¿Por qué Donald Trump sigue ganando? ^ Columnas X.

Recuerdo muy bien el episodio. Era el séptimo capítulo de la séptima temporada de The West Wing y era un episodio especial, porque no era un episodio grabado, sino que se transmitiría en vivo y en directo. En este capítulo titulado simplemente “El Debate”, los candidatos demócrata Matt Santos (Jimmy Smits) y republicano Arnold Vinick (Alan Alda) se enfrentaban en un debate, álgido, eso sí, pero un debate en el que se enfrentaban ideas, no egos, ni pantallas.

donald trump

Ese debate, dirigido por Alex Graves, representaba muy fielmente el estilo de los debates de la política estadounidense, en los que las diferencias era ideológicas, nunca personales; algo que ya está a punto de extinguirse en el poderoso país del norte, acercándolo inexorablemente a los vicios de la política de los países de dónde provienen las masas de inmigrantes de las que tanto se quejan Donald Trump y sus partidarios.

Lo que se observa en esta campaña presidencial en Estados Unidos, es algo que no es ajeno para la mayoría de ciudadanos de América Latina y muchas otras partes del mundo, y es el principio del “todo vale” con el fin de ganar votos e imponer las ideas propias por encima de las ajenas. Pero Donald Trump no fue el primero que rompió el molde en el que se basaba esa política de “valores compartidos”, como bien los expresó Ted Cruz en la convención republicana.

La Caja de Pandora en la que Donald Trump ascendió meteóricamente en sus aspiraciones presidenciales no fue abierta este año, ni el año pasado. Para entender lo que sucede tenemos que ir hasta la campaña presidencial de 2008, misma en la que ganó Barack Obama. Como muy bien lo dice Laurie Penny en su artículo I’m with the banned (Estoy con los rechazados) la campaña de Donald Trump y su creciente popularidad están basados en una cualidad de caudillo que anuncia el inicio del apocalipsis en caso de que no llegue a ser elegido, y con la que muchos estadounidenses de a pie se identifican, pero nada de eso habría ocurrido sin la inexplicable e inconmensurable ayuda de los seguidores de Barack Obama.

La Caja de Pandora.

La elección de 2008 fue el punto de inflexión en el que las elecciones de los Estados Unidos pasaron de ser un álgido debate de ideas y puntos de vista, a un concurso de popularidad al mejor estilo de los Reality Shows a los que la audiencia de ese país se acostumbró a ver durante toda esa década.

Barack Obama acumuló la mayor parte de sus seguidores por lo que era, no por lo que pensaba y por eso, muy temprano en esa elección, incluso desde las primarias contra Hillary Clinto, el futuro presidente de los Estados Unidos tenía hordas completas de trolls que llenaban las entonces incipientes redes sociales, los foros en línea, los mensajes de texto y cualquier medio en el que pudieran decirlo, no que Obama era la mejor opción para los Estados Unidos, sino que sus contrincantes, primero Hillary Clinton, y luego John McCain, eran los jinetes del Apocalipsis y que sería el fin del mundo, si él no ganaba.

Muchos de esos trolls radicales, pensaban en ese momento que lo que hacían era beneficioso para los Estados Unidos, que lo que importaba era sacar a cualquier oponente del camino de Obama, sobre todo a los republicanos, sin importar el método que tuvieran que utilizar, entre ellas la ideliazación extrema de su candidato y la estigmatización de cualquiera que llevara el rótulo de conservador o republicano. Y pronto hasta Paris Hilton se dedicó a hacer esto último. Pero el problema de abrir la puerta del populismo y la paranoia virtual en las campañas presidenciales, en Estados Unidos es que no la iban a poder cerrar.

Ese puñal con el que se ganaron las elecciones de 2008, y repitieron en 2012, pronto probaría tener un filo extra. Donald Trump aprendió muy bien de esas dos campañas y el plan número uno de su estrategia para lograr sus objetivos presidenciales fue aparecer en esos mismos foros, y en las mucho más contundentes redes sociales de los seguidores de Obama. Y lo hizo simplemente aplicado su misma estrategia: presentar un escenario apocalíptico en el que había un enemigo culpable de todos los problemas de los Estados Unidos. Los partidarios de Obama usaron a los conservadores y republicanos como su chivo expiatorio, Trump usó a los inmigrantes.

A partir de allí, Donald Trump nunca más volvió a centrarse en el debate de ideas, sino en la de incrementar su popularidad atacando a sus contrincantes y diciéndole a un sector de los votantes de Estados Unidos exactamente lo que quería oír, igual que los seguidores de Barack Obama lo hicieron en su momento.

El Puñal de Doble Filo.

Pero no era suficiente simplemente seguir la tendencia de convertir el debate político en un Reality Show.

Increíblemente el reconocimiento de Donald Trump como candidato serio no se lo dieron los republicanos, se lo dieron los mismos seguidores de Barack Obama, al replicar todas y cada una de las barbaridades que repetía Trump en sus discursos. En lugar de reírse de semejantes locuras en privado, salieron a hacer lo que mejor saben hacer: indignarse en público a través de las redes sociales, medios de comunicación y por cualquier método que encontraron a su alcance. Y como no había día en el que Donald Trump no dijera algo terriblemente indignante, su nombre aparecía todos los días por todas partes.

Muy pronto ese público conservador de Estados Unidos, que nunca había escuchado hablar de Trump, y sí, quizás de Marco Rubio o Ted Cruz, empezó a enfocar su atención en Trump y peor aún, empezó a identificarse con todo lo que decía y así es como ya no sólo se ganó la nominación, sino que tiene muy buen chance de ganar la mismísima presidencia.

Es así como la respuesta a por qué sigue ganando Trump es mucho más corta y sencilla de lo que muchos esperarían: sigue ganando gracias a sus contradictores.

Y aunque quizás hubo un momento en el que se podía detener a Trump simplemente ignorándolo y evitando hablar de él, ese momento ya pasó y ahora, como nunca, es demasiado tarde para lamentarse.

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4 comentarios en “¿Por qué Donald Trump sigue ganando? ^ Columnas X.

  1. Interesante reseña sobre la consagracion de la politiqueria rampante. Lo bueno es que los politicos en campaña ya no necesitan prometer lo que no van a cumplir. Lo malo es que las masas ya no se guian por ideas sino por sensaciones, empezando por el miedo. Lo feo es que ahora la politica ya no la hacen los partidos sino que cada candidato busca sus patrocinadores, lo que al final los convierte en activos economicos. Adivinen de que pais estoy hablando?

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