El Verdadero Rostro de las FARC.

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El verdadero rostro de las farc es el rostro de la muerte.

Ya se ha aprobado en el «honorable» congreso colombiano el mal llamado «Marco Legal Para la Paz» con vistas, según el gobierno de Juan Manuel Santos, a un futuro proceso de paz con el grupo guerrillero.

Al ciudadano promedio, trabajador y honrado se le suele olvidar cuál es el verdadero rostro de la guerrilla. Algunos incluso todavía piensan que las FARC son un grupo de campesinos rebeldes que viven ocultando su rostro en medio de las espesas selvas colombianas. Otros piensan que las FARC son en realidad una guerrilla revolucionaria de ideología marxista-leninista  que defienden al pueblo colombiano, tal pensamiento es muy popular en Europa, en el Cono Sur e incluso en nuestros países «hermanos» Ecuador y Venezuela.

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Las FARC proclaman ante todo el mundo que no son terroristas, los hechos demuestran otra cosa.

Cualquiera de las dos apreciaciones están basadas en la concepción histórica de la guerrilla, pero no en la realidad actual de ese grupo criminal y terrorista. Primero que todo, la parte más peligrosa de las FARC, de la que todos en nuestro país deberíamos tener temor, no es la carne de cañón recolectada entre los campesinos del sur del país, los frentes que se ocultan en la selva, constituidos de hombres, mujeres y sobre todo niño de baja extracción, eso es sólo el musculo, el puño que utilizan un cúmulo de hombres para hacerle daño no sólo a la fuerza publica estatal, sino a todo aquel que choque con su supuesta ideología o sus métodos de barbarie.

La carne de cañón de las FARC está controlada por un grupo de hombres, cuyo objetivo de defender al pueblo está muy lejos de ser cierto. Las FARC no son una guerrilla revolucionaria, son una mafia narcotraficante, terrorista y genocida que da la casualidad se escuda en una ideología que de no ser por las paranoias revolucionarias de Hugo Chavez y por el petroleo de Venezuela ya habría sido erradicada por completo de la faz de la tierra.

Este escudo ideológico no es más que eso, una careta que utilizan para aparecer como heraldos de la paz y el progreso ante cualquier pendejo que se quiera comer ese cuento, tal y como sucede en los ahora no tan briosos países de la Unión Europea y su constelación de Organizaciones No Gubernamentales.

Los señores comandantes de las FARC saben que esa ideología es importante y por eso además de su carne de cañón, tienen un grupo de centinelas ocultos en todas las instancias de la sociedad colombiana. Si usted es o fue estudiante de una universidad pública en Colombia o hizo parte de alguna institución pública, se habrá dado cuenta que la presencia de guerrilleros en las organizaciones estudiantiles y en los sindicatos es mucho más que un secreto a voces. Todo el mundo sabe que en estos lugares, en sus asambleas y congresos, se gritan arengas a favor de Hugo Chavez, se condiciona a los presentes a odiar a los enemigos de la guerrilla, e incluso se habla abiertamente de rebelión, casi siempre con la presencia de un político de la talla de Piedad Córdoba o Iván Cepeda, algo que ya ha quedado grabado y registrado.

La próxima cosecha de las farc no incluirá sólo a la carne de cañón amasada en el sur del país, por cuenta de las paupérrimas políticas agrícolas de todos los gobiernos, sino también de la población urbana conquistada a punta de arengas y mentiras. Población engañada con la promesa de cambiar el país, engañados porque prefieren vendarse los ojos ante el reclutamiento y asesinato de niños, ante el asesinato de soldados y policías de la patria, ante las minas anti-persona que han acabado con la vida y sueños de miles de compatriotas inocentes.

La derrota de las FARC no va a venir mediante leyes inútiles, vendrá mediante un complemento entre el combate constante a sus brazos armados y financieros, establecidos en el narcotráfico, así como la revelación de los nombres de aquellos que detrás de sus investiduras como senadores, magistrados, ministros, estudiantes, catedráticos y líderes sindicales aprovechan para ganar adeptos a la causa de estos asesinos.

