Marzo de 2006, mientras el mundo escuchaba de la primer mujer en la silla presidencial en Chile, de la muerte de Slodoban Milosevik y de las amañadas elecciones que otorgaron a Viktor Yanukovych la presidencia de Ucrania, en Estados Unidos un grupo de curiosos desarrolladores web iniciaba, casi sin saberlo, la más grande revolución en la historia de las redes sociales en la Internet. Ese mes, más exactamente el día 21, Jack Dorsey envió el primer tweet conocido por la humanidad: «Just setting up my twtrr» (Configurando mi twttr), apenas el primero de una generación de mensajes cortos, de no más de 140 caracteres, cuya cantidad supera ya desde hace rato la mítica cifra de los MIL MILLONES.
En aquel entonces, Twitter ofrecía sólo la posibilidad de escribir 140 caracteres, mencionar otros usuarios y escribir links a otras páginas. Los mismos usuarios se encargaron de buscar la manera de buscar intereses comunes (hashtags), publicar fotos, vídeos y desafiar el límite de los 140 caracteres. Fue la primera vez que los usuarios participaban activamente en la creación de su propia red social y a Twitter no le quedó más remedio que adapatarse. Hoy, 8 años después, la red social del cantarín pajaro azul, tiene los hashtags como parte fundamental de su experiencia, se puede subir fotos, ver vídeos y expandirse más allá de los 140 caracteres con las herramientas de réplica.
Desde 2006 hasta ahora, Twitter ha servido para expresar opiniones de manera abierta y sin restricciones, en un experimento de libertad de expresión jamás visto. Es allí donde se han refugiado aquellos que no pueden expresar lo que siente de manera abierta, donde se han gestado revoluciones y donde por primera vez el público se ha dado cuenta de la estupidez de sus celebridades. Una red social donde el público por primera vez, tenía la sartén por el mango.
Hoy, 21 de Marzo de 2014, y como regalo de cumpleaños, Twitter ha puesto a disposición de todos sus usuarios una herramienta que le permite ver su primer tweet http://first-tweets.com/r tweet , y de esa manera recordar cómo, cuándo y por qué decidimos unirnos a esta red social, que en definitiva ha cambiado el mundo.
Este mundial está mas lleno de sorpresas que la primera vuelta presidencial aquí en Colombia #worldcup
OK, se acabaron las elecciones y mi primer post, luego de esta jornada, no es sobre el tamaño de tarjetones, ni la compra de votos con dineros públicos, ni de fraudes a última hora, ni de umbrales, ni de voto de opinión, ni de nada de eso. Ya habrá tiempo de despotricar con mucho gusto sobre la adulterada práctica democrática en este país a su debido tiempo, pero por ahora quisiera hablar sobre Dallas Buyers Club, teniendo el recuerdo de sus detalles perfectamente fresco en mi memoria.
Para empezar debo decir que me sorprendió que el distribuidor local se dignara a presentar esta película con un tema tan espinoso como lo es del VIH/SIDA, teniendo en cuenta su preponderante predilección por el público infantil. Pero por alguna razón (sospecho que tendrá que ver con la montaña de premios que se ganó) se arriesgaron a poner la película en cartelera, aunque haya sido en función de medianoche.
Había escuchado hablar mucho sobre Dallas Buyers Club, por lo que suponía que tenía que ser interesante de algún modo artístico… pero al estar en el mismo paquete con Gravity, y The Wolf of Wall Street,tenía serías dudas sobre que tan interesante me podría parecer a mi, pero lo que puedo sacar en conclusión ahora, es que una cosa era escuchar sobre ella y otra muy diferente tener la experiencia de verla.
Ya desde el inicio Dallas Buyers Club, se desataca por su particular premisa. A diferencia de todos los filmes de los grandes estudios que tratan sobre el SIDA (p.e. Philadelphia), aquí el protagonista no es un hombre homosexual… de hecho Mattew McConaughey interpreta de manera magistral a Ron «Ronnie» Woodroof, un muy heterosexual vaquero tejano, mujeriego, vulgar, ordinario, calculador, drogadicto, alcohólico y homofóbico, que un día se entera que tiene una enfermedad usualmente asociada precisamente a ese segmento poblacional que tanto desprecia.
