100.000’000.000 De Razones Para Querer Ganarse El Baloto.

La pregunta no es tanto «¿Qué haría con 100.000’000.000 de pesos?» sino «¿Por qué querría yo ganármelos?»

El acumulado del Baloto, la única lotería exitosa del país, ha puesto a soñar a un país que se debate entre el salario mínimo, los prestamos al gota a gota y la tarjeta Éxito. La pregunta que todos nos hacemos, a nosotros mismos y a todo aquel con el que se comparte la noticia es ¿Qué harías con 100.000 Millones de pesos? Las respuestas casi siempre inician con «le compro la casita a mi mamá» o «le regalo un carro a todos mis amigos» o «me largo de este cutre país para siempre». Pero personalmente creo que la pregunta está mal formulada, evidentemente 100.000 millones de pesos son suficientes para hacer literalmente lo que a uno le de la gana, pero como muy bien lo han dicho los expertos de los deplorables noticieros colombianos, es más probable que Ricky Martin se vuelva heterosexual, que usted se gane el baloto, usted sólo.

Se rumora que así están las filas para comprar el baloto.

La pregunta que yo me haría es ¿Por que quiero ganarme el baloto? Evidentemente la primera razón es porque tendría algo menos de que preocuparme, tal y como lo dijo el gran filósofo Forrest Gump. Segundo por qué podría preocuparme de las cosas que en realidad quiero hacer: viajar y escribir. Podría dedicarme por completo a las grandes pasiones de mi vida, sin tener que estar preocupado por el cómo y el con qué. Básicamente esas son las principales razones, claro además de las más lógicas como querer colaborar y ayudarle a las personas realmente cercanas a mi. Eso creo que está fuera de toda discusión.

Pero aunque sería evidentemente un sueño maravilloso poder ganar tanto dinero, también sería un tanto extraño conseguir todo lo que uno ha soñado y anhelado con tanta ansiedad, con el simple esfuerzo de comprar un número. Es un dicho muy conocido que lo importante no es llegar, sino saber llegar. Los seres humanos estamos hechos para valorar aquello que más esfuerzo nos ha costado conseguir, ya sea un apartamento en la quinta avenida, o un cuerpo para lucir en playa, o sencillamente a un amigo que creías perdido. Sí sería raro, pero bajo ningún concepto, indeseable.

Pero teniendo eso en mente, en definitiva, en un país donde es tan difícil ese camino para conseguir las cosas más elementales de supervivencia mínima, ganar 100.000 millones de pesos , así sea en compañía de otros 20 jugadores más, es lo mejor que le podría pasar al colombiano promedio, es decir a usted o yo.

Y usted ¿Por qué querría ganarse el Baloto?

Si de verdad se quiere ganar el baloto, empiece a mentalizarse, si logra su sueño se convertirá en un nuevo rico.

De Los Noticieros Colombianos y Otras Telenovelas.

Casi 15 años después de la aparición de los canales privados, sus noticieros han perdido la objetividad y han optado por el sensacionalismo y la populachería sin límites.

Noticias RCN, uno de los noticieros más criticados en el país, por su falta de objetividad.

1998, cuando se empezaron a promocionar los canales privados en Colombia, aún en sus señales en prueba, una de la banderas que acompañaba su promoción era la de los noticieros. En efecto, los canales privados ya NO tendrían la molesta restricción de 30 o 35 minutos por emisión, puesto que podían arreglar su parrilla, prácticamente como les diera la gana.

Pero en esos primeros años, muy poco fue lo que cambió de los noticieros que veíamos ya en los canales públicos. Mantuvieron 4 emisiones diarias, en el mismo patrón de los canales públicos (7am, 12:30pm, 7pm y 9:30 pm) con ciertas extensiones en la emisión de la mañana y la del mediodía y manteniendo muy estricto el tiempo de los noticieros de la noche. En aquellos tiempos la linea editorial de aquellos noticieros era clara. En la mitad del peor momento de la guerra en Colombia, es muy fácil recordar a los periodistas cubriendo el fin de la zona de distensión, el espanto de las pescas milagrosas y los campos de concentración de secuestrados de la guerrilla, con la máxima objetividad que permitía ser parte de un negocio, no de un servicio público.

