El Maravilloso Viaje De Escribir Una Novela (NaNoWriMo 2011)

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Acabo de validar las más de sesenta y dos mil palabras de mi novela «El Mototaxi» dentro del llamado National Novel Writing Month (Més Nacional de la Escritura de Novelas) , evento que tiene lugar todos los años y cuyo objetivo es que personas de todo el mundo se animen a escribir una novela de al menos cincuenta mil (50000) palabras.

Cuando vi el anuncio aquí en WordPress definitivamente quería intentarlo, no sabía si en realidad iba a llegar a mi objetivo en ese momento, pero quería ver hasta donde sería capaz de llegar.

ANTECEDENTES.

Lo primera que debía hacer era elegir la historia, desde hace mucho años tengo varias historias en la cabeza, la mayoría de la época en que era adolescente y mi mente era muchísimo más creativa que ahora, podía elegir entre varias, pero tenía un problema y era que aún no podía dedicarme mucho a investigar datos y detalles para complementar una historia que ocurriera por ejemplo en Dallas, Texas, la única historia que ya tenía a la mano era la de un mototaxi que encontraba a una muchacha perdida en un camino abandonado cerca a Sincelejo.

Desde el principio sabía como se iba a llamar la novela, lo que no tenía claro eran los nombres de los personajes. El primero que tuve que elegir era el del propio mototaxi, tenía que ser un nombre que cayera con la historia, no sería apropiado darle un nombre demasiado sofisticado, pero al mismo tiempo quería darle un nombre tal que yo pudiera meterme en los zapatos del personaje facilmente. Había pensado que el nombre más sencillo era Pedro, pero no quería escribir una historia sobre alguien llamado Pedro, así que decidí utilizar un diminutivo que me permitiera sentir empatía con el personaje y por eso quedó Pechi y así se llama a lo largo de la historia y muy pocas veces lo llaman «Pedro».

Luego el siguiente nombre, el de la muchacha perdida, se me ocurrió mucho más fácil. Alguna vez viví en frente de una familia que tenía una hija llamada Laura, era el nombre apropiado para el personaje, era una muchacha de buenos sentimientos que por la sobreprotección y la actitud de sus padres hacía ella, toma una actitud un tanto antipática. Me pareció perfecto. Ahora desde el principio sabía que la historia no giraría en torno a dos personajes solamente, quería expandir la historia pero sin perder la concentración. Una sola linea de acción me exigiría demasiado, así que la diversifiqué. El otro personaje masculino, es casi un anti-Pechi, a diferencia del mototaxi, este es un muchacho de clase alta, confundido por la multiplicidad de opciones que tiene en la vida, bajo la presión de sus padres, pero que solo necesitaba un gatillo que despertara su lado humano.

Al igual que con el mototaxi, me costaba trabajo meterme en los zapatos del personaje si tenía un nombre comun y corriente y decidí hacer lo mismo, darle un diminutivo y por eso lo llamé Nane, era un apodo que ya había escuchado y debo confesar que lo tomé prestado de uno de mis contactos de Internet; el nombre del último personaje central, Cindy, lo tomé pensando en una muchacha inteligente y hermosa y me acordé de una de las compañeras de colegio de mi hermana que tenía ese nombre.

LA NOVELA.

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Es duro, pero muy satisfactorio.

No es que no me haya dado cuenta que en realidad, la novela tal y como está requiere de mucho retoques y de re-edición.

Algunos capítulos me encantan y los leo y me encantan mucho más, pero hay otros que definitivamente les hace falta un poco de trabajo, creo que ese será mi trabajo para el mes de diciembre. Los primeros capítulos fueron bastante sencillos, tenía una idea bastante clara de como empezar la novela y hasta el capítulo 12 o 13 todo iba bien, a partir de allí me preocupó la idea de que el conflicto entre los personajes no era lo suficientemente interesante como para motivarme a escribir 50000 palabras, entonces metí un conflicto mucho más grande, no sin antes tener un gran bloqueo mental, inicialmente pensé en los padres de los dos personajes de estrato alto, Nane y Laura, como los perpetradores del conflicto, pero evidentemente me pareció mas interesante tener a un villano mucho más poderoso capaz de orquestar un plan en el que todos los personajes pudieran estar involucrados.

