Lo que paga un pilo en “Ser pilo paga”

Fuente.  Financial Aid BYU.
Fuente. Financial Aid BYU.

Me encontraba yo, no tan cómodamente sentado en una silla plástica, viendo a través del umbral de la puerta, como el sol mortal del mediodía caía sobre la calle del frente. El calor era ya insoportable en aquel pueblo perdido en medio de la geografía del Caribe Colombiano, en el que me hallaba por cuestiones laborales; y ni siquiera la semejanza de las calles rotas y polvorientas, rodeadas de almendros rotos y centenarios con los escenarios descritos en la obra de Gabo logró que superara el marasmo intolerable. Fue entonces que llegó el interlocutor que esperaba; Juan* llevaba una camisa naranja y un pantalón negro desgastado, de esos mismos que se encuentran en promoción en almacenes comoTierra Santa, en conjunto con unos zapatos perfectamente lustrados y una cadena de oro, que resaltaba sobre el último botón cerrado de su camisa.

Era evidente que quería verse y lucir bien, pero el contraste entre la ropa corriente y la joya colgada en su cuello dejaba mucho que desear, sin embargo lo que más llamaba la atención era la contagiosa sonrisa de desplegaba de oreja a oreja. Levantó el pecho y con orgullo y con aquel acento peculiar de los naturales de su tierra profirió una frase que seguramente había repetido e iría a repetir muchas más veces de las que podría contar: “La hija mía pasó en La Javeriana”.

Hablaba, por supuesto, no del proceso semestral de selección realizado por dicha universidad para escoger a sus estudiantes de primer semestre, si no al “beneficio” al que accedió la muchacha al haber obtenido un puntaje de 314 en las Pruebas Saber 11, conocidas desde tiempos inmemoriales como las Pruebas ICFES, siendo una de los 10.000 seleccionados por el programa conocido como “Ser pilo paga” del gobierno de Juan Manuel Santos.

Según me contó allí mismo Juan, mientras mi organismo intentaba no colapsar ante el embate del calor y el aire poluto por el polvorín, que le había costado trabajo convencer a la muchacha de irse a Bogotá a estudiar derecho, pero que al final, luego de pintarle el panorama, la misma muchacha había empezado a hacer sus maletas. Después de todo, según palabras textuales de mi interlocutor “había que aprovechar ese regalo del gobierno”, no sin antes fantasear sobre la plata que haría “la niña” como abogada de esa universidad.

Era imposible no dejarse contagiar de su alegría, después de todo tenía razón, tal y como él pintaba las cosas, no había pierde. La muchacha estudiaría una carrera considerada “muy productiva” en una universidad de élite y no tendría que pagar un solo peso. Al menos eso era lo que él pensaba en ese momento.

Poco tiempo después, haciendo una que otra vuelta por la zona comercial de mi ciudad, me encontré nuevamente con él, iba mucho mejor vestido y sobre todo sin la cadena de oro que le había visto la última vez, me saludó con la misma efervescencia de siempre, pero con un dejo de pesadumbre en sus ojos.

Bajo el amparo refrescante de un par de cervezas me habló de su hija. Había pasado todo el día haciendo las vueltas correspondientes en el ICETEX para lo correspondiente a su matrícula. Fue entonces que me confesó, aunque ya yo lo sabía de antemano, que la “beca” a la que había accedido su hija por sacar más de 310 en su Prueba Saber y por tener 50 puntos de SISBEN, era en realidad un crédito condonable; es decir que si por cualquier razón la “niña” tuviera que retirarse a destiempo de la carrera tendría que honrar la deuda de cada uno de los semestres que hizo y teniendo en cuenta que el valor del semestre ascendía para este semestre a NUEVE MILLONES TRESCIENTOS MIL PESOS, no se trataba precisamente de calderilla, mucho más si el retiro se da en un octavo o noveno semestre.

Le comenté a Juan que según lo que había visto en uno de los comerciales del gobierno, su hija tendría acceso a un nada despreciable subsidio de 4 salarios mínimos; la cara de frustración de mi interlocutor se intensificó. “Cuatro salarios mínimos, pero por semestre”. Es decir que la muchacha tendría que sobrevivir en Bogotá durante un semestre con 2’500.000 pesos. De mi propia experiencia en la capital de la república calculé que ese dinero, apretándose mucho el cinturón alcanzaría bien para dos meses y así se lo manifesté a Juan, quien empezó a cavilar posibilidades sobre la fuente del sostenimiento de la “niña” para el resto del tiempo que tendría que permanecer allí, aunque señaló también el agravante que el gobierno aún no había hecho entrega de esos dineros. Dejé a Juan sentado allí frente a las botellas de cerveza, aún con la cabeza baja, luego de prometer quedar en contacto.

Lo llamé hace un par de días. Le hablé de los temas que siempre tocábamos relacionados con el trabajo, y noté que, a diferencia de la mayoría de veces que había hablado con él, no arrancaba la conversación hablando de su familia. Entonces fui yo el que le pregunté. Se notó un cambio inmediato en el tono de su voz. La “niña” ya llevaba una semana en la universidad, se había quedado pensionada con otro grupo de niñas que había conocido en el proceso. Nada más la pensión ascendía a más de $600.000, que tuvo que pagar por adelantado, nada más con eso el subsidio de sostenimiento que el gobierno aún no había entregado quedaba casi agotado. Pero no era todo.

Haciendo cuentas, en transporte se estaría gastando cerca de $100.000 y eso sin contar viajes extra, como la realización de trabajos en grupo y ese tipo de cosas. Encima la lista de libros o, en su defecto, las fotocopias de los mismos no hacía otra cosa que incrementarse. Tras de eso, la “niña” le había manifestado entre lágrimas, la necesidad de ropa más adecuada para el ambiente de la capital, además de otros atuendos más elegantes que se requerían para cierto tipo de actividades como la asistencia a audiencias y no sólo eso sino la necesidad de un computador nuevo para hacer los trabajos escritos.

Juan, que dentro de su comunidad era un hombre con buenos ingresos, por primera vez se preguntó si había sido buena idea enviar a su hija a esa universidad, más cuando se enteró por parte de la señora de la pensión que las burlas no se habían hecho esperar. El sueldo de Juan alcanzaba bien, para mantener a su familia de cuatro personas y sin embargo no le quedaba nada para ahorrar, ahora con su hija mayor en Bogotá, enfrentándose a tantas necesidades económicas, estaba preguntándose de donde iba a sacar tanta plata.

La “niña” le había prometido que iba a conseguir un trabajo para ayudar a sostenerse, cuando pudiera organizar su horario, pero tenía el inconveniente de ser aún menor de edad y aún más a Juan le daba pavor que su hija se arriesgara a que le faltaran el respeto. La conversación telefónica terminó cuando Juan me comentó que pensaba refinanciar el préstamo que tenía en el banco para “acomodar” los gastos de su hija. Ni siquiera me atreví a preguntar por el monto, ni cada cuanto tendría que hacer esa refinanciación.

Fuente: Wikimedia.
Fuente: Wikimedia.

No he vuelto a hablar más con él, me da hasta miedo marcarle y preguntarle como van las cosas. Supongo que él y “la niña” encontrarán la forma de enfrentar la situación, ya que retirarse ni siquiera es una opción porque también quedarían endeudados. Claro, que eso él no lo sabía cuando escuchó la propaganda del gobierno.

*El nombre ha sido cambiado, aunque no creo que importe mucho si el implicado lo lee. 😀

Anuncios

Un comentario en “Lo que paga un pilo en “Ser pilo paga”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s