Contra todo pronóstico y a pesar de los millones de pesos y las cuotas burocráticas que Juan Manuel Santos invirtió para comprar la conciencia de los parlamentarios de todos los partidos del Frankenstein ese que llaman «Mesa de Unidad Nacional», el Partido Conservador, uno de los más antiguos y de más tradición en Colombia decidió darle una patada en el trasero al primer mandatario y lanzar su propio candidato… o mejor dicho, su propia candidata a la Presidencia de la República para el periodo 2014-2018 y se trata de nada más y de nada menos que de la ex-ministra Marta Lucía Ramírez.
Y se nota que los primeros ardidos por el hecho son precisamente los parlamentarios como el degradado ese de Roberto Gerlein, que que puso el grito en el cielo cuando el partido decidió salirse de la sombrilla Santista y armar toldo aparte. En su peculiar estilo de hablar basura, Gerlein ha afirmado que la elección de Ramírez estuvo viciada y lo dice un personaje notable por ser el símbolo de la intolerancia, la compra de votos y el elitismo en una de las ciudades más elitista de Colombia.
¿Cómo te quedó la jeta, Gerlein?
Santos ha acudido a las peores estrategias para consolidar su poder, ya que le resulta imposible comprar los votos de todos los colombianos, decidió comprar a los senadores y que estos hicieran el trabajo por él, teniendo infiltradso en todos los partidos, exceptuando quizás al Centro y al Polo Democrático. Es así como Gerlein, Efraín Cepeda y Juan Gabriel Uribe, quedaron viendo un chispero y tendrán que luchar por la presidencia desde su partido, o pasarse al Partido de la U, que se han convertido en una cueva de ratas conspiradoras, capaces de venderse, cual prostituta, al mejor postor político. Que asco.
Desde ya confirmo que estaré apoyando la candidatura de Marta Lucía Ramírez a la presidencia porque ha mantenido un discurso firme a lo largo del tiempo, con el cual tengo una afinidad indiscutible. Vientos de cambio soplan con Ramírez, ya va siendo hora de darle a la mujer un espacio en la política, y más a Ramírez, que ha demostrado temple y decisión en todos sus cargos.
PD: ¿Y ese milagro que Noemí Sanín no hizo parte de la baraja de precandidatos? ¿Por fin se rindió?
Hablar de izquierda en Colombia es como hablar de la existencia de vida en el espacio exterior: todo el mundo dice que la hay, pero hasta ahora no se encuentran pruebas fehacientes de ello. En este país donde impera a rienda suelta la doble moral y el doble estándar para todo, estamos a milenios luz de una izquierda inteligente e ilustrada como la existente en el norte de Europa, donde la justicia social hace siglos dejó de ser un lema barato de campaña, para ser una realidad. En esos rincones del planeta la izquierda se compagina perfectamente con la cultura del trabajo duro impuesta por la iglesia protestante y no es enemiga de la propiedad privada, el libre mercado y el desarrollo profesional.
En Europa, la izquierda está basada en la cultura del trabajo. En Colombia la «izquierda» está basada en la cultura de la pereza.
Aquí por otro lado, la «izquierda» (así, entre comillas) se puede dividir en dos grandes grupos: los primeros, que andan en unas exquisitas y prolongadas vacaciones en La Habana, viviendo a todo costo de los impuestos de los colombianos, mientras ordenan asesinatos, secuestros, extorsiones y bombas por todo el territorio nacional.; y los segundos son los que utilizan el discursito de la justicia social para ganar votos y trepar en la pirámide social, engañando a los pobres incautos que se comen el cuento de que quieren cambiar las cosas, cuando su único y simple objetivo es el de imponer una nueva élite aún peor que la anterior, llena de corruptos, ineptos e ignorantes, tal y como ocurrió en nuestro hermano y vecino país, que estos momentos anda en la inmunda.
Ambos grupos se identifican fácilmente por tener unas características bien definidas que se replican en una ola de seguidores, que maravillados por la idea de ganarse la vida rascándose el ombligo y esperando a que le caigan los panes del cielo, repiten como loros lo que sus «líderes» les escupen en sus apoteósicos discursos.