Este villano desconocido por supuesto no se revela sino hasta los últimos capítulos, pero mientras escribía apareció uno de los personajes, al que inicialmente solo el di características físicas y ningún nombre, pero que poco a poco adquirió vida y se convirtió en un personaje muy importante en la segunda parte de la historia y le di un nombre un tanto literal: Lastre. 30 de los 31 capítulos están escritos desde el Punto de Vista (POV) de los cuatro personajes principales: Pechi, Laura, Nane y Cindy, y aunque al principio quería mantener ese orden de manera escrita, la misma historia se rebeló y el orden cambia a medida que transcurre la historia. Un sólo capítulo lo escribí desde el POV de Lastre, para darle un toque más conflictivo al final de la historia, explicar algunos detalles que había dejado sueltos y preparar todo para el final.

PARA TERMINAR.

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Plaza de Majagual en Sincelejo, donde transcurre parte de la historia.

Esta ha sido una experiencia maravillosa, que me permitió conocer mis capacidades y también algunos puntos por trabajar, no quisiera terminar este post sin agradecerle a Jael Echevarría, que me apoyó y me motivó muchísmo, al igual que José Luis Villadiego o como lo conocemos en twitter @PokerVilladiego y a Wilmer España que me apoyó desde Google+.

También a todos aquellos que leyeron y que me mandaron sus comentarios y sus criticas, las cuales son siempre bien recibidas, espero en 2012 tener la misma disposición para escribir una historia que merezca ser contada.

Mientras tanto seguiré dedicandole tiempo a mi blog, que lo he tenido un poco abandonado por cuenta de la novela, pero ya con esto vuelvo al ruedo. Mañana 30 de Noviembre se publicarán todos los capítulos que podrán leer en http://elmototaxi.wordpress.com.

12 Horas Por Aire, Tierra y Agua.

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Esperando el viaje por aire.

No recuerdo muy bien a que hora desperté ese día, de hecho no se si en realidad pude dormir. Me esperaba un largo viaje por delante y en caso de que algo saliera mal, un retraso o algo por el estilo, corría el enorme riesgo de encontrarme con un problema de marca mayor. Era el lunes luego de las elecciones.

Llegué al aeropuerto como a las 5 de la mañana, justo a tiempo para registrarme. El vuelo habría de salir a las 6:15. Luego de un rato escuchando música y vagando por las salas de espera del aeropuerto, se escuchó la primer mala noticia: el vuelo se había retrasado por el mal tiempo. Tocaba esperar. Una hora después todo seguía igual. Dieron el aviso de que había que esperar otra hora adicional, ya me imaginaba que no había modo de llegar a tiempo, al menos no esta vez.

Finalmente a las 8:15 dieron la autorización para abordar, finalmente. Entré al avión y coloqué mi equipaje debajo del asiento de enfrente y como mi reproductor de música es realmente uno de mis teléfonos celulares como que no había posibilidad de entretenimiento. Al menos en el vuelo de ida había llevado un sudoku que en estos momentos ya debe estar en la basura, pero ahora, por falta de espacio, no tenía mucho con que entretenerme.

Estaba tan cansado que ni siquiera podía dormir. Saqué mi notebook y pues empecé a organizar algo del trabajo pero en realidad no fue mucho lo que hice porque en realidad no tenía con que trabajar. Todo lo había dejado y debía trabajar cuando finalmente llegara.

Eran como las 9:45 cuando finalmente el avión llegó a Cartagena. Haciendo mis cuentas no había nada que hacer: no llegaría a tiempo, pero nada me impedía intentarlo.

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Tierra.

Mientras el avión aterrizó, fui a buscar mi única maleta y eso, ya eran las 10:10. Salí a buscar un taxi y pues había alguien que iba para el terminal de transportes y como no iba exactamente con exceso de dinero, se me ocurrió que compartir el taxi sería una buena idea. No. La persona que iba conmigo en el taxi, debía recoger algo y en eso se tardó un poco más de lo esperado, cuando llegué al terminal ya eran las 11 de la mañana.

Afortunadamente había una van lista para partir apenas llegué y por suerte había alguien allí que también debía abordar en Magangué, así que pensé que si al menos perdía el viaje no estaría solo.

