Hansel, Gretel y Famke Janssen.

En la popular linea de historias basadas en los cuentos de los hermanos Grimm, el desconocido director noruego Tommy Wirkola nos trae ahora Hansel y Gretel: Cazadores de Brujas (Hansel and Gretel: Witch Hunters, por su nombre en inglés), pero si usted esperaba la versión colorida y de corte infantil que vimos en el anime japonés se va a llevar una enorme sorpresa.

Poster de «Hansel y Gretel: Cazadores de Brujas»

La cinta inicia precisamente con la historia del cuento, aunque (¡claro!) con un par de diferencias, en esta versión los padres de Hansel y Gretel los llevan a un bosque y por razones que no son evidentes al inicio los abandonan. Los niños terminan en una casa hecha de dulces, donde habita nada más y nada menos que una bruja. Esta bruja utiliza a Gretel como ayudante mientras empieza a engordar a Hansel para comérselo. Gretel se libera para ayudar a Hansel antes de que termine en la olla y entre los dos logran asesinar a la bruja arrojándola en un horno. Pero a diferencia del cuento, donde los niños encuentran un tesoro escondido por la bruja, aquí no encuentran nada y los hermanos maravilla tienen que dedicarse a algo en lo que han demostrado ser buenos para sobrevivir: la cacería de brujas.

15 años luego del suceso, Hansel y Gretel en conjunto, son afamados cazadores de brujas y son traídos a un pueblo donde extrañas desapariciones de niños han ocurrido. Es aquí donde ambos deberán enfrentar no sólo a las brujas, sino también a sus traumas infantiles y no tardarán en entender que no sólo los seres demoníacos son capaces de hacer el mal, sino que este también tiene una cara humana.

Es difícil clasificar a Hansel y Gretel. Algunos la clasifican como «Fantasía Oscura», «Horror» o «Acción»… yo incluiría hasta «Comedia». La película tiene un tono oscuro, eso sí, pero enfocado a la escenografía, no a los personajes. ¿Fantasía? Pues teniendo en cuenta que lo único fantástico allí son las brujas y que bien podrían haber sido remplazadas por zombies o vampiros o robots asesinos, yo diría que este termino no le corresponde a la película. ¿Horror? Para nada, Hansel y Gretel no produce miedo en ningún momento. Por lo que yo diría que la mejor manera de describirla es como una película de acción-comedia que da la casualidad ocurre en un entorno fantasioso de la un punto ambiguo de la historia.

La escenografía es impecable. Los tonos son muy bien cuidados y los bosques donde transcurre la acción casi parecen reales. La historia dramática que se cuenta a la mitad de la película contando las razones de los padres de Hansel y Gretel para abandonarlos es afortunada y efectiva y le da un giro interesante a la historia y permite desarrollar los personajes.

La actuación de Famke Janssen es buena… cuando no tiene la cara de demonio que la hace parecer a la «Bruja del 71».

Pero como cualquier cinta de acción, no es el desarrollo de personajes lo que le interesa al director, sino mostrar las coreografías de persecuciones, de combate cuerpo a cuerpo y los disparos. En esto se debe admitir que las cosas le salieron bien, claro sin nada que ya no hayamos visto en una película con Mila Jovovich.

Quisiera resaltar a los actores (¡ojo! a los actores, no a las actuaciones) Jeremy Renner, desde sus tiempos en The Hurt Locker, es una adición excelente a cualquier cinta, le proporciona humanidad y vulnerabilidad a su personaje logrando el máximo que se hubiese podido esperar de una cinta de acción destinada para 3D.  Famke Janssen interpreta a la villana de la historia y la actriz holandesa demuestra que puede ser inquietante (más no aterradora) en su actuación. El director optó por dejarla actuar con su cara en algunas escenas pero en aras de que el espectador entendiera que se trataba de un ser despreciable prefirió llenarla de maquillaje para que luciera como una bruja, una decisión desafortunada a mi parecer.

