¿El Uribismo En Crisis?

El anuncio del ex-presidente Álvaro Uribe Velez de lanzarse nuevamente a la arena política, esta vez como candidato al Senado de la República, ha sido tomado como una excelente noticia por parte de varios sectores de la opinión pública, pero podría no ser tan buen presagio como auguran algunos.

¿Es la candidatura del Uribe al senado una jugada desperada?

Compartiendo muchas de las ideas del ex-presidente Uribe, sobre todo en lo referente a la posición frente a la guerrilla y la seguridad democrática, yo podría ser fácilmente catalogado como uribista, pero ni siquiera este rótulo me impide ver lo que algunos triunfalistas pasan por alto y es que el uribismo está en crisis. El uribismo está hundiéndose lentamente en un cruel marasmo político víctima de un serio déficit de liderazgo; y es que fuera del mismo Uribe, esta colectividad está prácticamente acéfala.

Muy lejos quedaron aquellos tiempos en que los destinos del uribismo parecía tener continuidad con Juan Manuel Santos y Germán Vargas Lleras como paladines dentro de el entonces popularísimo movimiento. No pasó mucho tiempo en que estos herederos «naturales» como se les llamó alguna vez se salieran de la sombrilla del uribismo demostrando que sólo habían estado al lado del presidente Uribe para beneficiarse del caudal político y de la popularidad del mandatario, tanto que una vez alcanzaron el poder se pasaron a defender las tesis opuestas a las del ex-presidente. Si ha habido oportunistas en la historia de la politiquería   política en Colombia han sido esos dos. Pero mucho me temo que la lista es más larga de lo que se creía.

Francisco Santos, Oscar Iván Zuluaga, Luis Alfredo Ramos (preso) y Carlos Holmes son los candidatos que más «suenan» para una consulta popular dentro del movimiento (que ni siquiera ha sido avalado) y precisamente por lo que se caracterizan todos ellos es por una falta de carisma, de presencia, de liderazgo que resulta inusual, más cuando por lo general salen a dar declaraciones después que Uribe se ha manifestado (no sin polémica) sobre diversos asuntos, por lo general en Twitter. Hace casi 4 años advertí de los peligros que implicaba elegir a Juan Manuel Santos como presidente y hoy nuevamente pongo en tela de juicio la lealtad de estos nuevos candidatos, por las misma razón: una vez que estén en el poder desecharán a Uribe tal y como Vargas Lleras y Santos lo hicieron.

¿Se puede confiar en alguno de ellos?

¿Se quedó sin opciones el uribismo entonces? No, pero irónicamente esas opciones NO están dentro del Centro Democrático, están en el partido conservador. Marta Lucía Ramirez (ex-Ministra de defensa) y José Felix Lafaurie (Presidente de Fedegan) tienen todo lo que le falta a los candidatos del CD, tienen presencia, iniciativa, carisma y sobre todo tiene una gran cercanía ideológica con el presidente Uribe, que evidentemente no es meramente convenenciera, como si se podría decir de los otros.

Es ese marasmo y falta de liderazgo dentro de sus propios toldas lo que ha forzado a Uribe a lanzarse al Senado, lo cuál parece una jugada desesperada. A Uribe no le esperan flores en el congreso y mucho me temo que diversos actores de la política nacional lo van a utilizar como chivo expiatorio y cortina de humo, para que al final nadie sea culpable de nada y Uribe sea el culpable de todo. Aún así, no quedaban muchas opciones. Unos resultados adversos en las elecciones de senado y presidencia serían el fin del uribismo y en consecuencia el fortalecimiento de otras posiciones apaciguadoras, favorables a los intereses de la guerrilla y de países extranjeros que podrían poner en riesgo la soberanía y la integridad territorial de nuestro país. ¿Qué queda por hacer entonces? Esperar que los conservadores y el Centro Democrático firmen una alianza y que entre las dos colectividades saquen un candidato fuerte que, confiando en la sabiduría del pueblo colombiano, logre la tan anhelada silla presidencial en el Palacio de Nariño.

¿Estará la respuesta por estos lados? Muy probablemente.

Fascinado «Sin Remedio»

Portada de «Sin Remedio» de la Editorial Alfaguara.

