando por Gary Oldman, el debutante Joel Kinnaman y hasta Michael Keaton, a quien no veía en una actuación decente desde los tiempos en que peleaba con el Pinguino en Batman Returns y que en esta cinta interpreta un tipo muy semejante al difunto Steve Jobs.

A pesar de su rol secundario, Samuel L. Jackson se roba el show en RoboCop.
A pesar de su rol secundario, Samuel L. Jackson se roba el show en RoboCop.

Los diálogos, aunque no son especialmente brillantes, tampoco es que decepcionen, sobre todo cuando intentan tener un efecto hilarante en el público, lo cuál logran con clase y elegancia en algunas lineas. Las escenas donde aparece Samuel L. Jackson sin duda quedarán para la remembranza, así como aquellas con el toque dramático entre Murphy y su familia, no tanto las de acción, que he visto mejores en Man of Steel y The Avengers, si vamos a ser justos.

La presentación visual de la película es interesante, definitivamente semejante al estilo de Fernando Meirelles (Ciudad de Dios, El Jardinero Fiel) y al de Neill Blomkamp (District 9, Elysium), poniendo al espectador en el lugar de los sucesos, sin refugiarse en los efectos especiales para justificar una mala dirección, como en otras películas que andan en cartelera ahora como «Yo, Frankenstein» o «47 Ronin«.

A pesar de ser una cinta de acción, combina muy bien elementos de drama y algunas lineas de comedia. Nada mal para un director que apenas se da a conocer en Estados Unidos.
A pesar de ser una cinta de acción, combina muy bien elementos de drama y algunas lineas de comedia. Nada mal para un director que apenas se da a conocer en Estados Unidos.

Una película que combina un poco de crítica social, acción, algo de drama y lineas divertidas en un gran equilibrio, difícil de ver en estos días en el cine estadounidense. Completamente recomendada.

Calificación: 4.75/5.00

«Jobs»: Reseña De Un Apple Hater.

Para nadie es un secreto mi profundo desdén por Apple, una compañía que desde mi prejuicioso punto de vista, no es otra cosa que una empresa aparatosamente sobrevalorada, que ha hecho trillones de dólares explotando la naturaleza arribista y extravagante del ser humano promedio, vendiendo una falsa imagen de innovación y vanguardia, mientras encierran a los usuarios en una prisión tecnológica en la que el desorbitado precio que pagaron por sus productos ni siquiera les da derecho a abrirlos con un destornillador. Habiendo dicho lo anterior, sin embargo, creo que «Jobs», película basada en la vida del ya difunto empresario, merece un análisis imparcial, lejos de cualquier displicencia que pueda sentir por el finado y su manera de llevar las riendas de su multinacional, radicada en Cupertino.

Empezaré con decir que «Jobs» se puede ver de dos maneras fundamentalmente: la primera, como una más del cúmulo de producciones cinematográficas que apunta descaradamente a los Premios Oscar o; la segunda, como una biografía en pantalla grande, formato 1.85:1.

Si vemos a «Jobs» sin pretender analizar los aspectos biográficos de la misma, diría que están muy equivocados los que la tachan de lenta e incoherente, de hecho me pareció una cinta bastante sólida en términos estructurales, que utiliza un propósito narrativo sencillo, pero no por eso menos efectivo. El desconocido director Joshua Michael Stern pudo haber tomado el camino fácil y haber convertido la cinta en un extenso y aburrido comercial de la marca Apple, pero en su lugar apostó por un enfoque dramático de su personaje principal. Los diálogos y escenas, aunque en ocasiones un tanto forzados, en realidad funcionan muy bien durante toda la película y la trama se mueve fluidamente sin entrar en explicaciones innecesarias, dejando al espectador la tarea de realizar deducciones y conclusiones, lo cuál a mi parecer denota inteligencia y buen trabajo.

A la fotografía y a las actuaciones en general les daría sin titubear cuatro de cinco estrellas, con tomas impecables y estéticas, complementadas con actores creíbles, capaces de transmitir más que parlamento, y eso incluye a la joya de la corona: Ashton Kutcher.

Quise dejar la actuación de Kutcher de último porque es donde se han dirigido las críticas más agudas. Los actores que interpretan personajes históricos como Jesús y Enrique VIII, tienen la enorme ventaja de que el público en general no tiene la más remota idea de como caminaban, que manías tenían, ni como hablaban; Nadie puede asegurar que Jim Caviezel interpretó correctamente a Jesús por la sencilla razón de que ningún ser humano en la actualidad sabe que gestos, ademanes o manerismos tenía. Kutcher tenía en sus hombros la tarea de interpretar a Steve Jobs, a quien todo el mundo ha visto hablar, caminar y moverse.

