Colombia ¿País Multicultural o Cárcel de Pueblos?

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La diversidad cultural de Colombia es inmensa ¿Trabaja para nosotros esa diversidad?

Últimamente me ha llamado mucho la atención un hashtag, de los muchos que suelen aparecer en el enrevesado océano de ideas e información que constituye a Twitter. La etiqueta llama la atención pues trata de describir la forma de ser de los residentes de una de nuestras ciudades colombianas. De entre toda la confusión que significa un hashtag popular en Twitter, rescaté uno que decía «Soy primero [inserte gentilicio de la ciudad] que Colombiano».

 

Resulta bastante sugestivo que la mayoría de Colombianos no nos identifiquemos inicialmente como ciudadanos de este país, sino como oriundos de cada una de nuestras regiones y/o ciudades, y luego, si acaso, portemos la etiqueta que nos confiere primero el registro civil cuando nacemos y luego la cédula de ciudadanía cuando cumplimos la mayoría de edad. Y es que nuestro país, no está compuesto en sí por el «Pueblo Colombiano», cosa que en realidad no existe, sino que está fundado en los múltiples y diversos pueblos que han dejado 500 años de mestizaje, colonización y la difícil geografía nacional.

Yo personalmente (y pido excusas por la mención personal) pienso que soy «Caribe», antes que «Colombiano», aunque duela decirlo y es el pensamiento de la mayoría de nuestros compatriotas, no solo los Caribes, sino los Paisas, los Rolos, los Santandereanos, los Llaneros…y la lista sigue. Las montañas, selvas, valles, llanuras, ríos y mares que constituyen el enmarañado relieve de nuestro país han logrado una superpoblación de culturas, dialectos, y hasta filosofías de vida dentro de un espacio vital bastante reducido, comparable apenas a las mejores épocas de la Unión Sovietica, la que por cierto, durante mucho tiempo gozó del epíteto de «Carcel de Pueblos».

Nuestro país no es una «Carcel» de Pueblos, al menos tenemos la libertad de viajar a mucho países donde ya no nos piden la visa, pero no deja de ser alarmante la falta de cohesión en la que vivimos los nacionales de este país, los unos con los otros. No digo que la diversidad cultural sea algo malo, que debería eliminarse en favor de la uniformidad. No, de lo que hablo es de la congruencia de objetivos nacionales. Un país durante su formación por lo general se enfrenta a una serie de procesos que lo orientan a un norte común, dichos procesos generalmente se traducen en forma de amenazas externas, o tragedias colectivas, luego de las cuales la unión del país es un tema de supervivencia nacional. No es sino recordar que luego de la segunda guerra mundial, los pueblos de Alemania y Japón, destruidos como estaban, encontraron la fuerza necesaria para sacar adelante a sus naciones, y lo lograron mediante el esfuerzo mancomunado y el trabajo en equipo.

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Colombia, Siempre habrá esperanza de un futuro mejor.

No hemos tenido en Colombia un evento de semejante talla, pues si acaso hemos tenido guerras externas (la única que tenemos nos desangra por dentro) y las que hemos tenido, como la del Perú están tan lejos de nuestros centros poblados que si acaso se habrán enterado nuestros abuelos de lo que sucedió con meses de posteridad. Pero si hemos dado visos de tener pensamientos conjuntos, sobre todo en lo referente a los grupos al margen de la ley. No es sino recordar por ejemplo la gran movilización contra las farc hace unos años, para darnos cuenta que en el fondo tenemos más en común de lo que creemos y que aunque no estemos cortados con la misma tijera como los Japoneses o los Islandeses, o los Hungaros, podemos transformar todo aquello que nos hace diferentes desde el Caribe, hasta el Pacífico, desde los Llanos, hasta Antioquia, desde los Santanderes, al Valle del Cauca, en una gran amalgama de cosas positivas, que pueden sacar adelante y de una vez por todas, a esta hermosa tierra que nos vio nacer.

 

El Reino de la Big Cola

Habíase una vez, en un reino muy, pero muy cercano, un pueblo que nació bebiendo chicha y agua e panela, exprimidos de frutas y hasta sangre de ternera.

