Colombia tiene puesta una mascara, pero cuando alguien se atreve a moverla, todo el mundo salta ofendido.
Varios hechos que mojan prensa en los últimos tiempos en Colombia, sólo comprueban que nuestro país debe estar en el libro de los Guiness Records como el país más hipócrita del mundo.
Tal hipocresía va por cuenta de una indignación que no tiene ni pies ni cabeza, una horda de ofendidos que sólo ven las palabras y la pantalla, pero no ven los hechos.
No había terminado el diputado de Antioquia, Rodrigo Mesa, de declarar que «Invertir en el Chocó es como perfumar un bollo» cuando la ola de desocupados, incluyendo los canales nacionales de noticias (que son los más desocupados que hay) empezaron a darse golpes de pecho, a romperse las vestiduras y a poner el grito en el cielo. Nadie analizó los hechos. Rodrigo Mesa no dijo que el Chocó era una mierda, ni que sus habitantes lo fueran, como al parecer a la mayoría entendió, no, habló de que las inversiones en el Chocó es el peor negocio que puede existir, mucho más cuando en Antioquia hay tanto por hacer.
Lo sucedido con Dania Londoño demuestra que incluso los secretos a voces, cuando se hacen público hieren demasiadas susceptibilidades.
La mayoría de los ofendidísmos, entre ellos Ilia Calderon, nunca han invertido ni invertirían un peso en el Chocó ¿La razón? Es un pésimo negocio ¿Por qué? Porque todas las obras nacionales, departamentales y municipales, de carácter público o privado están destinados al fracaso por la creciente ola de corrupción en esa zona del país. En Colombia todos sabemos que el Chocó es una entidad territorial fallida, cuya clase dirigente ha esclavizado a su población. No es cuestión de olvido, el Chocó recibe anualmente más recursos de la nación que muchos otros departamentos, pero la corrupción rampante hace que esos recursos se pierdan mucho más rápido de lo que llegan.
Muchos de los que critican a Rodrigo Mesa, por decir la verdad, serían los primeros en echarse a la pena moral si los trasladan a trabajar a Quibdó o a cualquier municipio de la cuenca del Atrato. Lo que el diputado dice no es una locura racista, es sólo la verdad.
Pero que se puede decir de un país dónde todo el mundo sabía que en Cartagena el turismo sexual está a la orden de día, y más de uno puso cara de sorpresa cuando salió la noticia del escándalo sexual de Dania Londoño y los agentes del servicio secreto. Todo el mundo lo sabía. Todos sabemos que los extranjeros llegan a Cartagena más a buscar putas baratas que a disfrutar de las descoloridas murallas que rodean el corralito de piedra.
Ahora si nos duele mirarnos en el espejo de la realidad, es porque de hecho la cara que tenemos es muy fea y cada vez que alguien pone el dedo en la llaga, saltan los patrioteros de pacotilla a defender lo indefendible.
Rodrigo Mesa está ahora en el centro del huracán por decir la verdad. Así somos en Colombia.
Todos sabemos que todo esto se debe a siglos y siglos de malas decisiones democráticas, de las mafias electorales y contractuales, que están allí en frente de nuestras narices, pero nadie hace nada. Amanecerá y veremos como reaccionaremos con el próximo escándalo, cuando nos muestren lo evidente o nos digan la verdad en la cara.
Colombia nunca ha sido un país que se caracterice por la calidad de sus presidentes, ni más faltaba. Desde los ya olvidados tiempos de Antonio Nariño, Simon Bolivar y Francisco de Paula Santander, nuestros líderes se han destacado más por ser unos disociadores mezquinos que por ser líderes populares. Sin embargo, desde que tengo cierto uso de razón, la mayoría de ellos se ha preocupado por tener una linea de gobierno más o menos acorde con el mandato que lo eligió. Como mandato me refiero, al clamor popular que lleva a un presidente a su preciosa silla en el palacio de Nariño. Claro está no puedo opinar de que carajos estaba pensando la gente cuando votó por Misael Pastrana o por Alfonso Lopez Michelsen, porque ni siquiera estaba en planes en esa época, cosa que no puedo decir, por ejemplo de Amparo Grisales o Cher o Mickey Rourke.
En fin, los últimos presidentes han tenido una linea de gobierno, que quiero creer que era una linea en la que ellos creían, pero si no era así al menos se tomaron el trabajo de aparentarlo bien. Todos, a excepción de nuestro actual y muy maquillado presidente Juan Manuel Santos.
