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Colombia y Sabana.

¿Qué tan democrática es Colombia?

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El derecho al voto es invaluable. (imagen: mecacholo.blogspot.com)

Imagínese tener a alguien que lo escuchara, que de acuerdo a sus necesidades, hiciera lo que estuviese a su alcance para mejorar no solo su situación sino la de sus vecinos, amigos y familiares. Y supongamos que esta persona puede hablar por usted, cuando otros no lo quiera escuchar y que peleara y que se esmerara en mejorar su calidad de vida, que tuviese en cuentas sus opiniones y que le agradeciera por permitirle hablar por usted.

Aunque usted no lo crea, usted tiene por ley, derecho a tener una persona con esas características. Y para aumentar su sorpresa la persona que por ley está en la obligación de escucharlo y de velar por USTED y por sus vecinos es nada más ni nada menos que la persona por la que usted vota en las elecciones.

Aunque usted siga sin creerlo, la idea de la democracia es la de que el pueblo se gobierne a sí mismo, no que una élite privilegiada y rica lo hiciera. Aunque usted no lo crea, la idea de la democracia como la imaginaron en Grecia, como renació en Francia y como se desarrolló en los Estados Unidos es que TODOS debemos estar representados. Una república se constituye de un pueblo, de su gente, que es soberano, que le da permiso a unas instituciones para que operen en SU nombre, no a nombre propio.

Pero, cuando usted votó la ultima vez en la elección de senado, cámara, gobernador, asamblea, o incluso concejo y alcalde ¿conocía al candidato por el que votó, personalmente? ¿conocía sus propuestas?¿lo escuchó a usted que propuestas tenía usted? ¿le preguntó que necesidades insatisfechas tenía usted y su comunidad?  La respuesta obvia es NO.

Tanto que nos quejamos (y me incluyo yo) de la dictadura que hay en Venezuela, de las lejanas dictaduras de Medio Oriente y Corea del Norte, de China, de Cuba, y no nos sentamos a reflexionar que nuestra democracia es inexistente no por culpa de los parapolíticos o de la corrupción, no por culpa del presidente o de Piedad Córdoba, no por los vinculos de los políticos con lafar o con las bacrim, no, nuestra democracia muere por nosotros, porque si, nosotros somos los culpables.

En lugar de elegir con responsabilidad, pensando en el bien propio y el de la comunidad a largo plazo, preferimos hacer parte o de aquellos que votan porque el sobrino de la cuñada del padrino, tiene caña con el político X y le prometió un puesto en la gobernación o en la alcaldía a cambia de tantos votos, o somos parte de aquello que votamos basándonos en lo que nos dicen los medios de comunicación, en las encuestas, o peor solo nos ponemos a quejarnos de todo y el día de las elecciones nos quedamos en la casa hablando mierda de que el país no funciona y que por eso no vale la pena ir a ejercer el derecho al voto.

Somos un país afortunado, nuestro voto vale, pero no los 50 mil o 100 mil pesos que nos pueda ofrecer un lacayo de los asesinos disfrazados de políticos que estaban en La Picota o cualquiera de sus familiares, nuestro voto vale porque es la oportunidad de cambiar la cosas. La democracia es un sistema imperfecto, pues presume que el pueblo es lo suficientemente disciplinado y sobre todo sabio para tomar sus decisiones, pero no.

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La compra de votos es un crimen (imagen: jorgecuenca1114.blogspot.com)

Habiendo asistido a reuniones proselitistas y encuentros locales donde unos desconocidos buscan votos vemos que TODOS tienen el mismo discurso, todos proponen lo mismo, lo único que cambia es el séquito de seguidores, la mayoría de ellos de muy poco nivel de educación que los acompaña, claro es porque entre más lambones y más lame culos seamos más oportunidades hay de que le den el puesto a la mamá, a la hermana y si estoy de buenas a mi.

Lamento decirlo pero la democracia a los Colombianos nos quedó grande y no queda sino darle la razón a Salud Hernandez cuando dice que un pueblo que elige mal a sus lideres MERECE pagar con lagrimas y hasta con sangre el precio de ese error, y creame que lo estamos pagando, todos y cada uno de los que vivimos en este país. Así que la próxima vez que vaya a votar PIENSE, instruyase, lea, no se deje llevar por lo que otros dicen y formese su propia opinión y vote por aquel que se muestre dispuesto a escucharlo y que se muestre dispuesto a apoyar a su comunidad, no al que este dispuesto a darle 50 mil pesos el domingo de la elección y además de un tamal o pastel como lo conocemos en la costa. Piense en el futuro y si ve que alguien lo hace, si hay algo que la tecnología ha logrado es que haya ojos y oídos en todas partes, seamos responsables y denunciemos, Después de todo es nuestro patrimonio y el de nuestros hijos el que está en juego. No un patrimonio en riquezas y en ceros en cuentas bancarias, un patrimonio que está en cada una de las riquezas que se encuentran en la geografía de este país y sobre todo una riqueza que está en nosotros mismos.

