«Elysium» y Otras Películas Pretenciosas.

Matt Damon hace un buen trabajo en Elysium, pero…

Este artículo se va a ganar el premio al «Más Postergado» en toda la historia de este blog. Como ya se les está volviendo costumbre,  las salas de cine de nuestro exótico país se han dedicado a maximizar ganancias dejando por meses las mismas películas para niños malcriados y para adolescentes inmaduros, en lugar de traer las cintas de estreno a tiempo, y ese es precisamente el caso de «Elysium», que habiendose estrenado a principios de Agosto en Estados Unidos, termina exhibiéndose en Colombia casi dos meses después. Y teniendo en cuenta que la vi hace casi quince días en formato iMAX y no había tenido tiempo de escribir nada por mis múltiples ocupaciones (quién me oyera…) dicho premio mencionado al inicio es más que merecido.

Haciendo uso de una traducción cruda, el mejor adjetivo que se me ocurre para calificar a «Elysium» es «pretenciosa». Aunque me parece más justo decir que es una película wannabe y así no se perdería nada en la traducción. En algunas críticas que he tenido el gusto de leer, luego de ver la cinta, algunos la clasifican como una cinta de ciencia ficción, otros como un drama de suspenso, otros como un filme de acción y algunos hasta la han calificado de melodramática. Tanta multitud de opiniones es justificada teniendo en cuenta que todos esos elementos se encuentran presentes en la película protagonizada por Matt Damon y Jodie Foster, pero no es del todo correcta.

En realidad «Elysium» es un rompecabezas narrativo que debió sacarle canas verdes hasta a los más experimentados criticos de cine a la hora de clasificarla. A mi modo de ver las cosas, es una película inclasificable dentro de los géneros conocidos y habría que inventarse uno nuevo para catalogarla, seguramente un género que aparecería dentro de la ya abultada baraja de opciones de los Razzies.

«Elysium» pretende ser una gran película, de esas que conmueve al espectador con un sinnúmero de temas como la división de clases, la preservación del medio ambiente, la sobrepoblación, los fenómenos de migración y el acceso a la salud, enmarcados en un trama llena de acción y suspenso y con un villano demasiado caracterizado para mi gusto. La multitud de elementos que componen a «Elysium» hace que la trama avance a trompicones, con soluciones de última hora (Deus Ex Machina) y con situaciones inverosímiles.

Jodie Foster con una actuación impecable, como siempre, pero…

Max Da Costa (Damon) vive en una tierra que luego de centurias de contaminación y sobrepoblación termina por parecerse a los peores barrios de la periferia de la Ciudad de México, Bogotá o Rio de Janeiro. Las motivaciones de Da Costa están centradas en salvarse a sí mismo y a la hija del amor de su vida, con unos aparatos llamados Med-Bays que prácticamente lo curan todo y que están disponibles únicamente en una estación espacial demasiado parecida a Bel-Air, llamada (oh sorpresa) Elysium. Técnicamente en Elysium viven los seres humanos más acaudalados del universo, y aunque controlan y gobiernan la tierra, no aceptan nuevos ciudadanos provenientes de allí.  El drama de suspenso está a cargo de Jodie Foster quien interpreta a Jessica Delacourt, la Secretaria de Defensa de Elysium y quien representa la rígida posición conservador en contra de cualquier contaminación externa dentro de Elysium. Delacourt planea tomar el poder mediante un golpe de estado tecnológico, mismo que fracasa cuando el programa diseñado para hacerlo termina en la mente de Max Da Costa. Con el fin de recuperarlo, Delacourt llama a un agente repudiado en Elysium y que vive encubierto en la tierra, Kruger (Sharlto Copley) con el fin de llevar a Max hasta la estación. Las cosas se complican cuando Kruger involucra a Frey (la novia de toda la vida de Da Costa) y a su hija moribunda.

Un villano con acento europeo, con barba, armadura, y un arma no convencional…

Hay que reconocer los elementos positivos de la cinta. Logra hacer una crítica excelente a los problemas más polémicos de la humanidad en estos momentos, Jodie Foster y Damon personifican de manera magistral a sus personajes y la fotografía es de buena calidad, pero el «elemento Kruger», creado seguramente para garantizar las secuencias de acción (y por tanto al público masculino adolescente), es lo que desequilibra por completo la película. Además que es un villano mediocre, sin motivaciones, más que la esquizofrenia y la locura, el actor que lo encarna hace un pésimo trabajo, sobreactuandose en cada escena. El mismo argumento de la cinta se distorsiona cuando aparece dicho personaje, echando a perder lo que de otra manera hubiese sido una excelente propuesta cinematográfica. Pretendieron crear un villano memorable y terminaron dañando toda la película. Así mismo Alice Braga es una mujer hermosísima y todo lo que se le quiera poner, pero Victoria Ruffo hubiese podido hacer el mismo papel y hasta mejor, ya que sólo es llorar y llorar y lamentarse por la enfermedad de la niña y de lo que sería capaz de hacer para lograrlo.