He de aprovechar este espacio para confesar que en mi ya larga experiencia como lector (más de dos décadas) la más grande ironía es que mis escritores favoritos tengan un pensamiento político tan decididamente opuesto al mío. Ya me había sucedido con Gabriel García Marquez (Castrista, Guevarista y todo lo que de ahí por tanto se derive), Fernando Vallejo (Antiuribista acérrimo, amigo de Iván Marquez y todo lo que de ahí por tanto se derive) y ahora el turno le corresponde a Antonio Caballero.

Basta decir que de Antonio Caballero sólo había leído de reojo algunas de sus columnas, tan de reojo que ni siquiera estaba seguro cuando cogí el libro para leerlo si el man era de izquierda o de derecha. Pero luego de haber pasado dos semanas dentro de la cabeza de Ignacio Escobar Urdaneta de Brigard, el protagonista de «Sin Remedio» novela escrita por Caballero hace más de 30 años, no me queda más que admiración por su talento como escritor y de verdad, como lector, lamento que su carrera no haya sido más prolífica.

Lo primero que me sorprendió del libro es lo universal y atemporal que puede llegar a ser. Yo mismo creí que estaba ante una novela de este siglo, de este milenio, y sólo cuando ya me pareció extraño que no se mencionara ningún artista contemporáneo, y que los personajes se comunicaran con el desprestigiado método del teléfono fijo, decidí mirar la fecha de la primera edición y quedé con la boca abierta.  En realidad el libro tiene lugar en los tumultuosos años 70, y abarca un periodo entre 1973 y 1974.

Ya desde los primeros capítulos es fácil seguirle la corriente a la historia. Ignacio Escobar es el típico colombiano perezoso y arribista, bueno claro que como él es hijo de una de las familias más poderosas e influyentes de Bogotá, su arribismo no es material (tiene la vida arreglada) sino existencial, lo quiere todo con el menor esfuerzo: la voluntad y el amor de su mujer, las mujeres que le parecen lindas, la libertad sin esfuerzo, todo. Escobar vive en un apartamento del Norte de Bogotá (Norte con N mayúscula) en unión libre con una caleña y donde se dedica a dormir todo el día y a esperar la mesada que su madre (de la más selecta crema y nata capitalina) le envía todos los meses sin falta. Pero la pereza de Escobar está sustentada por una rica diatriba filosófica, que Caballero redacta de manera magistral.

El libro está compuesto de 14 capítulos, bastante largos (la novela tiene unas 600 páginas) en las que vemos como Escobar evoluciona desde su desidia existencial hasta que se cumple su más grande anhelo, sin darse cuenta y sin estar seguro de quererlo.

Al final del libro, me pude hacer una idea de como luciría Escobar y creo que sería más o menos así.

Escobar no tiene una profesión y se resiste a tenerla a pesar de que su tío, dueño de uno  de los bancos más importantes del país, le ha ofrecido un importante cargo en su empresa, pero él se resiste a cualquier cosa que pueda coartarle su preciosa libertad y es en ese momento que rechaza tener un hijo con su mujer. La desaparición de esta, desestabiliza a Escobar de tal manera que empieza a redescubir el mundo a su alrededor: el depravado y sucio mundo de la noche Bogotana, el mundo de sus amigos fascinados con el pensamiento revolucionario de izquierda, el glamuroso mundo de la alta sociedad de Bogotá de donde salió él y por supuesto el mundo de las mujeres.

A lo largo de la obra es notorio que además de toda la arandela y propaganda izquierdista que Caballero introduce en la novela, el tema central es la búsqueda del amor. Escobar busca amar, quiere amar, pero algo en su corazón está tan endurecido (¿La muerte de su hermano?) que en realidad parece buscar la mujer ideal en un mar de pasiones sin sentido y de mujeres que pasan por su vida y por su cuerpo casi sin ninguna consecuencia.

