Los 5 Mejores Memes de los Word Games

Y bueno, no hay que tomarse la vida tan en serio. Es bueno de vez en cuando reírse también, sobre todo cuando es de nuestras embarradas, que tan comunes se están haciendo, y hoy es el turno de los Word Games, digo de los World Games. Y empecemos con los Memes más divertidos del error ortográfico en las medallas de dicho evento.

5. «Word War Z»

¿Se imaginan un apocalipsis donde aparecen Zombies que no comen gente, sino palabras? Esa sería la trama de la nueva película protagonizada por «Alan from Mississippi «Word War Z».

#5

4. «Practice your pronunciation»

Y siguiendo con Open English…

#4

3.  Carolina Cruz habla sobre los Word Games

Y la MsC en Idioma Inglés Carolina Cruz también tiene algo que decir sobre los Word Games

#3

2.  «¿Quién le quitó la «L» a World?»

¿Sería Alan from Mississippi?

#2

1.  «¡Las hicieron en Bogotá!»

Y bueno, resulta que tanto que se burlaron de los caleños y fueron los bogotanos los que la embarraron, fueron ellos los que se comieron casi dos mil letras «L» y dejaron al país como un soberano zapato. Este es el meme ganador.

#1

Espero que se hayan divertido, porque yo sí. 😀

El Apretado Nudo De Mi Corbata

Recuerdo que desde niño, cuando pasabas horas enteras frente a la niñera gratuita de mi generación, veía a aquellos caballeros ficticios, nitidamente vestidos, siempre usando aquella prenda que tanta curiosidad me causaba: la corbata. Pensaba que cuando creciera, tarde o temprano, tendría que empezar a escoger los colores de las corbatas y que sería parte de mi rutina como adulto. Evidentemente no tenía ni idea de como funcionaba el mundo en ese entonces.

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Una de las ventajas de vivir en medio en mitad del trópico, a pocos metros del mar, es que si bien las formalidades y el elitismo, existen y son igual o más rancios que en el resto del país, al menos en cuanto a vestimentas laborales las cosas son mucho más flexibles. Así es como el hombre que viste una camisa de mangas largas con pantalón y zapatos clásicos pueden ser confundido fácilmente como el invitado a una primera comunión y por eso la mayoría decide optar por combinar la camisa manga largas con un par de jeans, o combinar el pantalón clásico con una camisa de mangas cortas. Existimos otros, mucho más frescos, que preferimos las camisetas tipo polo, mal llamadas «camisueteres» en combinación con jeans y unos zapatos multifuncionales y queda uno perfectamente presentable. Claro, eso sin contar con aquellos mucho más relajados que van a trabajar con una camiseta estampada multicolor, con jeans y zapatos de correr. Pero bueno entre gustos no hay disgustos.

Pero si hay algo que resulta bastante extraño, por no decir alienígena, en la Costa Caribe Colombiana es la corbata. Para aquellos que quiere lucir elegantes, sin tener que bañarse en sudor y morir lentamente de la desesperación, pueden optar por la prenda que utilizó García Marquez cuando fue a recibir su tan afamado Premio Nobel, por supuesto estoy hablando de la Guayabera. Nunca en mi vida he utilizado una Guayabera y espero no tener que hacerlo, por mi bien y el de la humanidad. Reconozco el valor cultural y folclórico y todo lo que quieran de la Guayabera, pero a mi siempre me ha parecido una camisa mal hecha.

Y entonces, como la Guayabera no es una opción, sólo queda el saco y la corbata. Sólo he usado corbata tres veces en mi vida, una para mi primera comunión. La segunda para un evento de mucha elegancia hace un par de años y la tercera hace unos días, para mi graduación. Sí, luego de tantos dolores de cabeza, retiros, reingresos, cuotas, prestamos, investigaciones, tesis y discos compactos, obtuve mi título como especialista. Sí, un título que fuera de Colombia sirve para lo mismo que ese producto tan escaso en Venezuela por estos días, por el simple hecho de que las especializaciones son un invento de las universidades criollas para capitalizarse con post-grados, de menor calidad y nivel que las maestrías. Pero bueno, lo importante es que aquí sirven y punto.

