¿Es ‘Star Wars: El Despertar de la Fuerza’ tan buena como dicen? ^ Reseñas X.

Aún a sabiendas que me voy a echar a todo el mundo por lo que voy a decir a continuación, debo expresar lo que sentí luego de ver el Episodio VII de Star Wars, la noche de su estreno y que luego confirmé cuando la vi por segunda vez: no es tan buena como la gente quiere creer que es.

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El despertar de la fuerza (Título original: The force awakens) es una película genial bajo cualquier regla que Continúa leyendo ¿Es ‘Star Wars: El Despertar de la Fuerza’ tan buena como dicen? ^ Reseñas X.

Columnas X: ¿Quienes quieren la guerra? ¿Quienes quieren la paz?

Tras los hechos ocurridos el pasado 14 de abril en el municipio de Buenos Aires (Cauca) donde un total de 11 militares perdieron la vida a manos de integrantes de las FARC, se ha generado un evidente gesto de indignación que se ha extendido por todo el país; pero a la par con la indignación se ha alimentado otro fenómeno que empieza a tomar forma, luego de pasearse como un fantasma por todos los niveles de la sociedad: la polarización.

Combat Recon Patrol

Y es que luego de que el país se entera a través de los medios de comunicación y las redes sociales de los macabros detalles de la masacre ocurrida en el polideportivo de la vereda La Esperanza, se empezaron a notar claramente dos opiniones radicalmente diferentes: la primera, que apuesta por la reanudación de las hostilidades en contra del grupo guerrillero y el fin del llamado “proceso de paz”, y la segunda que apuesta por la continuidad de los diálogos en La Habana. Continúa leyendo Columnas X: ¿Quienes quieren la guerra? ¿Quienes quieren la paz?

Reseñas X: Mark Wahlberg & “Lone Survivor”

Afiche promocional de “Lone Survivor” con Mark Wahlberg y Eric Bana.

Una película que ayuda a poner en perspectiva la realidad violenta en Afganistán por cuenta del enfrentamiento sangriento entre los grupos talibanes y las fuerzas de ocupación estadounidense, “Lone Survivor”  tiene también un mensaje de esperanza y humanidad.

“Lone Survivor” es una película basada en el libro homónimo escrito por Marcus Luttrell, ex-miembro del escuadrón 10 de Tierra, Agua y Aire de la Marina (SEAL) Estadounidense, donde relata su experiencias en medio del territorio talibán en Afganistán, luego del fracaso de la Operación Redwing en 2005. La película inicia explicando como es el proceso de selección de los miembros de SEAL, un grupo élite de combate, para luego mostrarnos a los que serían los protagonistas de la historia: Marcus Lattrell (Mark Wahlberg), Murph (Taylor Kitsch), Danny (Emile Hirsch), Axe (Ben Foster) y Erik Kristensen (Eric Bana). La película se toma su tiempo para introducir los personajes, sus vidas y sus motivaciones, así como para dar un preludio a la situación crítica que debían enfrentar. Kristensen (Bana) comisiona a Lattrell y a un grupo de soldados a liquidar a un peligroso líder talibán, conocido por masacrar campesinos en las montañas de Afganistan en la llamada operación Redwing. Las cosas se empiezan a complicar cuando el equipo pierde la comunicación con el comando central y son sorprendidos por lugareños, que apenas tienen la oportunidad los denuncian ante el grupo de talibanes que controla el área. Lattrell y sus camaradas deberán enfrentar a los talibanes con todo en contra, donde sólo la suerte y las costumbres tribales afganas podrán ofrecerles alguna esperanza.

