Reseñas X: Mark Wahlberg & «Lone Survivor»

Afiche promocional de «Lone Survivor» con Mark Wahlberg y Eric Bana.

Una película que ayuda a poner en perspectiva la realidad violenta en Afganistán por cuenta del enfrentamiento sangriento entre los grupos talibanes y las fuerzas de ocupación estadounidense, «Lone Survivor»  tiene también un mensaje de esperanza y humanidad.

«Lone Survivor» es una película basada en el libro homónimo escrito por Marcus Luttrell, ex-miembro del escuadrón 10 de Tierra, Agua y Aire de la Marina (SEAL) Estadounidense, donde relata su experiencias en medio del territorio talibán en Afganistán, luego del fracaso de la Operación Redwing en 2005. La película inicia explicando como es el proceso de selección de los miembros de SEAL, un grupo élite de combate, para luego mostrarnos a los que serían los protagonistas de la historia: Marcus Lattrell (Mark Wahlberg), Murph (Taylor Kitsch), Danny (Emile Hirsch), Axe (Ben Foster) y Erik Kristensen (Eric Bana). La película se toma su tiempo para introducir los personajes, sus vidas y sus motivaciones, así como para dar un preludio a la situación crítica que debían enfrentar. Kristensen (Bana) comisiona a Lattrell y a un grupo de soldados a liquidar a un peligroso líder talibán, conocido por masacrar campesinos en las montañas de Afganistan en la llamada operación Redwing. Las cosas se empiezan a complicar cuando el equipo pierde la comunicación con el comando central y son sorprendidos por lugareños, que apenas tienen la oportunidad los denuncian ante el grupo de talibanes que controla el área. Lattrell y sus camaradas deberán enfrentar a los talibanes con todo en contra, donde sólo la suerte y las costumbres tribales afganas podrán ofrecerles alguna esperanza.

Algo notable de la cinta es el tiempo que tarde en pasar del preludio a la acción, evidentemente como homenaje a los caídos y sus familias, pero que a nivel cinematográfico no da tan buenos resultados. Las secuencias de acción que le siguen son vívidas y completamente creíbles, a la vez que contienen una profunda carga dramática, dándole a la segunda parte de la película una gran calidad a nivel audiovisual, así como a nivel de actuaciones. Pero es en el remate de la cinta, en los últimos quince minutos, que la película logran su clímax dramático. Si bien Mark Wahlberg hizo bien su parte, es posible creer que pudo haberlo hecho mejor, el man no parece estar del todo cómodo con escenas dramáticas tan fuertes, siendo él un tipo más enfocado al género de acción.

Sobre la fotografía, era bastante obvio que no estaban filmando en Afganistán, yo pensé, al verla, que eran encuadres en Washington o en Oregon, luego descubrí que en realidad fue filmada en Nuevo México. De nuevo, las escenas de acción son sumamente vívidas, de una calidad impresionante, aunque me hubiese gustado que la parte dramática final hubiese tardado un poco más y no que se continuara en los créditos con «estos son los personajes en la vida real». Una película fuerte, no apta para corazones sensibles.

PD: Esta película es de 2013, pero como me la vi en 2014, cuenta para este año que aún no se acaba :D.

Calificación: 4.27/5.00

Parque Nacional Santa Fé en Nuevo México, nada que ver con Afganistán.

Los Demonios Secretos de Estados Unidos

Los Estados Unidos de América, la nación más rica y poderosa del planeta. Así como la nación de George Washington se merece dichos epítetos, a través de su no tan antigua historia, se ha ganado otros, mucho menos boyantes, como intervencionista, imperialista y explotadora.

 

comercio
El Comercio, El Origen de la Riqueza de EUA, sustentado por su poderío militar.

No solo las imágenes de Libia, Iraq y Afganistán que conocen nuestros niños y adolescentes, otras mucho más tardías que le llegan a nuestros padres y abuelos, en Kuwait, Corea, América Central y Vietnam, demuestran sin lugar a dudas la necesidad casi obsesiva de involucrarse en los asuntos externos de otros países, queriendo parecer el adalid de la paz y la justicia en el planeta tierra, cuando en el fondo, todos sabemos que las razones no son otras que la de consolidar su posición y su poder.