¿Vale la pena verla? Sí, pero de preferencia cuando salga en BlueRay y usted pueda adelantar todas las escenas donde sale el tal Kruger y de paso también el muro de lamentaciones del personaje de Braga. No siendo más por ahora…

Calificación: 2.99/5.00

Cazadores de Sombras, Ciudad de Hueso: Libro vs Película.

¿Quién diría que el mercado de novelas fantásticas para adolescentes y adultos inmaduros, mal llamadas «young-adults fantasy» estuviera tan al alza? Y es que después de Twilight, Eragon, Percy Jackson, Beautiful Creatures, etc, etc, etc… parece que los editores han encontrado finalmente la gallinita de los huevos de oro que hace que hasta los más reacios se sienten a leer las aventuras inverosímiles y superficiales de algún tonto de cualquier género que de repente se da cuenta que detrás del mundo normal y corriente en el que vive (y en el que es un perdedor), existe otro mundo, uno fantástico, que da la gran casualidad es exactamente lo que este personaje completamente aburrido, necesita para vivir una vida plena. Y Cazadores de Sombras (The Mortal Instruments)) en su primera entrega titulada Ciudad de Hueso (City of Bones) no se salva de la misma formula cuadriculada y aburrida. Y mucho menos se salva de que la llevaran a la pantalla grande, pero curiosamente en una extraña inversión de lo usual, en este caso diríamos que la película le hizo un enorme favor al libro.

Tanto el libro como la película siguen la historia de Clarissa «Clary» Fray, una neoyorquina de 16 años, que tras la desaparición de su madre se ve enfrentada a un mundo lleno de demonios, vampiros, hombres lobos y de una extraña clase de guerreros llamada «Cazadores de Sombras» (Shadowhunters).

El libro consta de 23 capítulos y un epílogo, y está escrito casi en un 95% en tercera persona desde la perspectiva de Clary. Al igual que otras novelas como Inferno y El Código Da Vinci estos capítulos no son una unidad integral sino que parecen más colchas de retazos mal cosidas, con el evidente propósito de mantener fluida la prosa y de mantener al espectador en suspenso, pero evidentemente la escritora de esta novela o no tiene ni la más remota idea de como hacerlo, o el editor tenía demasiado afán en justificar su sueldito, porque el resultado final es espantoso.

No hay nada de original en «Ciudad de Hueso», de hecho parece una especie de Frankestein entre Harry Potter, Twilight y Buffy, la Cazavampiros. Al igual que en Potter los protagonistas pueden hacer un sinnumero de hechizos, pero la escritora seguro pasó menos de dos minutos en imaginar como cambiar la varita mágica y los hechizos verbales y los sustituyó por estelas y hechizos escritos, llamados runas. (Cuidado te ganas un Nobel de Literatura, Casandra Clare.) Al igual que en Twilight, en medio de los vampiros y los hombres lobo, hay una historia de amor, pero mientras que Stephanie Meyer se tomó su tiempo para consolidar su ahora mundialmente famoso triángulo amoroso, parece que Clare tenía mucha prisa en establecer el suyo propio.

Las novelas del llamado género «Young Adult» son tantas que hay una por cada estado de los Estados Unidos. Si tan sólo alguna fuera lo suficientemente buena.

El argumento sigue el mismo patrón de Harry Potter, aventuras mágicas tras otras, que ponen en peligro a los protagonistas, pero a diferencia de Rowling, Clare no lo hace para consolidar el argumento y la historia dirigiéndola a una conclusión satisfactoria, sino simplemente para llenar hojas y hojas de papel de manera innecesaria y la premisa de que «La magia en el corazón de Estados Unidos también existe» se diluye en imágenes ya conocidas, en donde los dragones se remplazan con motos voladoras y las hadas suplantan a los elfos.