Algo notable de la cinta es el tiempo que tarde en pasar del preludio a la acción, evidentemente como homenaje a los caídos y sus familias, pero que a nivel cinematográfico no da tan buenos resultados. Las secuencias de acción que le siguen son vívidas y completamente creíbles, a la vez que contienen una profunda carga dramática, dándole a la segunda parte de la película una gran calidad a nivel audiovisual, así como a nivel de actuaciones. Pero es en el remate de la cinta, en los últimos quince minutos, que la película logran su clímax dramático. Si bien Mark Wahlberg hizo bien su parte, es posible creer que pudo haberlo hecho mejor, el man no parece estar del todo cómodo con escenas dramáticas tan fuertes, siendo él un tipo más enfocado al género de acción.

Sobre la fotografía, era bastante obvio que no estaban filmando en Afganistán, yo pensé, al verla, que eran encuadres en Washington o en Oregon, luego descubrí que en realidad fue filmada en Nuevo México. De nuevo, las escenas de acción son sumamente vívidas, de una calidad impresionante, aunque me hubiese gustado que la parte dramática final hubiese tardado un poco más y no que se continuara en los créditos con “estos son los personajes en la vida real”. Una película fuerte, no apta para corazones sensibles.

PD: Esta película es de 2013, pero como me la vi en 2014, cuenta para este año que aún no se acaba :D.

Calificación: 4.27/5.00

Parque Nacional Santa Fé en Nuevo México, nada que ver con Afganistán.

El Inevitable Baño De Sangre En Siria

Tratar de resolver con diálogos y diplomacia ciertos conflictos, es como intentar darle un hueso a un perro rabioso. Las consecuencias suelen ser fatales.

Realmente me gustaría que Estados Unidos no intervenga en Siria, pero no por las razones que aducen algunos que seguramente no tienen ni idea de dónde queda ese país.

La única razón por la que no quiero que Estados Unidos intervenga en Siria es para comprobar o refutar de una vez por todas la teoría que las intervenciones militares de Washington en realidad empeoran las cosas y derraman más sangre, como dice gran parte de los pacifistas apaciguadores que circulan últimamente por las redes sociales.

Barack Obama apenas había señalado la imposibilidad de que Estados Unidos se hiciera el de la vista gorda ante las violaciones a los tratados de uso de armas en Siria para que le cayera encima del resto del mundo con consignas como “Stay out of Siria”  o “No more war“. Que curioso que entre esos mismos que hoy se rasgan las vestiduras ante la posibilidad de la guerra, hace unas semanas estaban dando parte de victoria ante la “Impotencia de las Potencias” refiriéndose al fuerte rumor de que Obama se quedaría de brazos cruzados ante Siria.  Y no fueron pocos. Es la típica situación de “Malo si sí y malo si no”. Si Estados Unidos no interviene, entonces es porque ha perdido liderazgo a nivel mundial y no se que otro montó de basura, si decide intervenir es entonces el malo de la película, los yanquis de mierda que quieren apoderarse del mundo. Pero eso no debe sorprender de los anti-americanos, que en general se escudan en ese discurso para conseguir votos y para encontrar culpables externos de un amplio abanico de problemas internos, responsabilidad de pueblos sin disciplina electoral y democrática (entre ellos el mío).

En La Conferencia General del OPANAL, Cristina Fernandez de Kishner fue la primera en reclamar parte de victoria ante la eventual inacción de EUA sobre lo de Siria. Luego salió a criticar las intenciones de Washington de intervenir. ¿Quién entiende a esta gente?

A menos que las oraciones del Papa Francisco sean escuchadas en lo más alto de las esferas del reino de los cielos o que la recolección de firmas en change.org hagan cambiar de parecer a Obama, la intervención de Estados Unidos en Siria no tiene vuelta de hoja. Estados Unidos no puede darse el lujo de replegarse y dormirse en los cerezos de los parques japoneses del Distrito de Columbia  mientras en Siria tanto rebeldes como dictadores usan armas prohibidas; y no lo puede hacer, no porque sea ética y moralmente correcto sino porque de dejar las cosas del tamaño que están en pocos años cualquier pendejo con banda presidencial y un arsenal de armas se sentiría con el valor suficiente para atacar no sólo a su pueblo sino a otros países, sabiendo que nadie va a decir ni pío. Ese es el peligro de la política de apaciguamiento a la que apelan muchos dizque para evitar el baño de sangre en Siria.