Las primeras dos ocasiones que utilicé la corbata, tuve la fortuna de que alguien hiciera el nudo por mi, y sólo era cuestión de pasarla por mi cabeza y ajustar. Pero el día de mi grado sólo estaba mi hermana y mi mamá a mi lado y ellas tenían tanta idea de corbatas como Paris Hilton de Física Cuántica. Así que me tocó solito. Por supuesto haciendo gala de mi talante colombiano, dejé todo para última hora y a menos de hora y media del inicio de la ceremonia se me ocurrió buscar en YouTube la manera más sencilla de hacer el famoso nudo de la corbata. Consejo, cuando esté aprendiendo, hágalo sólo, en la comodidad y privacidad de su habitación, donde si comete errores no vaya a salir el vecino a burlarse y darle consejos que usted no le había pedido. Igual es sólo un estúpido nudo, no es física nuclear. Y a la hora de la verdad, una vez uno le mete lógica y practica al asunto, sale muy fácil.

Luego de que ya estaba perfectamente listo y arreglado y de haberme tomado las respectivas fotos con destino a Facebook e Instagram, salí disparado para el lugar de la ceremonia. Aunque tenía la calurosa e inútil toga encima, debo decir que a pesar de todo me sentí muy cómodo y elegante con mi corbata. La cuál espero utilizar muy pronto, siempre que se presente una ocasión para hacerlo.

El Ejemplo de Brasil

Brasil, el gigante de Sudamérica, el imperialista, el industrial; ese mismo que mencionan junto a Rusia, India y China cuando hablan de los países del futuro, ese mismo que a pesar de ser tan cercano, es a la vez tan lejano, ese mismo país que nos ha llenado de orgullo al sacar la cara por esta parte olvidada del planeta en más de una ocasión, hoy le está dando una lección de madurez y de desarrollo al resto del mundo, especialmente a sus hermanos latinoamericanos.

Brasil es, junto a Rusia, India y China, parte del llamado BRIC, el conjunto de países llamados a liderar la economía mundial.

Irónico, mientras en Colombia, Venezuela y Argentina saltábamos de la alegría al tener la posibilidad de tener tan cerca unos Juegos Olímpicos y un Mundial de Fútbol, que al fin un privilegio que se creía hasta entonces exclusivo de los países «ricos», estuviera al alcance de nuestros estropeados bolsillos, son los mismos anfitriones de estos eventos, los que han salido a la calle a protestar por la realización de los mismos.

Realmente fui yo el primero en sorprenderme ante los ríos de gente que han salido en las principales ciudades de Brasil a protestar en contra de estos espectáculos que llenarían de orgullo a cualquier país y enumero: Copa Confederaciones (2013), Copa Mundial de Fútbol (2014) y los Juegos Olímpicos (2016).

Cuando al presidente Álvaro Uribe se le ocurrió proponer el nombre de nuestro país como sede para el Mundial del 2014, más de uno (y me incluyo en ese grupo) nos alcanzamos a ilusionar en grande, claro antes de que el presidente de la FIFA prácticamente nos obligara a retirar dicha candidatura y nos dieran el contentillo del Mundial Sub-20 de 2011. Aún así, el hecho de ser sede de un evento mundial, así sea de segunda categoría como ese nos llenaba de un orgullo y una alegría que ahora, con el ejemplo que no está dando Brasil, me parece absurda e irracional.

En Colombia estabamos tan contentos con el Mundial Sub-20, que nadie se puso a examinar con ojo crítico la rentabilidad del evento.

Sí, muy chevere que hayan llegado selecciones de tanta talla futbolística como Malí, Nueva Zelanda, Panamá o Corea del Norte (nótese el sarcasmo) y todo lo demás, pero sólo hasta ahora me empiezo a preguntar si el dinero invertido en este evento realmente tuvo algo de rentabilidad para nuestro país y sobre todo CUÁNTO se gastó en total. Las cifras oficiales rondan los 250 mil millones de pesos, pero hasta los alcahuetas más acérrimos del gobierno han reconocido que esa cifra está muy por debajo de la realidad. Aún así ¿Cuántos hubiese ayudado al sistema de salud esos 250 mil millones de pesos? ¿Cuántas carreteras se hubiesen terminado? ¿Cuántos calzadas dobles?

Siempre pensé que la decisión que se tomó en 1986 de renunciar a ser la sede del Mundial de mayores, que terminó en manos de México, había sido una oportunidad perdida, pero ahora hasta me parece sensata dicha determinación. No tiene presentación que un país con necesidades urgentes en atención a la población esté literalmente echando la plata a la basura organizando eventos cuya rentabilidad dista mucho de ser positiva.