Les fascina la idea que de un sólo plumazo se les perdone a los miembros de ciertos grupos terroristas (de «izquierda», por supuesto) las MILES de atrocidades que por décadas han cometido, incluyendo el reclutamiento y abuso sexual de menores, las pescas milagrosas, los secuestros de décadas, las ejecuciones a civiles, las tomas sangrientas a los municipios, el tráfico de drogas, las masacres… todo eso, según ellos, debe pasar al olvido y seguir con nuestras vidas porque sólo es un invento de la derecha para manchar el buen nombre de esos ángeles que tan duramente se encuentran negociando en Cuba.
Han decretado que sólo los votos de los políticos de izquierda son válidos, tanto así que los habilita a pasarse la ley por la faja, y hacer lo que les da la gana como el señor Petro, quien es el salvador indiscutible del universo y sus alrededores, a quien (pobrecito) todo el mundo lo quiere destituir, no por lo inepto que es, sino porque es de izquierda. Cualquier parecido con un culebrón venezolano es pura coincidencia.
Para ellos el diablo no existe y Dante se equivocó en su concepción del infierno, porque en el último círculo no hay un dragon de siete cabezas y diez cuernos, como lo indica el apocalipsis, sino el Procurador Ordoñez y Uribe que fueron los creadores del mal sobre la tierra.
Les encanta decir que son los más tolerantes, los más respetuosos, los más progresitas, pero todo aquél que no tenga al político de izquierda del momento, sea Carlos Gaviria, Clara Lopez o Gustavo Petro, montando en un altar de oro puro en el centro de la casa y rodeado de claveles y astromelias, para ellos no es más que un paraco, sanguinario, amante de la motosierra, ignorante, enemigo de la paz, promotor de la cultura del odio, uribestia y otra sarta de barbaridades.
Se escandalizan por las corridas de toros y hablan y se dan golpes de pecho hablando de la cultura de la violencia y de la muerte, y sin embargo son partidarios de los abortos y de la legalización de una serie de drogas que matan más rápido que el tabaco.
Es eso, la incoherencia y la falta de lógica en su discurso lo que hace posible identificar muy fácilmente a este sector de la población. Eso o que hagan bulto en cuanta manifestación y marcha haya, claro está, después que les hayan pagado los viáticos, auspiciados con platica de muy dudosa procedencia .
Para la «izquierda» colombiana no existe la lógica, sólo existen ellos y todos los demás son ignorantes que no tienen ni idea de nada. Y dicen ser tolerantes.
Lo único que me molesta del fallo que destituyó al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro y lo inhabilitó por 15 años para ejercer cargos públicos, fue que puso al ahora ex-burgomaestre en el campo de juego que más conoce: el de hacerse el pobre martir, víctima de las injusticias de lo que el llama las «mafias paramilitares» y la «extrema derecha». Y viendo las reacciones de cierto sector de la población toca decir que tuvo mucho éxito. En cuestión de minutos pasó de ser el incompetente, torpe y demagogo de siempre, al sacrificado, torturado e incomprendido héroe al que el malvado Procurador, haciendo uso de sus antidemocráticos poderes removió injustamente de su puesto. Es tal la intensidad del cuento, que no sorprendería que Disney estuviera interesada en hacer una película animada sobre el asunto, dirigida al público infantil.
El caso de Petro es una muestra más de la cultura del «doble estándar» que se ha apoderado de nuestro país en los últimos tiempos. Cuando el Senador Eduardo Merlano fue destituido e inhabilitado por 10 años por andar conduciendo borracho y presionando a los policías con el cuento de los «50.000 votos», nadie salió a rasgarse las vestiduras, ni a echarse ceniza en la cabeza por la acción del procurador, aún cuando el Senador Merlano fue elegido por voto popular. Pero claro, la ley vale para Merlano que proviene de la clase política de un departamento corrupto, pero no vale para Petro, porque los votos de ese 30% residual que votó por él en Bogotá valen más que los de Merlano ¿es así?