Si no era ya suficiente con todo eso, los personajes son lo peor de este libro. Los protagonistas, los supuestos «héroes», son un cúmulo de inmadurez, malos modales y groserías, cuyo único desarrollo en 500 páginas mal contadas es el de decir de quien o de qué están enamorados. Si así son los «héroes», los villanos son mucho peor, pero no por lo malvados, sino por su poco antagonismo y participación. El mismo villano principal, solo aparece un rato al final y se vale de trucos de villana mexicana para lograr sus propósitos.

Sin duda, una muy mala elección para el sexto y último libro para este año. Pero increíblemente es la película quien logra darle un poco de aire a ese título. La cinta, sin ser exactamente una obra maestra del séptimo arte, logra en sus primeras 2/3 partes mejorar en un 150% el pobre argumento de libro, corrigiendo errores en la estructuración de la historia y en los diálogos y planteamiento de los personajes. El cambio número 1 es Clary, en el libro, la niña es sólo una inmadura niña caprichosa con un egoísmo infinito a pesar de que su madre está desaparecida. Sus actos de «heroismo» a lo largo de la película se concentran más en salvar a las personas que la definen a ella como ser humano, que en un acto de desinterés y ella mismo lo dice frecuentemente. En la película Lily Collins logra darle una sencillez y una inocencia delicada absolutamente encantadora. Jamie Campbell, que es el opuesto masculino de Clary, el cazador de sombras, Jace Wayland, le imprime humor y carisma a un personaje que en el libro hace ver Dolores Umbridge como una princesa Disney.

Lamentablemente en la última parte de la película, el argumento del libro no da para mucho, y se nota cierto desorden que por ratos carece de sentido y de lógica, pero en términos generales digamos que logra sacar a flote un giro final que ni en María la del Barrio se atreverían a incluir. Definitivamente la película logra maravillas con un libro que es malo con ganas. Así que sientase libre de ver únicamente la película, con todo y secuelas, sin sentir si quiera la necesidad de tocar el libro. Al menos la película tiene banda sonora.

Libro 6/6 para 2013 (Fuck yeah!)

Calificación de la película: 3.75/5.00

 

Sobre La «Megalopolitis» y Otros Delirios De Grandeza.

Megalopolitis: (f. Med) Enfermedad epidémica aguda, acompañada de manifestaciones variadas como perdida de la memoria, alucinaciones, alharacas y ceguera. 

jajajajajaja
Una persona normal ve un tren bala japonés, un enfermo de megalopolitis pelea con quien sea para demostrar que este es el articulado que pasa cerca a su casa.

Al la gran mayoría nos gusta hablar bien de nuestra ciudad, pueblo o población de origen.

Es natural.

Después de todo las coordenadas geográficas que engloban el lugar donde alguien nace, crece y/o se reproduce son una parte definitiva en la construcción de su psique y es por eso que nos sentimos orgullosos cuando alguien habla bien de nuestro vividero y nos enfadamos cuando alguien trata de enlodarlo. Hasta allí estamos en el terreno de lo normal. Sin embargo, en Colombia, nuestro gran país del Sagrado Corazón de Jesús, el afán de diferenciarse y sentirse superior por algo tan frívolo y superficial como el lugar de expedición que aparece en la cédula ha hecho que se propague una nueva enfermedad infecto-contagiosa, que a pesar de no ser mortal, pone en grave riesgo de hacer el ridículo a todo aquel que la posee:  la megalopolitis.

Y es que hasta la Organización Mundial de la Salud está tomando medidas al respecto. No quiera Dios que se convierta en pandemia y afecte a todo el mundo.

Aquellos pobres infelices que sufren de la megalopolitis inicia con un serio cuadro clínico que tiene como primer síntoma la amnesia; sí se les olvida que nacieron en un país del tercer mundo y hablan como su hubiesen nacido en la costa azul francesa, los fiordos noruegos, los valles suizos o en Tokyo/Osaka/Nagoya (sí, como no) … y les encanta utilizar adjetivos como «montuno», «campesino», «corroncho» y la mejor de todas «provinciano» a modo de ofensa, tenga o no tenga claro el lugar de origen del ofendido y sin sentarse a pensar por un momento (demasiado pedir) que su ciudad seguramente está en una de esas listas de «las más peligrosas» o «las más inseguras» o «las más contaminadas» del Planeta Tierra y sus alrededores (¡que orgullo!).