Me identifiqué con Escobar a tal punto que quedé estupefacto cuando a los 2/3 de la novela, era evidente el plan de Caballero con su personaje; empezó quitándole a su mujer, luego su tranquilidad y así sucesivamente en una serie de casualidades que dejan a Escobar en la inmunda, justo el lugar donde logra algo que había luchado por conseguir en buena parte de la novela: un poema, mismo que sería su peor enemigo llegando al final. Caballero le quita todo a su personaje, sólo para darle un último suspiro antes de que se termine de desatar el infierno. Y es en este final dónde he quedado seriamente sobresaltado.

Hacía mucho tiempo que un libro no me ponía a pensar tanto (tanto que para ordenar mis ideas decidí lavar platos un rato) y es que es una reflexión existencial muy bien hecha, que se presta para la discusión, el análisis y la meditación.  Me alegra que este haya sido uno de mis libros para este año. No pudo haber una mejor elección.

Libro 5/6 de 2013.

PD: Le sumo muchos puntos además porque me puso a leer poesía, a pesar de que no es que sea exactamente mi género literario favorito.

«Los Días Azules» de Fernando Vallejo

En un mundo donde todo el mundo hace trampa, y el que no hace, sueña y babea por hacerlo ¿será posible hacerle trampa a los libros?

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A principios de año me puse como meta leer al menos 6 libros en el transcurso de este año, leí el primero hace dos meses comprado en un supermercado, forrado en plástico y oliendo a nuevo, y el segundo manoseado, sacado de una biblioteca a la que todo el mundo va a leer el periódico para ahorrarse el fastidio de comprarlo. La gran pregunta entonces era ¿Cuál sería el tercero? Ya estaba aburrido de andar leyendo best-sellers estadounidenses y me dije a mi mismo «¿Por qué no leer a un autor colombiano?» Y me decidí entonces por Fernando Vallejo, con la sorpresa de que el señor en cuestión renunció a ser colombiano, dizque por que aquí la gente es muy bruta, bueno aún así decidí ver que tanto podía enseñarme este señor y que mejor que empezar por su biografía.

«El río del tiempo», como la Biblia, es un libro compuesto de otros libros, en este caso de varias novelas en la que el escritor de origen antioqueño narra las diversas etapas de su vida.  Entonces decidí que cada uno de esos segmentos auto-biográficos valdrían como un libro para mi cuenta final, quizás después de todo no sólo cumpliría la meta, sino que también la superaría. Amanecerá y veremos.

La primera novela que compone «El Río del Tiempo» se titula «Los días azules».  Más que una narrativa linear, diría que es un monólogo semi-ficticio de los días de niñez de Vallejo. La historia se compone más de temas y personajes, que de hechos y situaciones, como un rompecabezas que se va armando por diferentes partes para llegar a una conclusión llena de emoción.

Emoción es precisamente lo que transmite Vallejo en esta novela, las primera páginas son para morirse de la risa, mientras que a medida que avanza y llega a su parte final, son las lágrimas las que hacen su aparición. Es en serio. La forma en que el escritor hace su viaje personal en el tiempo para encontrarse con el niño de su pasado, involucrando a su familia, a su Medellín, a su Antioquia, a sus costumbres, a Colombia, es tan nítida y clara que es posible ubicarse en esos lugares y hasta verle la cara a sus protagonistas. A mi pasó, especialmente con uno de sus personajes, «Elenita», que para mi representa la soledad en su máxima expresión humana y que está amarrado a un sentimiento mucho más intenso y profundo: el amor.

Quedé con muchas ganas de seguir leyendo, la segunda parte («El Fuego Interior») relata la juventud de Vallejo y promete mucho más. Leer biografías, sirve para darse cuenta de que no hay vida que no merezca ser contada y leída,sólo que nosotros, sumergidos en las arenas de la rutina no tenemos el tiempo de pensar en eso.

¿Santa Anita?

PD: En otro post dedicado a Vallejo hablaré un poco de su «anti-colombianismo», eso es harina de otro costal.

Libro 3/6 para 2013.

La Próxima Vez Que Hable Mal De Un Mototaxi…

Si usted es de esas ridículas personas que sale de cuando en cuando a denostar de los mototaxis, de la horrible impresión que dejan en la ciudad, del ruido espantoso, de la gentuza motorizada y otras perlas al mejor estilo de la edad media, haga memoria un poquito y recuerde como era una ciudad como (por ejemplo) Sincelejo antes de que aparecieran los mototaxis.

