Se puede decir que hay tres tipos de películas: están las películas como Sense & Sensibility (1995) que no usan CGI* en lo absoluto, están las películas como Inception (2010) cuyo director limita al máximo el uso de CGI, sin descartarlo por completo, y están las películas que son sólamente CGI, como las películas animadas de Disney o las precuelas de Star Wars. Y luego del más reciente estreno del Universo Cinematográfico de Marvel, creo que hay un cuarto nivel, y en ese cuarto nivel está Thor: Ragnarok.
En efecto, incluso para una saga de películas que incluye orgías CGI como Guardianes de la Galaxia (ambas) o Age of Ultron, Thor Ragnarok se ve y se siente exageradamente dependiente de las imágenes generadas a computador. La pregunta es ¿interfiere este desmedido e inclemente uso de esta técnica en la calidad de la película como tal? Eso es lo que veremos a continuación.
Thor: Ragnarok continúa con la historia de Thor (Chris Hemsworth), príncipe de Asgard y dios del trueno, que luego de los eventos de La Era de Ultrón ha empezado a tener visiones enigmáticas sobre la destrucción de su hogar.
Protagonistas: Tom Holland, Michael Keaton & Robert Downey Jr. Director: Jon Watts (Cop Car) Postulado: De la prisa sólo queda el cansancio.
Spider-man: De Regreso a Casa (Título original: Spider-man: Homecoming) es la película número DIECISÉIS del Universo Cinemático de Marvel, y es de hecho la primera película de este cada vez más enredado universo fílmico, en el que sentí, luego de 30 minutos de proyección, que la película iba a ser un completo desastre. Me equivoqué.
Spider-man: De Regreso a Casa cuenta la historia de Peter Parker (Holland) luego de los eventos de Civil War, en los cuáles se unió al Equipo de Iron Man para combatir al Capitán América en Alemania. Pero la experiencia, que debía servir para ponerlo en el camino típico del héroe, sólo ha obsesionado a Peter con la idea de ser parte del equipo de héroes que comanda el multimillonario Tony Stark.
Asombroso. Esa es la única palabra que puedo encontrar para describir el trabajo de la directora estadounidense Patty Jenkins; y no sólo por haber sido la mente maestra detrás de Monster, la película de 2003 por la que Charlize Theron ganó un Premio Oscar, sino por transformar una película multipropósito como La Mujer Maravilla (Título original: Wonder Woman), en una verdadera obra de arte.
Y digo multipropósito, porque igual que como ha sucedido con todas las películas del aún tambaleante Universo Extendido de DC, esta película no sólo debía resaltar por sus propios méritos sino que más aún, debía enlazarse con la naciente pero compleja trama que en pleno 2017 incluye películas como Man of Steel, Batman v Superman y Suicide Squad. Y como si todo eso no fuera suficiente, debía soportar el peso de ser la primera película de los recientes universos de los comics, en tener como protagonista unitaria a una mujer, con todo y lo que eso conlleva en una época en que el feminismo se ha radicalizado tanto que ya hasta produce miedo.
La Mujer Maravilla cuenta la historia de Diana (Gal Gadot), princesa de la paradisiaca y enigmática isla de Themyscira en algún punto del Mar Mediterráneo. La vida para Diana transcurre entre las lecciones de política y moral de su madre, Hyppolita (Connie Nielsen) y los entrenamientos tenaces de su mentora Antíope (Robin Wright), hasta que un aeroplano de guerra logra romper la barrera que protege la isla, quebrando así el aislamiento en el que las Amazonas de Themyscira han estado por siglos. Y aún más cuando el piloto de la nave estrellada, el estadounidense Steve Trevor (Chris Pine) les habla de la masacre en que se ha convertido la Primera Guerra Mundial.
Todos los que vimos la primera entrega de Guardianes de la Galaxia recordamos cuales fueron las claves de su éxito: héroes con personalidad, villanos creíbles y sobre todo (y lo más importante) su conexión con la música. Pero como sucede con bastante frecuencia en todo lo que toca Disney, una vez creen que han encontrado la fórmula mágica para atraer millones en taquilla y encima la favorabilidad de la crítica, empiezan a exagerarla y a repetirla hasta un punto en que el conjunto resulta, si bien no irreconocible, al menos, eso sí, bastante disparatado.