La van arrancó e iba a toda velocidad, aunque de vez en cuando paraba a recoger uno que otro pasajero, pues no estaba completamente llena. No pude dormir tampoco. Me puse los auriculares y encendí la música mientras me perdía en pensamientos que ahora parecen tan tontos y ridículos que me dan pena.

chalupa
Por agua.

Vi pasar uno a uno los pueblos a los que siempre miro desde una ventana cuando voy en bus a Barranquilla, Santa Marta o Cartagena, miré el reloj pensando en las posibilidades que el tiempo me estaba dando, cuando el reloj dio las 2 de la tarde, pues ya se me habían empezado a agotar las esperanzas, pero no me quedaba otra que disfrutar de los bellos paisajes verdes que se abrían por mi ventana.

Me bajé de la van a las 2:10 y a las 2:15 entré a la oficina donde vendían los tiquetes para abordar la lancha que me llevaría al lugar donde trabajo. Para mi sorpresa aún estaban vendiendo los tiquetes. De hecho me dio tiempo hasta de almorzar, mientras la tarde caía lentamente, a eso de las 3:10 arrancó la lancha.

El viaje por agua siempre me ha parecido un poco traumático, pero de hecho esta vez era diferente. Las nubes ocultaban débilmente el sol, por lo que el agua brillaban de un modo espectral, casi mágico. Mientras escuchaba música, veía la margen del rio, y luego la amplia ciénaga y finalmente las aguas lentas del caño, hacía dentro. Luego de pasar por un avión, por una van y por una lancha, y luego de dos horas en una incomoda silla de madera dura. Había llegado. Se escuchaba la música y el jolgorio, había celebración, obviamente por la política, me eché la maleta al hombro y pensaba en las vueltas que había dado aquel día, hacía menos de 12 horas estaba helado hasta los huesos, aguantando frió y ahora era tiempo de aguantar el calor y los mosquitos, como ya lo he venido haciendo por más de un año y medio.

Los Secretos a Voces de la Politiquería.

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Con dinero y presión, los politiqueros logran que esto suceda, el ciudadano no expresa su elección libremente.

Decir que en mi departamento, Sucre, y en los otros departamentos de la Costa Caribe Colombiana, los delitos electorales son cosa del pasado sería una mentira tan grande como el miedo que ha originado el Huracán Irene en los Estados Unidos.

De nada ha valido, la policía, la fiscalía, la contraloría, la procuraduría, las comisiones de observación nacionales e internacionales, las campañas por televisión e incluso las denuncias que se hacen abiertamente para detener ese flagelo que tanto daño ha hecho en nuestra tierra bendecida por Dios por el milagro de la fertilidad, tan escaso en el contaminado y cada vez más árido planeta en que vivimos.

Es un hecho que en la(s) Gobernación(es) y en las entidades que de ella emanan, así como en las Alcaldías y en todas las entidades que dependen de ellas (lease, donde el Gobernador y el Alcalde tienen potestad de Nombrar) sobran puestos ¿Cómo así? En estos sitios trabaja mucha más gente de la que necesitan ¿Por qué? Porque todas estas entidades, que se supone deben trabajar para nosotros los ciudadanos se han convertido en centros de pago de favores políticos.

Muchos «líderes comunitarios» que manejan a su antojo a un porcentaje de la población en los municipios, se encargan de «convencer» (con dinero, favores y por supuesto con puestos) a estos que voten por tal candidato para la alcaldía, por tal para la asamblea y por tal para la gobernación. Si este líder ha conseguido suficientes votos, entonces puede exigir que le otorguen puestos. ¿Cómo y Dónde? Pues ellos contactan con agentes de la campaña de la Gobernación, que luego de la elección quedan muy bien, pero muy bien posicionados, es decir, uno de los colaboradores cercanos puede quedarse con una Coporación Autonoma, y los líderes con los que trabajó pues le piden que coloque a alguien en esa entidad. Sucede lo mismo en todos los estamentos.

En las alcaldías, que manejan menos entidades este proceso se hace en los empleados de la misma alcaldía, de los centro de salud/hospitales y si no manejan los servicios públicos es porque estos ya han sido privatizados hace tiempos.

Eso explica claramente por qué las entidades públicas desde las Universidades Públicas hasta las Corporaciones Autonomas son ineficientes y lo peor tiránicas. No es sino recordar el nido de ratas en el que se había convertido Telecom antes de ser adquirido por la española Telefónica, donde el usuario siempre llevaba todas las de perder.