Ahora todos se han vuelto expertos constitucionales, poniendo el grito en el cielo por los «súper poderes» de la Procuraduría General de la Nación, pero nadie señala que la Rama Judicial en este país está colapsada, que de no ser por esa figura ahora tan criticada, cientos y cientos de ignorantes, incompetentes y corruptos elegidos por la horda no mucho más instruida estarían cómodamente sentados en sus oficinas, en las alcaldías, concejos, asambleas, gobernaciones y en el mismo congreso, haciendo de las suyas mientras el tumulto de jueces corruptos que llenan los juzgados de este país se dejan comprar con la plata destinada a los colegios, las calles, y la salud de esos mismo municipios y departamentos.
Hay que ser muy tonto para creer que en este país, la corrupción se puede acabar con la figura de la revocatoria, que requiere de un pueblo educado y que no se deje comprar con tamales y chichiguas. Para eso está la procuraduría, para vigilar que esos funcionarios elegidos por la más bien inculta voluntad popular no esten haciendo fiesta con la plata pública y eso fue precisamente lo que hizo Gustavo Petro.
Gustavo Petro dice que lo están destituyendo por querer devolver el negocio de las basuras al Distrito Capital, al sector público, en un esfuerzo desesperado por aplacar las voces de la revocatoria, misma a la que le debía tener pánico puesto que casi el 70% de los bogotanos no votó por él. Y en ese afán de aferrarse al poder mostrando resultados «como sea», se le ocurrió la maravillosa idea de meter las manos en el negocio de la recolección de basuras en Bogotá.
Petro, creyéndose el ungido de la Sabana de Bogotá, decidió de un día para otro quitarle el negocio de las basuras a un grupo de operadores privados a los que acusó en varias ocasiones de ser miembros de «la mafia paramilitar», que él ve hasta debajo de la cama. Cierto, no es especialmente perverso quitarle el negocio de las basuras a un grupo privado y pasarlo a lo público, el asunto es la manera como lo hizo, sin un plan de acción, sin una estrategias, sin una agenda. Sencillamente, de un día para otro, le quitó las facultades a los operadores privados de circular en la ciudad y se la dio a las empresas encargadas del acueducto y el alcantarillado, que no tenían ni la más remota idea de como empezar a recoger basuras.
De acuerdo a lo consignado en el fallo del procurador, el alcalde literalmente le dijo a las EAAB «ahí tienen las basuras, ahí tienen los recicladores, arreglénselas como puedan». Si eso no es el colmo de la improvisación y la negligencia, entonces no sé que será, espero que los seguidores de Petro me den una definición. Pero nuestro Súper Héroe-Víctima no se quedó allí. El decreto 564 de 2012, con el que Petro literalmente echó de Bogotá a los operadores privados, determinaba que a partir del 18 de diciembre de 2012, no estarían a cargo de la recolección de basuras.
Cuando desde el mismo 16 y 17 se empezaron a ver problemas con la recolección, Petro, como es usual salió a declararse la pobre víctima de los oscuros intereses de la ciudad, pero el problema real era que los operadores no podían recoger la basura en esos días porque los rellenos tenían orden de no recibir sus camiones desde las 00:00 del día 18. Así que los operadores solo enviaron a los camiones que podían transportar las basuras y llegar a tiempo antes del cierre de los rellenos, que es una muestra de sentido común, mismo que a Petro le falta en grandes dosis. Los días 18,19 Y 20 de Diciembre de 2012, empezó el caos, Bogotá, que de por sí no es una ciudad muy limpia que digamos, quedó enterrada bajo casi 10.000 (algunos dicen 20.000) toneladas de basuras, que causaron que una de las ciudades más grandes del mundo pareciera un muladar hediondo en lugar del centro urbano más importante del país.