Poco después, las cosas empezaron a cambiar, no sólo los noticieros se empezaron a extender demasiado (el noticiero del mediodía hubo un tiempo que se acababa a las 3) sino que empezaron los primeros chascos: dentro de la estructura de los noticieros se empezaron a vender como noticias los mismo productos de los canales. Así como nos acostumbramos a ver como hechos históricos el estreno de la novela de las 8, o del reality de las nueve o del narcoseriado de las 10.

Pero hasta ahí, las cosas no son tan oscuras, lo que si es preocupante  es todo lo que siguió después. Las lineas editoriales de los noticieros se transformaron en verdaderas posiciones políticas, en algunos casos tan apasionadas que no quedaba lugar a duda de que con el fin de mostrar las cosas como ellos querían (y quieren) que el público las vea, son capaces de distorsionar la verdad, si es que no se arriesgan definitivamente a mentir del todo. Eso sucedió en el gobierno de Uribe y sí, aunque soy uribista y defiendo la posición del ex-presidente, tampoco soy ciego al hecho de que los noticieros de los canales privados (especialmente el de RCN) estaban definitivamente parcializados.

Pero no sólo de política, muertos, goles y tetas se puede alimentar un noticiero de dos horas y media y eso lo saben muy bien en las emisiones de la mañana y el medio día. Estos noticieros tienen esparcidos por todo el país un montón de periodistas (o debería decir sabuesos) a la espera de la más mínima nota que pueda causar conmoción para alimentar el morbo malsano del grueso de los espectadores.

La nómina de nuestros noticieros deja mucho que desear.

Es así como asesinatos macabros, que hasta hace años hubiesen sonrojado a los lectores de crónica roja, aparecen felizmente como noticia de entrada de estas emisiones, y claro, no desde una perspectiva sana e informativa, sino desde una perspectiva críticona (no crítica) y santurrona que parece sugerir que ellos tienen la verdad y la moral absoluta y el resto de la humanidad les debe pleitesía. Que blasfemia.

Es así como han armado un escándalo de proporciones bíblicas porque una profesora pellizco a un niño, porque un diputado le pegó a la hija delincuente, o porque la fiscalía se equivocó en cierto dictamen. Los noticieros ya no informan, sino que arman historias, telenovelas, con héroes y villanos, donde todo es blanco o negro y donde hay que elegir lados. Nadie se preocupó por ponerse en el lugar de la profesora, o del diputado o de tanta gente que se gana el no tan grato privilegio de caer en boca del país por cuenta de esos noticieros.

Es por esa actitud perseguidora que problemas locales pequeños se convierten en monstruos inmanejables a nivel nacional, por causa de la imprudencia de estos espacios, supuestamente periodísticos. Muy lejos han quedado los pilares del periodismo donde la objetividad y la ética son esenciales. Es por eso que ya no veo los noticieros como fuente de información, sino como entretenimiento, puro y sencillo.

No es sino ver la calidad de «profesionales» que pululan en los noticieros: médicos egresados de sólo Dios sabe que universidad de garaje; modelos con pésima reputación; expertos en todo, que no saben nada; periodistas que no investigan (todo se lo dejan a Pirry o a Manuel Teodoro) y lectores de telepronter que no conocen al país y pronuncian mal los nombres de los municipios o sencillamente se equivocan leyendo.

Igual, están tan bien hechos estos noticieros que casi nunca son aburridos, pero son eso, puro y simple entretenimiento, no información.

El Malsano Optimismo de la Paz en Colombia.

Hace algunos años pedíamos NO MAS FARC, hoy pedimos que entren al congreso de la república. ¿Qué pasó?

No voy a escribir sobre los diálogos de paz. Ni sobre Timochenko y su banda de criminales, ni sobre Santos y su equipo de sobreactuados. Mucho menos del equipo negociador, ni de Cuba, ni de Noruega, ni de Estados Unidos, ni de Chavez. No. Voy a hablar de nosotros, como pueblo… como colombianos.