Pero a pesar del peso de Famke Janssen como villana, es Gemma Arterton (Gretel) la que se roba al show, es una mujer impactante, con un rostro hermoso y un cuerpo espectacular, y en esta cinta demuestra que es de las pocas mujeres que puede llevar el peso de una película de acción y lucir sexy en lugar de ridícula. Logra hacer contrapeso a Renner y Janssen lo cuál ya es mucho decir.

Gemma Arterton es de las pocas actrices que logra llevar el peso de una cinta de acción y verse aún más sexy.

Una última anotación: ¿En realidad los productores creyeron que nos íbamos a tragar el cuento que Jeremy Renner tiene 27 años? Lo lamento pero el actor se veía mucho mayor que Arterton, lo cuál le quita muchísima credibilidad a la historia.

¿Vale la pena ver Hansel y Gretel? Sí, si a usted le gusta la acción sin tener que enredarse mucho en reflexiones dramáticas. Si no, mejor quédese en casa y disfrute de un buen libro.

Calificación: 3.0/5.0

Operación E, Derechos y Censura.

La decisión de una jueza de rechazar el recurso presentado por Clara Rojas en contra de la libre difusión de la cinta «Operación E» dentro del territorio nacional es sin duda una de las más grandes victorias para la libertad de expresión y para el derecho a la información en Colombia.

Imágenes de la película «Operación E»

Las razones que haya tenido la señora Rojas para interponer dicho recurso son bastante discutibles, puesto que en un mundo donde a través de Internet se difunde cualquier cosa, resulta ridícula la intención de evitar la difusión de una película, sea cual sea la temática de la misma. Lo que ha logrado, por el contrario, es incrementar exponencialmente la curiosidad del público por la película y ver cuál es la razón por la que no quiere que nadie la vea.

Clara Rojas, cuyo comportamiento en cautiverio ha traspasado fronteras y no precisamente por rezar el rosario, apeló a los «derechos fundamentales» del menor para intentar bloquear la cinta. Pero ¿Y dónde quedan los derechos de los otros 47 millones de colombianos? Así como se realizan expropiaciones para construir calles para que circulen los buses articulados de Transmilenio, Transmetro, MIO, Metrolinea, Metroplus (…), ejemplo clásico de que prevalece el interés colectivo sobre el interés particular, resulta ilógico que por «proteger» a un sólo individuo se vulneren derechos tan importantes para el buen funcionamiento de la democracia.

Martina García protagonista de Operación E.

Pero ¿No es una crueldad que el «pequeño y pobre» Emmanuel sufra las consecuencias de la emisión de la película Operación E? Pues eso es bastante relativo, si Clara Rojas ha criado a su hijo en un ambiente donde la verdad de su secuestro no es un tema tabú, no tendría porque haber problemas al respecto, más aún cuando la información en la película está consignada en forma escrita por todo el Internet. Es claro que una imagen dice más que mil palabras, pero ¿acaso pensaba la señora Rojas en ocultar la verdad de lo que le sucedió toda su vida?

Es mucho más fácil que el ICBF, la Procuraduría y quien quiera tomarse la atribución de proteger a Emmanuel, atiendan su caso particular que hacer de la censura un acto de bondad, que es lo que en últimas querían hacer en esta situación.

Diálogos con las FARC: Enredados en la Semántica.

No han pasado más de seis meses desde que nuestro negligente presidente, Juan Manuel Santos, anunció con bombos y platillos sus intenciones de negociar con las FARC, grupo criminal que clama estatus de guerrilla revolucionaria, pero cuyas acciones se asemejan más a las de grupos terroristas y narcotraficantes.

Luego de circos mediáticos en Oslo y en La Habana, donde las FARC hicieron buen uso del desprestigiado discurso de la lucha social en nuestro país para darse un baño de pureza y de popularidad, este grupo consiguió una posición en la política internacional, posición impensable durante el gobierno de Álvaro Uribe.