Hasta el momento Gustavo Petro había hecho caso omiso a todas las advertencias: la Superintendencia de Servicios Públicos, la de Industria y Comercio, la Comisión de Regulación de Agua Potable, la Contraloría Distrital, el Ministerio del Medio Ambiente y hasta miembros de su gabinete, e improvisó un sistema de recolección de basuras, hundiendo a Bogotá en el caos. Pero allí no se detuvo, tampoco, clamando ante todo el que quiso oír que «Prefería la destitución inmediata a rendir la bandera de justicia y libertad en Bogotá».
Petro decidió entonces que era hora de traer compactadores y camiones recolectores de basuras, firmando contratos por millones de dólares para traer unas maquinas usadas, oxidadas y sobre todo demasiado costosas, incurriendo en detrimento patrimonial. Pero como estamos hablando del Súper Héroe-Víctima Gustavo Petro, el detrimento patrimonial hay que perdonárselo porque tenía buenas intenciones. Ay Pobrecito. Pero a diferencia de lo que el señor ex-alcalde creía, los camiones no vinieron de un día para otro, por más que tuvo a toda la nómina de la alcaldía trabajando día y noche y le tocó tragarse sus discursos y su palabrería inútil y volvió a meter a los operadores privados, miembros según él de la «mafia paramilitar» en el esquema de recolección de basuras.
Gustavo Petro se quiere escudar con el cuento que todas sus acciones fueron con buena intención y con el objetivo de aplicar la orden de la corte de incluir recicladores. Pero, si tan respetuoso es de la ley ¿Por qué no se somete a ella y acepta que sus errores lo tienen donde está? ¿Por qué salir como Eva Perón al balcón del palacio de Liévano a decir en pocas palabras que le valía un comino la ley y la constitución que él mismo ayudó a crear? ¿Por qué desacreditar a un procurador que él mismo ayudó a elegir y a quien aplaudió cuando destituyó a algunos de sus contradictores políticos? ¿Por qué por el simple hecho de ser de izquierda cree estar por encima de la ley?
La respuesta a todas esa preguntas es sencilla, porque sabe que va a haber un sector de la población dispuesto a creerle sus patrañas y a comprar su actuación de pobre víctima y que tarde o temprano terminará encendiendo la mecha que sumirá a Bogotá en el caos, el vandalismo y el terror. Aquí les dejo algunas de sus perlas.
PD: El procurador puede que tenga su propia agenda, aplicando lo que algunos llaman «Justicia Selectiva», pero ¿No es el mismo tipo de Justicia que aplica la Corte Suprema de Justicia en manos de Asonal Judicial? La única diferencia, creo, es que la Procuraduría es más rápida para actuar.
PD2: Los que pretenden quitar a la procuraduría sus actuales funciones, aún no se dan cuenta que esto permitiría a los corruptos dilatar sus procesos más allá de los términos de su mandato. Quiere decir, que podrán seguir haciendo de las suyas en sus puestos, mientras las acciones judiciales se dilatan al mejor estilo del Caso Colmenares. Pero claro, eso no lo piensan. Hasta eso les quedó grande.
El anuncio del ex-presidente Álvaro Uribe Velez de lanzarse nuevamente a la arena política, esta vez como candidato al Senado de la República, ha sido tomado como una excelente noticia por parte de varios sectores de la opinión pública, pero podría no ser tan buen presagio como auguran algunos.
¿Es la candidatura del Uribe al senado una jugada desperada?
Compartiendo muchas de las ideas del ex-presidente Uribe, sobre todo en lo referente a la posición frente a la guerrilla y la seguridad democrática, yo podría ser fácilmente catalogado como uribista, pero ni siquiera este rótulo me impide ver lo que algunos triunfalistas pasan por alto y es que el uribismo está en crisis. El uribismo está hundiéndose lentamente en un cruel marasmo político víctima de un serio déficit de liderazgo; y es que fuera del mismo Uribe, esta colectividad está prácticamente acéfala.