Ronnie inicia un tratamiento con AZT, una droga patrocinada por la FDA (el INVIMA gringo) pero pronto descubre que la toxicidad mortal del AZT lo está matando mucho más rápido que el mismo virus. Casi que por accidente Ronnie descubre que hay otros tratamientos, igual o más efectivos, con el gran problema que no están disponible en Estados Unidos, sino en México. Luego de mejorar con su nuevo tratamiento Ronnie decide iniciar un negocio llevando las drogas desde México hasta Estados Unidos, donde aún no están aprobadas. Como socia de su nueva ventura, Ronnie le pide ayuda a Rayon (Jared Leto) un transexual que sufre también de la enfermedad, con muchos contactos en la comunidad con VIH. La relación entre Ronnie y Rayon y su lucha personal y legal contra su enfermedad es lo que constituye el nucleo central del filme. Debo decir que inicialmente no reconocí a Jared Leto, su personificación fue tan real, que por momentos creí que el personaje era interpretado por una mujer, sólo después hice la asociación entre el discurso del Oscar y los ojos azules de Rayon, para quedar completamente perplejo.
Jared Leto y Mattew McConaughey, actuaciones 1A en esta cinta.
A nivel argumental, la película es sólida, dando a cada momento y personaje su lugar y su propio desarrollo. La película no trata de magnificar a Ronnie, sino de mostrarlo como un ser humano con debilidades que paga por sus errores y eventualmente los asume con tanta madurez, que termina convirtiéndose en un líder. Tanto McConaughey, como Leto logran la difícil dualidad de hacer sus personajes tanto excitantemente dramáticos como irrevocablemente divertidos. La única nota baja dentro del elenco, lamento decirlo, es Jennifer Gardner.
Los diálogos son claros, precisos y afines con el argumento, aunque en vista del bajo nivel educativo de los personajes, como que no da mucho como para hacer citas sobre ella. Después de todo, son texanos incultos de hace 30 años. La presentación visual es la propia de las contendoras al Oscar, íntimamente ligada a la época en que los hechos tienen lugar, al mejor estilo de Argo, sumado a un excelente manejo de la luz, los encuadres y los colores.
Finalmente, en cuanto a escenas memorables, la de Ronnie en el cuarto de las mariposas, es genial, es justo el momento clave del personaje y en el que se descubre que detrás de todos los vicios y defectos, aún hay un ser humano. Y es precisamente eso… un drama humano lo que esta cinta relata de manera sencilla y formidable en sus 116 minutos de duración.
Finalmente llegó el día en que Colombia elija a sus senadores, representantes a la Cámara, representantes al Parlamento Andino (aunque esa vaina no sirva para nada) y el candidato a la presidencia por la Alianza Verde, y Google ha decidido no pasar la fecha por alto cambiando su tradicional logo, por un doodle que celebra la jornada democrática que se celebra hoy en el país.
«Doodle» elecciones legislativas, Colombia 2014.
Creo que deberíamos contagiarnos del espíritu que patrocina Google y participar activamente en esta jornada, sin importar cuál sea su intención de voto. Aprovechemos que tenemos el derecho de elegir y respetemos las opiniones e ideologías de los demás; que otros piensen diferente a nosotros no significa que sean nuestros enemigos. Adelante y a votar.
Desde hace 10 años, momento en que escuché por primera vez la palabra «Linux» y comprendí sus ventajas y desventajas, he estado intentando trabajar con uno de los múltiples sistemas operativos que componen su vasto ecosistema. En dos oportunidades instalé en mi computador de escritorio, el popular sistema operativo de Canonical basado en Debian, Ubuntu, pero en ambas oportunidades me vi en la obligación de regresar al sistema operativo de Microsoft en vista de la complejidad intrínseca con el sistema y a la poca colaboración de esa comunidad, que en las oportunidades en que quise preguntar y hablar sobre el tema lo único que recibí fue insultos.
Desde entonces, y en parte debido a la pésima experiencia tanto con el sistema como con la comunidad, no había vuelto a contemplar la idea de utilizar un sistema del ecosistema Linux. Cabe aclarar que desde hace casi 3 años soy usuario de Android de Google, que algunos consideran parte de ese ecosistema, pero en otro post dejé perfectamente claro que Android tiene de Linux, lo que los latinos tenemos de españoles… es decir, nada que sea en realidad importante.
Pero hace un par de semanas, decidí reconsiderar utilizar un sistema operativo «libre» para el viejo computador de escritorio que aún poseemos en casa. El computador, como muchos de los computadores clones de hace un par de años, suele tener problemas con la capacidad a la que los somete su conexión de red, lo cuál se traduce en que constantemente se «traba» o se «bloquea», llegando a un punto en que solía apagarse por completo. La cuestión empeoró cuando por alguna razón, un adware se filtró en el sistema lo que dificultaba el trabajo en el equipo. Era hora de considerar un cambio de sistema operativo.
