Reseñas X (Libros) ^ “El Olvido Que Seremos” de Héctor Abad Faciolince

Empiezo esta corta nota declarándome impedido para escribir una reseña de la obra de Héctor Abad Faciolince; y es que después de leerla y analizarla, me he dado cuenta que no estaba ante una novela sólida y compacta, sino ante dos tomos de una misma historia, pegados por los deseos y los caprichos del autor y la editorial. Es por eso que en lugar de una reseña, escribo dos, una para cada mitad de la obra.

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Imagen del Afiche Promocional de “Carta a una Sombra”, película basada en el libro. Imagen tomada de Medellín Zona Rosa. 2015.

La primera mitad de la obra (en realidad son los primeros 2/3, pero mitad se oye mejor) corresponde a una de las prosas más bellas que haya leído de escritor colombiano alguno, excluyendo por supuesto, a Gabriel García Márquez. En esta primera parte, Héctor Abad Faciolince narra, más que su biografía, la historia de como la presencia de su padre influyó de manera significativa en sus primeros años.

Los primeros treinta y un capítulos de esta novela de sucesos auténticos, son una exquisita esquela de admiración, agradecimiento y sobre todo amor de un hijo a su padre, una narración que se compagina con el relato costumbrista del Valle de Aburrá de los años sesenta y setenta, para producir lo que no podría definir de otra manera, que como la contraparte paisa de “Cien Años de Soledad”.

Abad Faciolince narra en primera persona los hechos acontecidos desde su niñez hasta su adolescencia, haciendo un recorrido sumamente interesante por cada uno de los miembros de su familia cercana, en un tono similar, pero irrefutablemente superior al de Fernando Vallejo en “Los Días Azules“.

Esto además, con una filosofía, evidentemente basada en ciertas posturas de Héctor Abad Gómez, sobre la equidad, la justicia y la prevención, como bases para un país pacífico y sano; muy diferente a la izquierda populachera, revanchista y subdesarrollada que ha coronado en Venezuela y en nuestra propia capital de la república. Con una izquierda como la plantea el autor en esta sección del libro, nunca estaría en desacuerdo.

Lo mejor, es que, aunque da indicios de la oscuridad que sucedería años anteriores, el escritor decide mantener un tono ameno y fresco, en capítulos cortos, con un lenguaje completamente accesible.

Calificación Parte 1: 5.00/5.00

Sin embargo, al entrar al capítulo treinta y dos (en total son cuarenta y dos capítulos) la novela testimonial de Abad Faciolince da un giro demasiado brusco, y no solamente en la naturaleza de los sucesos que describe el autor, sino, diría yo, hasta en el objetivo mismo de la narración.

A partir del mencionado capítulo, y así lo reconoce el autor en sus monólogos internos consignados en páginas posteriores, la narración pasa a ser una diatriba de dolor, con el objetivo de vengar con palabras, la muerte de ese ser maravilloso descrito en la primera parte del libro.

No seré yo quién para juzgar las intenciones del autor, puesto que en primer lugar no crecí en esa época de locura anticomunista, orquestada por la burguesía y el estado (yo crecí en una época de locura anti-ciudadanía, orquestada por la guerrilla), ni he perdido a alguien tan cercano y tan significativo para mi por causa de la violencia; pero desde mi limitada perspectiva considero innecesaria la catarsis hecha por el autor, luego de la pieza maravillosa (no me canso de decirlo) que consiguió en la primera parte.

Otra cosa que sucede en esta parte del libro, es que Abad Faciolince intenta retratarse a sí mismo bajo la misma luz benevolente con la que describe a su padre; lo cuál empieza a quedarle mal, empezando por sus errores de juventud, los cuáles embellece con justificaciones filosóficas, en lugar de achacarlos a lo que estoy seguro fueron las verdaderas causas: las drogas y el alcohol.

Por otra parte, resulta bastante incoherente que el autor, que es de hecho perteneciente a una de las familias de más influencia no sólo en Antioquia sino en toda Colombia, con miembros todos favorecidos por el empuje emprendedor y por los beneficios de la rosca estatal, intente asimilarse a esa clase menos favorecida que tanto dice defender. Es el mismo caso de la familia de Luis Carlos Galán, una familia donde TODOS sus miembros han hecho plata y fortuna a costillas del estado, como si todos y cada uno de los colombianos hubiésemos conspirado para matar al señor, que dicho sea de paso, no era un santo, ni mucho menos.

Abad Faciolince se contradice, en esta sección, puesto que por un lado afirma que su papá, en efecto, no era ningún santo, y que de hecho llegó a despreciar el totalitarismo comunista al igual que la desigualdad originada por el capitalismo; pero páginas después señala que muchas de las cosas que hizo o dejo de hacer y que en últimas contribuyeron a su señalización por parte de Carlos Castaño y el “Grupo de los Seis” (¿Quiénes serán esos?) se debieron a la ingenuidad del mismo. No nos crea tan ingenuos a su lectores, Abad F.

Pienso que el autor pudo hacer la recapitulación de los hechos que condujeron a la muerte de su padre, insinuando la identidad de sus autores, sin ese afán de resarcimiento tardío. O si lo quería hacer así, debió hacerlo en otra novela, no en esta que empezó de manera tan extraordinaria y admirable.

Pero bueno, a decir verdad, prefiero una resarcimiento y una catarsis literaria, a una sangrienta. Y al final de cuentas los escritores tienen el derecho de poner, literalmente, lo que les de su santa gana en el papel, y si así lo consideró él, sólo me queda tomar lo mejor y aprender.

Calificación Parte 2: 2.55/5.00

Libro 13/18 para 2015


Ficha

Nombre: El olvido que seremos.

Autor: Héctor Abad Faciolince.

Editorial: Planeta.

ISBN: 978-958-42-1500-0

274 Páginas.


420

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4 comentarios en “Reseñas X (Libros) ^ “El Olvido Que Seremos” de Héctor Abad Faciolince

  1. En mi blog la reseña del libro ( por si la quieres visitar). Lo lei en octubre de 2014 y no recuerdo bien. Evidentemente no conozco las caracteristicas de vuestro país y algunos de los temas que planteas no los valoré. El libro en sí me gustó mucho. Puede, ahora que lo dices, que yo también notara, sutilmente, ese “decalage”…Saludos desde España y bienvenido al Blog.

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