Los Padres Modernos y La Generación de los Sociópatas.

A los que nacimos después de 1980 no nos fue tan mal en cuanto a castigos físicos se refiere, después de todo de todas las veces que pasamos por la acción correctora de alguno o ambos progenitores, casi siempre lo teníamos muy bien merecido. Comparados con lo que pasaron nuestros padres, o peor aún nuestros abuelos a nosotros nos fue bien.

Aunque parezca graciosa, esta imagen está mucho más cerca de la realidad de lo que muchos creen.

No hay sino que preguntarle a los ya marchitos ancianos que le dieron vida a nuestros padres, para darse cuenta que en sus épocas mozas, una mirada mal dirigida en contra de un papá o una mamá podía terminar fácilmente con una nariz rota, o un diente desprendido o con una cicatriz permanente en cualquier parte del cuerpo. Lo dicho, a nosotros nos fue bien.

Y sin embargo hay que reconocer que a medida que ha pasado el tiempo, las nuevas generaciones crecen con más antivalores que valores. La nuestra es a todas luces una generación perezosa, cínica, indiferente, soberbia e impuntual, a pesar de que, como ya lo dije, nuestros padres si se dieron el lujo de corregirnos.

Ahora, sí eso ha sucedido con nuestra generación ¿Podría usted imaginarse que sucederá con una generación de individuos cuyos padres no les dedican tiempo y que para compensar les dan todo lo que piden y no los enfrentan a ninguna clase de consecuencias? Sí, aquellos que nacieron cerca al año 2000, han tenido la fortuna (o la desventura) de contar con padres tan light que en lugar de corregirlos y castigarlos cuando cometen una acción impropia, los recompensan proporcionándoles cualquier pendejada que pidan.

Carlos Cárdenas es el típico resultada de una crianza deficiente, donde los padres no castigan a su hijos y tratan de sacarlos de cualquier problema.

Si de verdad quiere saber en que se convertirán esos que aún hoy son niños, preste atención al Caso Colmenares. Laura Moreno y Carlos Cárdenas son hijos de papi y mami, a los que les dieron todos los gustos y a los que nunca se les explicó el concepto elemental de que «todos los actos tienen consecuencias». La madre de Carlos Cárdenas es el epítome de las madres hoy en día. Luego de (supuestamente) enterarse de que su hijo había cometido un asesinato, en lugar de hacerlo pagar por lo que hizo, se dedicó a cubrile todos los pasos. (Supuestamente) Mandó a quitar todos los videos de las cámaras de seguridad del sector donde su hijo habría cometido el asesinato. Compró y/o amenazó a todos los compañeros de su hijo, asistentes a la fiesta (en Uniandes nadie habla del tema) y obstaculizó el proceder de la justicia, comprando forenses, fiscales, jueces y abogados para mantener a su hijo lejos de donde merece, en lo más profundo de una cárcel.

Pero la manera en que la señora madre de Carlos Cárdenas actuó a pesar de ser abominable, encuentra eco en cualquier madre «moderna». Usted le pregunta a cualquiera de ellas que opina al respecto y muy pocas dudarían en contestar que «harían exactamente lo mismo», porque, tal y como lo dijo Noemí Sanín en un debate «mi hijo es mi hijo». Por favor, a donde ha llegado la bajeza y la falta de valores. Una madre que en verdad ame a su hijo lo hace pagar por lo que hizo, en lugar de dejar que vague libre por el mundo haciendo daño y asesinando gente, que es lo que el joven Cárdenas y su selecto grupo de amigos ha hecho.

Ahora, lo realmente preocupante es que los jóvenes entre 0 y 16 años hoy en día se crían de la misma manera en que se crío el señor Cárdenas, y no precisamente por el estrato. Ya hemos visto que los casos de bullying y de suicidios en las escuelas por fuera de toda proporción, peleas de niños que terminan en tragedia, niños que antes de los 15 años ya están siendo procesados por delitos atroces y los padres y madres diciendo a diestra y siniestra que sus hijos son inocentes, que no creen, que es un error, que es una mentira.

No quiero ni imaginar que sucederá cuando ya dicha generación tenga poder de voz y voto en nuestro país. Millones de sociópatas que no saben reconocer el bien del mal, porque sus padres, con pleno apoyo del Bienestar Familiar y su grupo de psicólogos baratos, nunca les enseñaron que sus actos tienen consecuencias y que las cosas hay que ganárselas con esfuerzo, saldrán a decidir el destino de nuestro país.