En lo que estoy de acuerdo con los críticos de Kutcher es que el actor nativo de Iowa, no trató de hacer una imitación perfecta de Jobs, estilo Helen Mirren en «The Queen»; diría que tanto el director como el actor optaron por irse por lo seguro y plantearon un Steve Jobs diferente, pero convicente, en lugar de uno exacto, pero risible. El Steve Jobs de Kutcher, no es el Steve Jobs que salía ante multitudes a presentar los nuevos productos de Apple, es la aproximación de Kutcher al personaje, que en realidad es bastante buena, teniendo en cuenta los referentes del actor. Diría que Kutcher logró construir un personaje con sus herramientas y le salió bien, aunque este Jobs parezca una más mezcla entre Michael Kelso (That’s 70s Show) y Evan Treborn (The Butterfly Effect) que al fundador de Apple.

Ahora ¿es «Jobs» una representación confiable de la vida de Steve Jobs? La respuesta es NO. Todo el que conoce algo de la forma en que Hollywood aborda las biografías es que se toma muchísimas licencias en el proceso, que hacen que el 90% de ese tipo de cintas sea pura y simple invención. Sin embargo es allí donde entra el discernimiento del espectador al preguntarse que tanto de la cinta es cierta y que tanto es, bueno, no tan cierto. Por ejemplo, la salida de Jobs de Apple fue abordada en la cinta como una conspiración contra el gran visionario, en lugar de mencionar que la visión de Bill Gates fue el que llevó a Apple al abismo y lo que condujo a Jobs a su salida. Aunque tratan de mostrar un Jobs estricto e insensible, el señor era mucho peor, rayando en la megalomanía, literalmente capaz de lo que sea para logra sus propósitos. Realmente no me quiero ni imaginar de que fue capaz ese señor con el fin de hacer resurgir a su compañía, pero el simple hecho de asociarse con Microsoft después de décadas de tratar inútilmente de destruirla, sería el menos.

¿Por qué no me sorprende que sea Apple el que más flechas tiene en este gráfico?

 

La película narra el viaje de un joven Jobs, rígido y orientado al logro, que injustamente perdió la compañía que construyó con sacrificios y que luego volvió a tomar en sus manos haciéndole pagar a todos los que los sacaron a la fuerza. Se oye muy bonita, pero la realidad es completamente diferente. Para terminar quisiera apuntar que la obsesión de Jobs para evitar que le pasara lo mismo que le ocurrió con Microsoft, convirtió a Apple en una empresa retrógrada, no visionaria, donde un ejército de abogados intimidadores han frenado los avances en la tecnología, que no solo arremete contra Google, Samsung o Motorola, sino en contra de cualquier pobre individuo que se atreva a cruzar los alambres de púas que puso Apple sobre sus productos. Pero claro, nada de eso aparece en una película que para los fanboys de Apple seguramente se convertirá en el evangelio según «Stern».

Calificación: 4.00/5.00

El Código Da Vinci: Libro vs Película.

La primera vez que vi un libro de «El Código Da Vinci» me pasó por la cabeza el mismo pensamiento que tuvo Leigh Teabing (Ian McKellen en la película) cuando supo que Jacques Sauniére le había heredado el más grande secreto de la historia a su nieta «No se lo merece». Claro, pensaba en aquél tiempo que el libro que catapultó a Dan Brown al estrellato literario era una pieza de calidad científica que exponía sin lugar a dudas que la Iglesia Católica, Apostólica y Romana era un fraude. Sin embargo luego de haberlo leído puedo decir cuatro palabras, las mismas que dijo Fermina Daza cuando le preguntaron sobre Europa luego de haberla conocido en la luna de miel «Más es la bulla».

Mis grandes expectativas respecto a «El Código Da Vinci» se deben principalmente a la emoción que le escuché a una no muy perspicaz pariente lejana (la misma del primer párrafo) cuando hablaba del mismo igual que si hubiese descubierto la piedra filosofal, claro si en realidad hubiese tenido idea de que era eso. Grave error mio, escuchar a alguien que se levantaba los fines de semana directamente a almorzar. Y la segunda fue haber sido testigo de la manera en que los críticos destruyeron la cinta basada en la misma obra, y es que habiendo leído que la película era una «pésima» adpatación del super bestseller de Dan Brown, imaginé, sin temor a equivocarme que el libro era una de las grandes obras de nuestro tiempo.  Nada de eso.