Guardianes de la Galaxia Vol 2. (Título original: Guardians of the Galaxy Vol. 2) continúa con la historia de Peter Quill (Chris Pratt) y su equipo de criminales, recién convertidos a héroes que incluyen a Gamora (Zoe Saldana), Drax (Dave Bautista), Rocket (Bradley Cooper) y Groot (Vin Diesel). En esta oportunidad, el equipo acude al encargo de Ayesha (Elizabeth Debicki), la líder del Planeta Soberano, una elitista y pedante raza con un alto nivel tecnológico. Las cosas para Quill y su equipo se complican cuando Ayesha descubre que durante la comisión del encargo, objetos de altísimo valor fueron sustraídos de su planeta y se da a la cacería de nuestros renuentes héroes.
A partir de allí, los Guardianes tendrán, no sólo que encontrar la mejor manera de enfrentarse a la cacería Soberana, sino también la de lidiar con un Celestial que podría tener información muy sensible sobre el origen de Peter.
Habiendo dicho lo anterior, resulta ineludible señalar lo terriblemente predecible que resulta el argumento de esta cinta. Primero, es apenas obvio lo que pretenden al sacar a Yondu de la categoría de villano, a la de héroe, muy parecido a lo que sucede con Nébula. Aunque esta última quizás (por cuenta del buen trabajo de la actriz Karen Gillian) se convirtió en uno de los puntos fuertes de la cinta. Pero la verdadera cereza del pastel es la línea argumental de Ego y su relación con Peter. ¿En cuántas películas y series de televisión hemos visto que aparece el papá biológico del personaje y este resulta no ser tan bueno como se ve al principio?
Por favor, esto se supone que es el billonario universo de Marvel, no un capítulo de relleno de Friends.
La dirección, puede que sea correcta, pero no deja de ser irritante por el continuo, y muchas veces innecesario uso de la pantalla verde. Estamos ante una película donde lo que no está alterado por computadores, se cuenta en segundos. Y quizás todo la predictibilidad y las pantallas verdes se podrían perdonar, si tan solo la película fuera infaliblemente entretenida. Pero no.
En esta cinta, la música, a diferencia de la primera entrega, no sirve para complementar las secuencias, sino que por momentos parece hacer todo lo contrario: sobrar y estorbar. No dudo que el curador de la lista de canciones hizo un excelente trabajo, pero es en la edición y la inclusión de dichas canciones dentro de la película donde estuvieron los clavos más gruesos del ataúd de este largometraje.
Aparte de estos tres elementos, aún así, se puede notar que los escritores se esmeraron en crear coherencia dentro de los diálogos de los personajes, responsables de los ingeniosos chistes, que siempre lograron una carcajada natural del público.
El final de la película, es el que esta cinta sin duda merece: una desordenada secuencia repleta de efectos especiales, destrucción y manipulación emocional al mejor estilo de Disney.
Para resumir: probablemente no se duerma viéndola, pero nunca será posible que la disfrute igual que disfrutó la primera entrega.
Empecemos por decir la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad. No hay NADA absolutamente original en Doctor Strange, la decimocuarta (14º) película del Universo Cinemático de Marvel, que en pocas palabras vendría siendo una extraña mezcla entre Dr. House, Batman Begins e Inception.
De Dr. House tenemos al personaje principal, Stephen Strange. Por supuesto, yo nunca he leído un comic de Dr. Strange y a estas alturas creo que nunca voy a invertir un peso en una cosa de esas, pero el parecido entre ambos personajes es realmente extraño, por no decir ilegal. Stephen Strange (Benedict Cumberbatch) ha sufrido un accidente que lo ha dejado físicamente incapacitado para ejercer su profesión de neurocirujano, lo cuál exacerba aún más su talante egoísta y arrogante, buscando sin parar un método para curarse. Es aquí donde empieza el parecido con Batman Begins.