Cesar Gaviria. (1990-1994)
Del primer presidente que tengo memoria es de Cesar Gaviria. Lamentablemente más porque sus hijos salían en un programa pagado por plata de los impuestos de los colombianos los fines de semana por la mañana, que por sus políticas exitosas. Simón (Que es el mismo Simón Gaviria mamerto que vemos hoy en los noticieros) y María Paz, era la antesala de la programación infantil, o al menos por un tiempo. Pero en fin, lo importante era su eslogan de campaña «Bienvenidos al Futuro». Si, Cesar Gaviria tenía como mandato modernizar al país, sacarlo de la llamada «Década Perdida» y prepararlo para el cambio de siglo. Fiel a su mandato, Gaviria nos sacó del proteccionismo, que hacía que cosas tan comunes en el mundo como un Televisor a Color o un Nintendo fueran cosa de ricos, pero ajá las cosas no salieron como él planeo y la mitad de la incipiente industria del país se fue a la quiebra.
El siguiente presidente tomó donde lo dejó el anterior y aprovechó la espantosa crisis dejada por Gaviria para lanzarse como el Super-Social, benefactor de los pobres, y blah blah blah. El señor se llamaba (o se llama, yo no se) Ernesto Samper y su mandato consistió en dar un impulso a las políticas sociales (El «Salto Social») . Samper, a pesar de que los gringos querían su cabeza en una pica por alguna razón, intentó cumplir con su mandato y muchas personas de escasos recursos se beneficiaron de su política, a pesar del gasto monumental que dejó al país más endeudado que nunca en su historia entre otras perlas.
Andrés Pastrana (1998-2002)
El siguiente presidente, Andrés Pastrana es quizás el que más se parece a Santos, quizás por lo tonto que es creyendo que la guerrilla tiene intenciones de hacer la paz (¡JA!) y su mandato consistió en tratar de hacer la paz con los grupos guerrilleros. Pero, oh sorpresa cuando Manuel Marulanda se burló en la cara de él y luego de que le entregara en prenda de plata la mitad del país, la guerrilla se fortaleció y se convirtió en el monstruo que secuestró candidatas francesas a la presidencia, asesinó diputados del Valle, hacía pescas milagrosas cada 24 minutos, en fin. Pero de que Pastrana intentó cumplir con su mandato lo intentó.
Álvaro Uribe (2002-2010)
Luego vino Álvaro Uribe, odiado por muchos, querido por otros, pero si hubo algún presidente que se tomó en serio su mandato fue él. Su mandato era completamente distinto al de Pastrana, no era hacer la paz con los seres angelicales de la guerrilla, como nos quiere hacer creer Piedad Cordoba que son esos asesinos, sino derrotarlos en su propio juego de sangre y fuego. La popularidad de Uribe se debió a que nunca olvidó su mandato, tenía un norte claro y lo defendió aunque le costara innumerables crisis con Venezuela o con Ecuador o con quien sea.
Luego está nuestro presidente actual, Juan Manuel Santos. quien curiosamente fue el que más rápido se olvidó de su mandato. Todos los que lo eligieron, pensaron en un gobierno de continuidad a las políticas de seguridad y anti-guerrilla de las farc y otros grupos alzados en armas. Error, una vez Santos tomó el poder que consiguió con votos uribistas, se fue a fornicar con los ideólogos liberales que suavizaron su postura, por eso es que hoy vemos de ataques a poblaciones y de extranjeros secuestrados, como en los viejos tiempos de Pastrana. Se ha dedicado a manosearse con presidentes de la calaña de Hugo Chavez y Rafael Correa, a revolcarse con las políticas pseudo-socialistas «Del Siglo XXI» que incluyen la expropiación y la violación a la constitución para asegurar los votos para presidente de uno de sus ministros. Todo muy lejos de la política de su antecesor, de quien se desligo su mandato.
Teniendo todo esto en claro, se puede concluir que en efecto Juan Manuel Santos es un traidor, no tanto a Uribe como a los 9 Millones de Colombianos que votaron por él (yo voté en blanco, gracias) y que le dieron el mandato de la continuidad a las políticas de su antecesor. Así, aunque Pastrana, Samper, Gaviria o Uribe hayan tenido momentos malos, permanecieron fieles a sus mandatos (hasta cierto punto) mientras que Santos lo olvidó tan pronto juró ante el congreso. ¿Qué opina usted de esa actitud?
