Bogotá: Crónica de un Desastre Anunciado

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En estos dos personajes confiaron los bogotanos y los resultados fueron que dejaron la ciudad hecha una m13rd4.

El 8 de Julio de 2007 será recordado como el día en que los bogotanos cometieron la metida de pata más grande de toda su historia, incluyendo los antiguos tiempos de Bachué, y toda la mitología Muisca. Ese nefasto día fue elegido como alcalde nada más ni nada menos que Samuel Moreno Rojas, sí el mismo cuyo único mérito era ser hijo de María Eugenia Rojas y por ende nieto del no muy célebre dictadorzuelo de pacotilla, muy mal llamado «General», Gustavo Rojas Pinilla.

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El ejemplo más notable de la ineficiencia e ineptitud (sin mencionar corrupción) de la administración de Samuel Moreno.

Ese día hubo fiesta dentro del sector mamerto de nuestro país que ya celebraba que el candidato con el apoyo (no oficial) del presidente Uribe se hubiese ahogado en los comicios y ya hasta andaban augurando una nueva Edad de Oro para la Capital, mucho más dorada que en la época en que hasta los calzoncillos eran fabricados de oro por parte de los muiscas. Hasta las adivinas (como Gloria Inés Ramirez y Clara Lopez) gritaban a los cuatro vientos el fin de la corrupción y los manos manejos y la llegada de una edad angelical en la capital de la república. Pero ese sueño idílico terminó muy pronto, y los primeros que despertaron fueron los bogotanos, cuando en lugar de ángeles y oro, se encontraron con trancones, huecos y calles rotas.

Lo peor de todo fue que la elección de tan ignorante candidato como alcalde de Bogotá se debió a la muy ignorante creencia de que el atorrante niñito de mami, les iba a poner el tan anhelado Metro, que los pondría al mísmo nivel de Medellín, que de verdad hacía muchos años que sí tenía un verdadero metro. Pero lo que no se termina de entender es cual fue el metro, o cuál fue el centímetro por el cual los Bogotanos tan inocentemente le entregaron sus votos a semejante imbecil de marca mayor.

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El metro por el que se dejaron comprar los bogotanos.

Hoy, ad portas de un evento de la talla del Mundial Sub20 de Fútbol, la ciudad de Bogotá está hecha un completo y total desastre por cuenta de las obras en la 26, por la fase III de Transmilenio, qe se supone conectarían el occidente de la ciudad, desde el aeropuerto «El Dorado» (que hasta donde sé aún quedaría lejitos de la primera estación de Transmilenio) hasta la décima y la séptima por donde pasaría el Transmilenio (o el Metro, vaya usted a saber), quedando la ciudad muy bien conectada tanto de occidente a oriente, como de norte a sur. El problema es que ni los Moreno eran tan pulcros e impolutos como nos lo hicieron creer las directivas del polo democrático, de hecho desde el inicio de la administración era obvio que el clientelismo y el amiguísmo político eran los que mandaban la parada y para colmo de males salían con una excusas del tipo de «Uno no gobierna con los enemigos, sino con los amigos». Claro siempre y cuando esos amigos sepan lo que van a hacer y no sean una parranda de parásitos que viven del Distrito sin ninguna función mas que la de convertir Oxigeno en Dióxido de Carbono.

No sólo probó ser Samuel Moreno un clientelista, sino que probó ser un corrupto ante la mirada impasible de su partido, que luego de años y años de contrataciones, a través del hermanito de Samuel, Iván, con los hermanos Nule, aún seguían las obras que contrataron las administraciones anteriores, sin terminarse y peor todavía seguían pidiendo y pidiendo plata por cuenta de las tales «adiciones».

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Mientras Bogotá se caía a pedazos, la administración del PDA andaba feliz de la vida.

Hoy varios años, escándalos y hasta presos después, Bogotá quedó en un estado lamentable, del que los mismos Bogotanos tienen la culpa, pues se les advirtió, se les repitió y se les dijo que Samuel Moreno no iba a ser un buen alcalde y en lugar de escuchar, se hicieron los sordos y lo eligieron, y ahora pues no creo que tengan mucho derecho a estar quejándose. Ahora, mientras otras ciudades como Medellín, Cali, Cartagena y Barranquilla se preparan para embellecerse de pies a cabeza por cuenta del Mundial de Fútbol Sub20 que se avecina, no hay mucho que pueda hacer Bogotá para tapar a última hora el desastre provocado por la administración del Polo Democrático en manos de Samuel Moreno.