Hasta este punto, la enfermedad es curable, después de todo uno que otro insulto xenophobo lanzado en un momento de ira no implica ninguna alteración en el estado mental de una persona, aunque sí una ignorancia que haría ver a Amparo Grisales como una Nobel de Física en comparación. Sin embargo, la siguiente etapa de la enfermedad es mucho más seria y peligrosa… y es cuando el enfermo empieza a creer lo que dice.

El primer síntoma de los megalopolicos es que creen que viven aquí. Ilusos.

La megalopolitis entra en su fase aguda cuando el enfermo empieza a convencerse de que su ciudad es la quintaesencia del desarrollo urbano mundial, y empieza a ver trenes balas donde hay buses articulados; autopistas de 12 carriles donde hay callejones llenos de huecos y góndolas venecianas dónde sólo hay arroyos y aguas estancadas; es en esta fase cuando el infectado empieza a utilizar ciertos términos como «distrital» o «metropolitano» en todo lo que admita esos adjetivos para intentar convencer a propios y extraños de que su alucinación es real y de que viven en una gran urbe llena de rascacielos y proezas arquitectónicas, llamadas a ser patrimonio de la humanidad y hasta de seres de otros planetas. Al paciente le resulta increíble que haya gente en algún rincón del planeta que no haya escuchado hablar de su ciudad y para evitar semejante desproporción pasa subiendo fotos en Skycrapercity y mencionando a su ciudad en cada tweet, estado de facebook y post de Google+ que se le ocurra. Pero si usted cree que el paciente no puede empeorar, se equivoca, existe una etapa aún peor.

En la última etapa de esta espantosa enfermedad, el paciente pierde la visión, o al menos eso se sospecha, puesto que sólo así se explica que sigan y sigan sosteniendo, diciendo y afirmando que viven en la megalópolis más grande y moderna del mundo, cuando a cada rato ven en todos los rincones de la mismas las pruebas fehacientes de su sempiterno atrofiamiento urbano. Es así como el enfermo termina por señalar que todas las fotos y todos los vídeos de trancones, tugurios, arroyos, inundaciones, huecos, atracos, motines, estampidas, vandalismo, grafitis, pandillas, (etc, etc, etc… )  tomados en su ciudad, no son el producto de la oscura realidad urbana en la que viven, sino una campaña de enemigos invisibles que quieren manchar el buen nombre de su preciado terruño que tan alto ha llegado (dicen ellos) por cuenta de premios inventados y eventos comprados a costillas de los bobos contribuyentes que dejan de comer un mes para pagar el impuesto predial o la valorización.

Esta imagen es de una de las ciudades más grandes del mundo ¿Estaría orgulloso de haber nacido allí?

Muy lejos están estos individuos de comprender que lo que hace a una ciudad no es el sentimiento regionalista de algunos de sus habitantes sino la visión que tenga de sí misma a futuro, sustentada por un crecimiento planificado, donde prime el bienestar de sus ciudadanos como un todo y no la retórica inútil del acalde o alcaldesa de turno, que dice que hay que «construir la ciudad de cero» para respaldar sus aspiraciones politiqueras. Quiera Dios que la megalopolitis no se convierta en pandemia, que los enfermos se curen y que llegue el día en que Colombia, como en muchos otros países del mundo, se construyan verdaderas ciudades y no desórdenes urbanos como los que existen hoy en día.

¿El Uribismo En Crisis?

El anuncio del ex-presidente Álvaro Uribe Velez de lanzarse nuevamente a la arena política, esta vez como candidato al Senado de la República, ha sido tomado como una excelente noticia por parte de varios sectores de la opinión pública, pero podría no ser tan buen presagio como auguran algunos.

¿Es la candidatura del Uribe al senado una jugada desperada?

Compartiendo muchas de las ideas del ex-presidente Uribe, sobre todo en lo referente a la posición frente a la guerrilla y la seguridad democrática, yo podría ser fácilmente catalogado como uribista, pero ni siquiera este rótulo me impide ver lo que algunos triunfalistas pasan por alto y es que el uribismo está en crisis. El uribismo está hundiéndose lentamente en un cruel marasmo político víctima de un serio déficit de liderazgo; y es que fuera del mismo Uribe, esta colectividad está prácticamente acéfala.