«El Código Da Vinci»  (ECDV) es un libro de unas 550 páginas (Edición de Planeta) pero me atrevo decir que un 25% por de esas páginas son puro y simple espacio vacío. Al igual que en su más reciente libro «Inferno» los capítulos de Dan Brown en ECDV son sumamente cortos y casi no amerita un número tan grande encabezándolo, ni las pedazos de página en blanco que separan estas partes del libro.

Habiendo visto la película y leído el libro, evidentemente el libro es mejor que la película, pero sin entrar en el plano de los superlativos. «El Código Da Vinci» es un libro escrito para generar polémica, pero hay que ser muy tonto y/o caído del zarzo para caer en una provocación de ese tipo. Es como si el gerente de la empresa se rebajara a abofetear a las recepcionistas por que dijeron en el baño que no se le paraba. Así se ve la Iglesia Católica poniendo el grito en el cielo por este libro. Es muy evidente que Brown adaptó muchísimos hechos históricos, para acomodarlos a la trama de su libro y aunque es definitivamente muy entretenido leerlo, no se trata de un documento científico y/o histórico, ni mucho menos.

Es obvio que el caracter de bestseller de ECDV se debe más al avispero y al alboroto que generó la misma Iglesia (al igual que sucedió con Harry Potter) que a su calidad literaria. No quiero decir con esto que Dan Brown sea un mal escritor, de hecho diría que es brillante, pero su éxito (al igual que el de Lady Gaga) es más un éxito de mercadeo que literario.

Pasando a las diferencias entre el libro y la película, Brown escribió una compleja red de misterio, drama y acción, que en el libro están perfectamente balanceados. Diría que Brown es un arquitecto de libros, sabiendo que, cómo y cuando va a pasar todo y la manera de maximizar su efecto en el lector, utilizando los puntos de vista de los personajes para hacer creer al lector lo que no es. Las películas basadas en libros tienen el dilema de qué hacer con el material original. Si se aferran demasiado a él, terminan películas larguísimas con detalles innecesarios y diálogos aburridísimos. Si no lo hacen corren el riesgo de quitarle la esencia a la cinta y de paso echarse encima al público. Tenaz.

La película dirigida por Ron Howard, trató de hacer lo primero, adaptando detalles como que ya las búsquedas se hacen en Google y no en computadores obsoletos en Bibliotecas Olvidadas, pero en esencia trata de seguir demasiado cerca al material original, incluso en el orden de las escenas. Es así como la historia de Silas, que en el libro tiene perfecto sentido como contrapeso a Langdon, en la película se torna aburridor, en pantalla no era necesario tratar de entender las motivaciones de Silas, bastaba con saber que los principales principales estaban bajo un inminente peligro y luego ir destapando poco a poco la conspiración e ir entendiendo las motivaciones de los personajes.  Lo mismo pasa con el Obispo Aringarosa.

La parte que más le critican a la cinta, es el último acto donde se empieza a revelar la verdad. Esta verdad es compleja, pero el lector la puede entender, debido a los capítulos «colchón» que incluye Brown para explicarlo todo, pero en la pantalla grande esa dinámica no funciona y es preferible que al menos en las situaciones menos importantes, no haya necesidad de andar ocultando nada, paradespues intentar explicar con el uso extensivo de diálogos y flashbacks. La conspiración final, esa sí debía ser sorprendente, pero fue precisamente ese el detalle que revelaron demasiado temprano en la película.

Este es el segundo libro de la colección de Dan Brown que leo, como voy en orden inverso, seguiría «Ángeles y Demonios» y me preocupa que sus libros sigan una estructura tan similar. Los escritores suelen tomar el riesgo de reinventarse, Hasta Arthur Conan Doyle y Agatha Christie se preocuparon por darle a sus heroicos personajes distintos contextos y no condenarlos a hacer y padecer lo mismo a cada rato. Algunas veces tienen éxito, otra veces fallan, pero si ya son escritores reconocidos, es un lujo que se pueden dar. Sino pregúntenle a J.K. Rowlings, que a pesar de que nadie se acuerda si quiera del nombre de la novela que sacó después de Harry Potter, muy bien que sigue. Claro que ser la mujer más rica de Inglaterra debe ayudar un poco.

PD: Les dejo la mejor escena de la película.

Libro 2/6. Faltan 4.