El Inevitable Baño De Sangre En Siria

Tratar de resolver con diálogos y diplomacia ciertos conflictos, es como intentar darle un hueso a un perro rabioso. Las consecuencias suelen ser fatales.

Realmente me gustaría que Estados Unidos no intervenga en Siria, pero no por las razones que aducen algunos que seguramente no tienen ni idea de dónde queda ese país.

La única razón por la que no quiero que Estados Unidos intervenga en Siria es para comprobar o refutar de una vez por todas la teoría que las intervenciones militares de Washington en realidad empeoran las cosas y derraman más sangre, como dice gran parte de los pacifistas apaciguadores que circulan últimamente por las redes sociales.

Barack Obama apenas había señalado la imposibilidad de que Estados Unidos se hiciera el de la vista gorda ante las violaciones a los tratados de uso de armas en Siria para que le cayera encima del resto del mundo con consignas como “Stay out of Siria”  o “No more war“. Que curioso que entre esos mismos que hoy se rasgan las vestiduras ante la posibilidad de la guerra, hace unas semanas estaban dando parte de victoria ante la “Impotencia de las Potencias” refiriéndose al fuerte rumor de que Obama se quedaría de brazos cruzados ante Siria.  Y no fueron pocos. Es la típica situación de “Malo si sí y malo si no”. Si Estados Unidos no interviene, entonces es porque ha perdido liderazgo a nivel mundial y no se que otro montó de basura, si decide intervenir es entonces el malo de la película, los yanquis de mierda que quieren apoderarse del mundo. Pero eso no debe sorprender de los anti-americanos, que en general se escudan en ese discurso para conseguir votos y para encontrar culpables externos de un amplio abanico de problemas internos, responsabilidad de pueblos sin disciplina electoral y democrática (entre ellos el mío).

En La Conferencia General del OPANAL, Cristina Fernandez de Kishner fue la primera en reclamar parte de victoria ante la eventual inacción de EUA sobre lo de Siria. Luego salió a criticar las intenciones de Washington de intervenir. ¿Quién entiende a esta gente?

A menos que las oraciones del Papa Francisco sean escuchadas en lo más alto de las esferas del reino de los cielos o que la recolección de firmas en change.org hagan cambiar de parecer a Obama, la intervención de Estados Unidos en Siria no tiene vuelta de hoja. Estados Unidos no puede darse el lujo de replegarse y dormirse en los cerezos de los parques japoneses del Distrito de Columbia  mientras en Siria tanto rebeldes como dictadores usan armas prohibidas; y no lo puede hacer, no porque sea ética y moralmente correcto sino porque de dejar las cosas del tamaño que están en pocos años cualquier pendejo con banda presidencial y un arsenal de armas se sentiría con el valor suficiente para atacar no sólo a su pueblo sino a otros países, sabiendo que nadie va a decir ni pío. Ese es el peligro de la política de apaciguamiento a la que apelan muchos dizque para evitar el baño de sangre en Siria.

Appeasement o “Política del Apaciguamiento” fue la causa de que EUA e Inglaterra se quedaran tan tranquilos, mientras en Alemania, Hitler se armaba hasta los dientes. Luego pagaron eso muy caro.

En Siria el baño de sangre es inevitable, intervenga o no intervenga Estados Unidos, va a morir muchísima gente y eso no lo van a cambiar ni con 10’000.000 de firmas en change.org, que dicho sea al caso es la página web de causas perdidas más grande del mundo (recuerden a Ben Affleck y Batman). Esa política del apaciguamiento, históricamente ha costado más sangre dolor y víctimas que la intervención directa. Sólo hay que recordar que Estados Unidos, Inglaterra y la Unión Soviética se quedaron muy campantes mientras Hitler se armaba hasta los dientes, y cuando se dieron cuenta el monstruo era gigantesco. Pero para no irnos tan lejos, las negociaciones de paz en el Caguan, la premisa era vamos a resolver todo con el diálogo, vamos a meter a Monseñor, a Marbelle, a todo el mundo y mientras tanto las FARC se había armado hasta los dedos de los pies, empezaron las tomas sangrientas a los pueblos, las pescas milagrosas y terminamos derramando más sangre sólo por creer que se podía hacer la paz con palabras. Es cierto que las balas tampoco son garante de paz, pero es el típico caso del vecino incomodo (muy de moda en estos días) en el que por evitar la pelea nadie hace, ni dice nada hasta el día en que apuñalan a alguien y lo arrojan de un tercer piso. En cualquier caso, la resistencia de EUA a entrar a la guerra no tiene nada que ver con Rusia, ni con jueguitos diplomáticos, ni con oraciones en el Vaticano, tiene que ver con el hecho de que ambas facciones en el conflicto en Siria son enemigas de los intereses de EUA, y los rebeldes no son ningunos adalides de la justicia y en Washington lo saben, como también saben de su extremismo y afinidad con Al-Qaeda, eso sumado a una relación costo-beneficio más bien baja (a diferencia de Iraq) hace que Siria no sea el buñuelo en la puerta de la escuela de la geopolítica mundial.

