Dirigida por el comediante afroamericano Jordan Peele, ¡Huye! (Título original: Get Out) es una película que basa su importancia no tanto en su argumento y sus valores de producción, sino en la compleja y muy interesante discusión que genera sobre cómo los supuestos defensores de las minorías terminan siendo sus peores enemigos.
Todos los que vimos la primera entrega de Guardianes de la Galaxia recordamos cuales fueron las claves de su éxito: héroes con personalidad, villanos creíbles y sobre todo (y lo más importante) su conexión con la música. Pero como sucede con bastante frecuencia en todo lo que toca Disney, una vez creen que han encontrado la fórmula mágica para atraer millones en taquilla y encima la favorabilidad de la crítica, empiezan a exagerarla y a repetirla hasta un punto en que el conjunto resulta, si bien no irreconocible, al menos, eso sí, bastante disparatado.
Guardianes de la Galaxia Vol 2. (Título original: Guardians of the Galaxy Vol. 2) continúa con la historia de Peter Quill (Chris Pratt) y su equipo de criminales, recién convertidos a héroes que incluyen a Gamora (Zoe Saldana), Drax (Dave Bautista), Rocket (Bradley Cooper) y Groot (Vin Diesel). En esta oportunidad, el equipo acude al encargo de Ayesha (Elizabeth Debicki), la líder del Planeta Soberano, una elitista y pedante raza con un alto nivel tecnológico. Las cosas para Quill y su equipo se complican cuando Ayesha descubre que durante la comisión del encargo, objetos de altísimo valor fueron sustraídos de su planeta y se da a la cacería de nuestros renuentes héroes.
A partir de allí, los Guardianes tendrán, no sólo que encontrar la mejor manera de enfrentarse a la cacería Soberana, sino también la de lidiar con un Celestial que podría tener información muy sensible sobre el origen de Peter.
Habiendo dicho lo anterior, resulta ineludible señalar lo terriblemente predecible que resulta el argumento de esta cinta. Primero, es apenas obvio lo que pretenden al sacar a Yondu de la categoría de villano, a la de héroe, muy parecido a lo que sucede con Nébula. Aunque esta última quizás (por cuenta del buen trabajo de la actriz Karen Gillian) se convirtió en uno de los puntos fuertes de la cinta. Pero la verdadera cereza del pastel es la línea argumental de Ego y su relación con Peter. ¿En cuántas películas y series de televisión hemos visto que aparece el papá biológico del personaje y este resulta no ser tan bueno como se ve al principio?
Por favor, esto se supone que es el billonario universo de Marvel, no un capítulo de relleno de Friends.
La dirección, puede que sea correcta, pero no deja de ser irritante por el continuo, y muchas veces innecesario uso de la pantalla verde. Estamos ante una película donde lo que no está alterado por computadores, se cuenta en segundos. Y quizás todo la predictibilidad y las pantallas verdes se podrían perdonar, si tan solo la película fuera infaliblemente entretenida. Pero no.
En esta cinta, la música, a diferencia de la primera entrega, no sirve para complementar las secuencias, sino que por momentos parece hacer todo lo contrario: sobrar y estorbar. No dudo que el curador de la lista de canciones hizo un excelente trabajo, pero es en la edición y la inclusión de dichas canciones dentro de la película donde estuvieron los clavos más gruesos del ataúd de este largometraje.
Aparte de estos tres elementos, aún así, se puede notar que los escritores se esmeraron en crear coherencia dentro de los diálogos de los personajes, responsables de los ingeniosos chistes, que siempre lograron una carcajada natural del público.
El final de la película, es el que esta cinta sin duda merece: una desordenada secuencia repleta de efectos especiales, destrucción y manipulación emocional al mejor estilo de Disney.
Para resumir: probablemente no se duerma viéndola, pero nunca será posible que la disfrute igual que disfrutó la primera entrega.
Sórdida, cruel, abrumadora, cruda, pesimista… así es Perros, la más reciente apuesta de Harold Trompetero en la gran pantalla.