Ahora, tras una tregua navideña, que de tregua no tuvo nada, las fuerzas de esta «guerrilla» regresan a sus viejas costumbres de atentados, tomas de municipios y toma de rehenes, tal y como en los viejos tiempos del inútil de Andrés Pastrana.

Fue en el Cauca, conocido bastión de las FARC donde ocurrió el hecho que ha hecho reaccionar a la opinión pública: dos policías fueron tomados como rehenes. El fantasma de los militares y policías secuestrados por décadas volvió a cruzar el territorio nacional y nos ha hecho preguntar si estamos al borde de una catástrofe igual o peor a la ocurrida durante los fracasados diálogos de paz en el Caguán.

Fueron estos dos policías la manzana de la discordia. Mientras el gobierno, la prensa nacional, la prensa extranjera y el pueblo en general los llama «secuestrados». Para los líderes de las FARC estos son sólo «prisioneros de guerra», como si este término los hiciera ver como los buenos de la historia.

Si nos vamos a las definiciones de diccionario de ambos términos, los secuestrados serían aquellos individuos privados de la libertad con fines extorsivos, un ejemplo clásico es alguien de clase alta por quién exigen rescate a cambio de su libertad. Un prisionero de guerra es alguien que trabaja para un gobierno o una facción que hace parte de un conflicto armado, por ejemplo miles y miles de alemanes fueron tomados como prisioneros de guerra por los soviéticos durante la segunda guerra mundial, para compensar los perjuicios ocasionados por los nazis durante la guerra.

El problema con la correcta denominación para los policías tomados por las FARC en el Cauca es la naturaleza de las FARC, quienes claman ser una facción del pueblo que lucha contra un gobierno represor patrocinador de la desigualdad, pero cuyos ataques infames contra la población civil, su negocio del narcotráfico y sus continuas violaciones a la normativa internacional de la guerra desdibujan dicha teoría.

El gobierno de Juan Manuel Santos ha incurrido en una contradicción monumental al señalar que los policías son «secuestrados» y no «prisioneros de guerra» puesto que en su afán de ponerse a dialogar con los «guerrilleros», les ha dado ese estatus de facción armada en conflicto armado con el gobierno. Las FARC no han pedido nada a cambio de los policías por tanto, según esta concepción, en realidad son prisioneros de guerra.

Pero para los colombianos que nunca nos hemos tragado el cuento de que las FARC luchan por el pueblo, este caso no es sino un secuestro más de este grupo criminal. En el caso de los policías el carácter extorsivo del secuestro es el mismo que en el caso de los militares, policías y políticos de los tiempos de Ingrid Betancourt, por los que no se pedía plata, pero si se exigían condiciones, prebendas y beneficios. Quiere coger al gobierno de las pelotas utilizando a estos rehenes y aprovechando la situación al máximo.

He ahí donde yace el mayor inconveniente de  estos diálogos de paz; todos en Colombia sabemos que no estamos dialogando con defensores del pueblo, sino con terroristas, extorsionistas y narcotraficántes. Estos son crímenes serios y está fuera de cualquier proporción negociar con delincuentes de esta talla.

Pero al final y como sucede a menudo en nuestro país, los criminales se salen con la suya por tecnicismos… o como en el caso de La Habana, por pura y sencilla semántica.

«Allá Te Espero» vs «Rafael Orozco» – ¿Realidad vs Ficción?

«Rafael Orozco: El Ídolo» la ficción haciéndose pasar por realidad.

El Prime Time o Franja Estelar de los dos canales privados en Colombia (Caracol y RCN) definitivamente da para todo. Desde Realities importados (Colombia’s Next Top Model) , pasando por comedias sin sentido (¿Donde Carajos Está Umaña?; Casa de Reinas) hasta novelas de traquetos y prepagos (El Capo), todo eso hace parte de lo que consume el enorme porcentaje de la población que no tiene cable.

Hasta el Viernes 24 de Enero las nuevas producciones del canal estuvieron enfrentadas. Por un lado Caracol con «Rafael Orozco: El Ídolo» y por otro RCN  con «Allá Te Espero».