La meritocracia en estos sitios es mínima, y la poquísima que hay va por cuenta de procesos que se han desarrollado desde Bogotá, como por ejemplo los concursos de convocatoria pública de la CNSC que proveen empleos en el Inpec, la Dian, el Magisterio y el DAS.

Aún así, el grueso de los empleados públicos de estos departamentos y municipios son «corbatas» es decir remuneraciones en empleo para aquellos que consiguieron votos para el candidato que ahora es gobernador/alcalde o por los candidatos de su coalición en la asamblea/concejo.

Estos empleados saben que su puesto es temporal, depende de si manifiesta simpatía política con los candidatos que le dieron el puesto y también saben que termina con cada periodo. Si desean seguir deben hacer lo que sea para mantenerse. Es ahí donde aparece la compra de votos.

Es obvio que estos líderes comunitarios reciben plata de muy, pero muy dudoso origen para comprar votos, y lo hacen pero estos votos ya se han puesto muy caros (están entre los 80 y 100 mil pesos, unos 45 dólares americanos) y necesitan complementarse con los votos comprados por los numerosos empleados que maman de la teta estatal.

Este es un caldo de cultivo para todos esos problemas de corrupción, lavado de activos y otros crímenes mucho peores. Pero es el público el que se resiente más, incluso aquellos que decidieron cambiar su voto por plata (o peor por un plato de comida).Recuerdo muy claramente la secretaria de facultad en la Universidad donde estudié. Era una HIJUEPUTA con todas sus letras, grosera, antipática, pero siempre parecía una reina, ganaba un excelente sueldo, y sólo trabajaba 4 horas efectivas al día.

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Los corruptos señalan a otros de ser ratas, cuando en realidad ellos son las ratas.

Es por eso que aveces me gustaría que todos los puestos públicos fueran elegibles por meritocracia, o en el peor de los casos que los cargos como el de gobernador y el de alcalde se nombraran desde otra región diferentes y digo peor porque a nivel nacional se ven cosas iguales o peores; Todas estas porquerías, que han sido denunciadas tantas veces son tan comunes que ya la misma gente cree que el que no vende el voto es un tonto. Hay todavía mucho que cambiar.

3000 Kilómetros por Colombia (Parte II)

Bogotá DC, Martes 7 de Junio de 2011, 9:25 am. Crucé rápidamente el puente peatonal sobre la Autopista Norte, y ya el bus había avanzado unos centímetros cuando alcancé a gritar el nombre de mi destino y logré subir. Pronto estaría en Tunja por un poco más de 7 U$. De los pocos paisajes que he visto, debo admitir que el de la Sabana verde en el altiplano, es uno de mis favoritos. El verde intenso, la hierba tocada por la neblina matutina, el cielo encapotado. Todo en su conjunto producen una sensación de tranquilidad y frescura.

El bus salió de Bogotá, apenas alcancé a ver los avisos de la desviación hacia Chía, que había sido noticia unos días antes por cuenta de las fuertes lluvias y las consecuentes inundaciones en un sector que muchos consideran privilegiado. Chocontá, Villapinzón, Ventaquemada. Muy cerca estaba ya de mi destino final. Si algún lugar de Colombia se ha de parecer a la mítica Tierra Media, debía ser este. Era interesante ver como le ganaban tierra a la montaña, como los míticos enanos, para buscarse un lugar donde vivir, las casas de ladrillos rojos sin ventanas, junto a otras sacadas de cuentos de hadas, todo en el mismo lugar, en la misma vía, justo donde hace casi dos siglos se libraron las sangrientas batallas que le dieron la independencia a este país.