Tomaban de esos frutos que les daba la naturaleza, sin embargo ese pueblo se llenó de pereza. Ya les parecía demasiado esfuerzo, moler, exprimir y hasta servir el almuerzo.

Luego con el tiempo, un señor decidió que ya era hora, que debía ganar,de la bien llamada pereza local. Sacó al mercado un producto bien raro, no era ni jugo, ni chicha, ni helado. Llena de olores, burbujas y colores, hasta los más aburridos les pareció bien chido. Era aquella bebida una gran maravilla.

Pero luego de un tiempo y con mucho recelo, el señor ambicioso, se puso celoso, pues de su idea el temía que todo el mundo bebía, más en sus propias finanzas, no llegaban ganancias.

El señor ambicioso se puso oneroso, y decretó que a sus bebidas, el precio subiría, pasó de doscientos a casi seiscientos, y quedó todo el mundo viendo un chispero.

Luego de años de precios tan altos, el señor ambicioso se volvió poderoso y nunca creyó que su mundo cambió, hasta que un buen día, cuando menos creía, el mismo lo vio, y en televisión, habían sacado la misma bebida que un día el hombre con gozo inventó, la única diferencia era que era barata y no pudo el hombre aguantar la impresión.

Se llamaba Big Cola, la famosa bebida, que imitando e imitando al pueblo ganó, lo que nadie sabía era lo que componía, a dicha bebida que tan barata…pues salió.

¿Qué tan democrática es Colombia?

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El derecho al voto es invaluable. (imagen: mecacholo.blogspot.com)

Imagínese tener a alguien que lo escuchara, que de acuerdo a sus necesidades, hiciera lo que estuviese a su alcance para mejorar no solo su situación sino la de sus vecinos, amigos y familiares. Y supongamos que esta persona puede hablar por usted, cuando otros no lo quiera escuchar y que peleara y que se esmerara en mejorar su calidad de vida, que tuviese en cuentas sus opiniones y que le agradeciera por permitirle hablar por usted.

Aunque usted no lo crea, usted tiene por ley, derecho a tener una persona con esas características. Y para aumentar su sorpresa la persona que por ley está en la obligación de escucharlo y de velar por USTED y por sus vecinos es nada más ni nada menos que la persona por la que usted vota en las elecciones.

Aunque usted siga sin creerlo, la idea de la democracia es la de que el pueblo se gobierne a sí mismo, no que una élite privilegiada y rica lo hiciera. Aunque usted no lo crea, la idea de la democracia como la imaginaron en Grecia, como renació en Francia y como se desarrolló en los Estados Unidos es que TODOS debemos estar representados. Una república se constituye de un pueblo, de su gente, que es soberano, que le da permiso a unas instituciones para que operen en SU nombre, no a nombre propio.

Pero, cuando usted votó la ultima vez en la elección de senado, cámara, gobernador, asamblea, o incluso concejo y alcalde ¿conocía al candidato por el que votó, personalmente? ¿conocía sus propuestas?¿lo escuchó a usted que propuestas tenía usted? ¿le preguntó que necesidades insatisfechas tenía usted y su comunidad?  La respuesta obvia es NO.

Tanto que nos quejamos (y me incluyo yo) de la dictadura que hay en Venezuela, de las lejanas dictaduras de Medio Oriente y Corea del Norte, de China, de Cuba, y no nos sentamos a reflexionar que nuestra democracia es inexistente no por culpa de los parapolíticos o de la corrupción, no por culpa del presidente o de Piedad Córdoba, no por los vinculos de los políticos con lafar o con las bacrim, no, nuestra democracia muere por nosotros, porque si, nosotros somos los culpables.

