Dark (Serie de Netflix) ^ Análisis y Explicación

Dark es la primera serie de Netflix que tiene como origen ese enigmático, complejo y maravilloso país que es Alemania. Y tal como se podría esperar de una producción original de un país donde la calidad, la precisión, la eficiencia y la creatividad están más que garantizados, esta nueva serie se desataca ya entre las mejores y más amadas por el público y la crítica, dentro de la variadísima biblioteca de la popular plataforma de contenidos en línea.

Sin embargo, dejaremos la crítica de la serie para otra publicación y en esta nos centraremos en tratar, primero de entender, luego de analizar y finalmente de explicar todo lo que sucede en esta serie, que con una larga cuenta de personajes, una historia intrincada y unos giros argumentales fantásticos, podría haber dejado a más de uno preguntándose qué carajos fue lo que pasó, luego de ver sus diez capítulos.

Y precisamente para eso estamos aquí, porque sin más preámbulos o introducciones, damos inicio al Análisis y Explicación de Dark, la nueva serie original de Netflix.

dark análisis y explicación

1 ^ ¿En qué idea se basa Dark?

Dark es una serie que se basa en una concepción filosófica denominada “El Eterno Retorno”. Hay dos maneras de ver esta idea, y teniendo en cuenta que la serie juega con ambas perspectivas, resulta necesario explicarlas por separado. Trataré de hacerlo lo mejor posible porque el concepto en sí, es un poco complicado.

La primera forma de verlo es Continúa leyendo Dark (Serie de Netflix) ^ Análisis y Explicación

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Crítica Ligera X ^ Persecución al Límite

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¿De qué va la película?

Casey (Nicholas Hoult), un ladrón de autos de origen estadounidense encuentra en Alemania al amor de su vida (Felicity Jones) quien muy convenientemente sufre de una enfermedad terminal que lo obliga a elaborar un plan para robar un grueso cargamento de dinero de Hagen Kahl (Anthony Hopkins) un peligroso narcotraficante de Colonia. Para lograr su propósito deberá aliarse con el excéntrico Geran (Ben Kingsley) otro mafioso cuyo objetivo es vengarse de las humillaciones de Kahl.

¿Por qué debería verla?

En resumen, por su último acto. Los últimos 30-40 minutos de la cinta son en realidad muy entretenidos, hay persecuciones bien hechas, situaciones dramáticas y hasta buenos giros argumentales.

¿Por qué no debería verla?

En resumen por todo lo que va antes de esos últimos 30-40 minutos. Casi que la primera hora de la película se agota en un melodrama absurdo e incoherente, una historia de mafiosos poco interesante y menos creíble, abordada con el estilo visual soso del cine europeo. Y si usted es fanático de Felicity Jones o del feminismo, mejor aléjese de esta cinta: el papel de damisela en apuros de la misma que vimos encarnando a una heroína galáctica en Rogue One podría ofenderlo.

¿Debería verla o no?

Sí, pero en una plataforma en la que usted pueda adelantar escenas a voluntad. Como en el porno. Esta película tiene muy poco que ofrecer, pero eso que ofrece vale la pena verlo.

 

1,39 / 5,00

★★★★

La Invasión de los Mal-nombrados (o “sin Tocayo”).

Cuando como yo, se trabaja con niños o adolescentes, se viene a la cabeza una pregunta recurrente ¿Son los padres de ahora muy pero muy creativos a la hora de ponerle nombres a sus hijos o definitivamente se les safó un tornillo por un golpe en la cabeza? Porque ponerle a un hijo Esneider, Yoiber, Diseyis, Jarle, Darwin, Roiner, Sugeidis, Dainer, Reyksaik, Yerselis, Yilmar o Yoney solo índica una gran capacidad mental, pero para inventarse nombres espantosos.

Y lo peor es que ya nos estamos acostumbrando a escuchar esos esperpentos de nombres sin inmutarnos como si fuera algo normal, y se encuentra en casi todos los estratos sociales y ámbitos de la vida pública nacional, como el fútbol y hasta la política, sino averigüen como se llama el defensor del pueblo, la respuesta les sorprenderá, ahora ¿que tanto derecho tienen los padres a ponerle literalmente el nombre que les de la gana a los hijos? Pues la constitución angelical colombiana le garantiza a todos los ciudadanos el derecho de ponerle a sus hijos el nombre que deseen, lo cual resulta lógico, pero ese es el problema con los derechos, cuando parece que no tuviesen limites de ninguna índole como suele ocurrir en nuestro remendado país.

En Alemania, son muchísimo mas sensatos al respecto y tienen dos reglas muy claras, que deberíamos adaptar de alguna manera aquí en Colombia, antes de que los Meresnaider y las Marzirisyuris nos invadan, estas reglas son:

1) El nombre debe reflejar el sexo del niño (para los mamertos que dicen “los niños y las niñas” deberían leerse un diccionario de la lengua para que vean que la palabra “niño” incluye a ambos sexos dentro del contexto).

2) El nombre no debe poner en peligro el bienestar del niño.

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Cambiar de nombre es un proceso engorroso, no solo por los cambios en la cédula sino en todos los documentos como diplomas, certificados y otros.

Es esta segunda regla, la que mayor peso tiene, ya que el nombre en sí mismo es una carta de presentación, si usted fuera el jefe de contratación de una empresa y tiene dos candidatos igualmente calificados ¿a quien eligiría? ¿a alguien de nombre José Daniel? ¿o a Ernevis Alfonso? ¿A Patricia o a Diseyis Yohana?

Además de la popular práctica de inventarse nombres a la lata, otra es la de adaptar los nombres, no solo de personas, sino de marcas y objetos para ponerle esos nombres a los hijos, recuerdo que una vez con mi papá en la Guajira había un señor que se llamaba Colgate, ¿y que hay de Piter, Yonatan, Yeison, Bequenbabuer, Esbanestaiguer, Robiño y otros nombres?

El nombre es algo tan personal, que incluso si se constituye en un perjuicio para el éxito académico o laboral, muy pocos tienen las agallas de cambiarselo, primero por que los trámites son eternos en nuestra manoseada Registraduría Nacional del Estado Civil y segundo por que después de 18 años oyendo el mismo nombre, ya es una parte fundamental de nosotros.