Y cómo ya se está volviendo costumbre, resultó que la bola de críticas que lanzaron los activistas de Marvel, en conjunto con los empleados de las subsidiarias de Disney en todas partes del mundo contra Escuadrón Suicida, no era más que otra de sus campañas sucias con las que pretendían dañar el estreno de la película, igual que se lo dañaron a Batman v Superman.
Sí, en efecto, Escuadrón Suicida (Título Original: Suicide Squad) no es una película perfecta, pero dista mucho de ser el bodrio que anunciaron tan alegremente algunos portales web el día de ayer, y que muchos salieron corriendo a compartir en todas las redes sociales que pudieron.
Hace menos de diez días, en mi Reseña X sobre El libro de la selva hice una anotación bastante puntual sobre las películas de Disney:
…son todas un montón de películas (…) especialistas en manipular las emociones de los espectadores para que salgan con la impresión de que son buenísimas..
Y por supuesto Capitán América: Civil War (Título original: Captain America: Civil War) no se salva de dicha descripción.
En esta, la decimotercera película del Universo Cinemático de Marvel, el grueso del equipo de Los Vengadores se verá enfrentado al creciente número de críticas por parte de la población civil, luego de los desastres civiles que se dieron en Nueva York (The Avengers), Washington (Captain America: The Soldier Winter) y Sokovia (Age of Ultron).
Desde el jueves pasado (24/03/2016) pude ver superficialmente algunos comentarios sobre esta película, y digo superficialmente porque en realidad quería saber lo menos posible sobre ella antes de verla, pero me fui imposible no percatarme que los comentarios, en su gran y amplia mayoría eran negativos y no en el sentido de (léase en voz de niña consentida) «Ay, a mí me hubiese gustado que esto lo hubiesen hecho así, o sea» sino en el de «¡Qué fiasco de película!» «¡Qué porquería» y «¡Devuélvanme mi plata!». Pero tal y como me ha sucedido con otras películas, en esta ocasión vuelvo a disentir de la opinión de moda y tendré la mía propia basada en mis argumentos.
Y antes de que preparen su ira contra esta publicación, recuerden ese principio filosófico, que seguro su aburrido profesor de filosofía no supo explicar y que curiosamente está explícito en el contenido de esta película: la verdad absoluta no existe y sólo podemos acercarnos a ella a través del debate y la discusión respetuosa con aquellos que tienen posiciones diferentes a la nuestra.
Ben Affleck y Henry Cavill como Batman y Superman. Imagen de Warner Bros. Pictures (2016).
Personalmente considero que Batman vs Superman: El origen de la justicia (Título original: Batman v Superman) es una de las mejores películas que he visto en mi vida y creo que la principal razón para considerarla así es que se fundamente en una premisa sólida a partir de la cual se desprenden todas las ramificaciones de su historia: ¿merece este mundo tener un Salvador? Espero explicar con más detalle este punto en específico, pero como me resulta imposible hacerlo sin entrar en detalles trascendentales de la trama, lo guardaré para otra publicación.
Cuando a mediados de 2009 empezó a circular el rumor de que The Walt Disney Company, mejor conocida en el bajo mundo sencillamente como Disney, estaba en negociaciones con Marvel Entertainment para adquirir la compañía, nadie pudo evitar la descomunal ola de pánico que se desató en la industria del entretenimiento mundial.
Después de todo, Disney, una compañía conocida por especializarse en producir frívolos e insustanciales contenidos para niños y pre-adolescentes, estaba a punto de adquirir los derechos sobre uno de los universos más complejos, oscuros y populares del mundo del cómic; un universo con una gruesa básica de fanáticos que no querían ver a sus personajes favoritos en el mismo saco que la Sirenita, Bambi o el Pato Donald, y mucho menos comprometidos con la montaña de contenido neo-adolescente que Disney hizo popular en sus canales de televisión como Hannah Montana, High School Musical, Wizards of Waverly Place o Zack & Cody.
Tres años, parece mentira que hayamos tenido que esperar tres años para ver como el Universo Cinematográfico de Marvel alcanza su punto más bajo, y no precisamente con una película de medio pelo, como podría ser Ant-Man, sino con la joya de la corona de esta multimillonaria franquicia, y estamos hablando nada más y nada menos que de la segunda entrega de The Avengers (Los Vengadores), subtitulada como Age of Ultron (La era de Ultrón).
Cuando en 2012, leí una entrevista hecha al aclamado director Joss Whedon sobre el futuro de la saga de The Avengers, parecí entenderle que se quedaría a dirigir una segunda película si Disney le permitía explorar un aspecto mucho más oscuro de los héroes de Marvel, y luego de tres años leyendo rumores, viendo teasers y trailers por todos lados, el resultado final es francamente decepcionante.