Que Dios nos ampare y nos proteja de ese monstruo aún latente que hemos ayudado a crear y que tarde o temprano nos terminará devorando. Y todavía queremos criticar al diputado del Tolima, Orlando Ibagón, por golpear a su hija  por cometer fraude. ¿Se imaginan lo poderosa que se debe sentir esa niña? Luego de cometer un acto criminal, no sólo castigaron a su padre, por atreverse a corregirla, sino que todos los medios de comunicación se pusieron de su parte, como si fuera alguna santa. No me sorprendería que en los próximos años, la misma niña apareciera en algún titular en eso mismos medios, implicada en alguna estafa, pirámide y/o, no lo quiera Dios, un asesinato, al estilo Colmenares.

Las campañas mentirosas del ICBF, apoyan la idea de que un niño sin castigos es el ideal. Sólo los niños disciplinados son exitosos, está comprobado. Sino vaya a China o Japón.

Por eso, antes de tener hijos las preguntas que debe usted hacerse es a?¿Tiene tiempo y dinero para criar un hijo? y b)¿Está dispuesto a castigar y corregir a su hijo para que no se convierta en un sociópata que dejaría a Dexter en pañales? y c)¿Está dispuesto a mandar a la mierda todo lo que diga cualquier empleado del Bienestar Familiar?. Si su respuesta a dichas preguntas es «sí», usted está listo para tener hijos.

Colombia: Visión Guerrillera 2019

Gracias a estos tres personajes, gran parte de la opinión pública en Colombia prefiere «creerle» a las FARC todo lo que digan.

Hay que levantarse de la silla y empezar a aplaudir fervorosamente a Hugo Chavez, a Piedad Córdoba, a Iván Cepeda Castro, a Gustavo Petro, a Fidel Castro, a las Organizaciones No Gubernamentales. A todos ellos un enorme aplauso y un abrazo de felicitaciones. Lo lograron. Luego de 14 años, de millones de dolares procedentes de la riqueza del subsuelo venezolano, de intrigas, mentiras y verdades acomodadas, de cientos y cientos de congresos estudiantiles financiados al ciento por ciento por los petrodólares del vecino país; de cientos y cientos de sindicalistas de todas las ramas del poder público comprados por el dinero que Chavez se ha llevado de Venezuela para comprar adeptos; sí luego de un trabajo arduo lo lograron. Colombia se volteó al lado de las FARC.

Y es un aplauso enorme, porque en estos 14 años de comprar adeptos (entre los más viejos) y lavar cerebros (de los más jóvenes), el mamotreto de mamertos que salen a poner el grito en el cielo cuando alguien habla mal de la guerrilla, lograron que el país no hablara más de los miles y miles de asesinatos, mutilaciones, genocidios, secuestros, violaciones y abusos perpetrados por las FARC en medio siglo de una lucha que ridícula y absurda. 14 años de propaganda sutil y oculta que han logrado que los crímenes y la barbarie de las farc sean mucho menos importantes y escandalosos que las palabras de un ciudadano.

Así es como más de uno salió a darse golpes de pecho, a rasgarse las vestiduras y a echarse cenizas en la cabeza, porque José Obdulio Gaviria planteó una conversación, que ficticia o no, no deja de ser lógica. Gaviria sólo escribió lo que todo el mundo sabe que sucede: el Gobierno Santos hará lo que sea para forzar un proceso de paz con los guerrilleros, y lo que sea incluye mentirle al país descaradamente.

Sea cierto o no lo que escribió José Obdulio Gaviria, sabemos que Santos y sus asesores, entre los que se incluyen muchos simpatizantes de la causa guerrillera, están dispuestos a hacerse los de la vista gorda frente a cada crimen y absurdo hecho violento perpetrado por las farc, porque «hay que creerles». ¿Por qué hay que creerle a un grupo que lanza cilindros bombas a poblaciones llenas de inocentes? ¿Por qué hay que creerle a un grupo que siembra minas repletas de excrementos para matar a todo el que tenga la mala fortuna de cruzarse con ellas, sea militar o no? ¿Por qué hay que creerle a un grupo que se escuda en absurdos ideológicos para mantener un negocio de miles de millones de dólares con el narcotráfico? ¿Por qué? ¿Por qué tenemos que creerles que esta vez si quieren la paz? ¿Por qué?

Lo que José Obdulio Gaviria y tantos otros vemos es que el precio de la tan llamada paz es que le entreguemos el país en bandeja de plata a las FARC, para que en el año 2019, a 200 años de la independencia definitiva de nuestro país, nuestro país se convierta en una vil copia de lo que hoy es Venezuela, que a su vez es una vil copia de lo que es Cuba. Naciones destinadas al fracaso económico, político y social. ¿Eso es lo que queremos para Colombia? ¿Ser la segunda parte de Venezuela?

