Rio 2 y Otros Errores No Solamente Ortográficos. (Reseñas X)

Puede sonar extraño, pero la primera pregunta que me hice sobre Rio 2 no tuvo nada que ver ni con los personajes, ni con la historia de la primera película (que aún no me he visto), ni con el director, ni tampoco con la kilométrica fila repleta de mocosos que había que hacer para comprar la entrada e ingresar a la sala. No, la primera pregunta que me hice era si la palabra que le da nombre a la película (Rio) debería llevar tilde o no.

Si seguimos las extrañas reglas de la gramática española y asumimos que el título de la película está presentado en español, en efecto el pequeño acento gráfico tendría que haber hecho su aparición, a pesar de que es ridículo ponerle tilde a Río de Janeiro, cuando la misma palabra Janeiro es un vocablo portugués que significa Enero. Si los genios de la RAE tuvieran un poco de sentido común hubiesen dejado a Rio de Janeiro con su nombre original, o sea sin tildes, o lo hubiesen traducido completamente a Río de Enero, de igual forma que la otra megalópolis brasileña se conoce como São Paulo o como San Pablo , pero nunca como San Paulo o São Pablo. Así, que se deduce que el nombre de la película (a pesar de ser doblada al español y ser infantil) el título está con el nombre original de la ciudad, o en su defecto, el nombre de la ciudad en inglés que no lleva tildes por ninguna parte.

Pero de momento hagamos a un lado las cuestiones gramaticales, para discutir un poco sobre la película. De momento.

Rio 2 se basa en los temas de protección ecológica, el verdadero hogar y como encajar en una sociedad diferente.

Linda y Tulio (los humanos de la primera película) se encuentran investigando en la selva del Amazonas, cuando por casualidad encuentran pruebas de que podría haber más papagayos azules, además de Blu, Perla y sus tres hijos, en la reserva natural en Río de Janeiro. Perla, preocupada por la creciente dependencia de sus hijos por el estilo de vida humano, patrocinado por Blu decide hacer un viaje hasta la selva para encontrar a la bandada de papagayos azules. Es en este lugar donde Blu y su familia deberán enfrentar no sólo el drástico cambio que significa vivir en la selva, sino el peligro de los taladores ilegales y las maquinaciones de Pepillo, quien busca vengarse de Blu por los sucesos de la primera cinta y que cuenta con la ayuda de Gabi, una rana venenosa dispuesta a lo que sea por ayudarlo.

Vista a grandes rasgos, se podría decir que Rio es una película cliché con cierto potencial de entretenimiento, pero si la vemos escena por escena y acto por acto, es difícil encontrar buenos adjetivos para referirse a ella.

Para empezar, para ser una película animada para niños, el humor se siento forzado y antinatural, casi como si nos estuviera mostrando un letrero con letras rojas diciéndonos “RÍAN”. Luego tenemos el lento avance de la cinta, que hace que 101 minutos, parezcan 200, esto sucede porque la cinta se basa en sucesos independientes, una serie de eventos, que no se encadenan muy bien y terminan por ser bastante tediosos, por decir lo menos. El desarrollo de los personajes y de la historia es bastante predecible, dándole al espectador exactamente lo que espera, sin ninguna sorpresa. Los números musicales (con excpeción quizás los de la rana Gabi) son planos y nada excitantes, con lo que a menos que a usted le guste cualquier tipo de dibujo animado, le queda difícil apreciar algo en la cinta.

Gabi, la obsesiva  rana venenosa, es quizás el único punto realmente positivo de Rio 2.

Rio 2 parece una película hecha a las carreras (¿Por el mundial, quizás?) lo cuál deja muy mal parado a BlueSky, teniendo en cuenta que Pixar y Disney están lanzando cintas cada más exitosas en taquilla y en la crítica. Sinceramente espero que no vaya a suceder lo mismo con la próxima película de La Era del Hielo, porque eso sí que sería un verdadero desastre.

Calificación: 2.10/5.00

El Ejemplo de Brasil

Brasil, el gigante de Sudamérica, el imperialista, el industrial; ese mismo que mencionan junto a Rusia, India y China cuando hablan de los países del futuro, ese mismo que a pesar de ser tan cercano, es a la vez tan lejano, ese mismo país que nos ha llenado de orgullo al sacar la cara por esta parte olvidada del planeta en más de una ocasión, hoy le está dando una lección de madurez y de desarrollo al resto del mundo, especialmente a sus hermanos latinoamericanos.