Producida por Mauricio Brunetti, esta película colombo-argentina cuenta la historia de Misael (John Leguizamo) y Cáceres (Álvaro Rodríguez), interno y guardia, respectivamente, de una espantosa cárcel olvidada por Dios y el Estado. Acompaña a Misael y a Cáceres, una perrita criolla llamada «Sarna» que al final de cuentas ¡termina siendo el único personaje que se gana el corazón de los espectadores!
La película es sórdida por la complejidad inherente al lugar y a los personajes que allí habitan. Es cruel por las situaciones (muchas de ellas salidas de los cabellos) que llevan al extremo físico y emocional a Misael. Es abrumadora porque en ese patio donde ronda el mal, la única ley que existe es la injusticia, por cuenta de Cáceres y su retorcida concepción del poder. Es cruda, porque el director Harold Trompetero no se fue por las ramas, sino que nos dejó ver la maldad a la que puede llegar el ser humano en su máxima expresión.
Y es pesimista, porque queda claro al final, que la muerte y sólo la muerte es la única solución posible ante semejante carga de perversión.
Aunque es una película corta (83 minutos de duración) vale resaltar la actuación especial de la actriz mexicana y nominada al Oscar Adriana Barraza (Babel, 2007) que encarna a la abogada de Misael, así como la participación de actores de la talla de Ramiro Meneses, Hernán Mendez, Jorge Herrera, Rafael Uribe, Tao Sierra y María Nela Sinisterra, que aunque aparecen apenas lo estrictamente necesario, resultan determinantes para crear esa atmósfera que hace que esta producción sea tan atractiva para los amigos de ese Cine Alternativo, no apto para todo público, que se aparta de las grandes y multimillonarias producciones de Hollywood.
No se le podría dar conclusión a esta reseña, sin antes hablar de uno de las polémicas que surgen luego de verla: ¿Es Perros una película homofóbica? Para algunos asistentes la respuesta es SÍ, por alguna de estas dos razones.
El «malo de la película» (Cáceres) es homosexual, y se aprovecha de su posición de poder en el recinto penitenciario para obligar a (alerta spoilers) Misael a tener relaciones íntimas con él, en contra de su voluntad.
La esposa de Misael (María Nela Sinisterra) en una visita conyugal le confiesa su infidelidad, le expresa a Misael que se había equivocado al creer que el hombre que había asesinado, había abusado de uno de sus hijos, porque este «no era marica»; perpetuando la creencia errónea de que homosexual y pedófilo son sinónimos.
Fuera de estas dos consideraciones, que dejan cierto tufillo amargo a la cinta, los reto a ver Perros porque es en esencia, una película que pone a prueba la resistencia emocional de los espectadores, y de eso, entre muchas otras cosas, es de lo que también se trata el séptimo arte.
Tal y como lo expresamos en su correspondienteCrítica X,Un jefe en pañales (Título original: The Boss Baby [no The Baby Boss como le escuché decir a alguien por ahí]) es una excelente opción para todo tipo de públicos, sin embargo al parecer algunos, luego de terminar la función han quedado con algunas dudas. Para aclarar esas dudas, aquí les presentamos el análisis y la explicación de este largometraje y aprovéchenlo, muy raro que una película animada merezca este tipo de tratamiento preferencial en este blog. ¡Empecemos!
¿La historia es real o es ficticia?
Bueno, las películas son, casi por definición, ficticias. Es decir, nosotros sabemos que la historia no es real. Ahora, en el caso de Un jefe en pañales, sucede algo más interesante aún, y es si dentro de ese universo en el que transcurre la historia, los hechos suceden tal y como los vemos.
Ya de entrada sabemos que Tim tiene una imaginación extraordinaria, que de cualquier elemento de la realidad, produce una suculenta historia de fantasía, por lo que al inicio estamos inclinados a creer que en la película sucede algo parecido a lo que sucedía en Aventuras en Pañales (Rugrats) donde los bebés imaginaban un mundo 100% fantástico, pero dentro de su realidad.