Las Cadenas de Django Unchained.

¿Por qué es tan fácil sentarse a comparar las películas de Quentin Tarantino unas con otras? La respuesta es sencilla: sus personajes. Desde Reservoir Dog hasta Django Unchained, pasando por supuesto por Pulp Fiction y Kill Bill, los personajes de Tarantino son una mezcla compleja de ambigüedad moral, personalidad vengativa y desdén por el bienestar físico… eso y mucho más.

Django Unchained.

A mi parecer, la carrera de Tarantino se divide en “Antes de Kill Bill” y “Despúes de Kill Bill”. Reservoir Dogs y Pulp Fiction están entre las mejores películas de todos los tiempos en su género, al igual que Kill Bill que vendría siendo la Magnus Opus del director californiano. Pero luego de Kill Bill, Tarantino parece haber perdido parte de su toque, en el sentido en que sí, sus películas siguen siendo superiores al promedio de Hollywood, pero no son las obras maestras, sólidas de principio a fin de los inicios de su carrera y Django Unchained es la prueba de ello.

Los primeros 45-60 minutos de la cinta son clásicos de Tarantino. Excelentes tomas, homenajes a películas de antaño, diálogos inteligentes, personajes memorables. Hasta ahí uno se pregunta si es que en la Academia estaban ciegos para no darle el título de mejor película a esa cinta.

Christoph Waltz, a quien sólo conocía por un papel muy poco memorable en  “Agua para elefantes”, sin duda se roba el show en esta parte de la cinta, es un personaje perfectamente escrito e igualmente interpretado. Es tan convincente Waltz en su papel del doctor Schultz que uno se olvida por completo de Jamie Foxx, quien interpreta al personaje que le da nombre a la película.

Está bien que Jamie Foxx se haya ganado un Oscar y todo lo que quieran, pero aquí su actuación, si bien no es mala, es completamente opacada por la de Waltz que es brillante, y todos los premios que ganó son más que merecidos.

Django Unchained, como ya lo dije, es una película 1A… hasta que Django toma el rol principal en la cinta. Desde allí todo se empieza a desdibujar y a desbaratar rápidamente. La historia avanza a la fuerza a costa de cualquier coherencia de los personajes.

El punto más brillante de Django Unchained fue la actuación de Christoph Waltz como el doctor Schultz.

Leonardo DiCaprio hace una buena interpretación, pero no termina de convencer y Samuel L. Jackson hace tan bien su papel del ser más despreciable del planeta tierra, que cada vez que sale en pantalla dan ganas de mirar para otro lado. Tarantino nunca ha sido un director que le de ninguna prebenda a sus protagonistas (sólo basta recordar todo lo que sufrió la pobre Beatrix Kiddo y por todas la que pasó), pero también sabía colocarle obstáculos inteligentes a sus personajes, antagonistas y situaciones creíbles. No lo que hizo con los personajes de DiCaprio y Jackson.

Y si ya había problemas, Kerry Washington los termina de empeorar. Realmente conozco poco del trabajo de ella, pero en Django Unchained fue desastroso. Washington en ningún momento genera la simpatía que debería y no contribuye en nada a mejorar el nivel de la cinta. Y sí con todo esto no fuera suficiente, Quentin Tarantino decide tener un rol con parlamento. Fatal.

En resumen, Django Unchained es una cinta que tuvo todo para ser la mejor película del año, pero las fallas de guión, sumados a  las “actuaciones” de Kerry Washington y Quentin Tarantino fueron las cadenas que arruinaron cualquier posibilidad. Mejor suerte para la próxima, Tarantino.

Calificación: 3.95/5.00

Los Demonios Secretos de Estados Unidos

Los Estados Unidos de América, la nación más rica y poderosa del planeta. Así como la nación de George Washington se merece dichos epítetos, a través de su no tan antigua historia, se ha ganado otros, mucho menos boyantes, como intervencionista, imperialista y explotadora.

 

comercio
El Comercio, El Origen de la Riqueza de EUA, sustentado por su poderío militar.