Muy lejos quedaron aquellos tiempos en que los destinos del uribismo parecía tener continuidad con Juan Manuel Santos y Germán Vargas Lleras como paladines dentro de el entonces popularísimo movimiento. No pasó mucho tiempo en que estos herederos «naturales» como se les llamó alguna vez se salieran de la sombrilla del uribismo demostrando que sólo habían estado al lado del presidente Uribe para beneficiarse del caudal político y de la popularidad del mandatario, tanto que una vez alcanzaron el poder se pasaron a defender las tesis opuestas a las del ex-presidente. Si ha habido oportunistas en la historia de la politiquería política en Colombia han sido esos dos. Pero mucho me temo que la lista es más larga de lo que se creía.
Francisco Santos, Oscar Iván Zuluaga, Luis Alfredo Ramos (preso) y Carlos Holmes son los candidatos que más «suenan» para una consulta popular dentro del movimiento (que ni siquiera ha sido avalado) y precisamente por lo que se caracterizan todos ellos es por una falta de carisma, de presencia, de liderazgo que resulta inusual, más cuando por lo general salen a dar declaraciones después que Uribe se ha manifestado (no sin polémica) sobre diversos asuntos, por lo general en Twitter. Hace casi 4 años advertí de los peligros que implicaba elegir a Juan Manuel Santos como presidente y hoy nuevamente pongo en tela de juicio la lealtad de estos nuevos candidatos, por las misma razón: una vez que estén en el poder desecharán a Uribe tal y como Vargas Lleras y Santos lo hicieron.
¿Se puede confiar en alguno de ellos?
¿Se quedó sin opciones el uribismo entonces? No, pero irónicamente esas opciones NO están dentro del Centro Democrático, están en el partido conservador. Marta Lucía Ramirez (ex-Ministra de defensa) y José Felix Lafaurie (Presidente de Fedegan) tienen todo lo que le falta a los candidatos del CD, tienen presencia, iniciativa, carisma y sobre todo tiene una gran cercanía ideológica con el presidente Uribe, que evidentemente no es meramente convenenciera, como si se podría decir de los otros.
Es ese marasmo y falta de liderazgo dentro de sus propios toldas lo que ha forzado a Uribe a lanzarse al Senado, lo cuál parece una jugada desesperada. A Uribe no le esperan flores en el congreso y mucho me temo que diversos actores de la política nacional lo van a utilizar como chivo expiatorio y cortina de humo, para que al final nadie sea culpable de nada y Uribe sea el culpable de todo. Aún así, no quedaban muchas opciones. Unos resultados adversos en las elecciones de senado y presidencia serían el fin del uribismo y en consecuencia el fortalecimiento de otras posiciones apaciguadoras, favorables a los intereses de la guerrilla y de países extranjeros que podrían poner en riesgo la soberanía y la integridad territorial de nuestro país. ¿Qué queda por hacer entonces? Esperar que los conservadores y el Centro Democrático firmen una alianza y que entre las dos colectividades saquen un candidato fuerte que, confiando en la sabiduría del pueblo colombiano, logre la tan anhelada silla presidencial en el Palacio de Nariño.
¿Estará la respuesta por estos lados? Muy probablemente.
Tratar de resolver con diálogos y diplomacia ciertos conflictos, es como intentar darle un hueso a un perro rabioso. Las consecuencias suelen ser fatales.
Realmente me gustaría que Estados Unidos no intervenga en Siria, pero no por las razones que aducen algunos que seguramente no tienen ni idea de dónde queda ese país.
La única razón por la que no quiero que Estados Unidos intervenga en Siria es para comprobar o refutar de una vez por todas la teoría que las intervenciones militares de Washington en realidad empeoran las cosas y derraman más sangre, como dice gran parte de los pacifistas apaciguadores que circulan últimamente por las redes sociales.