La apuesta de Caracol es efectiva y segura, apoyándose en la formula inventada para Escalona, popularizada por Marbelle y confirmada por el Joe Arroyo: hacer una novela semi-autobiográfica donde el 90% de lo que pasan no es más que simple y  clara ficción. Rafael Orozco es un melodrama musical basado (escasamente) en algunos momentos de la vida de Rafael Orozco y el público hace mejor en verlo como ficción que como realidad. Y es allí donde le veo el problema a estas novelas. Lo dije cuando salió la novela del Joe Arroyo, el crédulo publico colombiano, especialmente los niños y adolescentes que no conocieron a estos personajes, terminan creyendo que todo lo que sale en la pantalla de su televisor es verdad creando una aureola de santidad sobre ellos, que están muy lejos de tener.

«Rafael Orozco: El Ídolo» es sencillamente la ficción disfrazada de realidad.

«Alla te espero» es la ficción reflejando la realidad.

Por otro lado, la apuesta de RCN es arriesgada. Invertir en una telenovela parcialmente grabada en el exterior, con un extenso reparto coral donde cada personaje tiene un peso importante en la historia y donde es difícil distinguir los personajes principales (o la clásica pareja protagonista) de los secundarios es una apuesta temeraria. Sin embargo «Alla Te Espero» logra manejar muy bien su historia dándole los pesos adecuados a cada personaje. Pero lo esencial de esta producción es la carga de realidad que lleva, un mensaje social que se enmarca en un fenómeno social supremamente complejo como es la emigración tanto a otros países, como a otras ciudades.

A diferencia de la novela de Rafael Orozco, «Alla te espero» es la realidad disfrazada de la ficción.

Caracol le lleva una ventaja mínima a RCN, ambas producciones con 11 puntos de Rating lo cual da cuenta de que hay un empate técnico entre ellas. Personalmente encuentro más interesante la forma de crítica social, enmarcada en varias historias de amor, que pretende mostrar «Alla te espero», que la historia de Rafael Orozco que hace uso de los clásicos clichés de las telenovelas  extranjeras para rellenar un argumento que no tiene nada de real. Pero en la televisión como en todo, no todos tienen el mismo gusto y si a usted le gusta una o la otra está en todo el derecho de sintonizar lo que le de la gana.

La televisión después de todo se hizo para entretener y entre gustos no hay disgustos. Igual desde la próxima semana, los infinitos cambios de horario de los canales privados harán que estas dos novelas no estén enfrentadas y que al final hasta puedan verse las dos.

 

 

Las Corralejas, Sus Detractores y La Globalización.

Concluye otro mes de Enero, y con él se extinguen los últimos gritos de alegría y los últimos jolgorios de la popular fiesta del 20 de Enero en Sincelejo, Sucre. Y como era de esperarse la polémica en lo referente a la corraleja y al espectáculo taurino no se hizo esperar.

No bien había empezado Diciembre y ya se hablaba de cancelar las corralejas para alegría de los antitaurinos (y de los bolsillos de los concejales que sugirieron semejante despropósito), mismos  que no se cansaron en todo este tiempo de publicar fotografías de toros ensangrentados y muertos para influenciar la concepción del público sobre la fiesta taurina en la ciudad.

Es sumamente interesante que sean los mismos que pusieron el grito en el cielo por los sombreros vueltiaos chinos, los que publican estas imágenes en las redes sociales y los que visten camisetas de «Tortura, no es arte ni cultura».

La globalización no es solamente un asunto comercial, es también la exportación de ideas y conceptos morales, la pregunta es ¿ cambiaremos nuestras tradiciones por ideas importadas?

Algunos creen que la globalización se limita al aspecto estrictamente comercial, pero es mas que eso. Es la imposición de una mentalidad ajena a la identidad propia de los pueblos, y eso es precisamente lo que esta sucediendo con las corralejas.