En lugar de elegir con responsabilidad, pensando en el bien propio y el de la comunidad a largo plazo, preferimos hacer parte o de aquellos que votan porque el sobrino de la cuñada del padrino, tiene caña con el político X y le prometió un puesto en la gobernación o en la alcaldía a cambia de tantos votos, o somos parte de aquello que votamos basándonos en lo que nos dicen los medios de comunicación, en las encuestas, o peor solo nos ponemos a quejarnos de todo y el día de las elecciones nos quedamos en la casa hablando mierda de que el país no funciona y que por eso no vale la pena ir a ejercer el derecho al voto.

Somos un país afortunado, nuestro voto vale, pero no los 50 mil o 100 mil pesos que nos pueda ofrecer un lacayo de los asesinos disfrazados de políticos que estaban en La Picota o cualquiera de sus familiares, nuestro voto vale porque es la oportunidad de cambiar la cosas. La democracia es un sistema imperfecto, pues presume que el pueblo es lo suficientemente disciplinado y sobre todo sabio para tomar sus decisiones, pero no.

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La compra de votos es un crimen (imagen: jorgecuenca1114.blogspot.com)

Habiendo asistido a reuniones proselitistas y encuentros locales donde unos desconocidos buscan votos vemos que TODOS tienen el mismo discurso, todos proponen lo mismo, lo único que cambia es el séquito de seguidores, la mayoría de ellos de muy poco nivel de educación que los acompaña, claro es porque entre más lambones y más lame culos seamos más oportunidades hay de que le den el puesto a la mamá, a la hermana y si estoy de buenas a mi.

Lamento decirlo pero la democracia a los Colombianos nos quedó grande y no queda sino darle la razón a Salud Hernandez cuando dice que un pueblo que elige mal a sus lideres MERECE pagar con lagrimas y hasta con sangre el precio de ese error, y creame que lo estamos pagando, todos y cada uno de los que vivimos en este país. Así que la próxima vez que vaya a votar PIENSE, instruyase, lea, no se deje llevar por lo que otros dicen y formese su propia opinión y vote por aquel que se muestre dispuesto a escucharlo y que se muestre dispuesto a apoyar a su comunidad, no al que este dispuesto a darle 50 mil pesos el domingo de la elección y además de un tamal o pastel como lo conocemos en la costa. Piense en el futuro y si ve que alguien lo hace, si hay algo que la tecnología ha logrado es que haya ojos y oídos en todas partes, seamos responsables y denunciemos, Después de todo es nuestro patrimonio y el de nuestros hijos el que está en juego. No un patrimonio en riquezas y en ceros en cuentas bancarias, un patrimonio que está en cada una de las riquezas que se encuentran en la geografía de este país y sobre todo una riqueza que está en nosotros mismos.

Lo que le debemos a Uribe

Si usted está leyendo esto probablemente está cómodamente sentado en su casa frente a la pantalla del computador, preocupándose de cosas como las cuentas de fin de mes, la inseguridad en las callas, la salida del próximo fin de semana con los amigos, los problemas con la novia o el novio, en fin. Pero acaso se ha imaginado usted como es vivir aislado, viviendo de lo que produce la tierra, llevando una vida sencilla pero satisfactoria. Muchos de nosotros no nos imaginamos en semejante plan, rodeados de mosquitos y otras bestias tropicales pertenecientes más al mundo de la ficción que al mundo real.

Pero sí, aunque no lo creamos, hay muchos, muchos Colombianos que viven así y son los Colombianos que el DANE contabiliza como la Colombia Rural, pero viviendo en este pueblo alejado de la Mojana Sucreña y oyendo las historias de los periodos oscuros de finales del siglo XX y comienzos del XXI no me queda duda de que aquellos que critican al ex-presidente Alvaro Uribe Velez tienen una versión bastante «Disney» de lo que era Colombia antes de que el, si el paisa, el de carriel, el que muchos han tildado de paramilitar, el que no iba con los protocolos reales, el que escuchaba al pueblo, si el, llegara a la Presidencia de la República.

Así como las historias que he escuchado aquí, son las historias en tantos otros y más vastos territorios de nuestra geografía nacional desde las llanuras de los Llanos Orientales, El Magdalena Medio, el Chocó y tantas otras regiones que parecen estar tan lejos de la agitación de Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla o Bucaramanga que parece que pertenecieran a otro país, un país que no conocemos, o que no conociamos, al menos hasta hace unos años.