Tunja
En la plaza de Tunja

Tunja, Boyacá. Martes, 7 de Junio de 2011. 11:24 am. Llegué al terminal de Tunja, bastante pequeño considerando que estaba acostumbrado a los terminales de Barranquilla, Bogotá y Medellín. Pero al menos era el punto central. Tenía anotada en una hoja la dirección y el nombre de los posibles hoteles donde me quedaría aquella noche. La sencillez del terminal, me hizo pensar que tal vez no sería necesario tomar un taxi para llegar al hotel. Tenía toda la razón. En el baño de la terminal, utilicé mi teléfono y me ubique: el hotel estaba a menos de 5 cuadras, un trayecto que podía caminar a pie. Pero no contaba con las empinadas calles, ni con el poco aire que alcanzaba a respirar. Parecía que había corrido una maratón. Llegué al hotel, muy económico, sólo 13 U$ por la noche, muy cerca de la plaza. Para ir a almorzar salí a dar una vuelta. Es una ciudad extraña. En Cartagena, el centro histórico está casi intacto, no hay edificaciones modernas que sobresalgan en medio de las centenarias viviendas. En Tunja sucede lo contrario. En medio de las hermosas estructuras arquitectónicas coloniales conviven casas y edificios de otras épocas mucho más recientes. Muchas Iglesias, en cuyas casas curales funcionan nada más ni nada menos que bancos y cajeros automáticos. En Calle estrechas, que permiten al transeúnte disfrutar del paisaje sin el temor de ser arrollado. En compañía de un viejo amigo recorrí la ciudad. A diferencia de lo que yo creía, Tunja no era mucho más grande que el resto de los municipios de Boyacá, en realidad (en palabras de mi amigo) está en las mismas proporciones de por ejemplo Duitama y Sogamoso y que Tunja es la capital más por razones históricas que por cualquier otro motivo. Un Martes no es un buen día para disfrutar de una ciudad, sin embargo en la medida de lo posible pude disfrutar de sus sitios, pequeños y atractivos. Sólo pude sentir algo del frío que hace famosa a la ciudad en la noche y en la madrugada cuando desperté a empezar el viaje que me llevaría de vuelta a casa.

PlazaTunja
Entre lo antiguo y lo contemporáneo.

Tunja, Boyacá. Miercoles 8 de Junio de 2011. 7:55 am. Era hora de subir a la van que me llevaría a Bucaramanga por unos 18 U$. Había despertado demasiado temprano, había ido a averiguar la hora de salida y luego salí a buscar algo para desayunar, luego de varios minutos caminando, encontré una pequeña tienda donde pude tomar algo antes de irme. Rumbo a Bucaramanga pasé por la misma calle donde había pasado el día anterior, se notaba el esfuerzo de la ciudad por salir de su pasado y tratar de entrar al futuro, muchos proyectos, estadios, calles, glorietas que debían cambiarle el sentido a la ciudad. Era hora de decirle «Hasta Pronto». Tengo ganas de volver.

Eran hermosos los paisajes que veía a través de la ventana, pasábamos por túneles creados por las montañas, donde el cielo servía de techo y donde el agua caía en forma de cascada desde la cima de ellas. Horas y horas de viaje. Moniquirá, Barbosa, Socorro, San Gil. Y después el terror. Pocas veces en mi vida me he sentido temeroso dentro de un carro o un bus, pero en esta ocasión literalmente vi pasar mi vida a través de mis ojos. No era solamente que la carretera en el sector que llaman «El Pescadero» fuera estrecha o que las curvas eran asombrosamente cerradas, o que el abismo a centimetros de nosotros tendría cientos de metros de profundidad. Era que los conductores la transitaban como si fuera una autopista de 20 carriles, adelantaban a ciegas, muchos frenaban sin aviso y hasta la gente se atravesaba sin ningún anuncio. Tenía las manos frias cuando llegamos al último tramo, afortunadamente una película me mantuvo lo suficientemente entretenido como para no terminar de perder la cordura en semejante tramo. Bueno, tal vez exageré un poco. Luego Floridablanca, pude ver algunas de las construcciones de Metrolínea, el Transmilenio de Bucaramanga y su zona metropolitana. Pensaba irme lo más pronto posible.