Los nuevos «mejores amigos» de Santos dan cuenta de la traición a su mandato.
No quería escribir este post. Lo he hecho simplemente porque me lo propuse hace muchas semanas y sólo hasta hoy he tomado la decisión. Escribir sobre la muerte de alguien, de un ser humano, no es lo mismo que escribir sobre la muerte de un toro en una corraleja, o sobre una película ni mucho menos sobre una canción. Toda mi vida crecí con la convicción de que la vida humana es sagrada. Por eso, escribir sobre la muerte de Luis Andrés Colmenares no ha de ser una tarea sencilla.
Luis Andrés Colmenares Escobar con apenas 20 años de edad (¡20 años!) con un potencial inmenso a nivel académico (estudiaba dos carreras, economía e ingeniería industrial) lamentablemente es el caso típico de aquel que sencillamente se metió con quien no debía. Cuantas veces de niños, nuestros padres nos insistían en que no andaramos con tal o cual personaje, cuantas veces renegamos que nos quitaran nuestras «amistades» y cuantas, cuantas veces tuvieron razón.
Luis, el muchacho provinciano, en medio de la más rancia y corrupta prole de la sinvergüenza élite bogotana, se junto precisamente con quien no debía. No soy nadie para juzgar, y mucho menos a un muerto, pero si es cierto que muchas veces por fijar mal la mirada en gente que no lo merece, cometemos los peores errores de nuestras vidas, con la diferencia que a la mayoría no nos cuesta la vida como si le costó a Colmenares.
La identificación del país hacía el caso Colmenares no es gratuita. Nos identificamos con el muchacho talentoso provinciano que se choca con un mundo injusto donde un puñado de muchachos malcriados, pero con plata, tienen una ventaja superior a la de él, aunque de hecho no sea exactamente así.
La vida no es justa, pero aveces nos sorprende.
No nos digamos mentiras ¿Cuántas veces cree usted que un grupo de niños ricos asesina a alguien que no les cae bien? ¿Qué impidió que el caso de Luis no se convirtiera en otra de las noticias sangrientas que llenan los tabloides amarillistas de este país? Dos cosas, la estupidez e ineptitud de sus asesinos y el hecho de que Colmenares no era un pintado en la pared.
A pesar de la posterior participación de los familiares de Carlos Cardenas en eliminar cualquier prueba útil, la estupidez de los asesinos, sean quienes sean, los delató ¿Quién se come semejante cuento del suicidio sobre un caño? ¿A quién se le ocurre semejante estupidez de que una corriente débil de agua, pueda arrastrar un cuerpo? Si, a esos del mismo tipo que compartían el aula de clases con él y que asistieron a esa fiesta. Y también el hecho de que la familia de Colmenares no están pintados en la pared y pudieron sacar de su bolsillo todo el dinero que se requería para al menos intentar que la muerte del muchacho no quedara impune.
De no haber sido así, las cosas fueran muy diferentes. Esa muerte hubiese sido otra más, otra más sin pistas, archivada rápido para no sobrecargar a los fiscales y a los jueces. Otra más.
Al menos que nos quede la lección que no importa lo increíblemente atractiva que resulte una persona, ya sea por su apariencia física o por su «posición», detrás de esos atributos puede estar un monstruo incubado en el huevo de la podrida sociedad de este país. Piénselo.
¿Qué tienen en común los Siete Reinos de la fantasía de G.R.R Martin con el país del Sagrado Corazón de Jesús? Pues aunque pareciera ser que muy poco, la verdad los parecidos son muchos. Al igual que en Juego De Tronos, donde los Siete Reinos son un reino pegado con alfileres a pesar de las obvias diferencias entre cada una de sus provincias, bueno pues lo mismo pasa aquí. La única diferencia notoria es que Aegon, el Conquistador tuvo que aterrorizar a los habitantes de Westeros a punta de dragones para que se unieran en una sola nación, aquí en Colombia, no tuvo que venir ningún Targaryen, ni ninguna criatura mitológica, nos hemos quedado pegados los paisas, los costeños, los rolos y los santandereanos, aguantándonos lo que nos imponen la decadente y criminal elite bogotana que ni dragones tiene, y aún así le siguen subiendo a la gasolina, le siguen subiendo al IVA y siguen dejando a María Fernanda Campos como Ministra de Educación, uniformandonos a todos como si los Guajiros fueran iguales que los Chocoanos o los Araucanos. Pero en fín, he aquí los siete reinos de Colombia.
Reino Número 1: El Norte.
