Mi Corta Travesía Por Venezuela (Parte 1).

maracaibo maicao
Foto de Nelson Izquierdo (Neddy).

El volumen de mi equipaje lo decía todo. Un morral y un tubo portaplanos negro, demasiado grande para su contenido indicaban que definitivamente no me iba a quedar mucho tiempo del otro lado de la frontera. Había tenido que arreglar todo a las volandas. Rodrigo, el compañero de trabajo que me guiaría hasta mi destino final en Venezuela había decidido adelantar su viaje 24 horas, así que faltando 2 horas para la salida del bus me tocó organizar todo a las carreras. Metí en el morral los 3 cambios de ropa que podía necesitar, los documentos pequeños en una carpeta de trabajo, y los grandes en el enorme tubo plástico, demasiado grande para su labor.

Llegué al terminal de transportes donde Rodrigo y su esposa me esperaban. A diferencia de mi escueto equipaje, el de ellos era impresionante. Además de los bolsos de mano, llevaban maletas, cajas y sacos, perfectamente cerrados y amarrados y listos para la travesía. La esposa de Rodrigo estaba muy entusiasmada y apenas me senté a su lado, temeroso y excitado por la perspectiva del viaje, empezó a recitarme la larga lista de recomendaciones para el viajero colombiano promedio al vecino país: que si llevaba el pasaporte, que los sellos, que los carros, que el cambio, que si la mercancía… en fin un cúmulo de consejos prácticas que ella había tardado más en decir, que yo en olvidarlos.

Subí al bus con mi reducido equipaje y conseguí un puesto los suficientemente cerca para ver a Rodrigo y a su esposa, pero lo suficientemente lejos como para no tener que alargar las convenciones sociales de las conversaciones entre conocidos, y echarme de una buena vez a dormir. Para ser un viaje nocturno, dormí bastante bien, un sueño apenas interrumpido por las pausas esporádicas en los peajes y los terminales de transporte de todas las capitales de la Costa Caribe Colombiana, que se levantan en el camino entre Sincelejo y Maicao. Pero luego de salir de Riohacha, no pude volver a dormir.

Era aún de madrugada, y el sol estaba aún lejos de salir, pero el sólo hecho de ver que el verde intenso que acostumbro a ver por la ventana, había desaparecido, dando paso a un marrón rojizo, interrumpido apenas por un puñado de plantas espinosas me hizo poner los pies en la tierra: estaba a punto de salir de Colombia por segunda vez y no había vuelta atrás.

El terminal de Transportes de Maicao es igual de caótico y desordenado que el resto de terminales que he visto en Colombia, pero ya desde allí se podía percibir la frontera, tangible y concreta, desde los acentos extraños, pasando por los gritos de los mercaderes de divisas, hasta el de los chóferes que prometían ponerte en Venezuela a un módico precio.  Estaba tan fascinado viendo el espectáculo alienígena, que apenas si pude recordar que había dejado mi tubo portaplanos en el bus y apenas si pude recuperarlo.

Lo primero que me indicó Rodrigo era la manera de cambiar el dinero. Me dijo que preguntara en varios lugares, para hacerse una idea del precio estándar y luego de allí pedir rebaja. Conseguimos un buen precio, o por lo menos lo que yo consideré que era un buen precio, 35 pesos por Bolívar Fuerte, por lo que el millón de pesos que llevé se transformó en 30.000 Bolívares o como me dijo Rodrigo “30 Millones de Bolos“. Como la máxima denominación del Bolívar es el billete de 100, el volumen del dinero era impresionante y más cuando la palabra “millones” aparecía de un momento a otro.

No salimos de inmediato a Venezuela. Esperamos en el terminal a que llegaran los familiares de Rodrigo en Venezuela, quienes le traían su pasaporte. Me explicaron que Rodrigo había dejado su pasaporte en Venezuela para que en inmigración no hubiese rastro de su salida del país, lo que para efectos legales quería decir que él y su esposa llevaban más de dos años viviendo en Venezuela y de esa manera acceder a la ciudadanía venezolana, que era uno de los propósitos de su viaje. No fue difícil imaginar por qué tenían tantas ganas de ser venezolanos, en el viaje hasta “La Raya” (como conocen a la linea fronteriza) me contaron que el gobierno está regalando viviendas; y un patrimonio, así sea en el ojo del torbellino de la inestabilidad como es Venezuela es peor que nada. Y pues, también, aún con todos los problemas que hay allí, los venezolanos puede viajar a casi todo el mundo sin necesidad de visa, no como nosotros aquí en Colombia.