No solo las imágenes de Libia, Iraq y Afganistán que conocen nuestros niños y adolescentes, otras mucho más tardías que le llegan a nuestros padres y abuelos, en Kuwait, Corea, América Central y Vietnam, demuestran sin lugar a dudas la necesidad casi obsesiva de involucrarse en los asuntos externos de otros países, queriendo parecer el adalid de la paz y la justicia en el planeta tierra, cuando en el fondo, todos sabemos que las razones no son otras que la de consolidar su posición y su poder.

Pero he aquí lo extraño de la situación. El pueblo de los Estados Unidos, a diferencia de los pueblos europeos de donde salieron sus primeros pobladores y a diferencia de los pueblos hermanos que comparten su herencia histórica, cultural y étnica, como Australia y Canadá, es un pueblo que adolece de solidaridad. En eso es muy parecido a sus similares en América Latina.

Los gobiernos de los países del Norte de Europa, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, y hasta otros culturalmente diferentes, pero fuertemente influenciados por la filosofía de vida Europea como Japón, tienen un fin similar y es “Todos vamos para arriba” Todos los habitantes, empresas, consorcios, grupos económicos, desde los más grandes hasta los más chicos tienen el compromiso de ayudar a crecer a todos sus habitantes, todos son parte del país y todos merecen el mismo grado de respeto y ayuda. No es socialismo y mucho menos, como el que quiere implantar el dictador del Caribe en su país, es una cultura de mercado, donde la propiedad privada tiene una secularidad legal indiscutible, y donde el gobierno cumple su papel con responsabilidad pero sin intromisiones innecesarias.

El pueblo de los Estados Unidos no es así. Es un pueblo bastante egoísta y elitista, al mejor estilo de sus hermanos latinoamericanos, solo que allá las dimensiones de las que hablamos son tan inmensas que hasta nos cuesta imaginarlas.

En los Estados Unidos, al igual que en Latinoamérica, el pueblo vive de las sobras que caen de la mesa de los grandes emporios industriales y comerciales, pero esas sobras son tan grandes que en ese país la ancha clase media se puede dar lujos que la mayoría, en otros países, apenas soñarían.

Ese estilo de vida no es gratuito. De cierto modo, los Estados Unidos son como una pirámide, pero no las famosas de Egipto, o las Mayas, del estilo de las pirámides que pulularon en el sur del país y que elevaron a un pelafustán de pacotilla como David Murcia hasta el grado de empresario, claro antes de terminar capturado, escupido y encanado.

El país del Norte se puede dar semejantes lujos por la avalancha de recursos que le llega de todos lados, recursos provenientes de la explotación de materias primas y seres humanos llevada a cabo por sus multinacionales, recursos provenientes de las burbujas comerciales que se forman gracias a la carencia de controles gubernamentales al comercio, recursos provenientes (ahora sí) de rincones del globo, donde ellos compran a precio de chichigua lo que luego venden a precios exorbitantes, países que se lo entregan todo (incluyendo el petróleo, el gas, el carbón…) por cuenta del enorme poderío militar sostenido por las divisiones del ejército que se ciernen amenazantes desde Japón y Corea, pasando por la India y Sudáfrica, hasta Italia y Puerto Rico. Eso sin mencionar la constante propaganda pro-norteamericana, que se vende por todo el mundo a través de las series de televisión, el cine y la poderosa industria del entretenimiento estadounidense, que genera en el subconsciente de los pueblos la idea de que todo es glamoroso, excitante y lleno de lujos en ese país. Pero al igual que las pirámides, el sistema puede colapsar y ya lo ha hecho varias veces, no es sino recordar la crisis del 29, las crisis en los 70’s por cuenta del petróleo y la reciente crisis provocada por la burbuja inmobiliaria.

Y la pregunta del millón ¿Hace el pueblo de los Estados Unidos algún esfuerzo para cambiar? La respuesta es un NO rotundo, la filosofía estadounidense de SI NO ESTÁ ROTO NO LO REPARES, que defiende a capa y espada el Status Quo, que se resiste con fiereza al cambio, jamás va a permitir los cambios estructurales que requiere dicha nación para darse un respiro y concentrarse en el bienestar de su pueblo, en lugar de estar provocando situaciones violentas alrededor del mundo, tratando de arreglar problemas que ellos mismos provocaron.

El cuestión es que tal vez, sólo tal vez, el sistema con el que funciona la nación más poderosa del mundo, no esté completamente roto y disfuncional, pero si tal vez esté lo suficientemente dañado, para que aunque de vez en cuando falle y siga funcionando apelmazado con esparadrapos y pañitos de agua tibia, un día dejará de funcionar definitivamente y se llevará al resto del mundo junto con él.