También conocido como la Costa Atlántica. Es una de las regiones que constituyen a Colombia y era la región más rica y prospera de América del Sur antes de que se les ocurriera la maravillosa idea de rebelarse contra los españoles para dejarse mandar por los rolos. La región ha estado dominada por los turcos desde tiempo inmemoriales, razón por la que los curas lanzaron una maldición y El Norte quedó a merced de un verano que lleva más de 500 años y nada que se acerca el Invierno. Las temperatura alcanzan los 45 grados adentro del aire acondicionado, y el solazo que hace es tan intenso que a la gente le da pereza ir a trabajar, por eso mismo apenas medio baja el sol los norteños salen a celebrar que medio baja la temperatura, por lo que cualquier día es bueno para armar la parranda. Sus habitantes son los Guardianes del Norte y nos protegen de peligros como los piratas del caribe, Godzilla, el Kraken y otras bestias de cuidado.
Estandarte: Una Hamaca.
Lema: ¡Ay Hombe!
Apellido de Bastardo: Playas.
Estandar de El Norte.
Reino Número 2: Las Tierras del Occidente.
También conocidas como Paisalandia. Originalmente fue un reino fundando por aquellos que se aburrieron de vivir Bogotá y sus alrededores y se fueron a colonizar el occidente, creyendo que se iban a librar de los rolos, pero vamos a ver que aparecieron en el mapa de la Nueva Granada y ni siquiera les pidieron permiso. Como les tocó sudarla para sacarle partido a una tierra llena de desfiladeros y montañas, eso le sacan partido a lo que sea. Se dicen que son «echaos pa’ delante» pero porque si retrocedían se iban al fondo de alguno de los numeros abismos que hay en esas tierras. A pesar de que los rolos les roban solicitan parten de sus ingresos por cuenta de los impuestos, Las Tierras del Occidente son las más ricas del país, allí es donde siembran el café, tienen la ferias de moda y donde está el único metro del país. Los paisas son los Guardianes del Occidente, por eso nos defienden de los peligros que acechan el Uraba y el Darien, como por ejemplo King Kong, las Bacrim, entre otros peligros.
Estandarte: Un Carriel.
Lema: ¡Eh, ave María!
Apellido de Bastardo: Parcero.
Reino Número 3: Las Tierras del Oriente.
También conocidas como los Santanderes. Fue el primer reino al cual se largaron los que se aburrieron de vivir en Bogotá, más cuando dijeron que había oro, así que se fueron por el paso del pescadero donde más de uno dejó las tripas y empezaron a fundar pueblos ahí, uno de ellos San Gil se destaca por ser el único pueblo del país que tiene un Tribunal Superior de Justicia. Al igual que en las Tierras de Occidente, nadie les pidió permiso para que los incluyeran en la Nueva Granada, pero como allá fue donde armaron el avispero con la Rebelión de los Comuneros no les quedó de otra. Los santandereanos son los Guardianes de Oriente y nos protegen de bestias inimaginables como Hugo Chavez o las Hormigas Culonas, aunque todavía nos sorprende que se les haya escapado Laura Acuña, que es diez veces peor.
Estandarte: Una Hormiga Culona.
Lema: ¡Cual es la joda, mano!
Apellido de bastardo: Abismos.
Reino Número 4: Los Llanos.
También conocido como … ah sí los llanos, es una tierra fundada por los rolos y santandereanos que quisieron tirárselas de gringos y conquistar el Viejo Oeste, sin saber que los llanos quedaba en el Este y que eran Venezolanos, pero igual llegaron hasta el Rio Orinoco y si no siguieron fue porque no querían llegar a las tierras donde si había petroleo. Se dice que sus habitantes son descendientes de Juan Harvey Caicedo y La Dama de Troya y que de ellos heredaron el gusto por las discotecas y los sitios de rumba. Como se creen son vaqueros siempre anda con un sombrero y con una pistola en la mano, porque nunca se sabe a que horas les toque arriar ganado o matar a un cuatrero. Los llaneros eran los Guardianes de Oriente, pero como Chavez podía invadirnos más fácil por Cucuta, le dieron ese título a los Santandereanos. Aún así, los llaneros nos defienden de peligros como los chigüiros y los parques nacionales donde se pierde la gente al mejor estilo de Lost.
Estandarte: Un lazo de vaquero.
Lema: ¡Arreee!
Apellido de bastardo: (adivinen) Llanos.
Reino Número 5. La Jungla.