Colombia se ha salvado de la chavización que ha sufrido gran parte de América Latina  pero la demora es que monte un aliado suyo en el poder para quedar condenados a décadas de gobiernos decadentes, corruptos y vulgares como en Ecuador, Bolivia y Nicaragua. Pero ya Santos nos lleva por ese camino, por el camino de la transición. No me sorprendería que el próximo presidente, elegido por los viejos comprados y los jóvenes adiestrados, sea de esos que llama a Chavez para pedirle lineamientos y directrices. Que asco.

Es de esa tormenta espantosa que se avecina, del dominio extranjero efectivo por parte de una pseudo-élite política, ignorante e incompetente (apoyada al cien por ciento por la criminal guerrilla colombiana y sus secuaces) que tenemos que estar pendientes, no de si lo que escribió José Obdulio Gaviria es cierto o no. De si El Tiempo puso el grito en el cielo o no. De si quien salió a criticar o no al señor Gaviria.

Para terminar, todos los columnistas del mundo incluyen ficción en sus textos, ahora aquellos que en su vida han cogido un periódico, mucho menos un libro, que fueron los primeros que se llenaron la jeta para hablar pestes de José Obdulio, ni siquiera sabrán la diferencia entre una columna de opinión y una noticia, o entre una columna de opinión y una crónica, entre una columna de opinión y una novela. Y aún así se creen con la autoridad de criticar.

Por ayudar a entregar el país a las ideas de un transtornado y a la furia de un grupo de resentidos narcotraficantes, gracias Piedad, gracias Cepeda Castro, gracias Petro. La historia se encargará de ustedes.

Resident Evil V: ¿Retribución o Desproporción?

Imagen del NY Times. La secuencia inicial de la película es sensacional. Aunque el resto de la película…. bueno, ni tanto.

Las películas como la quinta entrega de la serie de Resident Evil, llamada Retribution o Retribución, es de esas películas en las que uno entra, al mejor estilo de la WWF, a ver un espectáculo lleno de golpes, sangre y violencia. Y nada más.  Aunque creo que en la WWF hay más desarrollo de personajes y más drama que en esta cinta.

Luego de una cinta bastante rescatable como la anterior (Resident Evil: Afterlife) donde los personajes (Claire y Chris Redfield; Bennet), a pesar de ser siempre carne de cañón, tenían personalidad, objetivos y dimensiones; Resident Evil V es una gran decepción.

No, no estoy diciendo que la película sea aburrida, de hecho la cinta es contundente en sus secuencias de acción perfectamente logradas, sus coreografías de lucha y logra reducir al mínimo el número de veces que el espectador espabila, ya que no pasa más de medio minuto sin que suceda algo violentamente espectacular. Pero si usted espera algo más de lo ya dicho, se equivocó de película.

Resident Evil V está dentro de esa tendencia superficial y excitante que ha surgido desde la masificación del cine 3D. Y teniendo en cuenta que es a ese tipo de películas donde va la mayor parte del dinero de los grandes estudios cinematográficos, estamos en problemas. Por todos estos tiempos, el plato fuerte de la cartelera será siempre una película de este estilo.

La película inicia justo donde terminó la anterior (la destrucción del barco Arcadia, refugio de los sobrevivientes al virus-T y de la corporación Umbrella); en una magnifica secuencia en reversa, vemos como se resuelve el nudo que dejaron pendiente y le dan una solución rápida e inteligente al problema más viejo de la ficción: los cliffhangers.

Hasta ahí la película iba muy bien, hasta se les perdonaba la desproporcionada utilización de pantallas verdes y efectos a computador. Luego viene una secuencia, en la que vemos a una Alice en una especie de vida suburbana, con un esposo (Carlos Olivera interpretado por Oded Fehr) y una hija (Becky, interpretada por Aryana Engineer, la misma niña boba de «La Huérfana»), las posibilidades de esta secuencia eran infinitas, aún sabiendo que no podía ser algo real. Pero no habían pasado dos minutos y ya Paul Anderson le habían metido zombies con bocas con tentáculos a la situación. Hasta allí llegó lo interesante de la película.

Los personajes antiguos incluidos en la cinta, ni fu ni fa, los nuevos dan un poco de frescura, pero no es suficiente.

El director y los productores, y hasta Milla Jovovich, deben creer que la gracia de Resident Evil es traer a la vida personajes muertos que creíamos muertos hace 4 películas. Error. Michelle Rodriguez, Oded Fehr y Colin Salmon no aportan nada, ni nuevo ni viejo, a la cinta. Sienna Guillory regresa también, pero ni fú, ni fá y no le da ni por los talones a Jovovich, ni como compañera, ni como enemiga, cosa que Ali Larter si se daba el lujo de hacer.