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Las farc son patéticas cuando intentan hacerse los buenos, tal como nos lo muestra «Matador«

Juan Manuel Santos y La Traición a La Voluntad Popular.

Colombia nunca ha sido un país que se caracterice por la calidad de sus presidentes, ni más faltaba. Desde los ya olvidados tiempos de Antonio Nariño, Simon Bolivar y Francisco de Paula Santander, nuestros líderes se han destacado más por ser unos disociadores mezquinos que por ser líderes populares. Sin embargo, desde que tengo cierto uso de razón, la mayoría de ellos se ha preocupado por tener una linea de gobierno más o menos acorde con el mandato que lo eligió. Como mandato me refiero, al clamor popular que lleva a un presidente a su preciosa silla en el palacio de Nariño. Claro está no puedo opinar de que carajos estaba pensando la gente cuando votó por Misael Pastrana o por Alfonso Lopez Michelsen, porque ni siquiera estaba en planes en esa época, cosa que no puedo decir, por ejemplo de Amparo Grisales o Cher o Mickey Rourke.

En fin, los últimos presidentes han tenido una linea de gobierno, que quiero creer que era una linea en la que ellos creían, pero si no era así al menos se tomaron el trabajo de aparentarlo bien. Todos, a excepción de nuestro actual y muy maquillado presidente Juan Manuel Santos.

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Cesar Gaviria. (1990-1994)

Del primer presidente que tengo memoria es de Cesar Gaviria. Lamentablemente más porque sus hijos salían en un programa pagado por plata de los impuestos de los colombianos los fines de semana por la mañana, que por sus políticas exitosas. Simón (Que es el mismo Simón Gaviria mamerto que vemos hoy en los noticieros) y María Paz, era la antesala de la programación infantil, o al menos por un tiempo. Pero en fin, lo importante era su eslogan de campaña «Bienvenidos al Futuro». Si, Cesar Gaviria tenía como mandato modernizar al país, sacarlo de la llamada «Década Perdida» y prepararlo para el cambio de siglo. Fiel a su mandato, Gaviria nos sacó del proteccionismo, que hacía que cosas tan comunes en el mundo como un Televisor a Color o un Nintendo fueran cosa de ricos, pero ajá las cosas no salieron como él planeo y la mitad de la incipiente industria del país se fue a la quiebra.

El siguiente presidente tomó donde lo dejó el anterior y aprovechó la espantosa crisis dejada por Gaviria para lanzarse como el Super-Social, benefactor de los pobres, y blah blah blah. El señor se llamaba (o se llama, yo no se) Ernesto Samper y su mandato consistió en dar un impulso a las políticas sociales (El «Salto Social») . Samper, a pesar de que los gringos querían su cabeza en una pica por alguna razón, intentó cumplir con su mandato y muchas personas de escasos recursos se beneficiaron de su política, a pesar del gasto monumental que dejó al país más endeudado que nunca en su historia entre otras perlas.

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Andrés Pastrana (1998-2002)

El siguiente presidente, Andrés Pastrana es quizás el que más se parece a Santos, quizás por lo tonto que es creyendo que la guerrilla tiene intenciones de hacer la paz (¡JA!) y su mandato consistió en tratar de hacer la paz con los grupos guerrilleros. Pero, oh sorpresa cuando Manuel Marulanda se burló en la cara de él y luego de que le entregara en prenda de plata la mitad del país, la guerrilla se fortaleció y se convirtió en el monstruo que secuestró candidatas francesas a la presidencia, asesinó diputados del Valle, hacía pescas milagrosas cada 24 minutos, en fin. Pero de que Pastrana intentó cumplir con su mandato lo intentó.