Barack Obama apenas había señalado la imposibilidad de que Estados Unidos se hiciera el de la vista gorda ante las violaciones a los tratados de uso de armas en Siria para que le cayera encima del resto del mundo con consignas como «Stay out of Siria» o «No more war«. Que curioso que entre esos mismos que hoy se rasgan las vestiduras ante la posibilidad de la guerra, hace unas semanas estaban dando parte de victoria ante la «Impotencia de las Potencias» refiriéndose al fuerte rumor de que Obama se quedaría de brazos cruzados ante Siria. Y no fueron pocos. Es la típica situación de «Malo si sí y malo si no». Si Estados Unidos no interviene, entonces es porque ha perdido liderazgo a nivel mundial y no se que otro montó de basura, si decide intervenir es entonces el malo de la película, los yanquis de mierda que quieren apoderarse del mundo. Pero eso no debe sorprender de los anti-americanos, que en general se escudan en ese discurso para conseguir votos y para encontrar culpables externos de un amplio abanico de problemas internos, responsabilidad de pueblos sin disciplina electoral y democrática (entre ellos el mío).
En La Conferencia General del OPANAL, Cristina Fernandez de Kishner fue la primera en reclamar parte de victoria ante la eventual inacción de EUA sobre lo de Siria. Luego salió a criticar las intenciones de Washington de intervenir. ¿Quién entiende a esta gente?
A menos que las oraciones del Papa Francisco sean escuchadas en lo más alto de las esferas del reino de los cielos o que la recolección de firmas en change.org hagan cambiar de parecer a Obama, la intervención de Estados Unidos en Siria no tiene vuelta de hoja. Estados Unidos no puede darse el lujo de replegarse y dormirse en los cerezos de los parques japoneses del Distrito de Columbia mientras en Siria tanto rebeldes como dictadores usan armas prohibidas; y no lo puede hacer, no porque sea ética y moralmente correcto sino porque de dejar las cosas del tamaño que están en pocos años cualquier pendejo con banda presidencial y un arsenal de armas se sentiría con el valor suficiente para atacar no sólo a su pueblo sino a otros países, sabiendo que nadie va a decir ni pío. Ese es el peligro de la política de apaciguamiento a la que apelan muchos dizque para evitar el baño de sangre en Siria.
Appeasement o «Política del Apaciguamiento» fue la causa de que EUA e Inglaterra se quedaran tan tranquilos, mientras en Alemania, Hitler se armaba hasta los dientes. Luego pagaron eso muy caro.
En Siria el baño de sangre es inevitable, intervenga o no intervenga Estados Unidos, va a morir muchísima gente y eso no lo van a cambiar ni con 10’000.000 de firmas en change.org, que dicho sea al caso es la página web de causas perdidas más grande del mundo (recuerden a Ben Affleck y Batman). Esa política del apaciguamiento, históricamente ha costado más sangre dolor y víctimas que la intervención directa. Sólo hay que recordar que Estados Unidos, Inglaterra y la Unión Soviética se quedaron muy campantes mientras Hitler se armaba hasta los dientes, y cuando se dieron cuenta el monstruo era gigantesco. Pero para no irnos tan lejos, las negociaciones de paz en el Caguan, la premisa era vamos a resolver todo con el diálogo, vamos a meter a Monseñor, a Marbelle, a todo el mundo y mientras tanto las FARC se había armado hasta los dedos de los pies, empezaron las tomas sangrientas a los pueblos, las pescas milagrosas y terminamos derramando más sangre sólo por creer que se podía hacer la paz con palabras. Es cierto que las balas tampoco son garante de paz, pero es el típico caso del vecino incomodo (muy de moda en estos días) en el que por evitar la pelea nadie hace, ni dice nada hasta el día en que apuñalan a alguien y lo arrojan de un tercer piso. En cualquier caso, la resistencia de EUA a entrar a la guerra no tiene nada que ver con Rusia, ni con jueguitos diplomáticos, ni con oraciones en el Vaticano, tiene que ver con el hecho de que ambas facciones en el conflicto en Siria son enemigas de los intereses de EUA, y los rebeldes no son ningunos adalides de la justicia y en Washington lo saben, como también saben de su extremismo y afinidad con Al-Qaeda, eso sumado a una relación costo-beneficio más bien baja (a diferencia de Iraq) hace que Siria no sea el buñuelo en la puerta de la escuela de la geopolítica mundial.