También conocida como la Amazonía, es la región más inexplorada e inhóspita de los siete reinos. Fue reclamada por los Reyes del Transmilenio, de las atrevidas manos de los Peruanos que se atrevieron a reclamarlas, a pesar de que en Bogotá ni sabían que existía de no ser por La Vorágine. La Corona envió un buque a darse la vuelta por Brasil y se dice que los soldados colombianos se aliaron con las anacondas para sacar de Leticia y del Amazonas al resto de los colombianos, para sorpresa de sus habitantes, el presidente de Colombia, que no sabía un culo nada de geografía termino firmando un tratado donde le daba a los Peruanos más tierras de las que habían invadido y se fueron a Lima muertos de la risa. Por cuenta de la excesiva atención que le prestan desde Bogotá, a los amazónicos les terminó pareciendo mejor idea parecerse a Brasil y no a Colombia, más cuando el ejercito solo se aparece por allá cuando van a rescatar a Ingrid Betancourt y esas cosas. Los amazónicos son los Guardianes del Sur y deben defendernos de peligros tan letales como La Anaconda, aunque se dice que en caso que vean una la van a mandar directo al palacio de Nariño para que respeten.
Estandarte: Una Anaconda
Lema: ¡Ai si EuTe Pego!
Apellido de bastardo: Rios (porque eso si es lo que abunda por allá).
Reino Número 6: El Tolima Grande.
Curiosamente El Tolima «Grande» es el más «pequeño» de los reinos de Colombia y teniendo en cuenta que el 75% de su territorio son abismos escarpados de las cordilleras central y oriental, y otro 15% le corresponde al rio, sólo el 10% del territorio es habitable, inicialmente era parte de las tierras de la corona, más conocidas como Bogotá, pero decidieron darle su propio reino para que al menos tuvieran platica para invertirle a Melgar y no se la malgastaran los políticos en los antros de Chía. Los opitas no son guardianes de nada, porque andan muy ocupados pendientes de las lechonas, los tamales y el jorópo, además que siempre deben tener las maletas listas en caso de que El Volcan Nevado se le de por estallar. Hace tanto calor como en El Norte con la diferencia que por allá como están encerrados por las montañas no llega la brisa de mar.
Estandarte: Una Lechona
Lema: ¡Ay Carmentea!
Apellido de bastardo: Ruiz (por aquello del Volcan).
Reino Número 7: El Valle (Y Anexos)
También conocido como «El Pacífico» pero teniendo en cuenta que en TelePacifico sólo ponen noticias del Valle y que para ir a a cualquier punto de este reino hay que pasar por El Valle, los otros departamentos son más bien anexos. El Valle era originalmente la tierra más rica de Colombia con amplias haciendas, pero luego de que acabaron con la esclavitud los Paisas les ganaron. Al contrario de lo que cualquiera podía esperar, el reino del Valle se volvió un reino rumbero donde hacen Feria para conmemorar el año, hacen carnavales en Enero, en Pasto y todos los fines de semana hay maratón de Salsa, fue en el Valle donde se inventaron los días festivos, para dicha de todos los demás reinos por lo que lo tienen en gran estima. El territorio del Chocó hace parte de este reino, pero últimamente los paisas andan metiéndose mucho por allá, aunque en El Valle no les importa mucho eso, siempre que no les quiten la música. Los vallunos son los Guardianes del Pacífico por lo cuál deben defendernos de las Ballenas Jorobadas, Los Tsunamis y el Emperador del Japón. Para ahuyentar esos peligros decidieron hacerle una estatua a un gato, que es el que mantiene las cosas en orden.
Estandarte: Un Vaso de Cholao
Lema: ¡Somos pacífico … estamos unidos!
Apellido de bastardo: Salsa.
Las Tierras de la Corona.
Las tierras de la corona no son un reino en sí, nunca se ganaron ese derecho puesto que la única razón de su existencia es dominar a los otros siete. Ahí tiene asiento el Rey del Transmilenio, o Presidente de la República. También se conoce como el Altiplano Cundiboyacense y fue elegido por los Virreyes españoles como el centro administrativo del país porque eran unos pendejos que no les gustaba el calor y se mamaban el viaje por el Magdalena, luego la subida a lomo de negro desde Honda a Bogotá sencillamente para ahorrarse unas gotas de sudor. Las tierras de la corona tienen su centro en Bogotá, que algunos dicen que es una ciudad, aunque otros están de acuerdo en que es más bien un desorden. Su único orgullo es un cerro con una iglesia arriba y unos buses que pasan llenos de gente y siempre son las victimas favoritas de los piedrazos en las manifestaciones de los desadaptados que por allá abundan. Las tierras de la corona también tienen unas islas externas llamadas San Andrés, Providencia y Santa Catalina donde los rolos van de vacaciones, cuando no tienen plata para ir al exterior y no quieren ir a Cartagena o Santa Marta. Los habitantes de las tierras de la corona son los más brutos inocentes de los siete reinos de Colombia, han elegido a tres alcaldes inútiles de seguido. Y luego se quejan de que la ciudad es un caos.
