¿Por qué calla Claudia López? ^ Columnas X.

A estas alturas del partido, ya toda Colombia se ha hecho una muy buena idea de quién es Claudia López. Conocida por sus fuertes denuncias a hechos de corrupción e ilegalidad en Colombia, que van desde la influencia de grupos de corte paramilitar en las elecciones parlamentarias, pasando por el escándalo de Agro Ingreso Seguro y por las zonas francas en las que estuvieron involucrados los hijos del ex-presdiente Álvaro Uribe, la hoy senadora de la república no suele aplicarse filtro alguno a la hora de hablar o escribir, o en términos más generales, de analizar.

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Sin embargo la figura de adalid de la transparencia y la justicia que se ha construido Claudia López, luego de años de columnas, análisis y líos legales, ha empezado a decaer muy pronto y no precisamente por algo que haya escrito o dicho, sino precisamente por lo contrario.

Luego de que se conocieran los astronómicos contratos que le concedió el Fiscal Eduardo Montealegre a la polémica firma de Natalia Springer, llamada Springer Von Schwarzenberg, contratos que según los expertos no sólo serían redundantes, innecesarios, sino hasta ilegales, en vista de la antigüedad y base financiera de la empresa, no hubo sector político o de la opinión pública que no se pronunciara al respecto. ¡Hasta las FARC desde su página en ANNCOL salieron a criticar los visiblemente absurdos contratos de la señora Lizarazo, Springer o como se quiera llamar! Todo el mundo habló, todos menos Claudia López.

La hoy senadora, que no es conocida precisamente por quedarse callada frente a ningún tema de corte polémico del país, en su afán de figurar en los medios, justo en el caso más sonado del año y a pesar de las constantes solicitudes de los ciudadanos, ha guardado un silencio sepulcral respecto a los contratos de Natalia Springer.

Si Claudia López no se hubiese vendido como la última política transparente del país, hasta se podría entender semejante silencio, después de todo, está en el talante del político promedio favorecer a sus amistades y familiares, pero Claudia López no es un político promedio. O al menos esa es la imagen que ella quiere vender.

Pero más temprano que tarde, la senadora López se ha quitado la careta. Con Natalia Springer ha tenido todos los recatos y remilgos que jamás tuvo ni con Luis Alfredo Ramos, ni con Ernesto Samper, ni con Tomás Uribe, ni con Álvaro Uribe, ni con sus jefes en el Tiempo… y es que debe ser muy difícil para la senadora López ponerse su disfraz de defensora de la transparencia y las instituciones, cuando el que está en el ojo del huracán no es alguien que ella odie, sino alguien que ella considera su amiga, su colega analista, su compañera de armas contra Uribe y el uribismo.

Amigos-Springer.-

Quizás lo que sucede era que esperaba más de la senadora, pensaba que esa bocanada de aire fresco que ella pretendía representar en las fangosas aguas de la política colombiana no estaba envenenada, pero por lo visto me equivoqué. Ella es tan falsa, doble e hipócrita como cualquiera de los personajes que ella tanto criticó: un rasero para sus amigos y familiares, y otro para los demás.

¡Qué decepción!

 

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