Lo peor es que la vergüenza pasará de niveles nacionales a niveles internacionales, porque también se les ocurrió en la organización del mundial, poner los partidos más importantes allá en la capital. Es una verdadera lástima, que una ciudad por allá en el 2007 que se daba el lujo de mostrar avances en desarrollo urbano y seguridad alimentaria, por cuenta de 3 excelentes administraciones, hoy haya quedado sumida en el caos y en el limbo administrativo, gobernada por gente por la que los ciudadanos no votaron. Sólo resta decir que esperábamos más de los ciudadanos de una urbe que absorbe tantos recursos y que sin ser representativa de toda Colombia, si toma todas las decisiones de lo que sucede en nuestro gran y diverso país.

Sólo el tiempo dirá lo que sucederá con nuestra tantas veces amada y odiada capital, sólo esperamos que la próxima vez que decidan, no vayan a meter la pata.

¡Este es el fin del mundo! (como lo conocemos)

Ver las desgarradoras imágenes de primero el terremoto de casi 9 grados en la escala de Ritcher que azotó a Japón, luego el monstruoso tsunami con olas más altas que edificios y la destrucción, las victimas, el desastre, (ni hablar de la pavorosa crisis nuclear) nos llevó a pensar a más de uno que en definitiva, este si es el fin del mundo. Mucho más cuando muchas de nuestros abuelos y abuelas crecieron bajo la tutela de los sacerdotes y religiosas católicas que no veían otra cosa que asustara más a propios y extraños, que los mandara más rápido a la iglesia, que les aflojará más rápido los bolsillos para las limosnas que gritar a los cuatro vientos que el mundo podría llegar a su fin.

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El desastre en Japón es de proporciones incalculables.

Muchas son las historias que nos cuentan nuestros viejos de épocas en las que los avistamientos de «bolas de candela» (presumiblemente meteoros), movimientos en la tierra, «trompas marinas» (también presumiblemente tornados) solo podían significar que el mundo estaba por acabarse y hasta estando yo de muy tierna edad, recuerdo que el lanzamiento de una luz de reconocimiento desde un avión del ejercito sobre un pueblo donde viví con mi familia, sumió a los habitantes en estado de histeria que jamás pude ni podré borrar de mi memoria.

No hay duda que la Biblia advierte de fenómenos extraños que serían vistos por «todo ojo», y es cierto pero hay que tener calma; si bien estos episodios monstruosos de la naturaleza no son consecuencia de que la tierra esté llegando a su fin, sino de sus procesos geológicos naturales, nunca antes en la historia, la humanidad había presenciado tan oportunamente y tan ampliamente no solo el desastre en sí mismo sino también informado minuto a minuto de cada una de las novedades y actualizaciones que se iban presentando.

Este sin duda fue el fin del mundo, pero tal y como lo conocíamos,  donde las tragedias del otro lado del mundo se sabían con días, meses, o años de diferencia dependiendo la época y donde obtener imagenes era una tarea casi imposible. Hoy, internet, YouTube, Facebook, Twitter, Google, los teléfonos moviles, todo se sumo para que antes de que todos desayunáramos el viernes del desastre supieramos que era lo que sucedía en Japón y ya tuviésemos a la mano información de primera sobre lo sucedido.

Pero así como resulta sencillo enterarse del desastre, también lo es caer en los dos extremos dañinos, el primero sencillamente tomarlo con frivolidad como la cantante mexicana Dulce María para quien la tragedia en Japón solo le dio para redactar canciones (imagínese usted la estupidez) o tomar las cosas tan a pecho que ya anda tomando pastillas de Yodo para prevenir la radiación que ha escapado de las centrales nucleares del otro lado del mundo.

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Debemos empezar a prevenir.

Hay que darle a las cosas sus justas proporciones y utilizar todo lo sucedido para evitar desastres similares, y teniendo un país altamente sísmico como el nuestro, es imprescindible tomar medidas, pero no esperar a que el presidente, el gobernador o el alcalde le meta mano a eso, infórmese usted, y prevenga a si familia, chequeé muros, columnas y vigas, tenga siempre un kit de emergencias a la mano, y sobre todo no olvide su celular en casa, en un momento de emergencia podría ser la única arma con la que podría contar.