Brasil, un país cuya población goza de unos niveles de vida mucho más elevados que el del resto de sus «hermanos» latinoamericanos, que no tiene tanto de que quejarse como nosotros, que no sufre de carruseles de corruptos en todas las esferas del poder, ni de carreteras obsoletas, ni de un sistema de salud ineficiente, ni de un montón de asesinos haciendo de las suyas en todo el país… y aún así ha salido a las calles. En una muestra de madurez digna de admirar, no se han dejado encandilar por las mieles de los mundiales de fútbol y de las olimpiadas y han mirado primero las necesidades que tienen y que se han dejado de atender para asignarle recursos a estos eventos.

Gracias Brasil, por este ejemplo tan grande que nos estás dando.

Los brasileros no tienen ni idea del ejemplo que le están dando al mundo, sobre todo a sus países hermanos con esta actitud, llena de sensatez. Nunca faltan los aguafiestas como «el rey» Pelé, que amarrado con sus contratos de publicidad con cuanto banco y tarjeta de crédito patrocinadora del mundial existe, le pidió a sus compatriotas que «olvidaran» las protestas y se concentraran en el fútbol… o más bien en la publicidad de sus patrocinadores. Muy mal por Pelé, pero igual no esperaba más de un sujeto que ha hecho su fortuna a costillas de patrocinios comerciales luego de retirarse. Cuanta razón tienen Maradona y Romario cada vez que se refieren a dicho personaje, ¡cuanta razón!

Ojalá no sólo en Colombia, sino en toda América Latina tomemos nota de lo acontecido en Brasil y empecemos a luchar, después de todo el gobierno y el Estado están allí para garantizarnos nuestros derechos, no para pisotearlos y hacer con ellos lo que les de la gana.

Educación, Noticieros y Responsabilidad.

No seré yo el fanático más acérrimo de Rafael Correa y de sus políticas, pero cada vez que enciendo el televisor y por casualidad se me da por ver un noticiero, comprendo más la posición del presidente de Ecuador frente a los medios de comunicación.

El día de ayer, los noticieros de los dos canales privados, RCN y Caracol, anunciaron con bombos y platillos de que un joven de 15 años en Bogotá se había suicidado porque «había perdido el año». Me sorprendió la seguridad con la que estos periodistas hicieron esa afirmación, porque a menos que Vicky Dávila y Luis Carlos Velez hayan contratado los servicios de Regina 11 para hablar con el joven suicida desde el más allá, a ellos no les consta nada.

Al parecer los «prestigiosos» periodistas que cubrieron la noticia se basaron en los testimonios de los padres y en una supuesta nota dejada por el estudiante antes de morir. Y no hay que estudiar 5 años de comunicación social para darse cuenta que estas dos fuentes no son nada objetivas. Primero que todo el testimonio de los padres está fuertemente influenciado por el dolor y por las ansias de evadir la responsabilidad por la muerte de su hijo, porque en efecto bajo cualquier luz que se vea, son los padres los principales responsables de cualquier cosa que suceda con su hijo… al decir que fue responsabilidad del colegio y no de ellos, están apelando al viejo truco de lanzarle la pelota al más pendejo.

Segundo, está la nota suicida del estudiante. Si los periodista se hubiesen tomado la molestia de averiguar un poco sobre el tema del suicidio, o de al menos aplicarle algo de lógica al asunto hubiesen descubierto que una nota escrita por alguien tan mentalmente afectado como para quitarse la vida, no tiene mucha credibilidad que digamos, mucho más si es alguien tan influenciable como un joven en plena adolescencia.

Lo que ni RCN, ni Caracol dijeron en sus noticieros amarillistas, es que el joven venía presentando un cuadro depresivo desde mucho antes de saber que había perdido el año, como si lo expresaron los periodistas de RCN Radio y otros medios más responsables. Ahora habría que mirar si en realidad existe la famosa nota y sobre todo habría que mirar quién la escribió, porque teniendo en cuenta el afán de los noticieros por enlodar al colegio, ni siquiera se habrán detenido a preguntar bien que fue lo que pasó.

Es notorio entonces que el objetivo primordial de los noticieros en estos días es escandalizar, más no informar… y creo que una ley al mejor estilo de la ecuatoriana que impide el «linchamiento mediático» le permitiría al colegio en cuestión levantar cargos penales en contra de RCN y Caracol por injuria, calumnias, y también por daños y perjuicios… sencillamente por hablar lo que no es.

¿Es «matrimonio» la palabra correcta?