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Colombia y Sabana. Política

Lo que le debemos a Uribe

Si usted está leyendo esto probablemente está cómodamente sentado en su casa frente a la pantalla del computador, preocupándose de cosas como las cuentas de fin de mes, la inseguridad en las callas, la salida del próximo fin de semana con los amigos, los problemas con la novia o el novio, en fin. Pero acaso se ha imaginado usted como es vivir aislado, viviendo de lo que produce la tierra, llevando una vida sencilla pero satisfactoria. Muchos de nosotros no nos imaginamos en semejante plan, rodeados de mosquitos y otras bestias tropicales pertenecientes más al mundo de la ficción que al mundo real.

Pero sí, aunque no lo creamos, hay muchos, muchos Colombianos que viven así y son los Colombianos que el DANE contabiliza como la Colombia Rural, pero viviendo en este pueblo alejado de la Mojana Sucreña y oyendo las historias de los periodos oscuros de finales del siglo XX y comienzos del XXI no me queda duda de que aquellos que critican al ex-presidente Alvaro Uribe Velez tienen una versión bastante “Disney” de lo que era Colombia antes de que el, si el paisa, el de carriel, el que muchos han tildado de paramilitar, el que no iba con los protocolos reales, el que escuchaba al pueblo, si el, llegara a la Presidencia de la República.

Así como las historias que he escuchado aquí, son las historias en tantos otros y más vastos territorios de nuestra geografía nacional desde las llanuras de los Llanos Orientales, El Magdalena Medio, el Chocó y tantas otras regiones que parecen estar tan lejos de la agitación de Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla o Bucaramanga que parece que pertenecieran a otro país, un país que no conocemos, o que no conociamos, al menos hasta hace unos años.

Las historias que escucho de sangrientas tomas guerrilleras, de combates salvajes entre un ejercito debilucho y paramilitares, de paramilitares y guerrilla y de guerrilla y ejercito, que desembocaban en más muertes civiles; historias de hombres que eran comunes y corrientes pero que un día se vieron forzados a tomar las armas para defender su sustento de trabajo de una guerrilla morbosa y sádica, hombres que después se convirtieron en una contraparte igual o más oscura a la guerrilla, capaces de crimenes atroces sin ningún remordimiento. Historias de asesinatos a sangre fría a plena luz del día, historias de muchachos que corrieron por su vida y murieron justo antes de entrar a su casa, de cuentas pendientes, de asociaciones con los políticos, con los policías. Historias que si se cuentan en una misma noche le quitan el sueño hasta al más tranquilo.

Historias, historias, pero la historia más cruel quizas es la de todos los demás, los inocentes que se veian involucrados por las circunstancias, atrapados en una incetidumbre eterna de si el siguiente muerto, será alguien cercano, de si salir a la calle es un peligro, de si se puede hablar o no, porque todo era una excusa para matar en esa época y lo peor era que ese estado, cuya obligación desde su concepción es el de proteger a sus ciudadanos, los tenía como ciudadanos de tercera categoría que eran solamente carne de cañón que no importaba mucho quienes morían y quienes no.

Hasta que llegó Uribe, quien le siguió a Pastrana, que no sirvió para nada mejor que para entregarle el país a la guerrilla y verla fortalecerse y por regla de tres simple se tuvieron que fortalecer los Paramilitares y en la cadena de desconfianzas y errores, de ayudas prohibidas, murió tanta gente. Hasta que llegó Uribe, quien decidió aniquilar esa sombra que se cernía espesa y densa sobre las cabezas de nuestros campos, de nuestros compatriotas, que decidió hacer presencia, solida en cada pueblo, vereda, por pequeña que fuese, porque sí, Bogotá, Medellín o Cali son muy importantes pero su importancia es relativa, la constitución no indica que un pueblo sea menos que una ciudad, que no se deben invertir recursos. Fue ahí en esa concepción erronea de que mientras la guerrilla se quedara en el sector rural pues  menos mal para todos. NO, es ahí donde se fortaleció y llego a expanderse tanto que llego a ser casi que incontenible, con pescas milagrosas, ataques a poblaciones, y asesinato de alcaldes, gobernadores y concejales.

Fue Uribe quien se apersonó del tema, dando la orden de que ningún municipio del país quedara sin protección, de que las carreteras fueran seguras y así fortaleció la confianza del mundo en un país que ya no soportaba más desprecios de la comunidad internacional, de sus hermanos latinoamericanos, de las grandes potencias, ese mismo país es ahora una economía relativamente sólida, que resistió la crisis económica más brava desde “La Gran Depresión” quien se encargó de supervisar obras ya destinadas a convertirse en elefantes blancos donde reinaría la corrupción y la negligencia, pero fue Uribe quien se concentró en lo que era importante y era que el si sabía leer al pueblo. Sabía lo que querían y trato de darselos.

Como todos los seres humanos, el no es perfecto, cometió muchos errores, tenía muy malas compañías, pero lo cierto es que en la telaraña de la política hay que valerse de trucos no muy limpios para lograr propósitos, más grandes, “The Biggest Good” como dirían los gringos, pero hasta aquellos que hablan mal de el, cuando vienen a un sitio de estos y ven a la gente feliz, contenta, libre de miedos, libre para moverse de un lugar a otro, eso vale todos los dolores de cabeza que hayan surgido de las intenciones de crear un mejor país. Al menos el si dio un paso al frente y puso el pecho para enfrentar a ese monstruo que nos estaba por devorar. Mucho más que los que lo critican desde la comodidad de sus apartamentos en una ciudad grande donde lo peor que les ha sucedido es  una billetera perdida en un bar.