Pero en realidad las cosas son diferentes. Lo que vemos en el transcurso de la película resulta ser simplemente una historia que narra el Tim adulto a su hija, luego de que le presentan a su hermanita recién nacida.
Entonces ¿cuál es la historia real?
Bueno, sabemos que Tim sí tuvo un hermano menor, Theodore, que de adulto ha seguido una carrera en el competido mundo corporativo. Desde ahí se asume, que la historia real, es que simplemente Tim, de niño, habiendo tenido los privilegios de ser un hijo único, tuvo una enorme dificultad para adaptarse a la llegada de Theodore como su nuevo hermano y quizás la manera en que pudo superar el trauma fue inventando su propia historia en la que el bebé era un intruso con una agenda propia. Esa historia bien pudo haberla adaptado Tim para contársela a su hija, ya teniendo como base que Theodore escogió una carrera corportativa y asociando al Theodore, el jefe adulto, con Theodore, el jefe en pañales.
¿Qué significa el final?
Los últimos segundos de la cinta muestra como la hija de Tim saluda a su hermanita, quien se levanta de la cuna, con un traje de jefe. Aquí no se trata de decirle al público que toda la mitología que se inventó Tim es cierta, simplemente significa que su hija también tiene una imaginación extraordinaria y quizás decida superar el miedo de tener una nueva hermana asociándola con la historia que acababa de contarle su padre.
¿Habrá una secuela?
Hasta ahora lo que han manifestado los productores de la película es que no tenían en mente hacer una secuela, pero en vista de la enorme popularidad que ha tenido la escena final de la cinta, podrían pensar en desarrollar una segunda entrega que tendría como protagonistas a las hijas de Tim. Si es así, espero que no sea sencillamente una repetición de la misma fórmula, sino una nueva versión con elementos diferentes pero igual de llamativos que la primera.
Si tienen alguna pregunta, duda, opinión o teoría propia, haga uso de los comentarios, están abiertos para todo el que quiera usarlos. Nos vemos en el próximo análisis cinematográfico.
La próspera, pacífica y bastante predecible aldea de los Pitufos entra en un periodo de crisis luego que Pitufina decida escapar tras verificar que no encaja en la definición académica de un Pitufo. A partir de allí, y en compañía de Filosofo, Fortachón y Tontín, Pitufina tendrá que superar los obstáculos que supone el camino y su mismo creador, el malvado mago Gargamel, para encontrar finalmente la aldea perdida donde quizás, sólo quizás descubra cuál es su verdadero lugar en el mundo.
¿Por qué debería verla?
Pues, creo que usted debería verla si usted está entre 1 y 3 años de edad y tiene una fascinación con las figuras antropomórficas y los colores vivos. De lo contrario no veo por qué va a perder 90 minutos de su vida viendo esta porquería de película.
¿Por qué no debería verla?
Esta es, en esencia, una cinta que no tiene sentido ni propósito. Esta película, que pretende relanzar la franquicia de Los Pitufos, tan solo 4 años después de la segunda entrega protagonizada por Hank Azaria y Patrick Neal Harris, es una perdida total de tiempo. La historia es, a falta de otro término, radicalmente estúpida, además de repetitiva, porque precisamente en la película de 2013, ya se había usado los traumas de Pitufina como base del argumento. Así mismo, el desarrollo de los personajes es nulo, los diálogos son aburridos y las secuencias predecibles y nada sorprendentes.
¿Debería verla o no?
Usted, si es un adulto, no. Pero si tiene planes de deshacerse de sus hijos, sobrinos, hermanos, nietos, o primos menores de 3 años por hora y media, bien podría meterlos en la sala de cine durante ese tiempo y quizás, sólo quizás, ellos podrían disfrutarla. Eso sí, si antes no ensucian el pañal desechable que llevan puesto.