Appeasement o “Política del Apaciguamiento” fue la causa de que EUA e Inglaterra se quedaran tan tranquilos, mientras en Alemania, Hitler se armaba hasta los dientes. Luego pagaron eso muy caro.

En Siria el baño de sangre es inevitable, intervenga o no intervenga Estados Unidos, va a morir muchísima gente y eso no lo van a cambiar ni con 10’000.000 de firmas en change.org, que dicho sea al caso es la página web de causas perdidas más grande del mundo (recuerden a Ben Affleck y Batman). Esa política del apaciguamiento, históricamente ha costado más sangre dolor y víctimas que la intervención directa. Sólo hay que recordar que Estados Unidos, Inglaterra y la Unión Soviética se quedaron muy campantes mientras Hitler se armaba hasta los dientes, y cuando se dieron cuenta el monstruo era gigantesco. Pero para no irnos tan lejos, las negociaciones de paz en el Caguan, la premisa era vamos a resolver todo con el diálogo, vamos a meter a Monseñor, a Marbelle, a todo el mundo y mientras tanto las FARC se había armado hasta los dedos de los pies, empezaron las tomas sangrientas a los pueblos, las pescas milagrosas y terminamos derramando más sangre sólo por creer que se podía hacer la paz con palabras. Es cierto que las balas tampoco son garante de paz, pero es el típico caso del vecino incomodo (muy de moda en estos días) en el que por evitar la pelea nadie hace, ni dice nada hasta el día en que apuñalan a alguien y lo arrojan de un tercer piso. En cualquier caso, la resistencia de EUA a entrar a la guerra no tiene nada que ver con Rusia, ni con jueguitos diplomáticos, ni con oraciones en el Vaticano, tiene que ver con el hecho de que ambas facciones en el conflicto en Siria son enemigas de los intereses de EUA, y los rebeldes no son ningunos adalides de la justicia y en Washington lo saben, como también saben de su extremismo y afinidad con Al-Qaeda, eso sumado a una relación costo-beneficio más bien baja (a diferencia de Iraq) hace que Siria no sea el buñuelo en la puerta de la escuela de la geopolítica mundial.

Los Indígenas del Cauca ¿Héroes o Villanos?

Los escudos que nos defienden del monstruo de la guerrilla, es atacado por parte de un grupo de personas que es mucho menos inocente de lo que parece.

En hechos que han causado una de las controversias más álgidas en Colombia, los indígenas de las montañas del Cauca, al sur-occidente del país han decidido sacar, así sea a la fuerza, al ejército, a la fuerza pública de sus territorios. Los indígenas argumentan que están interesados en sacar a todos los actores armados de la zona, incluyendo a la guerrilla y que años de abandono del gobierno, la “deuda histórica” de la sociedad por los crímenes de la Conquista y la Colonia, y el carácter autónomo de los territorios indígenas, garantizado por la constitución, les dan el derecho de ejercer su propio estilo de soberanía en la región.

Es fácil ponerse del lado de los indígenas, después de todo, dirían algunos, ellos son seres inocentes, seres de la tierra, defensores del medio ambiente, de la ecología y de la cultura aborigen en contraposición a la monstruosa cultura occidental que nos engulle día a día. Por favor.

En primer lugar, los indígenas argumentan “abandono por parte del estado” ¿Estarán hablando del mismo estado que les concedió una autonomía tan amplia a sus territorios, que sonrojaría a los mismos vascos? ¿Están hablando del mismo estado que les ha garantizado una atención en salud preferencial sobre el ciudadano común, de a pie? ¿Están hablando del mismo estado que ha presionado a las compañías privados a subsidiar la natalidad de las indígenas por explotar sus territorios? ¿Están seguros que están hablando del mismo estado?