Hace más de una década sucedió exactamente lo que está aconteciendo ahora, Andrés Pastrana y sus compinches en los medios de comunicación, nos vendieron la idea de que la paz era ya un hecho, que estaba a la vuelta de la esquina, que sólo teníamos que acceder a un par de puntillos con las FARC, como permitir las pescas milagrosas, cederles un territorio del tamaño de un país europeo y dejarles construir campos de concentración para los secuestrados, para que ellos accedieran a decir que también querían hacer la paz.

El júbilo se apoderó del país, los más escépticos ya hasta hablaban de construir bustos con el nombre de Tirofijo en plena Plaza de Bolivar y convocar a una nueva constituyente, que incluyera a los miembros del asesino secretariado de las FARC. Tal era el optimismo que estábamos dispuestos a perdonar décadas y décadas de sangre, de horror, de muertos, de secuestrados, de mutilados, de torturados, de cadáveres, de tomas a municipios … de miedo. Íbamos a cambiar todo eso por un poco de optimismo. Un optimismo insano basado en fantasías y no en realidades.

Todos sabemos como acabó la historia: Andrés Pastrana pasó a ser el presidente más ampliamente burlado del Planeta Tierra, tanto así que si la sonda espacial Curiosity llegara a encontrar alienígenas en Marte, estos seguramente todavía se estarían burlando de tan inepto presidente. Las FARC pasaron de ser un grupo de montoneros perdularios a uno de los ejércitos mejor dotados, abastecidos y respaldados del mundo, respaldados, por supuesto, por lo más rancio de la izquierda colombiana (Sí, Piedad Cordoba, Gustavo Petro, Ivan Cepeda …) y por nuestro querido vecino del oriente, el señor Hugo Chavez, aunque teniendo en cuenta la lengua de verdulera y los modales del presidente de Venezuela, el título de señor le queda muy grande.

Y Nosotros, los colombianos quedamos viendo el chispero más grande de la historia del universo desde el Big-Bang. Todo el optimismo se fue al suelo, junto con la popularidad de Pastrana y sólo estábamos esperando que la guerrilla se terminara de tomar el país para empezar a cambiar los pesos por los «Tirofijos»  y el nombre de República de Colombia por República Bolivariana Socialista de Colombia-EP.

Afortunadamente alguien llamó a la cordura y la década que siguió sirvió para deshacer en parte el daño irremediable que nos habían hecho Tirofijo y Pastrana con su repugnante proceso de paz en el Caguán.

Hoy, gracias a los millones de petrodólares que Chavez ha invertido en nuestras universidades públicas y privadas, millones de petródolares invertidos en los sindicatos, en la corrupta rama judicial, en los viajes y apariciones en público de los izquierdistas, el país no sólo está empezando a mirar a la guerrilla con buenos ojos (ya hasta los defienden con todo el descaro del mundo). El país se parcializó hacia el lado de la guerrilla. Somos un país ahora de pro-guerrilleros, y teniendo en cuenta que en Colombia «guerrillero» es sinónimo de asesino, ladrón, pirómano, violador, secuestrador y pedófilo, vamos por el peor camino posible.

De nuevo el país se llenó de optimismo. «Vamos a hacer la paz» algunos dicen. «No vamos a cometer los errores del pasados» señalan otros. «Las cosas han cambiado» «La guerrilla no es la misma» «El tono de Timochenko no es el mismo» … todo una procesión de frases célebres cuya única finalidad es apelar al carácter telenovelesco de nuestra idiosincrasia y convencer al país que necesitamos perdonar y olvidar lustros y lustros de horror y muerte perpetrados por la guerrilla de las FARC.

Cualquiera que sea el resultado de los dichosos procesos de paz, saldremos perdiendo. Si todo es una trampa de las FARC para fortalecerse, nos habrán engañado por enésima vez con el beneplácito del gobierno de Juan Manuel Santos, cuyo propósito NO es hacer la paz, como tanto clama nuestro maquillado presidente, sino sencillamente hacerse reelegir.Si por el contrario es verdad que las FARC van a dejar las armas, eso sólo significa que van a dividir sus fuerzas en un brazo político con los máximos asesinos sentados en nuestro ya repulsivo congreso y un brazo narcomilitar que terminará de sumir en el terror a nuestro país.

En todo caso, no veo la razón de tanta buena vibra, que a todas luces no es más que un optimismo malsano y repulsivo. Si seguimos así de lo próximo que nos enteraremos es del proceso de paz con Garavito y con Laura Moreno. Dios nos ampare.