La próxima que hable mal de un mototaxi, recuerde que había que caminar como alma en pena por toda la ciudad, a las 3 de la mañana para conseguir un taxi, y es que los señores de los «amarillitos» ni siquiera se molestaban en circular por la ciudad buscando pasajeros, porque claro, como tenían el monopolio a esa hora, decían que no había necesidad de gastar gasolina si los pasajeros podían llegar a pie hasta el sitio donde ellos retozaban cómodamente.

Hay que ver las de sol y sereno que había que pasar para llegar a hacer la fila del «Seguro Social», que tocaba caminar 10 cuadras en medio del sereno para llegar, porque claro, no había como, los taxis cobraban como si la gasolina fuera de oro puro y las busetas pasaban después de las cinco. Y hablando de las busetas, se rumora que vinieron científicos de Van Camps y otras compañías pesqueras para mirar la manera de replicar la manera en que cabían 50 personas en una buseta de 14 y hasta se llegó a pensar que los choferes de las busetas hacían uso de algún tipo de magia oscura para llegar a tan monstruoso limite.

Que tiempos aquellos cuando no había mototaxis…

Los haters del mototaxismo (ahora hay haters para todo) de esos que riegan tachuelas en la calle para dejar a más de uno con los neumáticos inservibles, suelen gritar a los cuatro vientos que montarse en un mototaxi es arriesgar la vida,, exponerse a un accidente, y no lo permita Dios, exponerse a que el muchacho que maneja la motocicleta se le de por atracar, matar o violar a los pobres pasajeros, porque claro si conduce una motocicleta no puede ser una persona de bien.  Parece que no se acordaran como andaban las busetas con sobrecupo de 40 personas a toda velocidad por el uso de los relojes para marcar el tiempo y ver como empezaban a cambiar las leyes de la física newtoniana, cuando el encargado de cobrar anunciaba que faltaban «30 segundos» y ver como ancianos y niños corrían despavoridos buscando el andén, ante la inminencia de un choque con el vehículo.

Si que tiempos aquellos cuando el taxista escogía a donde iba a ir y cuanto iba a cobrar…. a verdad que eso todavía sucede… en Bogotá.

Les guste o no, el mototaxismo hizo que la importancia pasara del conductor al pasajero, ya las busetas no andan con sobrecupo ni a velocidades infernales y ahora no hay que buscar al taxi, sino que ellos vienen al lugar donde uno esté. Eso sin contar de que no son las tres familias dueñas de las flotillas de las busetas las que comen con el producido, sino miles y miles de muchachos (y hasta muchachas) que a falta de oportunidades les tocó ponerse el casco  y la camiseta manga-larga para salir a buscar la platica.  Y así la economía crece, porque la plata circula, porque no sólo es el mototaxista, también el que arregla las motos, el que vende las luces, los cascos, los chalecos, los guantes, las partes de los motores, y así las «lucas» no se van a los bolsillos de los yernos mantenidos de los dueños de las busetas y los taxis en Barranquilla o Medellín, sino que se quedan aquí, como debería ser.

Las ciudades y pueblos en lugar de estigmatizar a los mototaxistas, deberían, en conjunto con sus ciudadanos, buscar maneras de incorporar esta labor dentro del plan de desarrollo de la ciudad, adpatarse a la situación, en lugar de eliminarla, porque quiéranlo o no, estamos mejor con mototaxis, que sin ellos. ¿O es que prefiere apretujarse como sardina enlatada en un bus de Transmilenio?

Pues yo prefiero viajar así….
… que así.

La Verdadera Importancia De Los Juegos Mundiales

Y luego de once días de deportes extravagantes, medallas con mala ortografía y caleños escribiendo hasta en las paredes de los baños lo orgullosos que están de su ciudad, finalizan hoy 4 de agosto, los novenos Juegos Mundiales (IX World Games) y por supuesto hay mucho que decir al respecto.

Logo de los Juegos Mundiales Cali 2013.

