Reseñas X ^ Assassin’s Creed.

La gran y enorme diferencia que existe entre la música y cualquier otro sonido, como por ejemplo, el inconmensurablemente molesto pitido de la alarma de un carro, es el tono. El tono, o altura, es la cualidad que diferencia un sonido agudo de uno grave, el que determina las notas de acuerdo a la frecuencia del sonido. Mientras más rico y armonioso sea un sonido en su estructura tonal, más se convierte en música, mientras más plano y unitónico sea, más insoportable y parecido al ruido es. Esa es la diferencia entre una sinfonía y el escándalo de la alarma de un carro.

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Se preguntarán ustedes qué carajos tiene que ver esta introducción musical con la adaptación al cine del popularísimo video-juego Assassin’s Creed y la respuesta a tales interrogantes resulta evidente una vez se piensa un poco en el asunto.

Assassin’s Creed (En algunos mercados hispanos: El credo de los asesinos) narra la historia de Callum Lynch (Michael Fassbender) un criminal de baja ralea que luego de ser condenado a muerte y supuestamente ejecutado, despierta en las instalaciones de Abstergo, una multinacional que cuenta entre sus proyectos secretos el Animus, una tecnología capaz de extraer y reproducir los recuerdos de los antepasados de cualquier ser humano; recuerdos inscritos en su código genético.

Lynch es presionado por Sophia Rikkin (Marion Cotillard) a cooperar y buscar entre los recuerdos de su antepasado Aguilar de Nerha, la ubicación de un aparato que supuestamente existe desde los tiempos del Jardín de Edén.

En primer lugar aclaremos algo. Las películas no tienen que ser científicamente exactas o reales, de ser así no tendríamos súper héroes, fantasmas o guerras en galaxias muy muy lejanas, pero al menos la historia debe parecer coherente dentro de su propio universo. Pero en esta película tenemos por un lado tecnología de punta cuyo objetivo es buscar algo que se perdió ¿en el jardín de Edén? O sea, quizás ese argumento que se cae de lo ridículo puede funcionar en un tonto video-juego, pero en una película lo único que da es risa.

Aunque la película está soportada en las actuaciones de tres tremendos actores como Fassbender, Cotillard y Jeremy Irons, el peso de la paupérrima historia y de la deficiente dirección (ya hablaremos de eso) les cobra tal factura, que de repente no parecen tan buenos actores. Excepto tal vez por Cotillard.

Ahora pasemos al meollo del asunto: la comparación con los tonos musicales. Una película, al igual que una sinfonía debe tener una armoniosa estructura tonal. Por ejemplo “El Conjuro 2“, tiene momentos dramáticos, momentos divertidos, momentos terroríficos, todos armoniosamente combinados para una película que creo que todo el mundo pudo disfrutar. Assassin’s Creed es un largometraje que en sus 116 minutos de duración mantiene la misma nota aburrida, en todos los aspectos: uso del color, iluminación, diálogos, banda sonora. TODO es lo mismo. Y cuando todo es lo mismo, en lugar de tener una sinfonía, tenemos el ruido de la alarma de un carro, tedioso, aburrido y fastidioso, en el que contamos los segundos para que se acabe.

Y si a eso le encimamos que no tiene ninguna premisa o mensaje implícito, ni mucho menos explícito, tenemos la peor película de los últimos tiempos. En comparación hasta las de Dago García resultan aburridas. Recomendación: no se la vea.

0,00 / 5,00

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