Pero he aquí lo extraño de la situación. El pueblo de los Estados Unidos, a diferencia de los pueblos europeos de donde salieron sus primeros pobladores y a diferencia de los pueblos hermanos que comparten su herencia histórica, cultural y étnica, como Australia y Canadá, es un pueblo que adolece de solidaridad. En eso es muy parecido a sus similares en América Latina.

Los gobiernos de los países del Norte de Europa, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, y hasta otros culturalmente diferentes, pero fuertemente influenciados por la filosofía de vida Europea como Japón, tienen un fin similar y es “Todos vamos para arriba” Todos los habitantes, empresas, consorcios, grupos económicos, desde los más grandes hasta los más chicos tienen el compromiso de ayudar a crecer a todos sus habitantes, todos son parte del país y todos merecen el mismo grado de respeto y ayuda. No es socialismo y mucho menos, como el que quiere implantar el dictador del Caribe en su país, es una cultura de mercado, donde la propiedad privada tiene una secularidad legal indiscutible, y donde el gobierno cumple su papel con responsabilidad pero sin intromisiones innecesarias.

El pueblo de los Estados Unidos no es así. Es un pueblo bastante egoísta y elitista, al mejor estilo de sus hermanos latinoamericanos, solo que allá las dimensiones de las que hablamos son tan inmensas que hasta nos cuesta imaginarlas.

En los Estados Unidos, al igual que en Latinoamérica, el pueblo vive de las sobras que caen de la mesa de los grandes emporios industriales y comerciales, pero esas sobras son tan grandes que en ese país la ancha clase media se puede dar lujos que la mayoría, en otros países, apenas soñarían.

Ese estilo de vida no es gratuito. De cierto modo, los Estados Unidos son como una pirámide, pero no las famosas de Egipto, o las Mayas, del estilo de las pirámides que pulularon en el sur del país y que elevaron a un pelafustán de pacotilla como David Murcia hasta el grado de empresario, claro antes de terminar capturado, escupido y encanado.

El país del Norte se puede dar semejantes lujos por la avalancha de recursos que le llega de todos lados, recursos provenientes de la explotación de materias primas y seres humanos llevada a cabo por sus multinacionales, recursos provenientes de las burbujas comerciales que se forman gracias a la carencia de controles gubernamentales al comercio, recursos provenientes (ahora sí) de rincones del globo, donde ellos compran a precio de chichigua lo que luego venden a precios exorbitantes, países que se lo entregan todo (incluyendo el petróleo, el gas, el carbón…) por cuenta del enorme poderío militar sostenido por las divisiones del ejército que se ciernen amenazantes desde Japón y Corea, pasando por la India y Sudáfrica, hasta Italia y Puerto Rico. Eso sin mencionar la constante propaganda pro-norteamericana, que se vende por todo el mundo a través de las series de televisión, el cine y la poderosa industria del entretenimiento estadounidense, que genera en el subconsciente de los pueblos la idea de que todo es glamoroso, excitante y lleno de lujos en ese país. Pero al igual que las pirámides, el sistema puede colapsar y ya lo ha hecho varias veces, no es sino recordar la crisis del 29, las crisis en los 70’s por cuenta del petróleo y la reciente crisis provocada por la burbuja inmobiliaria.

Y la pregunta del millón ¿Hace el pueblo de los Estados Unidos algún esfuerzo para cambiar? La respuesta es un NO rotundo, la filosofía estadounidense de SI NO ESTÁ ROTO NO LO REPARES, que defiende a capa y espada el Status Quo, que se resiste con fiereza al cambio, jamás va a permitir los cambios estructurales que requiere dicha nación para darse un respiro y concentrarse en el bienestar de su pueblo, en lugar de estar provocando situaciones violentas alrededor del mundo, tratando de arreglar problemas que ellos mismos provocaron.

El cuestión es que tal vez, sólo tal vez, el sistema con el que funciona la nación más poderosa del mundo, no esté completamente roto y disfuncional, pero si tal vez esté lo suficientemente dañado, para que aunque de vez en cuando falle y siga funcionando apelmazado con esparadrapos y pañitos de agua tibia, un día dejará de funcionar definitivamente y se llevará al resto del mundo junto con él.