Las historias que escucho de sangrientas tomas guerrilleras, de combates salvajes entre un ejercito debilucho y paramilitares, de paramilitares y guerrilla y de guerrilla y ejercito, que desembocaban en más muertes civiles; historias de hombres que eran comunes y corrientes pero que un día se vieron forzados a tomar las armas para defender su sustento de trabajo de una guerrilla morbosa y sádica, hombres que después se convirtieron en una contraparte igual o más oscura a la guerrilla, capaces de crimenes atroces sin ningún remordimiento. Historias de asesinatos a sangre fría a plena luz del día, historias de muchachos que corrieron por su vida y murieron justo antes de entrar a su casa, de cuentas pendientes, de asociaciones con los políticos, con los policías. Historias que si se cuentan en una misma noche le quitan el sueño hasta al más tranquilo.

Historias, historias, pero la historia más cruel quizas es la de todos los demás, los inocentes que se veian involucrados por las circunstancias, atrapados en una incetidumbre eterna de si el siguiente muerto, será alguien cercano, de si salir a la calle es un peligro, de si se puede hablar o no, porque todo era una excusa para matar en esa época y lo peor era que ese estado, cuya obligación desde su concepción es el de proteger a sus ciudadanos, los tenía como ciudadanos de tercera categoría que eran solamente carne de cañón que no importaba mucho quienes morían y quienes no.

Hasta que llegó Uribe, quien le siguió a Pastrana, que no sirvió para nada mejor que para entregarle el país a la guerrilla y verla fortalecerse y por regla de tres simple se tuvieron que fortalecer los Paramilitares y en la cadena de desconfianzas y errores, de ayudas prohibidas, murió tanta gente. Hasta que llegó Uribe, quien decidió aniquilar esa sombra que se cernía espesa y densa sobre las cabezas de nuestros campos, de nuestros compatriotas, que decidió hacer presencia, solida en cada pueblo, vereda, por pequeña que fuese, porque sí, Bogotá, Medellín o Cali son muy importantes pero su importancia es relativa, la constitución no indica que un pueblo sea menos que una ciudad, que no se deben invertir recursos. Fue ahí en esa concepción erronea de que mientras la guerrilla se quedara en el sector rural pues  menos mal para todos. NO, es ahí donde se fortaleció y llego a expanderse tanto que llego a ser casi que incontenible, con pescas milagrosas, ataques a poblaciones, y asesinato de alcaldes, gobernadores y concejales.

Fue Uribe quien se apersonó del tema, dando la orden de que ningún municipio del país quedara sin protección, de que las carreteras fueran seguras y así fortaleció la confianza del mundo en un país que ya no soportaba más desprecios de la comunidad internacional, de sus hermanos latinoamericanos, de las grandes potencias, ese mismo país es ahora una economía relativamente sólida, que resistió la crisis económica más brava desde «La Gran Depresión» quien se encargó de supervisar obras ya destinadas a convertirse en elefantes blancos donde reinaría la corrupción y la negligencia, pero fue Uribe quien se concentró en lo que era importante y era que el si sabía leer al pueblo. Sabía lo que querían y trato de darselos.

Como todos los seres humanos, el no es perfecto, cometió muchos errores, tenía muy malas compañías, pero lo cierto es que en la telaraña de la política hay que valerse de trucos no muy limpios para lograr propósitos, más grandes, «The Biggest Good» como dirían los gringos, pero hasta aquellos que hablan mal de el, cuando vienen a un sitio de estos y ven a la gente feliz, contenta, libre de miedos, libre para moverse de un lugar a otro, eso vale todos los dolores de cabeza que hayan surgido de las intenciones de crear un mejor país. Al menos el si dio un paso al frente y puso el pecho para enfrentar a ese monstruo que nos estaba por devorar. Mucho más que los que lo critican desde la comodidad de sus apartamentos en una ciudad grande donde lo peor que les ha sucedido es  una billetera perdida en un bar.