La historia es igualmente traída de los cabellos. Traen de nuevo a la computadora/niña villana de la película uno. Y cada vez sorprende más lo difícil de destruir que es la dichosa corporación Umbrella. No importa donde se metan, así sea en el circulo polar ártico, Umbrella debe tener algún edificio, alguna instalación, con alguna super novedad tecnológica que por alguna causa, motivo, razón o circunstancia, termina repleta de zombies. No se explica en que momento hicieron todo eso, si se supone que el mundo está en ruina y los recursos naturales están extintos.

La estructura de la película, similar a la de un video juego, al menos es interesante y es de las pocas cosas que no resta a la cinta. La inclusión de el cuento madre-hijo, ya lo habíamos visto en la última cinta de Inframundo (que a decir verdad, confundo mucho con Resident Evil) así que no se sabe si fue que se pusieron de acuerdo para hacer dichas películas más parecidas de lo que ya eran, o si sencillamente se fueron por el viejo truco de plagiar ideas.

Ahora, si usted quiere pasar un rato divertido y entretenido, pues completamente recomendada Resident Evil, eso sí, no espere ni buenas actuaciones, ni trama coherente, ni desarrollo de los personajes, ni efectos 3D deslumbrantes. Y a ver si al fin dentro de dos o tres años le dan fin a esta saga que ya parece que hace años saltó el tiburón.

Calificación 3.0/5.0

100.000’000.000 De Razones Para Querer Ganarse El Baloto.

La pregunta no es tanto «¿Qué haría con 100.000’000.000 de pesos?» sino «¿Por qué querría yo ganármelos?»

El acumulado del Baloto, la única lotería exitosa del país, ha puesto a soñar a un país que se debate entre el salario mínimo, los prestamos al gota a gota y la tarjeta Éxito. La pregunta que todos nos hacemos, a nosotros mismos y a todo aquel con el que se comparte la noticia es ¿Qué harías con 100.000 Millones de pesos? Las respuestas casi siempre inician con «le compro la casita a mi mamá» o «le regalo un carro a todos mis amigos» o «me largo de este cutre país para siempre». Pero personalmente creo que la pregunta está mal formulada, evidentemente 100.000 millones de pesos son suficientes para hacer literalmente lo que a uno le de la gana, pero como muy bien lo han dicho los expertos de los deplorables noticieros colombianos, es más probable que Ricky Martin se vuelva heterosexual, que usted se gane el baloto, usted sólo.

Se rumora que así están las filas para comprar el baloto.

La pregunta que yo me haría es ¿Por que quiero ganarme el baloto? Evidentemente la primera razón es porque tendría algo menos de que preocuparme, tal y como lo dijo el gran filósofo Forrest Gump. Segundo por qué podría preocuparme de las cosas que en realidad quiero hacer: viajar y escribir. Podría dedicarme por completo a las grandes pasiones de mi vida, sin tener que estar preocupado por el cómo y el con qué. Básicamente esas son las principales razones, claro además de las más lógicas como querer colaborar y ayudarle a las personas realmente cercanas a mi. Eso creo que está fuera de toda discusión.

Pero aunque sería evidentemente un sueño maravilloso poder ganar tanto dinero, también sería un tanto extraño conseguir todo lo que uno ha soñado y anhelado con tanta ansiedad, con el simple esfuerzo de comprar un número. Es un dicho muy conocido que lo importante no es llegar, sino saber llegar. Los seres humanos estamos hechos para valorar aquello que más esfuerzo nos ha costado conseguir, ya sea un apartamento en la quinta avenida, o un cuerpo para lucir en playa, o sencillamente a un amigo que creías perdido. Sí sería raro, pero bajo ningún concepto, indeseable.

Pero teniendo eso en mente, en definitiva, en un país donde es tan difícil ese camino para conseguir las cosas más elementales de supervivencia mínima, ganar 100.000 millones de pesos , así sea en compañía de otros 20 jugadores más, es lo mejor que le podría pasar al colombiano promedio, es decir a usted o yo.

Y usted ¿Por qué querría ganarse el Baloto?

Si de verdad se quiere ganar el baloto, empiece a mentalizarse, si logra su sueño se convertirá en un nuevo rico.

De Los Noticieros Colombianos y Otras Telenovelas.

Casi 15 años después de la aparición de los canales privados, sus noticieros han perdido la objetividad y han optado por el sensacionalismo y la populachería sin límites.