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Álvaro Uribe (2002-2010)

Luego vino Álvaro Uribe, odiado por muchos, querido por otros, pero si hubo algún presidente que se tomó en serio su mandato fue él. Su mandato era completamente distinto al de Pastrana, no era hacer la paz con los seres angelicales de la guerrilla, como nos quiere hacer creer Piedad Cordoba que son esos asesinos, sino derrotarlos en su propio juego de sangre y fuego. La popularidad de Uribe se debió a que nunca olvidó su mandato, tenía un norte claro y lo defendió aunque le costara innumerables crisis con Venezuela o con Ecuador o con quien sea.

Luego está nuestro presidente actual, Juan Manuel Santos. quien curiosamente fue el que más rápido se olvidó de su mandato. Todos los que lo eligieron, pensaron en un gobierno de continuidad a las políticas de seguridad y anti-guerrilla de las farc y otros grupos alzados en armas. Error, una vez Santos tomó el poder que consiguió con votos uribistas, se fue a fornicar con los ideólogos liberales que suavizaron su postura, por eso es que hoy vemos de ataques a poblaciones y de extranjeros secuestrados, como en los viejos tiempos de Pastrana. Se ha dedicado a manosearse con presidentes de la calaña de Hugo Chavez y Rafael Correa, a revolcarse con las políticas pseudo-socialistas «Del Siglo XXI» que incluyen la expropiación y la violación a la constitución para asegurar los votos para presidente de uno de sus ministros. Todo muy lejos de la política de su antecesor, de quien se desligo su mandato.

Teniendo todo esto en claro, se puede concluir que en efecto Juan Manuel Santos es un traidor, no tanto a Uribe como a los 9 Millones de Colombianos que votaron por él (yo voté en blanco, gracias) y que le dieron el mandato de la continuidad a las políticas de su antecesor. Así, aunque Pastrana, Samper, Gaviria o Uribe hayan tenido momentos malos, permanecieron fieles a sus mandatos (hasta cierto punto) mientras que Santos lo olvidó tan pronto juró ante el congreso. ¿Qué opina usted de esa actitud?

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Los nuevos «mejores amigos» de Santos dan cuenta de la traición a su mandato.

#PreguntasParaLosLiberados y El Circo De Las Liberaciones.

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En un circo completo, no pueden faltar los chigüiros. Foto de El Heraldo.

Pensar en tener buenos pensamientos para un grupo de narcotraficantes y terroristas que mantuvieron secuestrados por casi quince años a un grupo de hombres cuya misión era precisamente protegernos a nosotros, los ciudadanos del común. Eso está fuera de discusión, al menos para mi. Pero luego del circo que presenciamos el día de ayer, en el cuál Piedad Córdoba actuo como maestra de ceremonias, no faltaron aquellos que empezaron a declarar a las farc como los heraldos de la paz y la reconciliación e incluso empezaron a dibujarles aureolas en las cabezas a los difuntos Mono Jojoy, Raul Reyes y Alfonso Cano.

Sería muy tonto olvidar décadas de sufrimiento que ese grupo criminal le ha infringido a nuestro país, por un acto que debieron mostrar hace años. Este circo dio para todo, hasta para volver famoso a un animal selvático, claro es que luego de casi quince años en un campo de concentración en la mitad de la selva, las normas de las CAR sobre tráfico de especies no existen para los liberados. En medio de semejante circo perfectamente planeado ¿Por qué no ponerle un toque de humor también? Es así como nace el hashtag #PreguntasParaLosLiberados .

Curiosamente los primeros que pusieron el grito en el cielo por el hashtag argumentando que era una falta de respeto, que los que lo utilizábamos nos íbamos a ir al infierno y otras sentencias más, son los mismos que se murieron de la rabia el día que el ejercito dio de baja a los 32 cabecillas de las farc, el día que murió Alfonso Cano, Raul Reyes y el Mono Jojoy, gritando a los cuatro vientos que el gobierno y el ejercito estaban sepultando la paz del país junto a criminales de la talla de esos asesinos.