Estandarte: El Hipnosapo (por aquello de que Petro es el alcalde)
Lema: ¡Todos cabemos (en el Transmilenio!)
Apellido de bastardo: Huecos.
Y usted ¿qué opina de los siete reinos de Colombia?
En un circo completo, no pueden faltar los chigüiros. Foto de El Heraldo.
Pensar en tener buenos pensamientos para un grupo de narcotraficantes y terroristas que mantuvieron secuestrados por casi quince años a un grupo de hombres cuya misión era precisamente protegernos a nosotros, los ciudadanos del común. Eso está fuera de discusión, al menos para mi. Pero luego del circo que presenciamos el día de ayer, en el cuál Piedad Córdoba actuo como maestra de ceremonias, no faltaron aquellos que empezaron a declarar a las farc como los heraldos de la paz y la reconciliación e incluso empezaron a dibujarles aureolas en las cabezas a los difuntos Mono Jojoy, Raul Reyes y Alfonso Cano.
Sería muy tonto olvidar décadas de sufrimiento que ese grupo criminal le ha infringido a nuestro país, por un acto que debieron mostrar hace años. Este circo dio para todo, hasta para volver famoso a un animal selvático, claro es que luego de casi quince años en un campo de concentración en la mitad de la selva, las normas de las CAR sobre tráfico de especies no existen para los liberados. En medio de semejante circo perfectamente planeado ¿Por qué no ponerle un toque de humor también? Es así como nace el hashtag #PreguntasParaLosLiberados .
Curiosamente los primeros que pusieron el grito en el cielo por el hashtag argumentando que era una falta de respeto, que los que lo utilizábamos nos íbamos a ir al infierno y otras sentencias más, son los mismos que se murieron de la rabia el día que el ejercito dio de baja a los 32 cabecillas de las farc, el día que murió Alfonso Cano, Raul Reyes y el Mono Jojoy, gritando a los cuatro vientos que el gobierno y el ejercito estaban sepultando la paz del país junto a criminales de la talla de esos asesinos.
Algunos de los tweets escritos con #PreguntasParaLosLiberados critican precisamente la actitud de aquellos que regresan a la libertad luego de estar secuestrados y sus familias. Familias que pasan años y años aclamando la libertad de los suyos, pero una vez que estos regresan empiezan las incomodidades, los conflictos y los divorcios. Luego la cuestión laboral, el estado no sabe que hacer con ellos y empiezan los problemas, entonces es cuando empiezan las demandas, algunas por una cifra «simbólica» como la de la francesa esa que estuvo secuestrada aquí, llamada Ingrid Betancourt. Luego entonces los lanzamientos de los libros, claro, pero en esos libros nunca dicen nada. Son odas heroicas cuyo objetivo es convencer a los lectores y a ellos mismos de verdades a medias y parcializadas, que no revelan el lado más oscuro del secuestro.
La mejor manera de criticar es mediante el humor, entre risas se dicen muchas verdades, entre chanza y chanza se llega al meollo del asunto. No es una falta de respeto señalar lo que en realidad significan esas liberaciones, no es una falta de respeto no querer olvidar la barbarie de las farc. Ahora al que lo hieran las susceptibilidades es porque en definitiva en realidad es muy iluso para creer que esos asesinos en realidad quieren la paz, siendo que lo que sucede es que ya han dejado el secuestro a un lado como fuente de financiamiento y se han aliado con bandas criminales para explotar el negocio de la droga, así nunca habrá paz. Pero eso es lo que algunos se resignan a entender.
También es una forma de apuntar a lo mucho que ha cambiado el mundo y el país en estos años, muchos cambios, pero así mismo como las cosas siguen muy parecidas. Pero en fin, el hecho de que sean los que critican este hashtag convertido en Trending Topic sean tan intolerantes que hasta son capaces de esto: