Lady Gaga y Applause: Ni Fu Ni Fa

Luego de un par de semanas del lanzamiento de su más reciente sencillo «Applause»  para su anticipado album «Artpop» y luego de ver el correspondiente video, la gran pregunta que surge respecto a Lady Gaga es «¿Se le acabó la pila?».

El pop electrónico de «Applause» no parece el de la canción principal de una super-estrella de la música popular como se cree Lady Gaga, parece más bien de los sencillos que nunca llegan al álbum porque no dan la talla, o para los que les gusta el «Show del Recuerdo» parece de las canciones del Lado B de un casete olvidado en un club de striptease en Cracovia. Está bien que el pop electrónico sea en esencia europeo hasta la médula, pero hasta donde puedo apreciar, lo que está imponiéndose ahora es la evolución del mismo, una «americanización» del ritmo, que apela más a la idiosincrasia urbana de Norteamérica, que a la decadencia europea, tal como Katy Perry, Miley Cyrus y hasta Ricky Martin han probado con buenos resultados.

 

¿Se le acabó la pila?

La canción es débil, las estrofas son insípidas, mucho peor el coro y el sonido es bastante ordinario, nada que ver con los sonidos graves delirantes de RedOne, con los que precisamente ella misma se hizo famosa. Y es que se nota que algo no anda bien, pues de la cuenta de Twitter de la «artistas» han salido mensajes que motivan a sus seguidores a comprar muchísimas veces el mismo aburrido single, con promesas de giras internacionales, sí, claro seguro eso motivará a sus seguidores de Estados Unidos, un país tan centrado en sí mismo, que raro es encontrar a alguien con pasaporte.

Ahora el video. Bueno, Gaga interpreta (como es usual en sus videos) a varios personajes, yo identifiqué algunos: Una mujer enferma de cáncer, una payasa y una pordiosera y una mujer fatal. No sabía que estaba de moda entre las mujeres cubrirse el pelo, a menos que sea la protagonista de Cumbia Ninja, y eso sumado al hecho de no llevar maquillaje, hace ver a la señora Gaga nada agradable a la vista, ahora si SÍ estaba usando maquillaje, la hembra está más acabada de lo que pensaba. Luego con la misma cosa puesta en la cabeza aparece con la cara llena de colores, tal como sale en la portada del sencillo, igual que si Homero Simpson la hubiese maquillado con una escopeta, sé que pretendía ser artística, pero yo no vi el arte por ninguna parte. Casi todos los videos de Gaga (hasta ahora) eran complejos e interesantes, abiertos a la interpretación y al product-placement, en este como que no había platica, porque todo se vio muy corriente, así como otro de los personajes de Gaga, donde parece una abogada venida a menos, con el pelo verde. Y como siempre, no podía falta la sección donde la señora aparece sin ropa, pero un cuerpo que todo el planeta ha visto sin ropa por casi 5 años ya ni llama la atención ni mucho menos escandaliza.

Luego de todo esto, la única duda respecto a Lady Gaga que me queda por el momento es ¿Empieza la cuesta abajo de su carrera?

«Los Días Azules» de Fernando Vallejo

En un mundo donde todo el mundo hace trampa, y el que no hace, sueña y babea por hacerlo ¿será posible hacerle trampa a los libros?

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A principios de año me puse como meta leer al menos 6 libros en el transcurso de este año, leí el primero hace dos meses comprado en un supermercado, forrado en plástico y oliendo a nuevo, y el segundo manoseado, sacado de una biblioteca a la que todo el mundo va a leer el periódico para ahorrarse el fastidio de comprarlo. La gran pregunta entonces era ¿Cuál sería el tercero? Ya estaba aburrido de andar leyendo best-sellers estadounidenses y me dije a mi mismo «¿Por qué no leer a un autor colombiano?» Y me decidí entonces por Fernando Vallejo, con la sorpresa de que el señor en cuestión renunció a ser colombiano, dizque por que aquí la gente es muy bruta, bueno aún así decidí ver que tanto podía enseñarme este señor y que mejor que empezar por su biografía.

«El río del tiempo», como la Biblia, es un libro compuesto de otros libros, en este caso de varias novelas en la que el escritor de origen antioqueño narra las diversas etapas de su vida.  Entonces decidí que cada uno de esos segmentos auto-biográficos valdrían como un libro para mi cuenta final, quizás después de todo no sólo cumpliría la meta, sino que también la superaría. Amanecerá y veremos.

La primera novela que compone «El Río del Tiempo» se titula «Los días azules».  Más que una narrativa linear, diría que es un monólogo semi-ficticio de los días de niñez de Vallejo. La historia se compone más de temas y personajes, que de hechos y situaciones, como un rompecabezas que se va armando por diferentes partes para llegar a una conclusión llena de emoción.

Emoción es precisamente lo que transmite Vallejo en esta novela, las primera páginas son para morirse de la risa, mientras que a medida que avanza y llega a su parte final, son las lágrimas las que hacen su aparición. Es en serio. La forma en que el escritor hace su viaje personal en el tiempo para encontrarse con el niño de su pasado, involucrando a su familia, a su Medellín, a su Antioquia, a sus costumbres, a Colombia, es tan nítida y clara que es posible ubicarse en esos lugares y hasta verle la cara a sus protagonistas. A mi pasó, especialmente con uno de sus personajes, «Elenita», que para mi representa la soledad en su máxima expresión humana y que está amarrado a un sentimiento mucho más intenso y profundo: el amor.

Quedé con muchas ganas de seguir leyendo, la segunda parte («El Fuego Interior») relata la juventud de Vallejo y promete mucho más. Leer biografías, sirve para darse cuenta de que no hay vida que no merezca ser contada y leída,sólo que nosotros, sumergidos en las arenas de la rutina no tenemos el tiempo de pensar en eso.

¿Santa Anita?

PD: En otro post dedicado a Vallejo hablaré un poco de su «anti-colombianismo», eso es harina de otro costal.

Libro 3/6 para 2013.

I Love Paris

De niño soñaba con viajar a París. No sé cuáles razones me llevaron a pensar que esa ciudad tenía todo que ver conmigo, cuando para ir por primera vez de Barranquilla a Santa Marta había tenido que rogar y lloriquear un día con su noche entera y parte de la madrugada siguiente.

A los 21 años empecé a aprender francés con la idea de perseguir aquel sueño infantil. Ayudó bastante haber conocido en el aeropuerto de Cartagena a quien sería mi amor platónico.  “Casualmente”, vivía en París. Recibir postales románticas provenientes de aquella ciudad y firmadas por el objeto de mi afecto me llevaban directo a la gloria.

Después de la inevitable decepción amorosa en un diciembre aciago con el corazón hecho pedazos me olvidé de la ciudad luz. Aunque sólo de momento, porque otro amor, con anhelos frustrados de cantante, gustaba de interpretar al piano “I love Paris”, a dueto con Ella Fitzgerald.

Muchos años más tarde, mi sobrina se mudó a París y periódicamente se encargaba de recordarme el sueño por cumplir. La respuesta siempre fue: el próximo año, mi amor. Pero ese año nunca llegaba…

Finalmente, planeando otro viaje soñado y casi sin pretenderlo, llegué a París. Anduve por trenes, barcos y calles absorbiendo todo cuanto me salía al paso. Gente de mil nacionalidades distintas llenaban el verano de la ciudad. Tuve un par de magníficas guías, aquella sobrina cantaletosa de la que ya había hablado y su hermana más distraída, formaron la combinación perfecta que me permitió descubrir los clichés parisinos por mi mismo y también descubrir esos detalles desconocidos que suelen ir de la mano con la cotidianeidad.

París es todo lo que esperaba. Un lugar maravilloso que bien vale la pena descubrir una y otra vez. Ahora yo también puedo cantar con Doña Ella, pero estoy seguro de querer terminar la estrofa: I love Paris every moment, every moment of the year…

Palito 

Otros Escritos de @Mr_Brownie

 

 

 

Chatroom (2010)

Creo que todos recordamos bien la época en que los chats anónimos reinaban en el Internet, mucho antes de ser mandados a recoger por las redes sociales que permiten interactuar con extraños de dudosas intenciones, con una incidencia menor de virus, gusanos y toda esa clase de porquerías en nuestros computadores y teléfonos.  Chatroom (2010) dirigida por Hideo Nakata (sí, el mismo de la versión original de «Ring») es una película un poco atrasada para su época. Es cierto que los chats aún son populares, pero con el aumento de la velocidad de conexión y la asombrosa evolución de los servicios de IM y el creciente uso de los teléfonos inteligentes, parece tener unos 10 años de atraso, por lo que es mejor verla como una película de época (así sea de una época hace diez años).

¿Quién tiene el control?

Chatroom se centra en una serie de personajes interesantemente complejos, donde se destaca uno en particular «William» interpretado por Aaron Johnson y es la segunda película donde aparece el muchacho que me deja sorprendido. Si no tienen ni idea quien es Aaron Johnson, es el mismo idiota que encarna a Kick Ass en la famosa película de 2010, donde pasó a un segundísimo plano, completamente superado por la increíble actuación de Chloë Grace Moretz. Evidentemente Johnson deja claro en Chatroom, que sabe actuar. Difícil concebir el muchacho nerd , con alma e instinto de superhéroe, con el ángel diabólico que interpreta en esta cinta.

La historia de Chatroom, gira en torno a William y cada una de las relaciones que forma con otros 4 adolescentes de Chelsea, en Londres, a través de una sala de chat creada por él. William viene de una familia donde él es la única pieza imperfecta: el padre es un exitoso hombre de negocios, la madres es una reconocida escritora y su hermano mayor (el mismo Robb Stark de Game of Thrones) es un estudiante modelo con un futuro brillante. La presión que ha soportado William lo ha llevado a lastimarse a sí mismo en más de una ocasión, por lo que en el inicio de la cinta se encuentra en recuperación. El más grande temor de William es decepcionar a su familia, por lo que es evidente que ha renunciado a sus extraños rituales de auto-destrucción y ha decido perder el tiempo en las salas de chat. Es allí donde conoce a Jim (un adolescente con instintos suicidas), Mo (un adolescente enamorado de la hermana menor de su mejor amigo), Emily  (una niñita bien, Gilly en Games of Thrones) y Eva (una modelo que vive en un infierno creado por su trabajo).

William descubre que una manera de liberar su enorme frustración es meterse en la cabeza de cada uno de sus «amigos» y empezar a destruirlos lentamente, eligiendo como su primera víctima a Jim. William encuentra fascinante el suicidio y además de ver vídeos, empieza un trabajo silencioso para llevar a Jim a considerar seriamente en quitarse la vida, todo en una sala de chat.

Cuando Emily, Mo y Eva descubren que es lo que ha planeado William con Jim , deciden detenerlo, pero no será tan fácil como quieren, debido a toda la información que este ha acumulado sobre ellos. Las escenas claves de la película son en las que William interactúa en ambos mundos. En el mundo real con su familia, es notorio el miedo al fracaso y la necesidad que tiene de que sus padres no lo juzguen, cosa bien dificil cuando descubren sus actividades en Internet. En el mundo real, William es descuidado y oscuro, mientras que en el mundo virtual, se muestra perfectamente cuidado con una personalidad brillante y extrovertida.

William (Aaron Johnson) en el mundo virtual.

Precisamente es este mundo virtual lo más interesante de «Chatroom» muestra las salas de chat como cuartos de un colorido hotel antiguo y no como pantallas de conversación. Es también sumamente positivo ver como muestran un Londres diferente, que no todo es el Parlamento, el Big Ben y el London Eye, sino que hay una ciudad diferente y real fuera de los sitios turísticos que muestra Hollywood.

 

William en el mundo real.

El final es mucho más inesperado de lo que podría creerse, porque el director nos parece orientar en una dirección y cuando estamos seguros de que es lo que va a pasar, BOOM, todo sale completamente al revés. Como era de esperarse, esta cinta NUNCA llegó a las salas de cine de nuestro país, donde parece tener preferencia la basura Disney y otras perlas como los Pitufos… debería haber una ley que impida pasar películas para niños después de las ocho de la noche.

Queda pendiente cuál de los actores de «Chatroom» aparece en «Game of Thrones» ¡Hasta Catelyn Stark aparece!

Calificación: 4.85/5.00

La Próxima Vez Que Hable Mal De Un Mototaxi…

Si usted es de esas ridículas personas que sale de cuando en cuando a denostar de los mototaxis, de la horrible impresión que dejan en la ciudad, del ruido espantoso, de la gentuza motorizada y otras perlas al mejor estilo de la edad media, haga memoria un poquito y recuerde como era una ciudad como (por ejemplo) Sincelejo antes de que aparecieran los mototaxis.

La próxima que hable mal de un mototaxi, recuerde que había que caminar como alma en pena por toda la ciudad, a las 3 de la mañana para conseguir un taxi, y es que los señores de los «amarillitos» ni siquiera se molestaban en circular por la ciudad buscando pasajeros, porque claro, como tenían el monopolio a esa hora, decían que no había necesidad de gastar gasolina si los pasajeros podían llegar a pie hasta el sitio donde ellos retozaban cómodamente.

Hay que ver las de sol y sereno que había que pasar para llegar a hacer la fila del «Seguro Social», que tocaba caminar 10 cuadras en medio del sereno para llegar, porque claro, no había como, los taxis cobraban como si la gasolina fuera de oro puro y las busetas pasaban después de las cinco. Y hablando de las busetas, se rumora que vinieron científicos de Van Camps y otras compañías pesqueras para mirar la manera de replicar la manera en que cabían 50 personas en una buseta de 14 y hasta se llegó a pensar que los choferes de las busetas hacían uso de algún tipo de magia oscura para llegar a tan monstruoso limite.

Que tiempos aquellos cuando no había mototaxis…

Los haters del mototaxismo (ahora hay haters para todo) de esos que riegan tachuelas en la calle para dejar a más de uno con los neumáticos inservibles, suelen gritar a los cuatro vientos que montarse en un mototaxi es arriesgar la vida,, exponerse a un accidente, y no lo permita Dios, exponerse a que el muchacho que maneja la motocicleta se le de por atracar, matar o violar a los pobres pasajeros, porque claro si conduce una motocicleta no puede ser una persona de bien.  Parece que no se acordaran como andaban las busetas con sobrecupo de 40 personas a toda velocidad por el uso de los relojes para marcar el tiempo y ver como empezaban a cambiar las leyes de la física newtoniana, cuando el encargado de cobrar anunciaba que faltaban «30 segundos» y ver como ancianos y niños corrían despavoridos buscando el andén, ante la inminencia de un choque con el vehículo.

Si que tiempos aquellos cuando el taxista escogía a donde iba a ir y cuanto iba a cobrar…. a verdad que eso todavía sucede… en Bogotá.

Les guste o no, el mototaxismo hizo que la importancia pasara del conductor al pasajero, ya las busetas no andan con sobrecupo ni a velocidades infernales y ahora no hay que buscar al taxi, sino que ellos vienen al lugar donde uno esté. Eso sin contar de que no son las tres familias dueñas de las flotillas de las busetas las que comen con el producido, sino miles y miles de muchachos (y hasta muchachas) que a falta de oportunidades les tocó ponerse el casco  y la camiseta manga-larga para salir a buscar la platica.  Y así la economía crece, porque la plata circula, porque no sólo es el mototaxista, también el que arregla las motos, el que vende las luces, los cascos, los chalecos, los guantes, las partes de los motores, y así las «lucas» no se van a los bolsillos de los yernos mantenidos de los dueños de las busetas y los taxis en Barranquilla o Medellín, sino que se quedan aquí, como debería ser.

Las ciudades y pueblos en lugar de estigmatizar a los mototaxistas, deberían, en conjunto con sus ciudadanos, buscar maneras de incorporar esta labor dentro del plan de desarrollo de la ciudad, adpatarse a la situación, en lugar de eliminarla, porque quiéranlo o no, estamos mejor con mototaxis, que sin ellos. ¿O es que prefiere apretujarse como sardina enlatada en un bus de Transmilenio?

Pues yo prefiero viajar así….
… que así.