https://twitter.com/#!/nikoarrieta/status/186977190406144000

Algunos de los tweets escritos con #PreguntasParaLosLiberados critican precisamente la actitud de aquellos que regresan a la libertad luego de estar secuestrados y sus familias. Familias que pasan años y años aclamando la libertad de los suyos, pero una vez que estos regresan empiezan las incomodidades, los conflictos y los divorcios. Luego la cuestión laboral, el estado no sabe que hacer con ellos y empiezan los problemas, entonces es cuando empiezan las demandas, algunas por una cifra «simbólica» como la de la francesa esa que estuvo secuestrada aquí, llamada Ingrid Betancourt. Luego entonces los lanzamientos de los libros, claro, pero en esos libros nunca dicen nada. Son odas heroicas cuyo objetivo es convencer a los lectores y a ellos mismos de verdades a medias y parcializadas, que no revelan el lado más oscuro del secuestro.

https://twitter.com/#!/JUANDEMARKOXXX/status/187143687313170432

La mejor manera de criticar es mediante el humor, entre risas se dicen muchas verdades, entre chanza y chanza se llega al meollo del asunto. No es una falta de respeto señalar lo que en realidad significan esas liberaciones, no es una falta de respeto no querer olvidar la barbarie de las farc. Ahora al que lo hieran las susceptibilidades es porque en definitiva en realidad es muy iluso para creer que esos asesinos en realidad quieren la paz, siendo que lo que sucede es que ya han dejado el secuestro a un lado como fuente de financiamiento y se han aliado con bandas criminales para explotar el negocio de la droga, así nunca habrá paz. Pero eso es lo que algunos se resignan a entender.

https://twitter.com/#!/El_Webmaster/status/187048763926384640

https://twitter.com/#!/leonardoh35/status/187010469930876930

También es una forma de apuntar a lo mucho que ha cambiado el mundo y el país en estos años, muchos cambios, pero así mismo como las cosas siguen muy parecidas. Pero en fin, el hecho de que sean los que critican este hashtag convertido en Trending Topic sean tan intolerantes que hasta son capaces de esto:

https://twitter.com/#!/CamiCabrera123/status/187015389010604032

La idea siempre fue divertirnos, ver el lado amable de un hecho que a la hora de la verdad tiene sus intereses oscuros detrás.

Lo que le debemos a Uribe

Si usted está leyendo esto probablemente está cómodamente sentado en su casa frente a la pantalla del computador, preocupándose de cosas como las cuentas de fin de mes, la inseguridad en las callas, la salida del próximo fin de semana con los amigos, los problemas con la novia o el novio, en fin. Pero acaso se ha imaginado usted como es vivir aislado, viviendo de lo que produce la tierra, llevando una vida sencilla pero satisfactoria. Muchos de nosotros no nos imaginamos en semejante plan, rodeados de mosquitos y otras bestias tropicales pertenecientes más al mundo de la ficción que al mundo real.

Pero sí, aunque no lo creamos, hay muchos, muchos Colombianos que viven así y son los Colombianos que el DANE contabiliza como la Colombia Rural, pero viviendo en este pueblo alejado de la Mojana Sucreña y oyendo las historias de los periodos oscuros de finales del siglo XX y comienzos del XXI no me queda duda de que aquellos que critican al ex-presidente Alvaro Uribe Velez tienen una versión bastante «Disney» de lo que era Colombia antes de que el, si el paisa, el de carriel, el que muchos han tildado de paramilitar, el que no iba con los protocolos reales, el que escuchaba al pueblo, si el, llegara a la Presidencia de la República.

Así como las historias que he escuchado aquí, son las historias en tantos otros y más vastos territorios de nuestra geografía nacional desde las llanuras de los Llanos Orientales, El Magdalena Medio, el Chocó y tantas otras regiones que parecen estar tan lejos de la agitación de Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla o Bucaramanga que parece que pertenecieran a otro país, un país que no conocemos, o que no conociamos, al menos hasta hace unos años.