Muy lejos quedaron aquellos tiempos en que los destinos del uribismo parecía tener continuidad con Juan Manuel Santos y Germán Vargas Lleras como paladines dentro de el entonces popularísimo movimiento. No pasó mucho tiempo en que estos herederos «naturales» como se les llamó alguna vez se salieran de la sombrilla del uribismo demostrando que sólo habían estado al lado del presidente Uribe para beneficiarse del caudal político y de la popularidad del mandatario, tanto que una vez alcanzaron el poder se pasaron a defender las tesis opuestas a las del ex-presidente. Si ha habido oportunistas en la historia de la politiquería   política en Colombia han sido esos dos. Pero mucho me temo que la lista es más larga de lo que se creía.

Francisco Santos, Oscar Iván Zuluaga, Luis Alfredo Ramos (preso) y Carlos Holmes son los candidatos que más «suenan» para una consulta popular dentro del movimiento (que ni siquiera ha sido avalado) y precisamente por lo que se caracterizan todos ellos es por una falta de carisma, de presencia, de liderazgo que resulta inusual, más cuando por lo general salen a dar declaraciones después que Uribe se ha manifestado (no sin polémica) sobre diversos asuntos, por lo general en Twitter. Hace casi 4 años advertí de los peligros que implicaba elegir a Juan Manuel Santos como presidente y hoy nuevamente pongo en tela de juicio la lealtad de estos nuevos candidatos, por las misma razón: una vez que estén en el poder desecharán a Uribe tal y como Vargas Lleras y Santos lo hicieron.

¿Se puede confiar en alguno de ellos?

¿Se quedó sin opciones el uribismo entonces? No, pero irónicamente esas opciones NO están dentro del Centro Democrático, están en el partido conservador. Marta Lucía Ramirez (ex-Ministra de defensa) y José Felix Lafaurie (Presidente de Fedegan) tienen todo lo que le falta a los candidatos del CD, tienen presencia, iniciativa, carisma y sobre todo tiene una gran cercanía ideológica con el presidente Uribe, que evidentemente no es meramente convenenciera, como si se podría decir de los otros.

Es ese marasmo y falta de liderazgo dentro de sus propios toldas lo que ha forzado a Uribe a lanzarse al Senado, lo cuál parece una jugada desesperada. A Uribe no le esperan flores en el congreso y mucho me temo que diversos actores de la política nacional lo van a utilizar como chivo expiatorio y cortina de humo, para que al final nadie sea culpable de nada y Uribe sea el culpable de todo. Aún así, no quedaban muchas opciones. Unos resultados adversos en las elecciones de senado y presidencia serían el fin del uribismo y en consecuencia el fortalecimiento de otras posiciones apaciguadoras, favorables a los intereses de la guerrilla y de países extranjeros que podrían poner en riesgo la soberanía y la integridad territorial de nuestro país. ¿Qué queda por hacer entonces? Esperar que los conservadores y el Centro Democrático firmen una alianza y que entre las dos colectividades saquen un candidato fuerte que, confiando en la sabiduría del pueblo colombiano, logre la tan anhelada silla presidencial en el Palacio de Nariño.

¿Estará la respuesta por estos lados? Muy probablemente.

10 Razones Para No Ver «El Ataque» (White House Down)

Llegó el mes del Amor y la Amistad y con él, los regalos prefabricados en los supermercados, las promociones de chocolates vencidos, la ropa defectuosa empacada en papel celofán y por supuesto no podían faltar las películas donde Estados Unidos es víctima de una espeluznante tragedia que un sólo hombre logra controlar.  Y es allí donde llega Ronald Emmerich con una cinta dónde la Casa Blanca es atacada y tomada por criminales, y donde un tonto con un arma los derrota a todos y se convierte en héroe, ¿el nombre de la cinta? White House Down (jamás confundir con Black Hawk Down, aunque suene parecido) o como la llamaron en español «El Ataque», aunque después de ver la película no me queda claro si el ataque al que refiere el título de la película es el ataque a la Casa Presidencial de los Estados Unidos, o al ataque de aburrimiento del espectador viendo la cinta. En cualquier caso, mi regalo de Amor y Amistad para todos ustedes son 10 razones para que guarden la platica que pensaban invertir en la entrada y hagan un mejor uso de ella, como por ejemplo, comprando el baloto o votando por los participantes de algún reality, pero bueno menos charla y más acción; he aquí 10 razones para no ver «El Ataque» (White House Down).

10.  Olympus Has Fallen

Teniendo en cuenta que ya este año vimos una película de criminales tomándose la Casa Blanca ¿para qué ver otra que trata de lo mismo? Bien, podría pensar usted, habría que darle el beneficio de la duda a White House Down ¿no? No, no le de el más mínimo beneficio de la duda, aún con todos los clichés tomados de «Duro de Matar» en Olympus Has Fallen, sigue siendo una mejor visión, mucho más estructurada y completa que la de White House Down, así que quedese con «Olympus», créame que no se va a arrepentir.