La falta de recursos NO es un problema exclusivo de los territorios indígenas, todo el país, hasta Bogotá, que es una de las ciudades que más chupa recursos públicos, se queja de que la plata que le gira el gobierno nacional nunca es suficiente. En cierta medida todo el país es una zona abandonada fiscalmente por el estado. ¿La razón? La corrupción, la evasión de impuestos, y sobre todo el absurdo paternalismo al que se ha acostumbrado al país. Muy pocas regiones son autosuficientes, pero no por falta de riquezas o de recursos naturales o de talento, sino sencillamente porque es más fácil vivir pegados de la teta del estado (como Mario Iguarán antes de que defendiera a Carlos Cárdenas)  que generar un entorno de inversión, industria y progreso como si lo han hecho en Antióquia, Valle del Cauca y Santander.

Los indígenas ejercen un dominio MEDIEVAL sobre extensas superficies de la supuestamente “indivisible” soberanía nacional. Prácticamente hacen lo que les da la gana en sus territorios, no solo en el Cauca, sino en todo el país (En Córdoba-Sucre existe uno de esos) , y eso incluyen actividades por fuera de la ley, como el narcotráfico, la tortura y el secuestro. Todo eso con la garantía sin sentido de que las leyes que aplican en esas zonas son las leyes propias de los indígenas y no las que nos rigen al resto de los colombianos.

Y del cuento de la defensa del medio ambiente, que le vayan a echar ese cuento a Mandrake, cuando la utilización de estos territorios ha sido entre otros, la deforestación, la ganadería extensiva y los cultivos ilícitos.

Segundo, “La deuda histórica”. Los indígenas siempre sacan a relucir el genocidio cometido por los europeos, y el sufrimiento histórico de su pueblo y otras perlas más que harían llorar hasta al más insensible. Sí, es cierto existe una deuda, pero en lo que están confundidos es en la identidad del deudor, la sociedad colombiana no le debe nada a los indígenas, porque nosotros mismos somos herederos de la sangre indígena, todos descendemos mucho o poco de los habitantes originales de estas tierras, no fuimos nosotros los colombianos los que masacramos indígenas, esa deuda harían bien en pasársela al tesoro de la Corona Española,  que teniendo en cuenta la profunda crisis por la que atraviesan, no creo que estén en condiciones de pagar.

Tercero y último. La autonomía brindada por la constitución a los territorios indígenas no son una carta de vía libre para hacer lo que se les venga en su santa gana. Creen que sus territorios son repúblicas independientes donde el ejército de la patria es un ente extranjero que amenaza con perturbar sus actividades, que incluyen, curiosamente la siembra, recolección, producción y tráfico de cocaína.

Muy bien lo dijo el Procurador, al afirmar que no es casualidad que los indígenas pretendan sacar al ejército de una zona reclamada por las FARC hacía años, zona que es el puente fundamental entre las zonas productoras de drogas en el sur del país y el Océano Pacífico, es decir los mercados a los que los terroristas venden sus productos para alimentar de armas y sangre su guerra sin sentido de casi 50 años.

Algo muy, pero muy preocupante es el hecho de que con este acto, le están, y lo digo en términos coloquiales costeños, cogiéndole el bajito a la fuerza pública. Primero sacan a los soldados de sus importantes posiciones  de privilegio y defensa y las destruyen, vapuleando, escupiendo y echándo desechos al único escudo que tenemos entre la bestia multicéfala de la guerrilla y nosotros, luego se armaran ellos mismos y se sentirán con suficiente fuerza para asesinarlos y de paso a todo aquél que no esté de acuerdo.

Es hora de que no sólo el gobierno, sino todos nosotros como ciudadanos colombianos, hagamos algo al respecto, denunciando, exponiendo, protestando ante tamaña acción criminal.