¿Es con esta clase de sujetos con los que queremos hacer la paz?

Los Indígenas del Cauca ¿Héroes o Villanos?

Los escudos que nos defienden del monstruo de la guerrilla, es atacado por parte de un grupo de personas que es mucho menos inocente de lo que parece.

En hechos que han causado una de las controversias más álgidas en Colombia, los indígenas de las montañas del Cauca, al sur-occidente del país han decidido sacar, así sea a la fuerza, al ejército, a la fuerza pública de sus territorios. Los indígenas argumentan que están interesados en sacar a todos los actores armados de la zona, incluyendo a la guerrilla y que años de abandono del gobierno, la «deuda histórica» de la sociedad por los crímenes de la Conquista y la Colonia, y el carácter autónomo de los territorios indígenas, garantizado por la constitución, les dan el derecho de ejercer su propio estilo de soberanía en la región.

Es fácil ponerse del lado de los indígenas, después de todo, dirían algunos, ellos son seres inocentes, seres de la tierra, defensores del medio ambiente, de la ecología y de la cultura aborigen en contraposición a la monstruosa cultura occidental que nos engulle día a día. Por favor.

En primer lugar, los indígenas argumentan «abandono por parte del estado» ¿Estarán hablando del mismo estado que les concedió una autonomía tan amplia a sus territorios, que sonrojaría a los mismos vascos? ¿Están hablando del mismo estado que les ha garantizado una atención en salud preferencial sobre el ciudadano común, de a pie? ¿Están hablando del mismo estado que ha presionado a las compañías privados a subsidiar la natalidad de las indígenas por explotar sus territorios? ¿Están seguros que están hablando del mismo estado?

La falta de recursos NO es un problema exclusivo de los territorios indígenas, todo el país, hasta Bogotá, que es una de las ciudades que más chupa recursos públicos, se queja de que la plata que le gira el gobierno nacional nunca es suficiente. En cierta medida todo el país es una zona abandonada fiscalmente por el estado. ¿La razón? La corrupción, la evasión de impuestos, y sobre todo el absurdo paternalismo al que se ha acostumbrado al país. Muy pocas regiones son autosuficientes, pero no por falta de riquezas o de recursos naturales o de talento, sino sencillamente porque es más fácil vivir pegados de la teta del estado (como Mario Iguarán antes de que defendiera a Carlos Cárdenas)  que generar un entorno de inversión, industria y progreso como si lo han hecho en Antióquia, Valle del Cauca y Santander.

Los indígenas ejercen un dominio MEDIEVAL sobre extensas superficies de la supuestamente «indivisible» soberanía nacional. Prácticamente hacen lo que les da la gana en sus territorios, no solo en el Cauca, sino en todo el país (En Córdoba-Sucre existe uno de esos) , y eso incluyen actividades por fuera de la ley, como el narcotráfico, la tortura y el secuestro. Todo eso con la garantía sin sentido de que las leyes que aplican en esas zonas son las leyes propias de los indígenas y no las que nos rigen al resto de los colombianos.

Y del cuento de la defensa del medio ambiente, que le vayan a echar ese cuento a Mandrake, cuando la utilización de estos territorios ha sido entre otros, la deforestación, la ganadería extensiva y los cultivos ilícitos.

Segundo, «La deuda histórica». Los indígenas siempre sacan a relucir el genocidio cometido por los europeos, y el sufrimiento histórico de su pueblo y otras perlas más que harían llorar hasta al más insensible. Sí, es cierto existe una deuda, pero en lo que están confundidos es en la identidad del deudor, la sociedad colombiana no le debe nada a los indígenas, porque nosotros mismos somos herederos de la sangre indígena, todos descendemos mucho o poco de los habitantes originales de estas tierras, no fuimos nosotros los colombianos los que masacramos indígenas, esa deuda harían bien en pasársela al tesoro de la Corona Española,  que teniendo en cuenta la profunda crisis por la que atraviesan, no creo que estén en condiciones de pagar.