Noticias RCN, uno de los noticieros más criticados en el país, por su falta de objetividad.

1998, cuando se empezaron a promocionar los canales privados en Colombia, aún en sus señales en prueba, una de la banderas que acompañaba su promoción era la de los noticieros. En efecto, los canales privados ya NO tendrían la molesta restricción de 30 o 35 minutos por emisión, puesto que podían arreglar su parrilla, prácticamente como les diera la gana.

Pero en esos primeros años, muy poco fue lo que cambió de los noticieros que veíamos ya en los canales públicos. Mantuvieron 4 emisiones diarias, en el mismo patrón de los canales públicos (7am, 12:30pm, 7pm y 9:30 pm) con ciertas extensiones en la emisión de la mañana y la del mediodía y manteniendo muy estricto el tiempo de los noticieros de la noche. En aquellos tiempos la linea editorial de aquellos noticieros era clara. En la mitad del peor momento de la guerra en Colombia, es muy fácil recordar a los periodistas cubriendo el fin de la zona de distensión, el espanto de las pescas milagrosas y los campos de concentración de secuestrados de la guerrilla, con la máxima objetividad que permitía ser parte de un negocio, no de un servicio público.

Poco después, las cosas empezaron a cambiar, no sólo los noticieros se empezaron a extender demasiado (el noticiero del mediodía hubo un tiempo que se acababa a las 3) sino que empezaron los primeros chascos: dentro de la estructura de los noticieros se empezaron a vender como noticias los mismo productos de los canales. Así como nos acostumbramos a ver como hechos históricos el estreno de la novela de las 8, o del reality de las nueve o del narcoseriado de las 10.

Pero hasta ahí, las cosas no son tan oscuras, lo que si es preocupante  es todo lo que siguió después. Las lineas editoriales de los noticieros se transformaron en verdaderas posiciones políticas, en algunos casos tan apasionadas que no quedaba lugar a duda de que con el fin de mostrar las cosas como ellos querían (y quieren) que el público las vea, son capaces de distorsionar la verdad, si es que no se arriesgan definitivamente a mentir del todo. Eso sucedió en el gobierno de Uribe y sí, aunque soy uribista y defiendo la posición del ex-presidente, tampoco soy ciego al hecho de que los noticieros de los canales privados (especialmente el de RCN) estaban definitivamente parcializados.

Pero no sólo de política, muertos, goles y tetas se puede alimentar un noticiero de dos horas y media y eso lo saben muy bien en las emisiones de la mañana y el medio día. Estos noticieros tienen esparcidos por todo el país un montón de periodistas (o debería decir sabuesos) a la espera de la más mínima nota que pueda causar conmoción para alimentar el morbo malsano del grueso de los espectadores.

La nómina de nuestros noticieros deja mucho que desear.

Es así como asesinatos macabros, que hasta hace años hubiesen sonrojado a los lectores de crónica roja, aparecen felizmente como noticia de entrada de estas emisiones, y claro, no desde una perspectiva sana e informativa, sino desde una perspectiva críticona (no crítica) y santurrona que parece sugerir que ellos tienen la verdad y la moral absoluta y el resto de la humanidad les debe pleitesía. Que blasfemia.

Es así como han armado un escándalo de proporciones bíblicas porque una profesora pellizco a un niño, porque un diputado le pegó a la hija delincuente, o porque la fiscalía se equivocó en cierto dictamen. Los noticieros ya no informan, sino que arman historias, telenovelas, con héroes y villanos, donde todo es blanco o negro y donde hay que elegir lados. Nadie se preocupó por ponerse en el lugar de la profesora, o del diputado o de tanta gente que se gana el no tan grato privilegio de caer en boca del país por cuenta de esos noticieros.

Es por esa actitud perseguidora que problemas locales pequeños se convierten en monstruos inmanejables a nivel nacional, por causa de la imprudencia de estos espacios, supuestamente periodísticos. Muy lejos han quedado los pilares del periodismo donde la objetividad y la ética son esenciales. Es por eso que ya no veo los noticieros como fuente de información, sino como entretenimiento, puro y sencillo.

No es sino ver la calidad de «profesionales» que pululan en los noticieros: médicos egresados de sólo Dios sabe que universidad de garaje; modelos con pésima reputación; expertos en todo, que no saben nada; periodistas que no investigan (todo se lo dejan a Pirry o a Manuel Teodoro) y lectores de telepronter que no conocen al país y pronuncian mal los nombres de los municipios o sencillamente se equivocan leyendo.

Igual, están tan bien hechos estos noticieros que casi nunca son aburridos, pero son eso, puro y simple entretenimiento, no información.