Por qué voy a votar por el NO ^ Columnas X.

Ingenuo e ignorante. Esas son las palabras más utilizadas por los partidarios de Juan Manuel Santos en contra de aquellos que tenemos serias preocupaciones y críticas en contra de su acuerdo con la guerrilla de las FARC en La Habana. Nos llaman ingenuos, porque piensan que no sabemos el costo que tendrá para nuestro país el hecho de que dicho proceso fracase; y nos llaman ignorantes, porque creen que desconocemos lo que significa un acuerdo de justicia transicional. Pero como suele suceder con estos respetables partidarios, están mucho más equivocados de lo que creen.

voto por el no

Es claro que si las negociaciones con las FARC acaban, por supuesto que en Colombia tendremos que pagar el precio. Tener que volver a montar la maquinaria de defensa que Juan Manuel Santos desmanteló hace años va a costar, y no va a costar sólo dinero, sino también muertos. Pero es en ese escenario donde ese grupo puede probar cuál es su verdadera voluntad de paz, esa palabra que de tanto repetir, ha terminado por no significar nada. ¿Van a volver a hacer sus pescas milagrosas? ¿A poner bombas en edificios atestados de civiles? ¿A aterrorizar inocentes con sus tomas a las poblaciones? ¿A reclutar niños? ¿A violar niñas para después a obligarlas a abortar? ¿A llenar de drogas todas las ciudades del país? ¿Van a volver a eso? ¿Era esa su voluntad de paz?

Yo no me opongo a que se llegue a un acuerdo con las FARC, o con cualquier otro grupo y también entiendo, que en ese contexto de conversaciones entre “plenipotenciarios” confeccionado por este gobierno, ambas partes deben ceder. Incluso, estoy dispuesto como ciudadano colombiano a perdonar a las FARC por su interminable lista de monstruosos crímenes, aún en el muy probable caso de que ni siquiera lleguen a pedir perdón al país, como bien ya lo dijo alias Timochenko. Estoy dispuesto a aceptar que se aplique una justicia no criminal a la guerrilla, que no paguen cárcel, que queden en libertad y se integren a la sociedad. Pero con lo que no puedo estar de acuerdo, es que encima de eso, nosotros, como parte de la sociedad colombiana les salgamos a deber.

Y ese es el punto álgido, que me impide no sólo votar por el SÍ, en ese polémico plebiscito con umbrales alterados, sino que me hace decantarme definitivamente por el NO. No estoy de acuerdo en que encima de que les otorguemos el perdón por su enorme bola de atrocidades, tengamos que encimarles una serie de beneficios que harían sonrojar hasta a los que redactaron el Tratado de Versalles.

Es esa serie de imposiciones a la sociedad colombiana con las que no estoy de acuerdo. Es exigirle demasiado a las víctimas para complacer a su victimario. Y no hablo de aquellos que han sido afectados directamente por los crímenes de las FARC, como la bomba en el Club el Nogal, o sus inclementes pescas milagrosas, estoy hablando de Colombia como país.

Para mí resulta imposible, que se nos exija además de perdonar, sacrificar nuestro derecho a tener una democracia representativa, por regalarles puestos gratis en el congreso a estos individuos. Me resulta imposible, que los ciudadanos que vivimos dentro de la ley, tengamos que sacar plata de nuestros bolsillos para subvencionar y mantener a un grupo de personas que decidió apartarse de ella. Me resulta imposible venderle a las próximas generaciones, la idea de que la mejor manera para conseguir gabelas y prebendas del Estado, es la de convertirse en asesinos, violadores y narcotraficantes. Y mucho más, me resulta imposible aceptar que los verdugos del pueblo colombiano, de repente se conviertan en sus jueces. Me rehuso completamente a eso.

Y aún más, me rehuso al chantaje orquestado por el gobierno de Santos. Evidentemente y tal como lo dijo el mismo Jorge Enrique Robledo, militante de izquierda, el acuerdo con las FARC,en caso que lleguen a ser exitosos,  no significan ni la paz, ni el fin de los problemas para Colombia, así como el caso contrario no significa la guerra total y el Apocalipsis que nos pretenden vender desde la Casa de Nariño.

Igual, con toda la maquinaria de compra de votos, con toda la mermelada y pagando billones de pesos en publicidad en medios de comunicación, no creo que necesiten mi voto por el sí.

Seguiré el dictado de mi conciencia, y votaré por el NO, porque aún hay algo que ni este gobierno, ni sus acuerdos me han quitado, que es el derecho a tener y a expresar mi propia voz.

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