Las historias que escucho de sangrientas tomas guerrilleras, de combates salvajes entre un ejercito debilucho y paramilitares, de paramilitares y guerrilla y de guerrilla y ejercito, que desembocaban en más muertes civiles; historias de hombres que eran comunes y corrientes pero que un día se vieron forzados a tomar las armas para defender su sustento de trabajo de una guerrilla morbosa y sádica, hombres que después se convirtieron en una contraparte igual o más oscura a la guerrilla, capaces de crimenes atroces sin ningún remordimiento. Historias de asesinatos a sangre fría a plena luz del día, historias de muchachos que corrieron por su vida y murieron justo antes de entrar a su casa, de cuentas pendientes, de asociaciones con los políticos, con los policías. Historias que si se cuentan en una misma noche le quitan el sueño hasta al más tranquilo.

Historias, historias, pero la historia más cruel quizas es la de todos los demás, los inocentes que se veian involucrados por las circunstancias, atrapados en una incetidumbre eterna de si el siguiente muerto, será alguien cercano, de si salir a la calle es un peligro, de si se puede hablar o no, porque todo era una excusa para matar en esa época y lo peor era que ese estado, cuya obligación desde su concepción es el de proteger a sus ciudadanos, los tenía como ciudadanos de tercera categoría que eran solamente carne de cañón que no importaba mucho quienes morían y quienes no.

Hasta que llegó Uribe, quien le siguió a Pastrana, que no sirvió para nada mejor que para entregarle el país a la guerrilla y verla fortalecerse y por regla de tres simple se tuvieron que fortalecer los Paramilitares y en la cadena de desconfianzas y errores, de ayudas prohibidas, murió tanta gente. Hasta que llegó Uribe, quien decidió aniquilar esa sombra que se cernía espesa y densa sobre las cabezas de nuestros campos, de nuestros compatriotas, que decidió hacer presencia, solida en cada pueblo, vereda, por pequeña que fuese, porque sí, Bogotá, Medellín o Cali son muy importantes pero su importancia es relativa, la constitución no indica que un pueblo sea menos que una ciudad, que no se deben invertir recursos. Fue ahí en esa concepción erronea de que mientras la guerrilla se quedara en el sector rural pues  menos mal para todos. NO, es ahí donde se fortaleció y llego a expanderse tanto que llego a ser casi que incontenible, con pescas milagrosas, ataques a poblaciones, y asesinato de alcaldes, gobernadores y concejales.

Fue Uribe quien se apersonó del tema, dando la orden de que ningún municipio del país quedara sin protección, de que las carreteras fueran seguras y así fortaleció la confianza del mundo en un país que ya no soportaba más desprecios de la comunidad internacional, de sus hermanos latinoamericanos, de las grandes potencias, ese mismo país es ahora una economía relativamente sólida, que resistió la crisis económica más brava desde «La Gran Depresión» quien se encargó de supervisar obras ya destinadas a convertirse en elefantes blancos donde reinaría la corrupción y la negligencia, pero fue Uribe quien se concentró en lo que era importante y era que el si sabía leer al pueblo. Sabía lo que querían y trato de darselos.

Como todos los seres humanos, el no es perfecto, cometió muchos errores, tenía muy malas compañías, pero lo cierto es que en la telaraña de la política hay que valerse de trucos no muy limpios para lograr propósitos, más grandes, «The Biggest Good» como dirían los gringos, pero hasta aquellos que hablan mal de el, cuando vienen a un sitio de estos y ven a la gente feliz, contenta, libre de miedos, libre para moverse de un lugar a otro, eso vale todos los dolores de cabeza que hayan surgido de las intenciones de crear un mejor país. Al menos el si dio un paso al frente y puso el pecho para enfrentar a ese monstruo que nos estaba por devorar. Mucho más que los que lo critican desde la comodidad de sus apartamentos en una ciudad grande donde lo peor que les ha sucedido es  una billetera perdida en un bar.

¿Qué hizo falta para acabar con las FARC?

Ya falta muy poco para que termine el periodo presidencial mas largo de las ultimas décadas, todo por cuenta de la polémica reelección y de alguna manera me siento un poco defraudado por que el resultado que mas anhelaba de este gobierno finalmente no se cumplió: El exterminio definitivo de las FARC.