9.  Maggie Gyllenhaal

Se supone que White House Down es una película de alto presupuesto, pero viendo algunas de sus embarradas, como incluir a Maggie Gyllenhaal en el elenco, me queda la duda de en que fue que invirtieron esa platica, a menos que la película haya sido una concesión hecha a los Nule, no entiendo como se ve tan pobre, incluso comparada con Olympus Has Fallen que tiene un presupuesto menor. Maggie Gyllenhaal dizque es buena actriz, pero hay algo que le falta y es muy simple: presencia. Meryl Streep y Julia Roberts, que son los referentes femeninos de la industria filmica, además de tener talento, se han mantenido muy bellas, Gyllenhall, por otro lado parece que su hubiese peleado con el espejo o con el peluquero o algo, sólo así se concibe que una mujer de su edad se vea tan descuidada. Una pésima elección como contrapeso a una película donde el 99% del elenco son hombres.

8.  Larguísima.

Si usted ya compró la entrada para «White House Down», llévese su smartphone, unos naipes o un juego de parqués, porque en las dos horas y media que dura la cinta da tiempo para todo. La edición es pobre, y parece que en en vez de quitarle escenas innecesarias, decidieron agregarle más. Que flojera.

7.  Los Diálogos.

Empezando, con que hay una escena de Tatum hablando con una ardilla, usted puede calcular la calidad de los diálogos de la película…

6.  Los créditos.

¿En qué clase de mundo Jamie Foxx tiene el segundo crédito detrás de Channing Tatum? Si el ganador del Oscar tiene menos importancia que un bailarín de danzas «exóticas», no es una película que usted se quiera ver. Créame. Pero bueno, Foxx se lo merece por meterse en esta estúpida película.

5. El Argumento.

Si los primeros 30 minutos de la película son aburridísmos con cero acción y nada de drama, las siguientes dos horas parecen la programación de Inravisión antes de 1999, la repetición de la repetidera. Tatum golpeando cinco sujetos a la vez, un loco hackeando un computador, unos locos derribando helicópteros en el techo de la Casa Blanca, Joey King llorando, Jamie Foxx actuando como tonto, un tonto diciendo que los Estados Unidos pagarán por todo, luego repetir desde el inicio,…esa es la fórmula de la película. Al final todo se resuelve en cinco minutos.

4. Los Villanos.

En esta película hay muchos villanos, pero curiosamente todos son malísimos, pero no en el sentido de que sean crueles o depravados, sino en el sentido de que hasta da pereza verlos en pantalla. Y mucho más cuando un tonto desarmado logra derrotarlos a todos al final. Creo que el Guasón se equivocó de enemigo y debe ir a Nueva York a luchar contra John Cale, al menos dará más batalla que Batman.

3. ¿Dónde está Bruce Willis?

¿Un montón de delincuentes se toma un edificio en una película y  Bruce Willis no está en ella? No, que tal, devuélvanme mi plata.

2. Efectos Especiales.

Los efectos especiales de esta película son tan malos que parece una parece de esas que pasan en la mañana por Space… las explosiones, los aviones, los helicópteros y hasta la misma Casa Blanca parecen hechos en Paint. Parece película de 1998 ¿O es que nadie le dijo a Emmerich que la tecnología ha avanzado en 15 años?

1. Channing Tatum

La prinicipal razón para no ver «El Ataque» es su actor principal, título que le queda muy grande a Channing Tatum, y es que viéndolo hacer el ridículo en pantalla me pregunto ¿De dónde fue que sacaron a este tonto? ¿Con quién se acuesta para conseguir estos papeles? Tatum no tiene el nivel para una película de este tamaño, es un pésimo actor que hace el mismo papel en todas las películas, no propone, no se arriesga, no matiza a sus personajes, nada… el man cree que con recitar los textos y mostrar su carita de gigoló amanecido en pantalla es suficiente. Error, Tatum, error.  Al menos me queda la experiencia y lo pensaré más de dos veces antes de comprar entradas para una película que tenga a este sujeto en su elenco.

Ahora, si después de leer estas 10 razones decide ir a ver «El Ataque» hágalo bajo su propia cuenta y riesgo.

Calificación 1.20 /5.00