En primer lugar, debo felicitar a toda la ciudad de Cali, incluyendo a sus efervescentes habitantes, por recibir un evento deportivo de talla mundial, y por demostrar que no sólo en Cartagena, Bogotá o Medellín (en ese orden)  se pueden hacer grandes eventos.  Salvo por aquel infame error ortográfico en las medallas, que dejó a no pocos deportista viendo un chispero y más de uno arrastrándose de la risa, no hay ninguna duda de que la ciudad se lució. Aunque seguro que a más de un extranjero se fue sin saber el nombre exacto de la ciudad, dudando si se llamaba Cali, Sultana del Valle, Sucursal del Cielo, o Ciudad Deportiva de América. Pero es que en medio de tanto epíteto, cualquiera se confunde.

Sin embargo, reconociendo el enorme esfuerzo en organización, recursos e infraestructura de la ciudad, al parecer los caleños se salieron de toda proporción al momento de quejarse de la poca atención que los medios de comunicación le prestaron al evento. Y es que no había pasado medio segundo desde la inauguración cuando ya el segmento caleño en twitter estaba echándose ceniza en la cabeza porque los «grandes» medios nacionales no se dignaron a transmitir el inicio de tan magno e importante evento, según ellos el segundo evento deportivo del mundo, y luego a también empezaron los lamentos de que en los noticieros no le dieron el cubrimiento y que encima les cayó encima todo el país con el cuento de las medallas. Sin embargo, decir que los Juegos Mundiales son el segundo evento deportivo más importante del mundo, es una afirmación que está muy lejos de la realidad.

Primero que todo, dudo muchísimo que aquellos que tanto se lamentaron de que nadie le paraba bolas a los Word World Games, supieran de su existencia antes de que que el alcalde o gobernador de turno utilizaran el nombre del evento para ganar adeptos a nivel electoral. Pero ¿Quién puede culpar a alguien de no saber que son los World Games o Juegos Mundiales? De hecho en Colombia muy pocos sabíamos que eran y/o de que se trataban. La respuesta simple es: son los juegos que no entran en la categoría de «Olímpicos».

Los Juegos Mundiales se los inventaron hace ya más de 30 años, como campo de prueba para ciertos deportes que aspiraban a ser olímpicos, en una especie de curso preparatorio que a mi modo de ver las cosas resulta hasta humillante, pero sin embargo, luego de que las Olimpiadas pasaran de ser unas austeras justas deportivas a un fenómeno mediático, y aumentara de forma desmedida el número de deportes incluidos, el mismo COI decidió poner limites al asunto y ahora es practicamente imposible que un nuevo deporte se cuele dentro del selecto club de los Juegos Olímpicos, por lo que los Juegos Mundiales perdieron su propósito inicial, tanto así que no es obligatorio que las sedes ofrezcan todos los deportes clasificados como «mundiales», sino que lo hagan de acuerdo a su capacidad. Interesante ¿Sí o no?

Habiendo dicho esto no deja de ser loable que Cali, haya logrado obtener la sede para nuestro país,  pero de allí a que sean los segundos eventos deportivos hay mucho trecho.  De hecho los Juegos Mundiales no clasifican ni entre los 20 eventos deportivos más importantes en el mundo. Me parece que algún irresponsable se le ocurrió que siendo los Juegos Olímpicos el primer evento deportivo en el mundo, su complemento, los Juegos Mundiales, tendrian que ser el segundo. Error.  Primero que todo, los Juegos Olímpicos no ocupan el primer lugar en esa lista de justas deportivas, siendo superadas (al menos en términos de ingresos y rentabilidad) por el Super Bowl estadounidense… y luego de estos dos no vienen los Juegos Mundiales. Entre el Mundial de la FIFA, la Eurocopa, La Serie Mundial de Béisbol, Los Juegos Olímpicos de Invierno… Los Torneos de Grand Slam…  la Liga de Campeones…  como que los Juegos Mundiales quedan en la base de la tabla.

Hay que felicitar a Cali y sus habitantes por la organización de las justas.

Así que poniendo las cosas en su sitio, Cali se merece todo el reconocimiento por haber sido sede de los Juegos Mundiales, pero no son un evento tan magnánimo como podría creerse. Sin embargo, como dice el dicho, peor es nada.