Bucaramanga, Santander, Miercoles 8 de Junio de 2011. 3:00 pm. Terminales enredados y el de Bucaramanga. Es fuera de serie que haya un terminal de transporte de 3 pisos, así que pasé como quince minutos subiendo y bajando escaleras tratando de encontrar la oficina de Expreso Brasilia, que era la que estaba completamente seguro, tenía rutas a Sincelejo. Sí, en efecto había buses para Sincelejo…a las 9 de la noche. Así que tenía 5 horas que matar en una ciudad en la que nunca había estado. Sabía que un hermano de mi madre vivía ahí, pero gracias a Dios mi teléfono se descargó y mi madre no tenía el teléfono con ella, le dejé el recado con mi hermana. Decidí mirar en Internet a ver que podía hacer un Miércoles en la capital de Santader. Anoté en un papelito las direcciones de los lugares a los que podría ser bueno ir, para relajarme en esas horas. Tomé un taxi hasta el Exito del centro, y de ahí salí a buscar la dirección, de los 3 lugares potenciales, elegí uno que me pareció el más indicado, porque al menos allí me podía asear. Me pasó lo mismo que en Medellín, lo accidentado del terreno hacía difícil ubicar direcciones pero luego de un rato deambulado y conociendo la ciudad a pie, encontré mi sitio de destino. Me relajé y disfruté mucho, cuando me di cuenta ya era hora de partir. Pasé mi niñez escuchando que mi madre decía que Bucaramanga era un lugar frío. Nada que ver. Incluso en la noche, me pareció muy caliente, pero igual, había una ola de calor en el país, así que igual no supe cual era la temperatura promedio en esa ciudad. 9 de la noche, luego de cenar muy bien, me embarqué en el bus, vi pasar entre sueños los trabajos en las obras, San Alberto, Curumaní. Y en la mañana, Bosconia, Plato, El Carmen, ya no resistía más. En ningún lugar en el mundo me siento tan bien, tan cómodo y seguro como en Sincelejo, ya quería llegar, había estado muy lejos, conociendo lugares nuevos, encontrándome con personas muy valiosas para mi, disfrutando, pero quería llegar. Los Palmitos, Corozal, el peaje…y al fin ahí estaba mi ciudad, me bajé del bus, agarré una moto y me dirigí rumbo a mi casa. El viaje había terminado.

PD: ¿Cómo se que fueron 3000 kilómetros? Fácil, Google Latitude me lo dijo una vez terminé el viaje. ¿Por qué hice el post en dos partes? Por que si lo hacía de uno se ponía muy largo y aburridor.

3000 Kilómetros por Colombia (Parte I)

busvistaSincelejo, Sucre. Sábado 4 de Junio de 2011: 9:43 pm. Agarré el morral que siempre utilizo para mis viajes cortos. Se escuchaba la música en las calles, al fin y al cabo era un Sábado de rumba, inicio de mes además. Ya era tarde, la encargada de Expreso Brasilia me había indicado que el bus con destino a Bogotá saldría a las 9:30, por el módico precio de 50 U$, pero me imaginé que ella decía eso con el único fin de hacer que los pasajeros estuviesen a tiempo para el bus que en realidad saldría a las 10 de la noche, pero cuando iba en la moto hacía la troncal, observé los dos buses de esa empresa, entonces sospeché que había perdido el viaje.

En efecto había perdido el bus. Rápidamente me dirigí a la otra empresa que ya sabía que tenía viajes para el interior del país desde mi ciudad, Sincelejo, así que me dirigí a Rapido Ochoa, de suerte el bus que sale para Medellín sale exactamente a las 10, y ya el bus estaba cerrando las puertas cuando, alcance a decirle al tiqueteador que me hiciera un pasaje…35 U$, sabía que gastaría más de lo que hubiese gastado si hubiese hecho el viaje directo, pero ese es el precio de la impuntualidad. No vi mucho del camino, apenas pude dormir los suficiente, despertando de vez en cuando para observar que si íbamos por el camino correcto: Planeta Rica, Tarazá, Yarumal, Santa Rosa de Osos, fueron los que alcancé a ver entre sueño y sueño. Apenas pude ver el amanecer bordeando las montañas cercanas al valle de Aburrá, había llegado a Medellín. En el terminal debía darme prisa, sería demasiado peligroso llegar a Bogotá tarde en la noche un Domingo, conseguí el tiquete por 30 U$, salía a las 8 de la mañana, tenía media hora para desayunar.