La opción fácil era formatear el sistema y volver a instalar Windows, pero eso requeriría comprarlo o instalarlo sin los debidos permisos, lo cuál lo volvería extremadamente vulnerable. La opción difícil era instalar yo mismo un sistema operativo libre. El primero que descargué para prueba fue Ubuntu, sin embargo quería tener una opción, así que empecé a leer sobre Edubuntu, Kubuntu, Linux Mint, Fedora, OpenSuse y otras distribuciones, pero la que me llamó más la atención luego de leer varias reseñas fue Elementary OS.
El primer paso para instalar un sistema operativo de estos, es probarlo. Teniendo en cuenta que el equipo carece de reproductor de CD/DVD, fue necesario crear la .iso (imagen) en una memoria USB.
1) Descargar imágenes: Como primera medida se deben descargar las imágenes (.iso) del sistema operativo. Yo descargué tanto la de Elementary OS, como la de Ubuntu.
2) Crear una memoria USB para probar / instalar el sistema operativo desde Windows: En vista de que mi equipo, como ya lo dije, no tiene unidad de CD, fue necesario utilizar memorias USB. Esto es útil también para dispositivos como las notebooks. Para esto se utiliza un pequeño programa llamado Pen Drive Linux. Este es un .exe que se ejecuta directamente y no a través del sistema por lo que en realidad nunca se instala y no es necesario tener derechos de administrador. Pen Drive Linux crea la imagen en la memoria USB, para Elementary OS basta con una de 1GB de capacidad, mientras que para Ubuntu es necesaria una de más de 2GB.
3) Probar el sistema: Para probar el sistema es necesario reiniciar el computador e inicializarlo desde la USB. Algunos equipos tienen esta característica por defecto, pero para otros es necesario ajustar la confuguración de la BIOS, que se logra presionando ESC o una tecla de función como F1 o F6, allí hay que buscar la palabra «boot» y seleccionar USB. Una vez el computador se ha reiniciado desde la USB, estamos en la versión de prueba. Vi la versión de Ubuntu y me pareció igual que la de hace varios años, en cambio la Elementary OS me pareció novedosa y elegante. Algo que me gustó es que estas versiones de prueba pueden acceder a WiFi sin ningún problema, no como hace años. Ahora todo era cuestión de instalar.
4) Instalación: La instalación de Elementary OS requiere de una conexión a Internet de preferencia con un cable de Ethernet y de cierta capacidad de memoria, en caso que lo vaya a compartir con Windows. En mi caso decidí borrar Windows por completo y dejar sólo el nuevo sistema operativo. El instalador es bastante intuitivo y rápido, y está disponible en inglés, español y mucho idiomas más. Algo que me agradó bastante es que pregunta SI el usuario autoriza a instalar software de propietario, lo cuál es un alivio, puesto que muchos de los codecs y drivers que se requieren para cosas tan elementales como escuchar música y conectarse a Internet, son de este tipo. Luego de unos minutos, voilá: el sistema está listo para ser usado.
5) Reconocimiento: Y luego de la instalación, es hora de explorar. Es impresionante lo limpio y elegante que Elementary OS puede ser, incluso el número de programas que vienen preinstalados son muy escasos dejando al usuario la posibilidad de adapatarlo a su mejor gusto. Los programas que vienen por default son:
Pantheon Greeter, que se encarga del manejo de sesiones de usuario. Además de un reloj-calendario, tiene la particularidad que cambia de apariencia, de acuerdo con el fondo de escritorio elegido por cada usuario.
Pantheon Greeter
Wingpanel, que es la barra superior que aparece al inciar sesión; tiene, además de la hora y la fecha, el acceso a las aplicaciones, el sonido, la conexión a Internet, los mensajes y el control de sesiones.
Slingshot, que permite la visualización de aplicaciones desde Wingpanel.
Slingshot, la barra negra de arriba es Wingpanel.
Plank, que es el dock o lanzador (odio esa palabra) de aplicaciones con un parecido interesante al de iOS.
La barra inferior, que se oculta automáticamente, es Plank, el lanzador de aplicaciones .
Switchboard, que es el programa encargada de controlar la configuración del sistema.
Midori, que es un navegador básico, funcional, pero que realmente no le ve una a Mozilla Firefox o Chrome.