Brasil es, junto a Rusia, India y China, parte del llamado BRIC, el conjunto de países llamados a liderar la economía mundial.

Irónico, mientras en Colombia, Venezuela y Argentina saltábamos de la alegría al tener la posibilidad de tener tan cerca unos Juegos Olímpicos y un Mundial de Fútbol, que al fin un privilegio que se creía hasta entonces exclusivo de los países “ricos”, estuviera al alcance de nuestros estropeados bolsillos, son los mismos anfitriones de estos eventos, los que han salido a la calle a protestar por la realización de los mismos.

Realmente fui yo el primero en sorprenderme ante los ríos de gente que han salido en las principales ciudades de Brasil a protestar en contra de estos espectáculos que llenarían de orgullo a cualquier país y enumero: Copa Confederaciones (2013), Copa Mundial de Fútbol (2014) y los Juegos Olímpicos (2016).

Cuando al presidente Álvaro Uribe se le ocurrió proponer el nombre de nuestro país como sede para el Mundial del 2014, más de uno (y me incluyo en ese grupo) nos alcanzamos a ilusionar en grande, claro antes de que el presidente de la FIFA prácticamente nos obligara a retirar dicha candidatura y nos dieran el contentillo del Mundial Sub-20 de 2011. Aún así, el hecho de ser sede de un evento mundial, así sea de segunda categoría como ese nos llenaba de un orgullo y una alegría que ahora, con el ejemplo que no está dando Brasil, me parece absurda e irracional.

En Colombia estabamos tan contentos con el Mundial Sub-20, que nadie se puso a examinar con ojo crítico la rentabilidad del evento.

Sí, muy chevere que hayan llegado selecciones de tanta talla futbolística como Malí, Nueva Zelanda, Panamá o Corea del Norte (nótese el sarcasmo) y todo lo demás, pero sólo hasta ahora me empiezo a preguntar si el dinero invertido en este evento realmente tuvo algo de rentabilidad para nuestro país y sobre todo CUÁNTO se gastó en total. Las cifras oficiales rondan los 250 mil millones de pesos, pero hasta los alcahuetas más acérrimos del gobierno han reconocido que esa cifra está muy por debajo de la realidad. Aún así ¿Cuántos hubiese ayudado al sistema de salud esos 250 mil millones de pesos? ¿Cuántas carreteras se hubiesen terminado? ¿Cuántos calzadas dobles?

Siempre pensé que la decisión que se tomó en 1986 de renunciar a ser la sede del Mundial de mayores, que terminó en manos de México, había sido una oportunidad perdida, pero ahora hasta me parece sensata dicha determinación. No tiene presentación que un país con necesidades urgentes en atención a la población esté literalmente echando la plata a la basura organizando eventos cuya rentabilidad dista mucho de ser positiva.

Brasil, un país cuya población goza de unos niveles de vida mucho más elevados que el del resto de sus “hermanos” latinoamericanos, que no tiene tanto de que quejarse como nosotros, que no sufre de carruseles de corruptos en todas las esferas del poder, ni de carreteras obsoletas, ni de un sistema de salud ineficiente, ni de un montón de asesinos haciendo de las suyas en todo el país… y aún así ha salido a las calles. En una muestra de madurez digna de admirar, no se han dejado encandilar por las mieles de los mundiales de fútbol y de las olimpiadas y han mirado primero las necesidades que tienen y que se han dejado de atender para asignarle recursos a estos eventos.

Gracias Brasil, por este ejemplo tan grande que nos estás dando.

Los brasileros no tienen ni idea del ejemplo que le están dando al mundo, sobre todo a sus países hermanos con esta actitud, llena de sensatez. Nunca faltan los aguafiestas como “el rey” Pelé, que amarrado con sus contratos de publicidad con cuanto banco y tarjeta de crédito patrocinadora del mundial existe, le pidió a sus compatriotas que “olvidaran” las protestas y se concentraran en el fútbol… o más bien en la publicidad de sus patrocinadores. Muy mal por Pelé, pero igual no esperaba más de un sujeto que ha hecho su fortuna a costillas de patrocinios comerciales luego de retirarse. Cuanta razón tienen Maradona y Romario cada vez que se refieren a dicho personaje, ¡cuanta razón!

Ojalá no sólo en Colombia, sino en toda América Latina tomemos nota de lo acontecido en Brasil y empecemos a luchar, después de todo el gobierno y el Estado están allí para garantizarnos nuestros derechos, no para pisotearlos y hacer con ellos lo que les de la gana.