Y luego de dos debates bastante «peculiares» en el congreso de nuestra amada República de Colombia, donde se escucharon desde propuestas de matrimonio a Avianca hasta términos tan originales como «sexo escatológico» se terminó de hundir el proyecto de ley que permitiría el matrimonio entre parejas del mismo sexo.

En un primer debate que nada tendría que envidiarle a capítulo de «Dejémonos de Vainas» los congresistas que rechazaban el proyecto se agarraron de argumentos tan ridículos como el de que de aprobarse el proyecto la gran perdedora sería la mujer, o el de que se aumentaría la violencia sexual en los niños entre otras barbaridades que sólo muestran que en Colombia elegimos a un montón de ignorantes para sentarse en ese congreso que se supone debería representar al pueblo.

Son tan ridículos los argumentos que dan en el congreso personajes como el senador Gerlein, que la parodia no se hace esperar.

A mi modo de ver las cosas este debate no fue un debate sobre la igualdad de derechos, como se suponía debía ser, sino un debate sobre una estúpida palabra: Matrimonio. En ese congreso nadie parecía tener problema con que las parejas del mismo sexo formalizaran su relación, no, no, no, el problema era que quisieran llamar a esa unión matrimonio, ese era el meollo del asunto. Ese es el problema que surge cuando se mezcla la religión con la ley.

Y Jesús, que no era ningún bobo retrógrado como nos hacen creer Roberto Gerlein y Alexandra Moreno Piraquive, dijo que «Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»  palabras muy sabias cuyo significado es que las cuestiones políticas no se deben mezclar con cuestiones religiosas ahí si que como dice la sabiduría popular «Cada loro en su estaca».

En Colombia se nos inculca desde pequeños, sea cual sea la religión que practiquemos que el Matrimonio es una unión de un hombre y una mujer bendecida por Dios. Ahora con esa programación metida en la cabeza, es difícil desligar esa definición del matrimonio civil que es, sin lugar a dudas, un concepto completamente distinto.

El error aquí consistió en adoptar una palabra tan profundamente ligada a la mentalidad religiosa, como lo es Matrimonio, dentro de nuestros códigos legales. Puede ser que el Matrimonio sea una institución civil desde los tiempos de la antigua Roma, pero por 1500 años fue el sacramento favorito de la iglesia y eso eco resuena tan fuerte hoy día que aún se hunden proyectos de ley por su causa.

«Matrimonio» no es la palabra correcta para designar uniones, ya sea de hombres con mujeres, hombres con hombres, mujeres con mujeres, o aliens con depredadores … al menos no en este país donde todo, hasta el día de la yuca lo quieren santificar a punta de marchas y eucaristías. Así como a los recién nacidos no se les pide la Partida de Bautismo, sino el Registro Civil, y como a los muertos no se les expide un Certificado de Extrema Unción sino un Certificado de Defunción, así mismo la unión de dos personas (naturales, no jurídicas, no vaya a usted a casarse con Avianca) no debería recibir ese apelativo. Sea como sea que lo quieran llamar, vinculo marital, unión civil, unión conyugal… Matrimonio no es la palabra adecuada.

«Yo no le propuse unión civil a ella» dice este cartel. ¿Por qué la palabra matrimonio es tan importante, cuando es una institución en franca decadencia?

En cuanto a la adopción, en un país donde la sexualidad irresponsable conduce a miles y miles de nacimientos no deseados cada año, que una pareja, sea cuál sea su orientación sexual, decida darle la oportunidad a uno de estos niños no debería rechazarse tan a la ligera. Por supuesto que hay que hacer seguimientos ¿Pero por qué negar esa posibilidad? ¿Prefieren que se imponga la cultura del aborto entonces? ¿Qué acaso el ICBF no está para verificar si una pareja está en capacidad económica y emocional de adoptar? Esas son las preguntas que nos deberíamos estar haciendo en lugar de pelear por una tonta palabra. Después de todo ¿Cuál es el afán por pertenecer a una institución que hace años está en decadencia? No quisiera creer que todo este alboroto es porque quieren matrimonios por lo civil, porque por la Iglesia no pueden. Si es así creo que el objeto de tanta lucha y tanto clamor no es más que  pura y simple ilusión.

Esas son las preguntas que nos deberíamos estar haciendo en lugar de pelear por una tonta palabra. Después de todo ¿Cuál es el afán por pertenecer a una institución que hace años está en decadencia? No quisiera creer que todo este alboroto es porque quieren matrimonios por lo civil, porque por la Iglesia no pueden. Si es así creo que el objeto de tanta lucha y tanto clamor no es más que  pura y simple ilusión.