Durante siglos las fiestas de toros han hecho parte del imaginario cultural en muchas partes del mundo, empezando por España, y a traves de ella los países de nuestra América.

Para nuestros ancestros, las  corralejas y por extensión las otras expresiones de la fiesta taurina,  nunca fueron espectáculos de tortura y muerte, como nos lo han hecho creer algunos acaparadores de prensa como el alcalde de Bogota, Gustavo Petro. Era un espectáculo de diversión íntimamente relacionado con las costumbres propias de nuestra región, a la trashumancia del ganado, a la identidad del sabanero y a la eterna lucha entre el hombre y la naturaleza.  Pero la mentalidad de algunos no está dentro de la cultura autóctona  sino en las ideas que vienen de afuera.

Los mismos países de donde provienen los fondos que financian las sociedades «protectoras de animales» son aquellos donde se ven escenas como esta donde la masacre en masa de una especie en vía de extinción es un festival público ¿Con que autoridad moral vienen a darnos lecciones de lo que es bueno o malo entonces?

No solo es que algunos se dejen convencer por ideas traídas de Suecia, de Dinamarca, de Estados Unidos o de Noruega sino que actúan como bobos útiles para que otros se llenen los bolsillos. Las organización de defensa de los derechos de los animales no están encabezadas por personas buenas y puras que quieren convertir al mundo en un entorno de paz y armonía, sino que sencillamente son personas inteligentes que montan oficinas para recibir plata de entidades extranjeras que intentan imponer su modo de vida en otros países.

Y lo peor es que en estos países que financian estas entidades, es donde se cometen las peores masacres de animales, y no es como en el caso de los toros, que de esos hay para rato, sino de otros en peligro de extinción. Suecia, Dinamarca, Estados Unidos y Noruega se encuentran entre los países que más pescan ballenas en el mundo y amenazan su existencia. Pero ay de aquellos que intenten señalar esto (como en el caso de Greenpeace), pero en cambio cuando de allá dicen que las corridas de toros son una expresión de violencia y tortura, ahí si salen muchos aquí a darles la razón.

Tal y como lo señala José María Manzanares en su texto «Lo Taurino y la Globalización«:

Es en este mundo virtual, de conocimiento y contactos sociales donde se genera, a grandes rasgos la globalización que tanto asusta y que impregna la cultura local, bajo el concepto de glocalización. Todos estos cambios en una sociedad que hasta hace cuarenta años conservaba los valores tradicionales y las costumbres más inmediatas de su historia, han  afectado de tal manera a la cultura de nuestro entorno que en el caso de la tauromaqui han sido sacudidos hasta dejarlos en ruinas, de tal forma que nuestras tradiciones culturales se han convertido, o han llegado a entenderse por muchos –especialmente por los jóvenes— como “anti” cultura, como incultura.

¿Dejaremos morir una tradición ancestral sólo por dejarnos llevar por las ideas del bien y el mal importadas de otros países?

¿Por qué debemos dejarnos imponer la moralidad hipócrita de otros países? Si en realidad defendemos lo nuestro, si en realidad defendemos nuestra cultura, deberíamos ver todo lo positivo que hacen estas fiestas en nuestra identidad cultural, en el empleo, en la alegría de un pueblo que sólo quiere reconocerse a sí mismo, ante la aplanadora irreversible de la globalización.

No soy un asistente asiduo a los espectáculos taurinos, pero defiendo EL DERECHO que tienen aquellos que desean asistir y disfrutar de ellos, así como todos aquellos a los que les disgusta tienen todo el derecho de no ir y quedarse en su casa refunfuñando porque les negaron la visa para largarse a vivir a otro lado.

Así que antes de reproducir memes antitaurinos y ponerse camisetas ridículas, piense más bien que es lo que hay detrás de tanta propaganda negativa y cuales son los peligros que acechan a nuestra cultura si dejamos que las corralejas y las fiestas taurinas sean borradas para siempre de la memoria y de nuestra identidad.