Medellín, Antioquia. Domingo 5 de Junio de 2011. 7:56 am. Era hora de subir al bus, no era nada agradable pensar que tenía por delante 13 horas de viaje además de las 9 por las que ya había terminado de pasar, pero era más la ansiedad por llegar que cualquier pereza física o mental que el viaje me produjera en ese momento. No había mucho que ver, sino el inclemente calor que hacía en la parte externa que se lograba colar en el poderoso bus con aire acondicionado. Marinilla, Cocorná, Puerto Triunfo. A eso de la una de la tarde pude avistar el Magdalena, estabamos en La Dorada. La vía por Honda no era la que ibamos a tomar. Fue una tarde de perros, el bus no entró de lleno a Cundinamarca, que estaba a la vista, sino que entró al Tolima. Mariquita, Armero, Cambao. Como a las cuatro de la tarde pude avistar el lugar donde ocurrió la tragedia de Armero. Un Cementerio. Increíble, como la fuerza de la naturaleza doblega el orgullo humano y provoca desastres de este tipo. Todavía quedaban muchas horas de viaje. Una señora como de 70 años, que salió de Medellín estaba encartada con unos mecatos que no le gustaron para nada, los repartió en el bus, al menos me pude entretener un rato. Pasé por lo que alguna vez me dijeron que le decían «las playas de Bogotá», en realidad era Girardot, que era lo más cercano que tenían en la Sabana de Bogotá a una ciudad turistica de Tierra Caliente. Me pareció más bien como un coveñas sin mar. Seguimos por la ruta de La Mesa, otra vez los desfiladeros de espanto en la falda de la cordillera, los peajes, algunos tramos inundados y por fin pude ver las luces de la capital. Al llegar al terminal, tomé mi taxi y me fui rumbo a mi destino.

Bogotá DC, Domingo 5 de Junio de 2011. 8:25 pm. Observando la ciudad desde la ventana de mi taxi, recordé las veces que había llegado a esa ciudad anteriormente y todas las promesas, ahora rotas, que me había hecho a mi mismo de regresar para vivir allí algún día. Una ciudad encantadora, en el centro de todo y a la vez tan distante de donde nací. Llegué al barrio donde un amigo me pudo recibir, afortunadamente, era hora de descansar.

Bogotá DC, Lunes 6 de Junio de 2011. 10:20 a.m. Fui al portal de Transmilenio, decidido a ver la ciudad, en compañía de mi amigo que también debía comprar algunas cosas. Fue bueno llegar y ver otra vez la avenida Jimenez, el llamado Eje Ambiental, luego caminar hasta la séptima que me recordó mucho a otra capital, más al sur en la que estuve alguna vez. Y luego, el mercado de las pulgas, fue raro estar en lugar así, pero más raro aún ver como las cosas que otra gente encontraba inutiles o inservibles otros la compraban, incluso pagando más de lo debido, hasta yo caí en esa red. Había quedado con unos amigos de vernos en el Portal de la 80 a eso de las 3, había hecho calor todo el día, pero depronto cuando iba de regreso empezó a soplar un viento helado. Al regresar al apartamento estaba lloviendo ya. Como pude me cambie y llegué al sitio donde estaban todos. La idea era ir a cine. Nunca jamás en mi vida había hecho una fila por más de 5 minutos para ver una película, tarde casi una hora, afortunadamente un amigo estaba al lado mio. Eran las 5 y la película era a las 8:15, es decir quemamos todo ese tiempo conversando de todo un poco. Al finalizar la película debía volver, al día siguiente debía seguir mi camino.

Bogotá DC, Martes 7 de Junio de 2011, 7:15 am. Observaba la carrera 80 desde el interior del articulado, la oficina de la Universidad Pedagógica, hacia donde me dirigía no estarían abiertas hasta las ocho. El articulado dobló por la Caracas y siguió, no me detuve en la estación de la 72 como debía, puesto que era bastante temprano así que seguí hacía el sur, hasta donde estimé que el viaje de regreso tardaría los suficiente como para llegar en horario de oficina, llevaba todo mi equipaje conmigo, así que no era cómodo, pero como pude llegué hasta la estación de Fucha y de ahí salí de nuevo hacía el Norte. Cuando llegué a la 72 eran las 8:25. Subí hacia la pedagógica entregué todos mis papeles en regla, incluyendo las fotografías que eran de la visa canadiense que nunca prosperó. Regresé a la estación, esta vez debía ir hasta el Portal del Norte. El articulado que tomé sólo llegaba hasta Toberín, así que de ahí tuve que tomar otro hasta el portal. Las indicaciones eran claras, debía atravesar el puente peatonal sobre la Autopista Norte hasta el frente de Almacenes Exito, donde me esperaba el bus que me llevaría hacia mi siguiente destino: Tunja.