No cabe duda que no soy el único en que esta de acuerdo que entre el top 10 de las desgracias más grandes que le han pasado a este país, junto con la tragedia de Armero y los breakfast shows de la mañana en RCN y Caracol, esta el surgimiento de esa guerrilla tantas veces maldecida, escupida y rechazada por ese pueblo que tanto clama defender.

Ese pueblo que rechaza incluso ese nombre mentiroso que ostentan, por que si bien uno que otro politico de izquierda (especialmente si viene de Venezuela) podria imaginarse que son unas Fuerzas Armadas, que son Revolucionarias y más que sean Colombianas, ninguno de esos apelativos les cae, porque primero no son unas Fuerzas Armadas, son una Chusma Dearticulada, no son revolucionarias, puesto que las revoluciones nacen del pueblo y hasta donde yo sé los que mas odiamos  a lafar somos el soberano pueblo de Colombia y ahora cabe la duda si lafar siguen siendo colombianas, cuando es en Colombia donde más odiamos y detestamos a ese grupo de bandoleros desarrapados y retrógados que aún creen que la Unión Sovietica existe y que la China sigue siendo comunista; y cuando los que los defienden no son Colombianos sino Venezolanos, Ecuatorianos y Daneses. Faltaba más.

Lafar no terminan de entender que el pueblo de Colombia siente un odio visceral y sin limites contra ese grupo que nos mantiene en el tercer mundo, tanto así que mas de uno pensó en alguna ocasión que si valía la pena sacrificar a los secuestrados con tal de terminar de aplastarle la cabeza a esa serpiente nefasta;  y esa es la causa del llamado teflón de Uribe, porque si bien todos entendemos que los falsos positivos, la parapolítica y otros escandalos de este gobierno rayan en lo repugnante, el parecer de la mayoría (a diferencia de lo que Antanas Mockus creía y por eso perdió) es que vale cualquier cosa con tal de exterminar a esa guerilla que con 40 años de hacer y deshacer con Colombia, nos parece diez mil veces mas repugnante y execrable que cualquier escándalo.

Sin duda, en este punto no cabe duda de que quien combate al mal, se vuelve un poco malvado tambien y ese es el caso de nuestro presidente. Así como Frodo en el Señor de los Anillos sufrió el resto de su vida las secuelas de llevar el Anillo, así como los Estados Unidos le tocó iniciar la era atómica, todo por un bien mayor, así este gobierno no ha salido pulcro de ese enfrentamiento, pero a todos nos queda la duda de que si bien se cruzaron los limites, faltó un poco, solo un poco más.

Pero por un lado, estaban los familiares de los secuestrados (como «doña» Yolanda Pulecio) respaldados por la Unión Europea y su polifacético grupo de ONG’s , negando la posibilidad de terminar de destruir la presencia guerrillera en nuestro país, por un puñado de políticos en su mayoría corruptos, que habiendo el gobierno y el pueblo de Colombia desperdiciado recursos en su rescate y liberación vienen después muy orondos a reclamar lo que no han trabajado y sobre todo lo que no se merecen, en una muestra de ingratitud (o ingrititud) sin limites, porque eso si, ellos creen que se lo merecen todo y son mejores que el resto de nosotros los Colombianos.

Y por el otro lado, está Chavez. Si los venezolanos no hubiesen elegido a Chavez (que gracias, de paso) hoy para esta fecha tal vez, solo tal vez ya estaríamos del otro lado, preocupándonos por otros asuntos, pensando en invertir mas en educación, en salud y no en tratar de localizar los campamentos de la guerrilla del otro lado de la frontera y en como combatir los misiles tierra-aire que con mucho gusto le regala Chavez a sus «camaradas» de lafar. Es así como los secuestrados y el pueblo de Venezuela tienen una deuda enorme con los Colombianos y la verdad espero ver como se paga esa deuda, a ver si se hace un poco de justicia.