Tercero y último. La autonomía brindada por la constitución a los territorios indígenas no son una carta de vía libre para hacer lo que se les venga en su santa gana. Creen que sus territorios son repúblicas independientes donde el ejército de la patria es un ente extranjero que amenaza con perturbar sus actividades, que incluyen, curiosamente la siembra, recolección, producción y tráfico de cocaína.

Muy bien lo dijo el Procurador, al afirmar que no es casualidad que los indígenas pretendan sacar al ejército de una zona reclamada por las FARC hacía años, zona que es el puente fundamental entre las zonas productoras de drogas en el sur del país y el Océano Pacífico, es decir los mercados a los que los terroristas venden sus productos para alimentar de armas y sangre su guerra sin sentido de casi 50 años.

Algo muy, pero muy preocupante es el hecho de que con este acto, le están, y lo digo en términos coloquiales costeños, cogiéndole el bajito a la fuerza pública. Primero sacan a los soldados de sus importantes posiciones  de privilegio y defensa y las destruyen, vapuleando, escupiendo y echándo desechos al único escudo que tenemos entre la bestia multicéfala de la guerrilla y nosotros, luego se armaran ellos mismos y se sentirán con suficiente fuerza para asesinarlos y de paso a todo aquél que no esté de acuerdo.

Es hora de que no sólo el gobierno, sino todos nosotros como ciudadanos colombianos, hagamos algo al respecto, denunciando, exponiendo, protestando ante tamaña acción criminal.

 

 

Santa Marta: Una Joya En El Caribe.

Habiendo conocido los siete departamentos de la Costa Caribe Colombiana (Atlántico, Bolivar, Cesar, Córdoba, La Guajira, Magdalena y Sucre) con sus respectivas siete ciudades capitales, puedo decir, sin ningún asomo de duda que Santa Marta no sólo es la más hermosa de las siete, sino que le gana a las demás por un margen tan amplio como la longitud de las playas de la bahía más hermosa de América.

He tenido la fortuna de visitar Santa Marta en varias oportunidades, siempre por espacio de varios días. La belleza de la ciudad empieza por algo de lo que las otras capitales caribes carecen por completo: naturaleza. Santa Marta se ubica entre las estribaciones de la Sierra Nevada homónima y la amplitud sin limites del Mar Caribe. Por un lado vemos siempre las formaciones montañosas que coronan la ciudad y la adornan con un esplendor que ninguna muralla hecha de piedras viejas puede siquiera imitar.

El Mar Caribe, chocando con las enormes piedra, como huevos prehistóricos como lo dijo Gabo en su obra, se torna majestuoso en torno a la ciudad, una ciudad que no es una sino muchas. Desde la nación de pescadores de Taganga, pasando por el histórico centro de la ciudad, hasta las torres de «El Rodadero» y la ciudad aplastada, como le llamo yo, o sea el cúmulo casi inagotable de hoteles que se extiende como un gusano sin fin tratando de quedarse con el mejor sitio para tomar el sol junto a la bahía.

Santa Marta es bella de una manera natural y moderna, mucho más bella que Cartagena, mucho más moderna que Barranquilla, mucho más agradable para todos, para los turistas, para los que nacieron allí, para los que llegaron de las montañas del interior a quedarse allí para hacer fortuna y se terminaron quedando para siempre.

La extensión del Parque Nacional Tayrona completa la multidimensionalidad de la ciudad, en un lugar que mezcla el pasado, las raíces indígenas, la ecología y el turismo. Este Parque, que debería conservarse como una reserva forestal y ecológica se ha convertido en los últimos lustros en una foreigners’ bitch, tal como lo escuché de un turista indignado, la prostituta de los extranjeros. Quizá se le olvidó al turista que no era solamente de los extranjeros, sino también de los nacionales. Personalmente no estoy de acuerdo con el manejo que se le da actualmente al parque, que se ha convertido en una especie de hotel donde el mar y la vegetación terminan sirviendo como retretes y contenedores de basura.

Ese es quizá el único punto negro de la Santa Marta que conozco, una ciudad tan única como sus playas, sus cerros verdes, sus torres, sus malecones, sus calles viejas y nuevas, su ferrocarril, su parque, una ciudad a la que vale la pena ir una y mil veces, una ciudad donde convergen muchas de las cosas hermosas y positivas de nuestro país, un verdadera joya en el Caribe.