Reseñas X: Una Noche En El Museo 3, El Secreto De La Tumba

Mi problema con “Una Noche En El Museo 3, El Secreto De La Tumba” empezó mucho antes de siquiera poner un pie en la sala de cine y el problema tiene nombre y apellido: Ben Stiller.

Afiche promocional de Una Noche En El Museo 3.

Quizás porque asocio a Stiller con otro comediante judío, famoso por hacer películas mediocres como lo es Adam Sandler, o quizás porque después de la última película en la que lo vi protagonizando me quedaron muchas dudas de su trabajo, o quizás simplemente porque el tipo me cae mal, siempre lo pienso más de dos veces antes de arriesgarme a pasar más de una hora viéndole la jeta.

Y es que incluso con el plus de que era el último trabajo de Robin Williams, la idea de pagar por ver a Ben Stiller haciendo el papel de tonto humillado que siempre interpreta, resultaba aterradora. Sin embargo, debido a que la oferta de películas en mi lugar de residencia en este inicio de año ha sido, por decirlo en el menor número de palabras posibles, bastante limitada, resultó imposible evitarla.

“Una Noche En El Museo 3, El Secreto De La Tumba” es la tercera y (al parecer) última entrega de la franquicia de la Noche En El Museo, dirigida por (¡oh sorpresa!) el director de origen judío Shawn Levy. En esta ocasión, Larry Daley (Stiller) ha decidido convertir la magia del museo en un educativo y lucrativo espectáculo de entretenimiento, que al principio funciona a las mil maravillas, pero que luego fracasa rotundamente cuando la tabla mágica que permite a las atracciones del Museo de Historia Natural de Nueva York cobrar vida por la noche, empieza a corroerse sin explicación alguna.

Viendo como se empiezan a extinguir las vidas de los que ahora considera sus mejores amigos, Larry decide ir hasta el Londres para encontrar una solución en el ala egipcia del Museo Británico donde se encuentran los padres de Ahkmenrah (Rami Malek), los únicos que conocen a ciencia cierta el secreto de la tabla. Para esto, Larry contará con la ayuda de algunas de las atracciones del museo de Nueva York, como Theodore Roosvelt (Robin Williams), Jed (Owen Wilson), Octavio (Steve Coogan), Atila (Patrick Gallagher) y de su propio hijo Nicky (Skyler Gisondo), pero cuando las atracciones del Museo Británico despierten, la tarea será mucho más difícil de lo esperado.

Lo primero que hay que decir sobre esta cinta es lo bien escrita que está. A pesar de tener que lidiar con un elevado número de personajes, todos interpretados por actores de buen nivel de reconocimiento, el guión logra entregarle a cada uno su propia travesía dentro de la película y encima de eso, proporcionándoles a cada uno un cierre apropiado, luego de tres entregas.

Resulta sumamente interesante, además de irónico, que una película protagonizada por Ben Stiller cuente con ese ingrediente esencial que al cine en una experiencia única, mismo ingrediente que por más que lo pienso es el que le hizo falta a Interstellar para arrasar con las críticas y los premios que tanto merecía y ese ingrediente es catarsis.

Mientras que Interstellar no logró que el público se identificara emocionalmente con sus personajes, sin importar que tan buenas hayan sido las actuaciones, Una Noche En El Museo 3, a pesar de que sus actuaciones no fueron especialmente brillantes (sobre todo la de Rebel Wilson), sí logró que el público se conectara con sus personajes logrando al final ese momento de cierre emocional que hizo que valiera la pena comprar la entrada. Nada mal para el último trabajo del prolífico Robin Williams.

Una gran conclusión para una franquicia demasiado ambiciosa para su premisa.

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P.D. Mucha atención a Sir Lancelot y a Laa 😀 (¡Ah y a Hugh Jackman!)

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La Vida Secreta de Walter Mitty: Entre El Cielo y El Infierno.

Hace ya algún tiempo, estaba yo cómodamente sentado en una silla de la sala de cine, junto al pasillo, como acostumbro, disfrutando de los encantos y las calorías de la comida chatarra con gaseosa, cuando presencié una escena que jamás había visto y lo mejor era que no ocurría dentro de la pantalla. Por primera vez veía a alguien marchándose de la sala, prefiriendo perder la plata de la entrada, de las crispetas y el refresco a terminarse de ver la película.

Desde la ocasión, ya lejana, en que me estrené en mi afición de ver cine como el resto de los mortales y no en las repeticiones de los canales privados, siempre me ha parecido que una película, por mala que sea (incluso si es la secuela de Silent Hill) merece verla hasta el final. Pero a los 15 minutos de haber empezado a ver “La Vida Secreta de Walter Mitty” (The Secret Life of Walter Mitty, en su título original) empecé a entender las razones de aquel sujeto para abandonar despavorido la sala de cine en aquella oportunidad.

“La Vida Secreta de Walter Mitty”, protagonizada y dirigida por Ben Stiller, es una película que comienza mal, muy mal, desastrosamente mal, diría yo… en los primeros 30-45, a excepción de una característica de la que hablaré luego, nada funciona. No funciona Ben Stiller como protagonista, no funciona Adam Scott como villano, no funciona Kristen Wiig, a quien nunca había visto en otra película, no funciona el argumento, no funciona las secuencias fantasiosas de Walter, no funciona, sencillamente no funciona.

Sin embargo, luego de la tortura china que significó ver esos minutos iniciales, la película empieza a cobrar sentido, justo en el momento en que Walter Mitty deja de parecerse al personaje consignado en el libro de James Thurber en el que está basado la cinta… y empieza a parecerse a Elizabeth Gilbert (Julia Roberts en Eat Pray Love) y decide embarcarse en un viaje alrededor del mundo al mejor estilo de The Amazing Race. Esta segunda parte de la cinta es en términos de guión y actuaciones muchísimo mejor que la primera, generando interés en el personaje y aprovechando al 100% las participaciones de Sean Penn y Shirley McLaine.  Fue en esta parte que confirmé mi convicción que aún la película más mala, merece ser vista hasta la última escena.

“Walter Mitty” es una película que desde el inicio hasta el final, está muy bien dirigida, lo cuál se le abona a Ben Stiller, de quien nunca había oído que además de actuar (mal) también se atreviera a dirigir.  En términos visuales, la película tiene un estilo de comercial de alto perfil, con un uso elegante de los paisajes, los encuadres y el texto escrito. La película (en su segunda parte) tiene momentos realmente brillantes, que me hacen pensar que quizás en un mundo paralelo podía haber sido una de las mejores cintas del año. Pero no, en definitiva “Walter Mitty” no es una cinta superlativa, además de esa introducción espantosa y su semejanza sospechosa con Eat Pray Love;  la película no logra cuajar muy bien su estilo, se siente como una colcha de retazos donde por momentos es comedia, en otros es aventura, en otras es drama, en otras es romance… todo mezclado con una fuerte dosis del humor pasajero de Ben Stiller que si bien funciona en una que otra ocasión, en otras es más bien flojo y predecible.

“La Vida Secreta de Walter Mitty” parece una montaña rusa, que divaga entre el cielo de un buen mensaje final y una buena dirección; y el infierno de los chistes flojos y la incoherencia argumental, por lo que es complejo dar una última palabra, pero gracias a Dios para estos casos están las matemáticas.

Calificación:

Primera Parte (30%): 1.00

Segunda Parte (70%): 4.35

Promedio: 3.35/5.00

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Walter Mitty