Por cuenta del cierre de casi una semana por las elecciones regionales, hubo que hacer una fila monstruosa para cruzar hasta el otro lado. Ya estaba en Venezuela, en un carro que compartía con tres señoras, una de ellas prima hermana de Rodrigo que tenía casi 50 años de residir en el hermano país. Pero antes de seguir tenía que sellar, es decir registrar mi salida de Colombia y mi entrada a Venezuela. Para agilizar los trámites, le entregue al chófer el equivalente a $40.000 colombianos, error de novato, cuando el precio real, como supe después, es el equivalente apenas a $10.000. El conductor regresó con mi pasaporte sellado en ambos servicios, por lo que no tuve ni que bajarme del carro.

A pocos kilómetros de “La Raya”, Rodrigo y su esposa decidieron comer algo, por lo que el carro en el que yo iba, también se detuvo en un negocio donde el chivo y la Coca Cola estaban a la orden del día. Fue allí donde entendí un poco más de la índole de la gente del otro lado de la frontera. A pesar de que sólo conocía a la prima de Rodrigo, las otras dos señoras me trataron como un viejo amigo, compartiendo su comida conmigo y siempre tratando de darme consejos para que mi estadía en SU país fuera de mi agrado.

Foto de Jorge Amin.
Foto de Jorge Amin.

Luego empezó el viaje hasta Maracaibo, un camino que definitivamente me mostró que ya no estaba en la comodidad de mi país. Para empezar la carretera carecía de las clásicas lineas amarillas y blancas, de hecho no había nada que señalara si era peligroso adelantar o si era mejor quedarse quieto. NADA. No había señalización, ni marcas de velocidad máxima, ni kilómetros faltantes, ni tacos reflectantes, nada. Y para colmo de males, el carro en el que yo iba tenía un serio problema con las luces; sumado eso al hecho que el tráfico estaba pesadísimo por la apertura de la frontera, me hizo comprender que la cara de la prima de Rodrigo no era de fastidio sino de ira.

Las señoras hablaban de puntos de referencia, que por supuesto yo no entendía, que el puente, que el río, que San no se qué, que Villa no se que otra cosa… y yo viendo por la ventana sin distinguir nada más que las luces de las viviendas en la oscuridad de la noche. Llegamos a Maracaibo a eso de las 8 de la noche y la prima de Rodrigo me llevó hasta su casa, donde ya estaban Rodrigo, su esposa, la hija de su prima y su esposo, quienes habían salido en su carro a la misma hora que nosotros. Les agradecí por todo, pero les pedí que me dejaran en un hotel, estaba molido por el viaje y necesitaba descansar. Aún tenía mucho que hacer en Venezuela al día siguiente.

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8 comentarios en “Mi Corta Travesía Por Venezuela (Parte 1).

  1. Saludos .pienso viajar a Venezuela este fin de año .me podrías recomendar un buen hotel en maracaibo .gracias a y otra cosa al venir de maracaibo a maicao también te requisan la ropa o silo las maletas .

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  2. Bueno nuevamente leo su artículo, me ocasiona risa, digamos que fuistes a legalizar matricula en la U, ( eso si no tenia VISA estudiantil todavia para adelantar estudios) que como típico Colombiano la pereza esta a la orden, por lo cual pagastes la suma de $ 400 bfs (Eso es lo que cobran por el sellado ilegalmente) para no realizar la hilera, contribuyendo asi a la corrupción de Venezuela ,auqnue relamente no se saben quien es mas corrupto, y si haz logrado viajar a otras zonas de Venezuela no fronteriza, las avenidas son mejores que las de Colombia, fijate en Colombia hay doble calzadas y tiene detección electronica, en venezuela hay grandes avenidas que fueron construidas para su fin, es decir, agilizar el tráfico.

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