Geary, que es el programa de manejo de correos electrónicos. Para aquellos que no lo sepan, hay formas de revisar correo electrónico que no involucran entrar a un navegador. El usuario agrega su cuenta y su clave en Geary y tendrá acceso a sus mensajes en tiempo real.
Calendar, que es el calendario que viene por defecto. (Es tan obvio).
Music, que es el reproductor de música, que también tiene un parecido interesante con iTunes.
Scratch, que es un sencillo procesador de texto, para tareas básicas como la toma de notas.
Pantheon Terminal, que es una re-imaginación del viejo terminal Linux, con el plus que tiene un efecto transparente, que es sensacional.
El terminal de Elementary OS tiene un efecto de transparencia.
Pantheon Files, que es el programa encargado del manejo de carpetas y archivos.
En conclusión, Elementary OS es uno de los mejores sistemas operativos, no sólo de Linux, sino de todo el mercado y bien vale la pena darle una oportunidad. Quien quita y le quede gustando tanto, que no sienta la tentación de volver nuevamente a Windows.
No creo que los ejecutivos de Warner Bros alcancen a entender bien el mal que lanzaron al mundo en 2001. En ese año se les ocurrió la idea de llevar al cine al famoso y controvertido mago de la misteriosa cicatriz en la frente. El asunto no habría pasado a mayores, de no ser porque la película que mostraba a Harry Potter por primera vez en la pantalla grande, no sólo igualó en popularidad al libro en el que se basó, sino que la superó con creces, alimentando la ya efervescente locura por los libros de J.K. Rowling. Al ver las crecientes montañas de dinero que hacían Harry, Ron y Hermione con cada película, los ejecutivos de todos los estudios entraron en un shock emocional que perdura a nuestros días, en el que (según cuentan las malas lenguas) recorren sus oficinas gritando a voz en cuello «¡FRANQUICIAS, QUIERO FRANQUICIAS!.
Pero ¿Qué es una franquicia? Una franquicia es sencillamente una serie de películas que se extiende más allá del límite natural en el cine, que es una trilogía. Por lo general, 3 entregas de una película son más que suficientes y en ocasiones son hasta demasiadas, como bien lo demostraron las franquicias de Rocky y Rambo por allá en los 70-80-90. (Gracias Sylvester Stallone.) Pero como todas las modas, siempre van y vuelven y con el super éxito de las OCHO películas de Harry Potter, las franquicias vuelven a vivir su época dorada.
Y no es sólo que Crepúsculo y Los Juegos del Hambre hayan decido alargar sin necesidad sus frívolas versiones en el cine, con una película más que en sus libros originales. Rápido y Furioso (que entra a su SÉPTIMA entrega), James Bond, Transformers, El Hobbit, Los Super Héroes Marvel y Piratas del Caribe (que se resiste a morir) son sólo ejemplos de estas franquicias que los estudios atiborran de dinero de publicidad para tener el margen de utilidad seguro. Y con 300: Rise of an Empire (300: El Origen de un Imperio), las cosas van por el mismo camino.
Basada en una novela gráfica de Frank Miller (que nadie ha visto), 300: Rise of an Empire, si bien se puede decir que está en la misma vibra de la original 300… como dice un popular dicho colombiano «le falta mucho pelo pa’l moño». En primer lugar a Sullivan Stapleton (Temístocles) le quedó grande la tarea de llenar el vacío de Gerard Butler, por lo cuál hay una ausencia de héroes que Lena Heady apenas si logra suplir en los pocos momentos en que aparece en pantalla. La película transcurre antes, durante y después de los eventos de 300, en un paralelismo que haría morir de la envidia a los productores de la franquicia de terror SAW (sí, otra). Pero ese paralelismo pasa factura en el momento en que Lena Heady aparece y no se ven tan fresca y rozagante como en 2006 y cuando el jorobado traidor de Efialtes ni se parece al que salió en la película anterior.
Comparado con otros aspectos de la película, a Rodrigo Santoro no le fue tan mal.
Para colmo de males, metieron dos lineas de drama dignas de un capítulo de «Grey’s Anatomy«: Primera, la del padre que aún no está preparado para estar orgulloso de su hijo (meh) y segunda la de «te odio tanto que te amo» que encarnaron los personaje de Stapleton y Eva Green (Artemisia). Pero lo peor del asunto es que dejaron la trama abierta para hacer más películas. Es aquí donde me pregunto ¿era necesario dañar el legado de una película como 300 sólo para que el estudio pudiera ganarse otra montaña de dinero?
PD: La película no es mala, de hecho es entretenida (hasta con porno suave y todo), pero hasta allí. No hay trascendencia.